BOLETÍN  
DE LA ACADEMIA  
NACIONAL DE HISTORIA  
Volumen XCVIII Nº 204  
Enero–junio 2020  
Quito–Ecuador  
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
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BOLETÍN de la A.N.H.  
Vol XCVIII  
Nº 204  
Julio–diciembre 2020  
©
ꢀ Academia Nacional de Historia del Ecuador  
ISSN Nº 1390-079X  
eISSN 2773-7381  
Portada  
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BOLETÍN AC ADEMIA NACIONAL DE HISTORIA DEL ECUADOR  
Nº 204–Vol XCVIII • julio–diciembre 2020  
MÉXICO EN EL HORIZONTE LATINOAMERICANO  
–DISCURSO DE INCORPORACIÓN–  
Patricia Galeana1  
México es la frontera entre las dos Américas, la hispana y la  
anglosajona. Su posición geopolítica ha marcado su historia.  
Antes de la llegada de los europeos al continente americano,  
el territorio que hoy ocupa México fue el asiento de grandes culturas,  
como la náhuatl y la maya, entre otras. Esta última utilizó el cero  
2
antes que lo hicieran los europeos y conoció la trayectoria de Venus.  
En el choque más violento de civilizaciones que se ha vivido en la  
historia de la humanidad, la conquista española destruyó las culturas  
originarias en todo el continente, desde Mesoamérica, hasta la Amé-  
rica del Sur, donde había florecido la cultura inca. Según investiga-  
ciones recientes, la población originaria de América disminuyó hasta  
3
un 95% en 130 años, no por las acciones militares, sino principal-  
mente por las epidemias. Los indígenas sobrevivientes quedaron re-  
ducidos a la minoría de edad permanente. Se trajo a esclavos negros  
de África para suplir la demanda de mano de obra, a todos se les im-  
puso la religión católica sin tolerancia de ninguna otra.  
El territorio mexicano llevó el nombre de la metrópoli, se  
convirtió en la Nueva España. A ella se trajo la primera imprenta del  
continente (1524) y se fundó la Real y Pontificia Universidad de Mé-  
1
Historiadora, Doctora en Estudios Latinoamericanos, UNAM. Curadora, fundadora y direc-  
tora del Museo de la Mujer; presidenta de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales;  
fundadora de la Academia Diplomática iberoamericana; Maestra Emérita de México por la  
Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; integrante de la Mesa Directiva de la Asociación  
Internacional de Museos de la Mujer (IAWM) con sede en Merano, Italia. Fue Embajadora Ple-  
nipotenciaria de los Estados Mexicanos ante el Gobierno de la República de Colombia. Autora  
de 15 libros, de 104 capítulos de libros, coordinadora de 326 obras y prologuista de 70 obras  
de historia política, diplomática y de género.  
2
3
Alberto Ruz Lhuillier, La civilización de los antiguos mayas, México, INAH, 1963.  
Yerson Collave García, “Las epidemias que mataron a millones de indígenas durante la con-  
quista de América”, El Comercio, 14 de junio de 2020. (20-06-2020)  
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Patricia Galeana  
xico en el mismo año que la Universidad Mayor de San Marcos en  
Perú. Gracias a la riqueza de sus recursos naturales, en la Nueva Es-  
paña se hicieron obras maestras del arte barroco y churrigueresco,  
como las Catedrales de Zacatecas, Puebla y Oaxaca, entre otras.  
Sobre la Gran Tenochtitlan, considerada la Venecia de América, se  
erigió la ciudad de México, que Alejandro de Humboldt describiera  
4
como la Ciudad de los Palacios. Además de describir la magnificen-  
cia de sus construcciones, y de sus instituciones científicas como el  
Real Seminario de Minas, Humboldt también describió la gran desi-  
gualdad imperante y anticipó un estallido revolucionario.  
El proceso emancipador se desarrolló en todas las posesiones  
españolas del continente, pero el proceso mexicano tuvo la peculia-  
ridad de ser encabezado por un cura del bajo clero y no por un mi-  
litar criollo. Este cura llamó al pueblo a una revolución popular,  
sumando a las comunidades indígenas, esclavos negros y castas. Mi-  
guel Hidalgo y Costilla abolió la esclavitud en 1810, suprimió las cas-  
tas, declaró que no había más rey ni tributos y llamó al pueblo a  
5
marchar como seres libres.  
4
5
Alejandro Humboldt, Ensayo político de la Nueva España, Francia, Lecointe, 1836.  
Miguel Hidalgo y Costilla nació el 8 de mayo de 1753 en la Hacienda de San Diego Corralejo,  
jurisdicción de Pénjamo, actual estado de Guanajuato. No fue sólo el dirigente del movimiento  
insurgente, sino la cabeza del primer liberalismo mexicano. Al abolir la esclavitud, colocó a  
México a la vanguardia de los países de la América Continental.  
Hombre de cultura universal, alumno, maestro y rector del prestigiado Colegio de San Nicolás,  
lo mismo impartió filosofía, teología y escolástica, que fue el presidente de las Academias de  
filósofos y teólogos. Tuvo una carrera literaria brillante, que no pudieron negar ni siquiera sus  
peores enemigos.  
Personajes sobresalientes de la sociedad novohispana como el intendente de Guanajuato, José  
Antonio Riaño, pensaron que por su inteligencia y preparación, Hidalgo podría ser un mag-  
nífico representante de la Nueva España ante las Cortes de Cádiz.  
Por su ideología heterodoxa, el tribunal de la Inquisición le inició un juicio por herejía, del  
cual supo salir bien librado. Hombre de una cultura universal, lo mismo dominó el francés y  
tradujo El Tartufo de Moliere; que hablaba náhuatl, tarasco y otomí. Sus amigos le llamaban  
el zorro por su inteligencia brillante.  
Partícipe de las ideas liberales de la Ilustración francesa, condenó al mal gobierno y se rebeló  
contra el absolutismo imperante, el 16 de septiembre de 1810 llamó al pueblo a alzarse en  
armas en contra de la dominación española. Su ideal fue lograr la Independencia y convocar  
a un Congreso que diera leyes justas para desterrar la pobreza. Abolió la esclavitud y suprimió  
los tributos de las comunidades indígenas y de las castas.  
Su pensamiento político en pro de un gobierno constitucional y sus ideas sociales en pro de la  
igualdad de los mexicanos, son ideales fundacionales en la construcción del estado nacional  
mexicano.  
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México en el horizonte Latinoamericano  
La guerra de Independencia contra el imperio español tuvo  
en México una duración de once años. Aunque el enviado de las cor-  
tes liberales de Cádiz reconoció consumada la independencia de Mé-  
xico en 1821, quince años después, la Corona Española no se resigna-  
ba a perder su joya más preciada. Mantuvo el dominio de un islote  
frente al principal puerto del país hasta 1825, y en 1829 intentó, falli-  
damente, la reconquista. Finalmente, en 1836 España reconoció la In-  
dependencia y ese mismo año, Texas se separó de México iniciándo-  
se el conflicto con Estados Unidos, que invadiría al país en una gue-  
rra de conquista territorial de 1846 a 1848, arrebatándole más de la  
6
mitad de su territorio. En gran parte de las posesiones españolas de  
América, se repitió un escenario semejante, salvo en la isla de Cuba,  
que quedó en posesión de España hasta 1898.  
Desde el inicio de la guerra de Independencia, en México  
surgieron dos proyectos de nación, el monárquico y el republicano.  
A diferencia de otras naciones hispanoamericanas, en mi país se es-  
tableció un imperio, que resultó efímero, no obstante el monar-  
quismo permaneció latente agazapado detrás del centralismo  
republicano, conservador y clerical.  
En todos los países que se independizaron del Imperio Espa-  
ñol se planteó la disyuntiva entre una república unitaria o federal,  
prevaleciendo mayoritariamente el centralismo. También se debatió  
entre liberalismo y conservadurismo, triunfando al fin del siglo XIX  
el régimen conservador en la mayoría de los casos, pero en otros paí-  
ses no hubo una corriente monárquica como en México, donde en  
cada crisis, ya sea de la república federal o de las repúblicas centra-  
listas, reaparecía el monarquismo con más fuerza, hasta llegar a un  
grado superlativo con el trauma de la pérdida del territorio nacional  
a manos de Estados Unidos. Se consideró que solo una monarquía  
Su excomunión, aprehensión, degradación y muerte no hicieron sino engrandecer su imagen  
como padre de la patria.  
En Patricia Galeana, “Miguel Hidalgo, primer liberal mexicano” en revista Participación Ciu-  
dadana, Colegio de San Nicolás de Hidalgo, Michoacán, septiembre de 2006, año 1, Número 5,  
pp. 22 –25.  
“De 1810 a 1821. La guerra de Independencia”, Instituto de Investigaciones Jurídicas, Univer-  
sidad Nacional Autónoma de México, 2013, p.11. Ver en: https://archivos.juridicas.unam.mx  
6
/www/bjv/libros/7/3223/3.pdf (10-11-2020)  
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salvaría a México de desaparecer a manos del vecino anglosajón pro-  
testante; una monarquía aliada de Europa, pondría un dique al país  
7
que amenazaba con apoderarse de todo el continente.  
En contraposición, la corriente liberal vio en las instituciones  
democráticas estadounidenses un ejemplo a seguir. Consideró al fe-  
deralismo como el régimen adecuado para un país con un territorio  
tan extenso como México, para que cada región fuera una entidad  
que gozara de autonomía. Fue así que se constituyeron los Estados  
Unidos Mexicanos, desde 1824.  
Con gran influencia de la Ilustración Francesa, pero también  
del liberalismo estadounidense, los liberales mexicanos lucharon por  
suprimir la intolerancia religiosa, el Estado Confesional, y crear un  
Estado laico. El Estado Español se había cohesionado en torno a la  
8
religión católica, expulsando a musulmanes y judíos de su territorio.  
El tribunal de la inquisición garantizó que no hubiera ideas contra-  
9
rias al dogma católico. La cultura de la intolerancia se estableció en  
todas las posesiones españolas en América. La conquista física fue  
legitimada por la espiritual, la alianza entre el trono y el altar se selló  
10  
por medio de un Concordato, que convirtió al rey de España en pa-  
trono de la Iglesia católica en sus territorios.  
En la Guerra de Independencia de México, la institución  
eclesiástica se mantuvo fiel a la Corona Española, condenando a la  
insurgencia y excolmulgando a todo aquel que la siguiera. No obs-  
tan- te, del bajo clero surgieron los líderes de la insurgencia.  
Al consumarse la Independencia, la Iglesia se consideró  
emancipada del Regio Patronato. Sin embargo, como en todas las  
constituciones de México, de la primera mitad del siglo XIX, se esta-  
7
Josefina Zoraida Vásquez, “México y la guerra con Estados Unidos”, México al tiempo de su  
guerra con Estados Unidos (1846-1848), El Colegio de México, Secretaría de Relaciones Exteriores,  
México, 1998, pp. 17-46. Ver en: https://www.jstor.org/stable/j.ctv3f8npp.4?refreqid=excel-  
sior%3A528ec0c2325a8d2ff5644234a86dcc3d&seq=1#metadata_info_tab_contents (10-11-2020)  
Carlos Martínez Assad, “Revolución, laicismo y educación” en: Pedro Salazar, Pauline Cap-  
deville, coord., Para entender y pensar la laicidad, Universidad Autónoma de México, México,  
8
9
1
2
013, p.154, p.209.  
Real Academia Española, “Jurisdicción de la Inquisición”, Diccionario panhispánico del español  
jurídico. Ver en: https://dpej.rae.es/lema/jurisdicci%C3%B3n-de-la-inquisici%C3%B3n  
(10-11-2020)  
0 Patricia Galeana, “El pensamiento laico de Benito Juárez” en: Pedro Salazar, Pauline Cap-  
deville, coord., op. cit., pp.74-75  
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México en el horizonte Latinoamericano  
bleció un Estado confesional con intolerancia religiosa, los gobiernos  
mexicanos demandaron el ejercicio del Patronato como un derecho,  
mientras que la Iglesia lo consideró una concesión, misma que no  
estaba dispuesta a otorgar a un Estado débil, en proceso de forma-  
ción, como el mexicano. En efecto, la institución eclesiástica era una  
organización transnacional de gran fuerza política, económica, social  
y cultural, le disputaba la soberanía al Estado y era el desideratum de  
la política nacional.  
La relación del Estado con la Iglesia se convirtió en un tema  
capital, las diferentes generaciones de liberales se enfrentaron a la  
institución eclesiástica. En la primera generación de liberales insur-  
gentes, Hidalgo se enfrentó a la Inquisición, señaló que sus excomu-  
11  
niones no tenían valor porque su Dios era el dinero. La segunda  
generación liberal intentó ejercer el Patronato sin autorización de  
Roma en 1833. La tercera generación de liberales suprimió la intole-  
rancia religiosa por vez primera y facultó al Estado para legislar en  
materia religiosa en la Constitución de 1857. La Iglesia desconoció a  
la Constitución, excomulgó a todo aquel que la jurara y financió a  
12  
los grupos conservadores para que derrocaran al gobierno liberal.  
Inició así una guerra civil que duró tres años; el país se dividió en  
dos gobiernos. El liberal constitucional decreto las Leyes de Reforma,  
que separaron al Estado de la Iglesia, nacionalizaron los bienes del  
clero, establecieron el matrimonio y registro civil, suprimieron las  
órdenes religiosas y secularizaron los cementerios.  
La guerra civil se continuó con una intervención extranjera.  
Al perder los conservadores la contienda, solicitaron su intervención  
a Napoleón III. El emperador de Francia era el árbitro de la política  
europea, consideró que la página más gloriosa de su reinado sería  
poner un dique a Estados Unidos con un imperio subsidiario del  
suyo. Los conservadores se pusieron en manos de un liberal orgu-  
lloso de su origen revolucionario. Napoleón nombró a otro liberal  
13  
para ocupar el trono de México: Maximiliano de Habsburgo. La re-  
11 Alberto Saladino García, op. cit., p.236  
1
2 Patricia Galeana, “El pensamiento…cit. en: Pedro Salazar, Pauline Capdeville, coord., op.  
cit.,p.77  
13 Ernesto Bohoslavsky, “Laicidad y América Latina política, religión y libertades desde 1810”  
en: Pedro Salazar, Pauline Capdeville, coord., op. cit., pp.108-109  
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sistencia republicana luchó cinco años contra la Intervención y el Im-  
perio. Finalmente triunfó la República, federal y laica, y desapareció  
el monarquismo. El fracaso napoleónico en México fue también el  
inicio de la caída de su imperio.  
En este periodo crucial de la historia de México, todas las na-  
ciones hermanas latinoamericanas se solidarizaron con la defensa de  
la soberanía e independencia que libraban los mexicanos. Con la ex-  
cepción obvia de la monarquía brasileña, y también la de Guatemala,  
14  
que reconocieron al Imperio.  
Al final del siglo XIX se estableció una dictadura encabezada  
por Porfirio Díaz, el militar liberal que había triunfado sobre la in-  
tervención extranjera y el imperio. El dictador concentró el poder y  
la riqueza, gobernando al país más de tres décadas. Ello provocó el  
estallido revolucionario.  
La Revolución Mexicana fue la primera revolución social del  
siglo XX. Fue un largo proceso que inició a principios de siglo exi-  
giendo al dictador el cumplimiento de las Leyes de Reforma, que si  
bien, no se habían derogado, no se cumplían, otorgando toda clase  
1
5
de privilegios a los miembros de la Iglesia. La primera etapa del  
movimiento armado fue la Revolución antireeleccionista. Su líder,  
Francisco I. Madero, tomó también en cuenta el tema central de la  
desigualdad en nuestra región y planteó regresar la tierra a los pue-  
blos que habían sido despojados de ella. La demanda de la tierra  
había estado presente a lo largo de los 300 años de dominación colo-  
16  
nial. Los pueblos originarios habían sido despojados de las tierras  
cultivables y al reponerse la población de la mortandad causada por  
las enfermedades epidémicas, demandaban tierras. Cabe recordar  
que al prohibirse los bancos en el mundo católico, por el pecado de  
17  
la usura, la Iglesia se convirtió en prestamista; La institución ecle-  
14 Patricia Galeana, presentación, El triunfo de la República, INEHRM, Secretaría de Cultura, Mé-  
xico, 2018, p.20. Ver en: https://inehrm.gob.mx/recursos/Libros/El_triunfo_Republica.pdf  
(
11-11-2020)  
1
5 “De 1810 a 1821...cit., p.10  
16 Javier Garciadiego, Textos de la revolución mexicana, Fundación Biblioteca Ayacucho, Caracas,  
2
010, pp.XXVII-XXIX. Ver en: https://periodicooficial.jalisco.gob.mx/sites/periodicooficial.  
jalisco.gob.mx/files/textos_de_la_revolucion_mexicana-javier_garciadiego.pdf (11-11-2020)  
17 José María Luis Mora, Disertación sobre la naturaleza y aplicación de las rentas y bienes eclesiásticos,  
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México en el horizonte Latinoamericano  
siástica prestaba con bajos réditos, pero con hipoteca, de esta manera  
entre las legaciones, para lograr el perdón de los pecados, los diez-  
mos y las propiedades hipotecadas, la Iglesia fue concentrando gran-  
des propiedades. Liberales y conservadores coincidieron en que llegó  
a poseer tres cuartas partes de la tierra cultivable del país, sólo que  
los conservadores consideraban sagrados a los bienes de la iglesia,  
y por tanto intocables.18  
Al inicio de la Guerra de Independencia, Hidalgo llamó a re-  
gresar sus tierras a los naturales. En el Reglamento Provisional del  
Primer Imperio (1822) también se incluyó el tema de la tierra, lo que  
19  
muestra la importancia del mismo. Ante el acoso internacional de  
las potencias que buscaban ocupar el lugar de la antigua metrópoli,  
y el proceso de construcción del Estado entre los diferentes proyectos  
de nación, el tema de la tierra quedó pendiente. Había la convicción  
entre los diferentes grupos de que si se lograba la estabilidad política  
por medio de una constitución adecuada, los problemas económicos  
y sociales se resolverían por añadidura.  
Los liberales, tanto en 1833 como en 1856, secularizaron las  
propiedades eclesiásticas y de las comunidades por considerarlas  
20  
improductivas, al estar en manos muertas sin circulación. Querían  
que dichas propiedades circularan para activar la economía. Esto  
propició la formación de latifundios particulares que despojaban a  
los indígenas de sus tierras. El presidente Benito Juárez emitió sen-  
das circulares para evitar este despojo y nacionalizó los bienes ecle-  
21  
siásticos en plena guerra civil.  
y sobre la autoridad a que se hallan sujetos en cuanto a su creación, aumento, subsistencia o supresión,  
México, Imp. de Galván, 1833.  
8 Ídem.  
9 Art.90… Tercero: para formar de acuerdo con el jefe político, y enviar al gobierno supremo  
para su aprobación planes juiciosos, según los cuales, pueda hacerse efectivo en plena pro-  
piedad, entre los ciudadanos indígenas y entre los beneméritos, industriosos, el reparti-  
miento de tierras comunes o realengas, salvo los ejidos precisos de cada población. En:  
Reglamento provisional político del Imperio Mexicano. Ver en: https://archivos.juridicas.  
unam.mx/www/legislacion/federal/historicos/regprov.pdf (11-11-2020)  
0 Cfr. Hale. En: José David Cortés Guerrero, “Desafuero eclesiástico, desamortización y tole-  
rancia de cultos: una aproximación comparativa a las reformas liberales mexicana y colom-  
biana de mediados del siglo XIX”, Fronteras de la Historia, N°9, Instituto Colombiano de  
Antropología e Historia, Bogotá, 2004, p.105. Ver en: https://www.redalyc.org/pdf/  
1
1
2
8
33/83300903.pdf (11-11-2020)  
2
1 Andrés Lira, “La consolidación nacional (1853-1887)”. En: Gisela Von Wobeser, coordinadora,  
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Patricia Galeana  
Durante el Segundo Imperio, Maximiliano decretó la Ley de  
2
2
abolición del peonaje, liberando a los peones acasillados por sus  
deudas, sin embargo, dada la caída del Imperio y la inestabilidad  
política del país, que continuó después del triunfo de la República,  
la situación del campo no mejoró.  
Durante la dictadura, los latifundios se multiplicaron al emi-  
tirse una ley deslindadora de terrenos baldíos. Como las comunida-  
des indígenas no tenían sus títulos de propiedad, fueron desposeídas  
23  
por los grandes terratenientes.  
La demanda de la tierra fue una parte esencial del proceso  
revolucionario. Junto a las demandas políticas de cumplimiento de  
las Leyes de Reforma, de la no reelección y de libertades políticas,  
estuvieron los reclamos por el reparto agrario y los derechos labora-  
24  
les de los trabajadores. .  
La que conocemos como Revolución Mexicana fueron varias  
revoluciones a la vez, en diferentes etapas. Si bien en la primera se  
logró sacar al dictador, no se pudo consolidar el gobierno democrá-  
25  
tico, que fue derrocado por la contrarrevolución . La segunda etapa  
fue la Revolución constitucionalista, ésta derrotó y disolvió al ejército  
del antiguo régimen. El nuevo ejército mexicano tendría una raigam-  
bre popular, a diferencia de los ejércitos de la mayoría de los países  
latinoamericanos.26  
La última etapa de la Revolución Mexicana fue la lucha por  
el poder entre los propios revolucionarios, pero se impuso el líder  
constitucionalista Venustiano Carranza, que sometió a los grupos za-  
27  
patistas y villistas, pero retomó sus banderas agrarias y laborales.  
Historia de México, Fondo de Cultura Económica, México, 2010, pp.203-204. Ver en:  
https://www.kufs.ac.jp/ielakdf/kiyou10_11.pdf (12-11-2020).  
2
2 Peón que vivía permanentemente con su familia en el casco de la hacienda. Ver en:  
https://editorialcosmos.com/vocabulario-esencial-mexicano/64/acasillado/ (13-11-2020)  
3 Jorge Gómez de Silva, El derecho agrario mexicano y la Constitución de 1917, Secretaría de Go-  
bernación, Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revolu-  
ciones de México, UNAM, Instituto de investigaciones jurídicas, México, 2016, pp.81-83. Ver  
en: https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/9/4452/19.pdf  
2
(
12-11-2020)  
4 Ibíd, pp. 87-88, p.38.  
5 Ibid.,p. 90  
6 Ibid., pp. 99-100, pp. 103-104  
7 Ibidem.  
2
2
2
2
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México en el horizonte Latinoamericano  
Carranza reunió a un congreso que rebasó las reformas sociales por  
él planteadas, surgiendo una nueva Constitución en 1917. En su ar-  
tículo 27 se prohibieron los latifundios y se estableció el reparto agra-  
28  
rio. La distribución de la tierra llegó a su máxima expresión en el  
gobierno de Lázaro Cárdenas, cuando también se nacionalizó al pe-  
29  
tróleo. El triunfo de la Revolución dio a México paz social y estabi-  
lidad política que otros países de la región no tuvieron, al no triunfar  
sus movimientos sociales y no haber una distribución de la tierra.  
Todos los países de nuestra América comparten una historia  
común, desde sus raíces indígena e hispana, así como cada una tiene  
también sus particularidades.  
Geografía es destino. México, por su ubicación geopolítica su-  
frió la pérdida de su territorio y una intervención para establecer un  
imperio con el pretexto de poner un dique a Estados Unidos. De  
estos hechos surgieron doctrinas que definieron sus relaciones con  
el mundo. Benito Juárez demandó el respeto a la independencia y  
soberanía nacional, la igualdad de los Estados, la no intervención y  
la autodeterminación de los pueblos. Deseó que la lucha de México  
sirviera a las naciones hermanas para marcar un alto a las interven-  
ciones de las grandes potencias europeas.30  
Los dirigentes mexicanos habían buscado la alianza con la  
América hispana desde la insurgencia, así como también la de Esta-  
dos Unidos. México participó y apoyó el tratado de Confederación  
3
1
planteado por Simón Bolívar. Hubo asimismo un proyecto mexi-  
cano de unión hispanoamericana diseñado por el conservador Lucas  
Alamán, con el nombre de Pacto de Familia; en él destacaba que  
todos los hispanoamericanos eramos una gran familia separada por  
la dilatada geografía. El proyecto no prosperó por estar todos los paí-  
32  
ses en la formación de sus Estados nacionales.  
2
2
3
3
8 Ibid.,pp.152-153  
9 Ibid., p. 153  
0 Jorge Gómez de Silva, pp.79-80  
1 Germán A. de la Reza, “El Congreso anfictiónico en la ciudad de México a la luz de un do-  
cumento inédito (1826-1828)”, Historia crítica, Nº53, Bogotá, 2014, pp.63-66  
2 Fabián Herrera León, “Lucas Alamán, estadista y artífice de las misiones por un Pacto de Fa-  
milia”, Revista Mexicana de Política Exterior. Ver en: https://revistadigital.sre.gob.mx/ima-  
ges/stories/numeros/n97/herrera.pdf (12-11-2020)  
3
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Patricia Galeana  
En el inicio del siglo XX, al triunfo de la Revolución constitu-  
cionalista, Carranza buscó la alianza indolatina, para hacer frente no  
solo a las potencias europeas en la Gran Guerra, sino a Estados Uni-  
dos. Retomó la doctrina Juárez de no intervención y añadió que la  
33  
diplomacia debe servir a la paz y cooperación internacionales. En  
esos años, México sufrió durante nueve meses la ocupación estadou-  
nidense, a sangre y fuego, del puerto de Veracruz, y una expedición  
punitiva del ejército norteamericano, que llegó a tener diez mil efec-  
tivos en el territorio nacional, para aprehender a Francisco Villa que  
3
4
había atacado la población norteamericana de Columbus. El país  
sufrió también las presiones de Alemania para entrar en la Primera  
Guerra Mundial a cambio de recuperar el territorio que Estados Uni-  
dos le había quitado.  
Ante este escenario, Carranza mantuvo la neutralidad en la  
Primera Guerra Mundial, lo que costó al país ser vetado por Estados  
Unidos para formar parte de la Sociedad de las Naciones, hasta 1931.  
En el seno de esta Sociedad, México se opuso a la ocupación de Etio-  
pía por los fascistas italianos y a la de Austria por los nazis, y apoyó  
a la República española, abriendo sus brazos a todos los exilados con  
motivo de la guerra civil. Posteriormente, también recibiría a exilia-  
dos de los países hermanos de América Latina.  
La vocación latinoamericanista de México cobró gran fuerza  
con la Revolución; había que conocer las raíces propias, lo mexicano  
y lo latinoamericano. Así quedó plasmado en el escudo de la Uni-  
versidad Nacional de México que muestra la unión entre el águila y  
el cóndor, con el mapa de América Latina. Como muy bien expresara  
el filósofo de América, Leopoldo Zea, si algo define al ser humano,  
es la historia, “da sentido a lo hecho, a lo que se hace y a lo que está por ha-  
3
5
cerse en la triple dimension de lo histórico, pasado, presente y futuro”.  
Por ello, el conocimiento de la historia que nos constituye, es indis-  
pensable para comprender nuestro presente y actuar en él.  
3
3
3
3 Hermila Galindo, La Doctrina Carranza y el acercamiento indolatino, México, 1919. Ver en:  
https://archive.org/details/ladoctrinacarran00gali/page/n15/mode/2up (12-11-2020)  
4 Gilberto Jiménez Carrillo, compilador, Anecdotario Villista. Hechos, sucesos y relatos de mi gene-  
ral, Taller El juglar servicios editoriales, 2008, p.115  
5 Leopoldo Zea, El pensamiento Latinoamericano, México, Editorial Ariel, 1976, 3ª ed., p. 17.  
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México en el horizonte Latinoamericano  
Hoy me siento muy honrrada por poder pertenecer a la Aca-  
demia Nacional de Historia del Ecuador, como Académica Corres-  
pondiente Extranjera. Como historiadora, siempre he tenido una  
gran admiración por la tierra de Manuela Sáenz y por el primer país  
de nuestra América que reconoció los derechos políticos de las mu-  
jeres. El conocimiento de la historia de nuestros respectivos pueblos  
nos acerca; hacer historia comparada nos permite ubicar cada hecho  
en su dimensión real.  
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1
BOLETÍN ANH Nº 204–Vol XCVIII • 317–329  
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La Academia Nacional de Historia es una  
institución intelectual  
y
científica,  
destinada a la investigación de Historia  
en las diversas ramas del conocimiento  
humano, por ello está al servicio de los  
mejores  
intereses  
nacionales  
e
internacionales en el área de las  
Ciencias Sociales. Esta institución es  
ajena a banderías políticas, filiaciones  
religiosas,  
intereses  
locales  
o
aspiraciones individuales. La Academia  
Nacional de Historia busca responder a  
ese  
carácter  
científico,  
laico  
y
democrático, por ello, busca una  
creciente profesionalización de la  
entidad, eligiendo como sus miembros a  
historiadores  
entendiéndose por tales  
profesionales,  
quienes  
a
acrediten estudios de historia y ciencias  
humanas y sociales o que, poseyendo  
otra formación profesional, laboren en  
investigación histórica y hayan realizado  
aportes al mejor conocimiento de  
nuestro pasado.  
Forma sugerida de citar este artículo: Galeana, Patricia, "México  
en el horizonte latinoamericano", Boletín de la Academia Nacional  
de Historia, vol. XCVIII, Nº. 204, julio diciembre 2020,  
-
Academia Nacional de Historia, Quito, 2021, pp.317-329