BOLETÍN  
DE LA ACADEMIA  
NACIONAL DE HISTORIA  
Volumen XCV  
Nº 198  
Julio–diciembre 2017  
Quito–Ecuador  
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
DIRECTOR:  
Dr. Jorge Núñez Sánchez  
SUBDIRECTOR:  
SECRETARIO:  
TESORERO:  
Dr. Franklin Barriga López  
Ac. Diego Moscoso Peñaherrera  
Hno. Eduardo Muñoz Borrero  
Mtra. Jenny Londoño López  
BIBLIOTECARIA-ARCHIVERA:  
JEFA DE PUBLICACIONES:  
Dra. Rocío Rosero Jácome  
RELACIONADOR INSTITUCIONAL: Dr. Vladimir Serrano Pérez  
BOLETÍN de la A.N.H.  
Vol XCV  
Nº 198  
Julio–diciembre 2017  
©
Academia Nacional de Historia del Ecuador  
ISSN Nº 1390-079X  
e-ISSN Nº 2773-7381  
Portada  
Monumento a Vicente Rocafuerte  
en la ciudad de Guayaquil  
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Quito  
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enero 2019  
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación  
BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
Vol. XCV – Nº. 198  
Julio–Diciembre 2017  
INSURGENCIA RADICAL Y REBELIÓN DE LA PLEBE  
EN EL QUITO REVOLUCIONARIO, 1810-1812  
Wilson Miño Grijalva1  
Resumen  
El primer capítulo del trabajo trata acerca del contexto del  
proceso de insurrección en los términos arriba señalados. Presen-  
tando los elementos relacionados con las reformas borbónicas y las  
insurrecciones populares del antiguo régimen, cuyas características  
iluminan los sucesos de 1810. Así como, se presentan las condiciones  
en las que ocurre la desestructuración del régimen colonial español  
y la insurrección de las colonias hispanoamericanas. En que tamba-  
lea un complejo equilibrio entre el sistema de dominación y la diso-  
lución social.  
En el segundo capítulo, se aborda concretamente la presencia  
de la plebe en el escenario político de la segunda Junta de 1810 y sus  
motivaciones políticas en el proceso. Resaltando la división de las  
fuerzas revolucionarias ante la presencia de la plebe en las calles, la  
preponderancia de los elementos criollos radicales, la pertinencia o  
no del clientelismo. En esta parte se considerará las visiones que au-  
tores como Alonso Valencia y Martin Michom tienen, sobre esa co-  
yuntura política, así como la evaluación del autor.  
En el tercer capítulo, se destaca el clímax revolucionario de  
812, con movilizaciones plebeyas intensas y sucesos que preceden  
1
a la derrota de las tropas insurrectas frente a la reacción realista di-  
rigida por Toribio Montes. Aquí se explica como funcionarían las  
movilizaciones populares de: mestizos, indígenas y mulatos, en el  
1
Magister en Historia Andina y Especialista Superior en Historia, de la Universidad Andina  
Simón Bolívar, Sede Ecuador. Economista de la Pontificia Universidad Católica del Ecua-  
dor. Autor de varias obras. Profesor de Historia del Ecuador de la Facultad de Comunicación  
de la Universidad Central del Ecuador. También docente de la Pontificia Universidad Cató-  
lica del Ecuador. Miembro Correspondiente Academia Nacional de Historia.  
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marco general de la insurrección urbana y bajo la dirección de tribu-  
nos de la plebe y caudillos.  
En síntesis, en el presente trabajo se trata de demostrar el  
proceso de cómo el sector popular no fue comparsa del proceso po-  
lítico de las elites, sino que mantuvo una permanente presencia con  
el fin de promover sus intereses en medio de una compleja fractura  
del sistema de dominación colonial y, cercano a un grupo republi-  
cano radical y popular, que tenía como lema “Ni Madrid ni Roma”.  
Para lograr este objetivo, a continuación rápidamente, se contextua-  
liza el fenómeno político, se define su marco de referencia y se efec-  
túa un análisis de microhistoria, que selecciona los acontecimientos  
relevantes del proceso.  
Palabras clave: plebe quiteña, soberanía popular, jacobinismo, in-  
surgencia barrial  
Abstract  
The first chapter of the work deals with the context of the  
insurrection process in the terms indicated above. Presenting the  
elements related to the Bourbon reforms and the popular  
insurrections of the old regime, whose characteristics illuminate the  
events of 1810. Just as the conditions under which the destructuring  
of the Spanish colonial regime and the insurrection of the Spanish-  
American colonies occur. In which wobbles a complex balance  
between the system of domination and social dissolution.  
In the second chapter, the presence of the plebs in the politi-  
cal scene of the second Board of 1810 and its political motivations in  
the process are specifically addressed. Highlighting the division of  
revolutionary forces in the presence of the mob in the streets, the pre-  
ponderance of the radical creole elements, the relevance or not of  
clientelism. In this part we will consider the visions that authors like  
Alonso Valencia and Martin Michom have, on that political conjunc-  
ture, as well as the evaluation of the author.  
In the third chapter, the revolutionary climax of 1812 is high-  
lighted, with intense plebeian mobilizations and events that precede  
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
the defeat of the insurgent troops in the face of the realist reaction  
directed by Toribio Montes. Here it is explained how the popular  
mobilizations of: mestizos, indigenous and mulattos would work, in  
the general frame of the urban insurrection and under the direction  
of tribunes of the plebs and caudillos.  
In summary, this paper attempts to demonstrate the process  
of how the popular sector was not part of the political process of the  
elites, but maintained a permanent presence in order to promote  
their interests in the midst of a complex fracture of the political sys-  
tem. colonial domination and, close to a radical and popular Repub-  
lican group, whose motto was “Neither Madrid nor Rome.” To  
achieve this objective, then quickly, the political phenomenon is con-  
textualized, its frame of reference is defined and a microhistory  
analysis is carried out, which selects the relevant events of the  
process.  
Keywords: plebe quiteña, popular sovereignty, Jacobinism, neigh-  
borhood insurgency  
Introducción  
La presente monografía se ha planteado un problema rela-  
cionado con la coyuntura revolucionaria independentista ubicada  
entre 1810 y 1812. Para el autor de este trabajo todavía está por es-  
clarecerse completamente el papel de la plebe en dicho proceso. Es  
más, existiría un problema de invisibilización de la participación ple-  
beya que merece ser esclarecida, sin embargo con base a investiga-  
ciones recientes han aportado nuevos resultados. Es posible que el  
modelo político de independencia resultante pudiera ser otro si la  
facción más popular del proceso tuviera éxito. No obstante, la pro-  
ducción historiográfica actual ha registrado significativos avances  
en la comprensión de los acontecimientos ocurridos en el contexto  
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de la plebe urbana quiteña en el proceso de independencia del Ecua-  
dor. Tanto en el ámbito nacional como internacional, un buen nú-  
mero de autores ha procedido a repensar el proceso independentista  
a la luz de un enriquecedor trabajo de archivos y de la inclusión de  
aspectos no considerados por la historiografía patriótica tradicional.  
La participación del sector popular urbano en el Quito insur-  
gente de 1810 a 1812 es un tema que todavía requiere una profundi-  
zación de la investigación, con el fin de contextualizarla, esclarecerla  
y ajustarla a sus verdaderas dimensiones, dentro del proceso revo-  
lucionario emancipador. Existe información de fuentes directas y ele-  
mentos analíticos de la historiografía tradicional y contemporánea  
que ilustran que la participación popular alcanzó niveles protagóni-  
cos en el escenario revolucionario quiteño y, que fue mucho más que  
una actriz comparsa, encargada de la logística de la guerra y carne  
de cañón de un conflicto entre elites fratricidas. La presencia del  
rudo populacho” en las calles de Quito representó la vigencia de  
un proceso político revolucionario que abandono los palacios, cuar-  
teles y tribunales para alcanzar las calles.  
Las preguntas centrales de esta monografía se plantean bajo  
los siguientes términos:  
¿Cuáles son los límites de la participación de la plebe dentro  
del proceso revolucionario?  
¿Cuál es la modalidad de expresión plebeya en el proceso ge-  
neral de la segunda Junta revolucionaria de 1810 a 1812?  
¿Existió una motivación plebeya, de reivindicación de sobe-  
ranía popular, trasmitida por una facción radical, influen-  
ciada por el jacobinismo de la revolución francesa?  
Para contestar a las preguntas planteadas se tratará de esta-  
blecer un diálogo con las fuentes que han alcanzado mayor profun-  
didad en el tratamiento de la temática del actor popular urbano  
quiteño y rescatar temáticas históricamente soslayadas. Sin embargo,  
también se ha procedido a revisar la información de fuentes directas  
y, se ha incluido otros estudios que el autor los ha considerado per-  
tinentes.  
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
A la presencia de la plebe mestiza y urbana de Quito se la ha  
comenzado a estudiar desde la década de los años noventa, sobre  
2
todo en el ámbito de la sublevación de los barrios de 1765. Asi-  
mismo, se ha planteado la recuperación del milenarismo étnico en  
3
el contexto de la rebeldía antiespañola. Destacándolos como movi-  
mientos sociales autónomos de la élite criolla y que reaccionan de  
forma defensiva frente a la ofensiva administrativa borbónica. Aun-  
que se discute la existencia de redes clientelares de las grandes casas  
de la nobleza criolla local en las que se enredarían las iniciativas ple-  
beyas.  
Los principales enfoques y aportes que se consideran y dis-  
cuten en esta monografía son los de: Anthony Macfarlane, Rosemarie  
Terán, Alonso Valencia, Martin Michom y Delemas-Saint Geourge.  
Asimismo, se ha incluido fuentes primarias o directas e información  
pertinente de la historiografía más de tipo tradicional. Se ha tratado,  
mediante el examen, de la información, establecer un diálogo con los  
diversos enfoques y visiones a fin de disponer de nuevos elementos  
interpretativos para construir, en el futuro, una nueva reflexión sobre  
el tema.  
La perspectiva historiográfica en que se inscribe el presente  
trabajo, trata de no enmarcarse en el análisis estructural, estático y  
objetivista, cuanto en repensar la dinámica de los acontecimientos  
coyunturales del proceso político de la época, con relación a la inter-  
vención específica de la plebe urbana quiteña y sus vinculaciones  
con otras facciones políticas. Tratando de ubicar el análisis, de  
acuerdo a François-Xavier Guerra, en el ámbito del movimiento ci-  
nematográfico, de la acción, el encadenamiento, casi siempre impre-  
visible, de los acontecimientos, para aprehender la lógica de los  
personajes, la sucesión de las escenas, los nudos del guion, el ritmo  
general de un escenario histórico de una película sin director, ni  
2
Hay que destacar el trabajo de Martín Minchom sobre aspectos demográficos, dinámica  
sociorracial y protesta popular del pueblo de Quito, en el período de 1690 a 181O. Asi-  
mismo, existen otros autores extranjeros que han trabajado las protestas populares de los  
barrios de Quito de 1765. Con relación a la insurgencia revolucionaria quiteña de 1809-  
1
812 hay que destacar el estudio de Alonso Valencia, denominado Elites, Burocracia, Clero  
y Sectores Populares en la Independencia Quiteña (1809-1812).  
3
Fernando HidalgoNistri,CompendiodelaRebelióndelaAmérica,Quito,FONSAL,2008,p. 43  
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guion, ni actores definidos de antemano. De ahí que en el contexto  
se consideran los acontecimientos más importantes que marcaron el  
proceso y se trata de resistematizarlos con base a una reflexión que  
no pasa por la demostración de las pruebas cuanto de elaboración  
de nuevas hipótesis pertinentes con el desarrollo del proceso revo-  
lucionario.  
El primer capítulo del trabajo trata acerca del contexto del  
proceso de insurrección en los términos arriba señalados. Presen-  
tando los elementos relacionados con las reformas borbónicas y las  
insurrecciones populares del antiguo régimen, cuyas características  
iluminan los sucesos de 1810. Así como, se presentan las condiciones  
en las que ocurre la desestructuración del régimen colonial español  
y la insurrección de las colonias hispanoamericanas. En que tamba-  
lea un complejo equilibrio entre el sistema de dominación y la diso-  
lución social.  
En el segundo capítulo, se aborda concretamente la presencia  
de la plebe en el escenario político de la segunda Junta de 1810 y sus  
motivaciones políticas en el proceso. Resaltando la división de las  
fuerzas revolucionarias ante la presencia de la plebe en las calles, la  
preponderancia de los elementos criollos radicales, la pertinencia o  
no del clientelismo. En esta parte se considerará las visiones que au-  
tores como Alonso Valencia y Martin Michom tienen, sobre esa co-  
yuntura política, así como la evaluación del autor.  
En el tercer capítulo, se destaca el clímax revolucionario de  
812, con movilizaciones plebeyas intensas y sucesos que preceden  
1
a la derrota de las tropas insurrectas frente a la reacción realista di-  
rigida por Toribio Montes. Aquí se explica como funcionarían las  
movilizaciones populares de: mestizos, indígenas y mulatos, en el  
marco general de la insurrección urbana y bajo la dirección de tribu-  
nos de la plebe y caudillos.  
En síntesis, en el presente trabajo se trata de demostrar el  
proceso de cómo el sector popular no fue comparsa del proceso po-  
lítico de las elites, sino que mantuvo una permanente presencia con  
4
François-Xavier Guerra, “El ocaso de la monarquía hispánica: revolución y desintegración’’,  
en Antonio Annino, François-Xavier Guerra (coordinadores), Inventando la nación, lberoamérica  
siglo XIX, Fondo de Cultura Económica, México, 2003, p. 119.  
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en el Quito revolucionario, 1810–1812  
el fin de promover sus intereses en medio de una compleja fractura  
del sistema de dominación colonial y, cercano a un grupo republi-  
cano radical y popular, que tenía como lema “Ni Madrid ni Roma”.  
Para lograr este objetivo, a continuación rápidamente, se contextua-  
liza el fenómeno político, se define su marco de referencia y se efec-  
túa un análisis de microhistoria, que selecciona los acontecimientos  
relevantes del proceso.  
El contexto de la efervescencia antihispánica criolla- plebeya en el  
Quito de 1800  
Reformas borbónicas y reacción social antipeninsular  
El análisis de la coyuntura política de la emergencia de la re-  
belión política de la plebe urbana quiteña, requiere la presentación  
del escenario del Quito dieciochesco en donde se desarrollan los  
5
acontecimientos históricos. Escenario en donde interactúan factores  
que explican la dinámica de los acontecimientos. Para algunos au-  
tores, que prácticamente han llegado a un consenso, el principal an-  
tecedente del proceso independentista que sirve como “caldo de  
cultivo” para el surgimiento de un “clima” social e intelectual anti  
peninsular es la reforma borbónica de mediados del siglo XVIII, que  
termina con el antiguo pacto colonial. La reforma borbónica trastocó  
las relaciones de equilibrio entre los reinos americanos y la corona  
española, por otro lado, de directa expoliación colonialista.  
La monarquía española, enfrascada en una guerra perma-  
nente con otros Estados europeos, dejó de pensar en la organización  
productiva de sus territorios americanos para considerarlos como  
colonias, a las que se debía de extraer la mayor cantidad de recursos  
económicos para invertir en un rearme militar. En consecuencia, la  
monarquía española terminó por romper con el equilibrio multise-  
cular, fracturando el sistema de dominación y eliminando la comu-  
5
El autor del presente ensayo ha realizado una apretada síntesis de los antecedentes relaciona-  
dos con el tema, ya que por motivos de espacio y de tiempo no se ha justificado de manera  
extensa las diversas fuentes utilizadas. En todo caso, se ha tratado de destacar los aspectos  
centrales que tratan de explicar el desarrollo del tema planteado.  
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nidad de intereses que sostenía con una fuerte élite criolla, confor-  
mada por grandes señores de la tierra de origen español y una Iglesia  
propietaria y autónoma. El resultado fue un pacto y una guerra entre  
un sistema metropolitano que entendía que los poderes locales an-  
dinos debían ajustarse al principio de autoridad y a los intereses pe-  
ninsulares, y una elite criolla que sentía que sus intereses personales  
6
y de grupo eran gravemente afectados.  
En esta confrontación, los actores y gestores del orden colonial por una  
parte, y los agentes del sistema por otra, a fin de reducir o acabar con  
el adversario, terminaron por abrir la caja de Pandora que contenía la  
esencia de esas relaciones de dominación sobre las que se elevaba el  
mundo colonial andino. Y ello sucedió aunque muchos, por ambas par-  
tes, fueran conscientes de que abrir la caja que guardaba los desequili-  
brios, las injusticias, la opresión y las iniquidades con que orden y  
sistema tenían sometida a la población andina, era dejar vientos, true-  
nos y tempestades sueltos por los Andes. Una acción de consecuencias  
imprevisibles. Vientos, truenos y tempestades que efectivamente sacu-  
dieron la región con toda la fuerza de una afrenta de siglos…No que-  
daría sino sellarla a sangre y fuego, que fue lo que ambos, orden y  
sistema, acabaron haciendo.7  
En síntesis, la ruptura de la comunidad de intereses entre el  
sistema metropolitano y el orden colonial criollo, facilitaron el campo  
de las reivindicaciones sociales en los sectores subalternos de la so-  
ciedad. Los antiguos represores se encontrarían junto a los reprimi-  
dos en el escenario quiteño de la rebelión antipeninsular. A comien-  
zos del siglo XIX, año de 1803, tanto el marqués de Miraflores, como  
el hijo del marqués de Selva Alegre, Xavier Montúfar, dirigieron las  
represiones de los levantamientos indígenas de Latacunga y Rio-  
bamba, ejecutando por la horca y descuartizamiento a los cabecillas  
8
apresados, “para terror y ejemplar espanto de las gentes” . El fan-  
tasma de la rebelión social cruzaría el escenario emancipador y pro-  
6
Garavaglia Juan Carlos y Juan Marchena, “El siglo XVIII andino: Las Reformas Borbónicas”,  
en Juan Carlos Garavaglia y Juan Marchena, América Latina de los orígenes a la Independencia. II.  
La sociedad colonial ibérica en el siglo XVIII, Crítica, Barcelona, 2005, p. 32  
Ibíd.  
7
8
Marie-Danielle Demelas, Yves Saint-Geours, Jerusalén y Babilonia: Religión y política en el Ecuador,  
1780-1880, Corporación Editora Nacional, Quito, 1988, p. 53  
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en el Quito revolucionario, 1810–1812  
movería fuertes tensiones con el proyecto de las elites criollas. El pro-  
pio sector ilustrado quiteño se vería comprometido en la represión  
indígena de esos años.  
Las reformas borbónicas se concentraban en los campos de  
un mayor rigor administrativo, aunque superpuesto al original, do-  
tado de una fuerte exigencia tributaria, con un rígido control comer-  
cial y fuerte intervención económica e institucional sobre la Iglesia y  
el ejército. Reformas que no sólo atacaban los intereses de la élite,  
sino al conjunto de las instituciones coloniales y de la población in-  
dígena y mestiza. En este escenario, existía una comunidad de inte-  
reses defensivos entre la elite criolla y el mundo plebeyo parta  
enfrentar a “la reconquista” borbónica. En el caso de Quito, la rebe-  
lión popular se presentó en contra de los cambios en la administra-  
9
ción de la alcabala y del monopolio del aguardiente.  
Ante la dureza de la reforma colonial hispánica, una protesta  
radical y violenta de la plebe quiteña se manifestó en el Quito de  
1
765, que rebasó los mecanismos de la relación clientelar, importante  
desde la perspectiva del control social, cuyo menoscabo y debilita-  
miento permitió el comportamiento subversivo de la población mes-  
tiza e indígena, aquejada por la pauperización. La magnitud de la  
insurrección determinó que se enarbolen las propias reivindicaciones  
10  
de la muchedumbre.  
.
.. se suceden asaltos a las instalaciones de los monopolios estatales,  
ataques de la plebe a los funcionarios, represalias de las autoridades,  
combates sangrientos, que cobraron víctimas sobre todo en el bando  
popular. La subversión plebeya fue creciendo de tal manera que des-  
bordó todas las posibilidades de control de las élites y de las autorida-  
des, más aún cuando a la “autoconvocatoria”, realizada mediante  
pasquines en nombre de las vírgenes del Quinche y de la Merced, se  
sumaron los indígenas del entorno de la ciudad. Los barrios de San  
9
1
Chrístiana Borchart de Moreno y Segundo E. Moreno Yánez, “Las reformas Borbónicas en la  
Audiencia de Quito”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, 22, pp. 35-57, Uni-  
versidad Nacional de Colombia (Sede Bogotá). Facultad de Ciencias Humanas. Departamento  
de Historia, Bogotá, 1995, pp.37-40. Ver en: http://bdigital.unal.edu.co/33837/1/33761-  
1
26967-1-PB.pdf (27-09-2018)  
0 Rosemarie Terán Najas, “La época de Espejo: política borbónica y tensiones sociales”, pp.  
41-154, en Plutarco Naranjo, Rodrigo Fierro Benítez (editores), Eugenio Espejo: su época y su  
1
pensamiento, Corporación Editora Nacional, Quito, 2008, p. 148  
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Roque y San Sebastián lideraron las acciones y congregaron en tomo a  
la causa a las demás parroquias de la ciudad. Pese a la mediación de la  
Iglesia, concretamente de los jesuitas, los europeos y la nobleza criolla  
se vieron obligados a capitular ante la las peticiones plebeyas de sus-  
pensión de las medidas, con lo cual se logró imponer una suerte de go-  
bierno plebeyo durante casi seis meses.11  
La formidable agitación popular no era nueva ni coyuntural  
en la historia de la ciudad. La tradición de rebeldía del barrio popu-  
lar de San Roque alcanzó una notable duración de tiempo, un siglo  
de duración, por diversas motivaciones. De acuerdo a estos resulta-  
dos de la investigación de Martin Michom, el activismo del barrio se  
situó al margen de la influencia aristocrática de la ciudad, proyec-  
12  
tándose de forma autónoma. El mismo que se expresa en rebeliones  
por motivos de tipo religioso, étnicos y económicos. Rebeliones o su-  
blevaciones organizadas y muy alejadas del motín, desordenado y  
reactivo.1  
3
La participación indígena fue evidente en el mundo urbano  
quiteño, así como, sus conexiones con el mundo rural próximo. La  
vinculación de San Roque al convento de San Francisco potenció su  
influencia rebelde, a la cual se sumaron otros barrios, sobre todo los  
populares, como San Sebastián.14 La inclusión de esta dimensión,  
acerca de la importancia de la participación de San Roque, destaca  
un protagonismo de un nivel más elevado, no sólo en torno a los  
acontecimientos de la rebelión de los barrios de 1765, sino que tam-  
bién se proyecta a los eventos de la revolución de Quito (1809-1812).  
1
1
1
1 Ibíd.  
2 Martin Minchom, El pueblo de Quito 1690-1810, FONSAL, Quito, 2007, p.270  
3 La historiografía tradicional ha presentado a la rebelión popular en las calles como expresio-  
nes desordenadas y espasmódicas. El estudio de archivo de Martín Minchom las presenta  
como debidamente lideradas y organizadas, que por ser tan numerosas y eficaces en sus re-  
sultados terminan por constituir una verdadera tradición urbana y popular.  
4 La autora, Terán Najas, considera que la relación clientelar entre San Roque y el convento de  
San Francisco en la primera mitad del siglo XVIII es una prueba de su vigencia y que dicha  
relación se habría menoscabado en la segunda mitad de ese siglo. No obstante, la investiga-  
ción de Michom no destaca la importancia del clientelismo como mecanismo de control social  
del barrio de San Roque. Al contrario esa relación sería una fuente de mayor protagonismo  
de tumulto y rebeldía del eje San Roque-San Francisco. En todo caso, tanto Rosemarie Terán  
como Martín Michom comparten la misma visión acerca de la participación popular de San  
Roque.  
1
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
Otros acontecimientos que fortalecerían el clima antipenin-  
sular de la segunda mitad del siglo XVIII fueron las insurrecciones  
de mestizos, indios y blancos en el Perú y Nueva Granada. Entre  
1
780 y 1882, Túpac Amaru y la rebelión de los Comuneros desataron  
grandes enfrentamientos antipeninsulares, también como parte de  
la reacción contraria a las reformas borbónicas. En Nueva Granada,  
los levantamientos movilizaron a miles de combatientes y a las elites  
criollas locales que participaron en la dirección del movimiento.  
Según Anthony Macfarlane, en estos acontecimientos, incluyendo  
en Perú, participaron criollos en los diversos combates y ataques a  
las ciudades como parte de las fuerzas rebeldes. Por lo tanto, se  
debe destacar que en dichos levantamientos no se producían enfren-  
tamientos de fuerzas homogéneas, sino étnicamente diversas, pero  
con orientaciones bien definidas.  
1
5
Asimismo, no sólo que influenciaron los levantamientos lo-  
cales y regionales en el Quito “encajonado”, entre las montañas an-  
dinas americanas, sino que no dejó de recibir las influencias políticas  
allende los mares que comunicaban la rebelión e independencia de  
las trece colonias británicas y, el triunfo de los postulados del movi-  
miento ilustrado por intermedio de la revolución francesa. Fenóme-  
nos políticos que repercutirían en el mundo académico e institu-  
cional de la Real Audiencia de Quito. En consecuencia, para la última  
década del siglo XVIII, la efervescencia antipeninsular se alimentaba  
de múltiples factores, tanto exógenos como endógenos, que iban con-  
figurando el escenario de la revolución de Quito.  
El origen de la rebeldía radical criolla  
A fines del siglo XVIII, surge en Quito un grupo revolucio-  
nario dotado de un proyecto político que trataría de implantarlo con  
la toma del poder del 10 de agosto de 1809. El vocero más importante  
del grupo era el médico y escritor Eugenio Espejo, aunque el acti-  
vismo de su hermano, el presbítero Juan Pablo Espejo, le acompa-  
ñaba en la audacia y radicalidad de sus planes. Si bien el grupo  
15 Anthony Macfarlane, “Desórdenes civiles e insurrecciones populares’”, en Historia de América  
Andina, Universidad Andina Simón Bolívar, Quito, 2003, p. 305  
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revolucionario ya es activo en la década de los años noventa, la pré-  
dica de Eugenio Espejo disponía de antecedentes, en los que el as-  
pecto indígena estaba presente.  
Para los años 1780 Espejo ya era acusado por las autoridades  
españolas de publicar el Retrato de Golilla, texto en el que se amenaza  
con la “guerra de los indios”. Amenaza proferida al mismo tiempo  
que se desataba la rebelión militar indígena peruana encabezada por  
Túpac Amaru (1880-1881). La misma no tardaría en alcanzar su eco  
en la Real Audiencia de Quito y su capital. Quiteños criollos trataron  
de que se extendiera la rebelión hasta su territorio, para lo cual hicie-  
ron el intento de hacer llegar a Túpac Amaru una invitación para que  
extienda su rebelión hasta Quito. Las autoridades españolas acusaron  
de favorecer esos planes subversivos a la Abadesa del Monasterio de  
las Conceptas de Riobamba y al futuro prócer ibarreño Miguel Tobar  
y Ugarte. Asimismo, las autoridades españolas enviaron delegados  
a los diferentes corregimientos para pacificar a los indígenas simpa-  
16  
tizantes y dispuestos a secundar la rebelión cuzqueña.  
La conformación del grupo revolucionario de los hermanos  
Espejo no dejó de ser heterogéneo debido al origen profesional di-  
verso de sus miembros. Algunos muy cercanos al aparato adminis-  
trativo colonial metropolitano, eran letrados (abogados), con perfil  
intelectual, dotados de experiencia jurídica en la administración co-  
lonial hispánica, otros, militares criollos de la tropa local y clérigos  
seculares y de diversas órdenes religiosas. De este grupo surgieron  
los ideólogos republicanos radicales, simpatizantes de la revolución  
francesa y de la ilustración europea. Sin embargo, este grupo adqui-  
rió pretensiones de poder político con la presencia de personas que  
pertenecían a la nobleza criolla. Entre los cuales se destacó Juan Pío  
Montufar y Larrea (segundo Marqués de Selva Alegre), que por su  
poder económico, social, cultural y político se convertiría en el pro-  
tector y mecenas del grupo. No obstante, esta mezcla estamental ter-  
minó por convertir al grupo en un ente ideológicamente ambiguo.  
Con la muerte en prisión de Eugenio Espejo, el liderazgo de  
Montúfar y de la nobleza criolla se convirtió en preponderante y, el  
16 Carlos Freile (Compilador), Eugenio Espejo, Precursor de la Independencia (Documentos 1794-  
1797), FONSAL, Quito, 2009, p.19  
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
sector radical, se plegó a sus iniciativas. Esta ambigüedad ideológica  
17  
del grupo conduciría a una formidable ruptura política futura. No  
obstante, las proyecciones revolucionarias iban más allá de las pre-  
tensiones del Marqués de Selva Alegre. Los ideales igualitarios de la  
revolución francesa y de la independencia de las trece colonias in-  
glesas, que encarnaban la soberanía popular, tenían eco en la prédica  
de los hermanos Espejo y de los letrados y militares rebeldes. Espejo  
acariciaba en su pecho el proyecto atrevido de la emancipación completa  
de las colonias americanas y el establecimiento del régimen republicano de-  
mocrático en el Nuevo Mundo”.18 Espejo, de forma inusual para la  
época, tenía un conocimiento minucioso de los sucesos relacionado  
19  
con la revolución francesa y las colonias británicas.  
Este grupo crítico y con pretensiones autonomistas, se dotó  
de un proyecto político-económico que preconizaba la búsqueda y  
establecimiento de un gran Estado quiteño. El mismo que fue muy  
apoyado por el propio Francisco Héctor (Barón de Carondelet), pre-  
sidente de la Real Audiencia de Quito. Los primeros años del nuevo  
siglo XIX, encontrarían a este grupo con una fuerte presencia en la  
administración española de la Real Audiencia de Quito e impul-  
sando su proyecto de expansión administrativa y territorial. Incluso,  
llegando a participar en la represión de la rebelión indígena de 1803.  
Tanto Juan de Dios Morales, como Oficial Mayor de la Secretaría de  
la Presidencia, como Juan Pío Montúfar se encontraban muy cerca-  
nos al Barón de Carondelet. Rodríguez de Quiroga, ocupaba un  
puesto similar en la administración colonial. La muerte de Caronde-  
let interrumpiría este proceso y Ja influencia criolla terminaría, to-  
mándose la Real Audiencia un escenario definitivamente adverso  
con el advenimiento de nuevas autoridades.  
1
7 La historiografía tradicional ha destacado a Espejo como una figura solitaria divulgando su  
prédica libertaria. Sin embargo, ha dejado de lado el papel de Selva Alegre como organizador  
y líder de un grupo que venía trabajando y conspirando desde 1795, año de la muerte de  
Espejo, tal como lo afirma Ramón Núñez del Arco, Procurador General, Síndico de la ciudad  
de Quito, cuando informa sobre el papel de los revolucionarios de 1809-1812. El mismo Es-  
pejo formaba parte de ese grupo que se conformó alrededor de la figura de Juan Pío Mon-  
túfar.  
18 Federico González Suarez, Historia General de la República del Ecuador, Quito, Volumen Tercero,  
Ed. Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1970, p. 378  
19 Ibidem  
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Wilson Miño Grijalva  
La elite rebelde criolla de Quito demostraba ser poderosa  
porque combinaba el poder social y económico de la nobleza quiteña  
con el pensamiento letrado de sus abogados, el liderazgo de sus mi-  
litares y la cercanía con la Iglesia. Asimismo, era poderosa porque  
estaba dotada de un proyecto político cuando demostró sus preten-  
siones territoriales de constituir una capitanía y el envío de tropas a  
2
0
Panamá durante la administración del Barón de Carondelet. Fue  
un pequeño grupo, selecto y audaz, que en el momento de Ja acción  
arrastró a la sociedad quiteña, incluida a la Iglesia.  
Al mismo tiempo, el ambiente político de Quito fue sacudido  
aún más por la invasión francesa a España. Los intentos monárquicos  
de Carlos IV y Femando VII por conciliar con el heredero jacobino,  
Napoleón Bonaparte, terminaron con la prisión y abdicación en Ba-  
21  
yona de la realeza ibérica. Aparentemente, dejando en acefalía a la  
autoridad imperial y socavando la legitimidad y los fundamentos  
de la autoridad del r ey en los territorios de ultramar. Lo que será  
evidente en la percepción de los quiteños rebeldes del 10 de agosto  
de 1809 expresada en su proclama autonómica: la legitimidad de la  
autoridad real regresa al pueblo.22  
Otro factor fundamental que interviene en la coyuntura po-  
lítica del golpe de agosto de 1809 es la debilidad del nuevo liderazgo  
de la real Audiencia de Quito. El Conde Ruiz de Castilla, Manuel  
Urríez, de avanzada edad, se pasaba las mañanas en el jardín, coci-  
nando el almuerzo y el resto del día dedicado jugando a las  
apuestas.2  
3
Asimismo, los revolucionarios quiteños lo consideran de una  
edad de niño de cuatro años de edad y manejado fácilmente por los  
funcionarios de su entorno. La debilidad del liderazgo de la Audien-  
cia dificultaba la concreción de acuerdos políticos con la élite criolla  
y, a la vez, posibilitaba el surgimiento de movimientos de oposición  
2
0 Federica Morelli, “Quito en 1810: la búsqueda de un nuevo proyecto político”, Historia y Po-  
lítica, núm. 24, pp. 119-141, Universidad Complutense, Madrid, 2010, p.129. Ver en:  
file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Federica_Morelli_HyP24.pdf (01-10-2018)  
1 Ibidem., p.120, p.126.  
2
2
2
2 Ibidem., pp.120-121.  
3 José Gabriel Navarro, La revolución de Quito del 10 de agosto de 1809, (Quito, 1962), 43, carta  
del Obispo Cuero y Caicedo, 21 de mayo, 1809. En Martín Michom, El Pueblo de Quito 1690-  
1810, Quito, FONSAL, 2007, p.260  
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
fuertes y con vocación de poder. No obstante, es claro que el Conde  
Ruíz de Castilla se encontraba distante de apoyar los proyectos re-  
volucionarios, como lo hizo el Barón de Carondelet, lo cuál le atrajo  
la enemistad de los rebeldes.  
El golpe del 10 de agosto de 1809 es el triunfo del proyecto  
político de Juan Pío Montúfar y la nobleza criolla: un proyecto mo-  
nárquico y autonomista, que reivindicaría el estatus de reino para el  
territorio de Quito. En el cual, Selva Alegre reinaría como monarca  
2
4
regional y dependiente del rey Fernando VII. En el primer mo-  
mento de la revolución, correspondiente a la Junta Suprema, este es  
el proyecto predominante, limitado en términos de un proceso inde-  
pendentista radical, por las vinculaciones de la nobleza quiteña con  
la corte monárquica española. Otra limitación era su aversión a un  
jacobinismo radical, republicano y anticlerical expresado por la re-  
volución francesa, cuyas ideas y hechos ya se conocían en Quito. Sin  
embargo, el liderazgo montufarista permitió, en ese primer mo-  
mento, una posición de unidad de acción para las fuerzas revolucio-  
narias.  
En esencia, el golpe de agosto, trata de anticiparse a los acon-  
tecimientos que vislumbraban sus actores en un momento en que  
era absoluto el predominio de Napoleón en Europa. La posibilidad  
de apoderamiento de las colonias españolas americanas, por parte  
de Francia, era real. Es más, en la propia península se advertía que  
las colonias americanas deberían de ser sumisas a la posibilidad de  
una monarquía universal francesa. Napoleón, prevalido por la cap-  
tura de los reyes españoles, intentó extender su influencia directa a  
2
5
las colonias hispánicas americanas pero fracasó. Las autoridades  
españolas coloniales resistieron con éxito el asedio francés pero no a  
la oleada insurreccional americana que se precipitó de forma simul-  
tanea por el territorio colonial. Aunque la precipitación quiteña  
chocó con el poder metropolitano en territorio americano abrió la  
ruta para todo el proceso independentista a escala continental.  
24 Federica Morelli, “Quito en 1810…op. cit., pp.130-132.  
2
5 Juan Domínguez Nafría, “La América española y Napoleón en el Estatuto de Bayona”, Revista  
internacional de los estudios vascos, Cuad. 4, pp.315-346, Donostia, 2009, pp.325-326. Ver en:  
http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/rievcuadernos/04/04315346.pdf (03-10-2018)  
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Wilson Miño Grijalva  
Radicalización política y motivaciones populares  
La presencia protagónica de la plebe urbana quiteña para la  
26  
historiografía, en gran parte, ha quedado en la sombra. La insurgen-  
cia sería obra de aristócratas, clérigos y burócratas y las multitudes  
serían seducidas por ellos. No obstante, esta visión es contradicha por  
numerosos indicios que desde el olvido de la muerte señalan la pre-  
sencia activa de la plebe en los principales acontecimientos del pro-  
ceso.2  
7
Las masas fueron un elemento continuo de referencia para las élites y  
el temor que ellas suscitaron fue fundamental para explicar las afilia-  
ciones o desafiliaciones en relación al movimiento insurgente. Los sec-  
tores populares se convirtieron, entonces, en uno de los más impor-  
tantes factores explicativos de las divisiones internas de la Junta y de  
su fracaso.28  
Durante las conmociones sociales se hacía evidente la preca-  
riedad del orden colonial. Tanto en los desórdenes de 1765 como en  
los de 1809, se producía el desborde social de la plebe, de acuerdo a  
Marie-Danielle Demélas, existía miedo al peligro de disolución so-  
cial. De ahí, la búsqueda de reconfiguración de, la república de los  
29  
blancos, era motivo de preocupación de nobles y mestizos.  
Igualmente, en el caso de la revolución de Quito, Carlos  
Montúfar se quejaba, en octubre de 1810, de que el distrito se encon-  
traba “amenazado de las conmociones que ya se presienten de los muchísi-  
30  
mos negros, indios y otras castas procedentes de ellos”.  
2
2
6 Toda la información sobre las actividades de la segunda Junta se encuentra extraviada.  
7 Esta visión es señalada por Marie-Danielle Demelas e Ives Saint-Geours y destacada por  
Alonso Valencia. El autor tiene la misma percepción al revisar información documental di-  
recta e indirecta.  
2
8 Alonso Valencia Llano, Elites, burocracia, clero y sectores populares en la Independencia Quiteña,  
p.88. Este trabajo ha sido un referente importante para abordar el tema del protagonismo  
del sector popular en el proceso emancipador quiteño y se lo ha considerado de forma amplia  
en esta investigación.  
29 Rosemarie Terán Najas, op. cit., p. 148  
30 Claudio Mena Villamar , El Quito Rebelde (1809-1812), Abya-Ayala-Letra Nueva, Quito, 1997,  
p. 165  
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
No dejaba de ser ambigua la posición de la nobleza criolla  
en el contexto social colonial. Como descendientes de los conquista-  
dores hispánicos no dejaban de reclamar sus derechos a ser consul-  
tados por la Corona española y de ser parte de la comunidad de  
intereses que sojuzgaba al estamento indígena. Sin embargo, frente  
a los cambios tributarios borbónicos no dudaron en ser parte de un  
frente común con la plebe para oponerse al poder peninsular. Pero  
existían estamentos que formaban parte de la estratificación de la  
elite colonial que se encontraban por debajo de la nobleza y que eran  
ser más sensibles a la prédica igualitaria proveniente del movimiento  
revolucionario francés. Como el derecho a la igualdad predicado por  
Mejía Lequerica en las Cortes de Cádiz y del grupo más radical de  
la revolución de Quito.  
Los resultados de la investigación de Alonso Valencia, per-  
miten visibilizar que la presencia plebeya va progresando en la par-  
ticipación política revolucionaria, a partir de la derrota de la primera  
Junta, de la mano de esta facción radical. El fracaso de la primera  
Junta en conseguir el perdón de las autoridades de la Real Audiencia  
de Quito, abre paso a una fuerte dinámica represiva que termina con  
la masacre del 2 de agosto de 1810. No obstante, ese acto político fa-  
llido dio lugar a una profunda división revolucionaria que venía ma-  
durando a lo largo del proceso. Para Alonso Valencia, existía ya una  
división en la primera Junta que se manifestó, en las intenciones de  
un sector radical de ella, de eliminar físicamente a los peninsulares,  
31  
el 30 de septiembre de 1809. Lo cual precipita que la Iglesia y la no-  
bleza optarán por la devolución del poder a las autoridades hispá-  
nicas, con el fin de retomar al anterior estado de las cosas. Este un  
aporte importante de Alonso Valencia determinar la presencia de un  
sector radical liderado por Juan de Dios Morales, Rodríguez de Qui-  
roga y Juan Salinas.32  
Este aporte de Valencia se queda limitado al proceso de la  
primera Junta y al liderazgo de la nobleza criolla en el proceso, en  
los términos planteados por la investigación de Demélas e Yves Saint  
3
3
1 Alonso Valencia, op. cit., p.83  
2 Ibidem., pp.64-65  
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Wilson Miño Grijalva  
Geours acerca de las casas de la nobleza y sus redes clientelares, así  
como al papel protagónico jugado por la Iglesia en el proceso revo-  
lucionario. El análisis termina con la masacre de agosto de 1810. No  
se profundiza con los acontecimientos de la segunda Junta, justa-  
mente cuando la presencia plebeya se torna más agresiva y presente  
en las calles quiteñas. Asimismo, como el mismo, Valencia afirma,  
no se aborda el tema de las motivaciones populares que explique el  
por qué de la presencia plebeya revolucionaria. Este autor reco-  
mienda que se profundice la investigación en esta dirección.  
En el caso del autor Martín Minchom, plantea que no existen  
relaciones entre el sector revolucionario popular, enclavado en el eje  
San Roque-San Francisco, con la élite criolla vinculada a la nobleza  
local. Son actores que corren paralelos sin llegar a juntarse. Para Min-  
chom, la primera Junta responde a un proyecto eminentemente aris-  
tocrático. Aunque destaca una presencia criolla cercana al sector  
popular en el análisis del discurso de Juan Pablo Espejo.  
En esta perspectiva de la investigación independentista, esta  
monografía trata de aportar con más elementos que permitan una  
mejor visibilización de la plebe en la palestra revolucionaria de la  
época. La misma que se concreta en la convergencia del accionar de  
la plebe con un sector radical, distante de las redes clientelares de la  
nobleza criolla y bajo motivaciones defensivas y reivindicativas si-  
milares.  
Las motivaciones igualitarias  
A fines del siglo XVIII ocurren importantes indicios del sur-  
gimiento de una corriente revolucionaria radical que se germinaba  
en Quito y que estaba conformada por elementos que habían caído  
bajo el influjo de la prédica de los Espejo y de la revolución francesa.  
Esta facción radical era abierta a mantener relaciones revolucionarias  
con los indígenas y con la plebe mestiza de Quito. Para 1795, el abo-  
gado Juan de Dios Morales, el capitán de Milicias Nicolás de la Peña  
y su mujer, Rosa Zárate, tenían su domicilio en San Roque, el barrio  
quiteño más sedicioso de la ciudad. Cuando era muy conocido el do-  
micilio oficial de Nicolás de la Peña en la plaza mayor de la ciudad.  
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
El lugar se distinguía por estar habitado por indios foraste-  
ros, artesanos indígenas, mestizos y blancos pobres. San Roque, era  
un barrio popular como para que lo habiten personas que conforma-  
ban la elite intelectual y militar quiteña, pero políticamente era el  
más activo, estratégico y temible. Al mismo tiempo, en ese barrio era  
cura párroco uno de los presbíteros y tribunos de la plebe más “se-  
ductores” y alborotadores del pueblo: José Eugenio Correa. Este pe-  
queño grupo de intelectuales y activistas revolucionarios sería muy  
importante en la movilización del pueblo durante la revolución de  
Quito.  
¿Qué motivaba a esta facción de aprendices de insurgentes  
a coaligarse con la plebe de San Roque, de larga trayectoria sediciosa,  
antes de una década de la revolución? En los dieciochescos años no-  
venta, la efervescencia revolucionaria estaba en auge. La universidad  
real era un lugar de discusión y debate de las nuevas ideas de la ilus-  
tración europea frente a las tradicionales. El pensamiento del clérigo  
Juan Pablo Espejo es el que mejor resume las ideas radicales, liber-  
tarias e igualitarias de la época que los animaban. Los hermanos Es-  
pejo, después de una hábil maniobra de sus enemigos, son procesa-  
dos justamente por profesar esas ideas.  
En cuanto a su hermano [Juan Pablo], fue exilado por dos años por  
haber sostenido el derecho de los hijos contra la autoridad de los pa-  
dres; por haber aprobado la revolución francesa; por haber seguido los  
preceptos de libertad de Eugenio que esperaba una insurrección apo-  
yada por el ejército y los barrios de acuerdo con Santa Fe; por haber  
proyectado, afirmada la independencia, el reparto de los bienes de los  
33  
ricos y del fisco “para que todos fuesen iguales.  
Ya en esos años, Juan de Dios Morales, defendía a Eugenio  
Espejo en los tribunales y Nicolás de la Peña sostenía un prolongado  
conflicto con las autoridades peninsulares por motivos afectivos, a  
pesar de su condición de militar. Es justamente en el barrio de San  
Roque, donde residían, que se desata una persecución despiadada  
por el alguacil y los corchetes de la autoridad española contra Rosa  
33 Marie-Danielle Demelas, Yves Saint-Geours, op. cit., p. 70  
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Wilson Miño Grijalva  
Zárate y su familia. Los testigos del juicio declaran que una de las  
casas de barrio era la residencia de la encausada y del abogado Juan  
34  
de Dios Morales.  
La presencia de la plebe estuvo presente desde la misma  
noche del 10 de agosto de 1809 y fueron protagonistas de la toma del  
cuartel en la madrugada de ese día, cuando el Capitán Juan Salinas  
se hizo del control de la tropa desde adentro y permitió el ingreso  
de Juan de Dios Morales y, aproximadamente, 17 dirigentes princi-  
pales del movimiento y una multitud de más de treinta gentes de los  
barrios de la Carnicería y San Roque (“mucha mozada de gente or-  
35  
dinaria”). Todos armados con pistolas, sables, espadas y bayonetas.  
La toma del cuartel se completó con la distribución a los soldados,  
por parte del sanroqueño Francisco Romero y de los criados de los  
conspiradores, de aguardiente, bizcochuelos, rosquetes y cuatro  
pesos de propina.36  
Las investigaciones de las autoridades españolas acerca de  
los sucesos posteriores al 10 de agosto, luego de la devolución del  
poder, sacaban a la luz otras intenciones de los revolucionarios qui-  
teños con el cacique peruano, Bartolomé Meza. Lo que demuestra la  
característica étnico-social de la facción radical del proceso insur-  
gente quiteño. Dichas acusaciones implicaron a Manuel Rodríguez  
de Quiroga, Nicolás de la Peña, Juan Coello y Juan Salinas, acerca  
del envío de sendos mensajes al cacique peruano Bartolomé Meza.  
El contenido de la acusación tenía que ver con información acerca  
de los acontecimientos revolucionarios quiteños y con la idea de que  
se repitan en Lima. De la Peña le exageraba al cacique, en su esquela,  
interceptada a la posta de correo, que en Quito se encontraban alis-  
tados veinte mil hombres.37  
3
4 Ana María Goetschel, “Sobre machos, adúlteras y caballeros”, en Ton Salman y Eduardo  
Kingman, Editores, Antigua Modernidad y Memoria del Presente , FLACSO, Quito, 1999, p. 74-  
75  
3
5 Se puede especular que la plebe que acompañaba a la nobleza conspiradora pertenecía a sus  
respectivas clientelas, pero según Minchom San Roque y los indios carniceros de San Blas  
estaban fuera de la influencia aristocrática de la ciudad. Para el golpe del 10 de agosto la cú-  
pula del sector radical ya estaba comprometida en los acontecimientos revolucionarios junto  
con la nobleza.  
3
6 Archivo Histórico de Quito, Documentos de la revolución de Quito, Interrogatorios a los soldados  
de la milicia del cuartel de la Real Audiencia de Quito.  
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
¿
Cuál fue el imaginario político que acercaban a estos dos  
sectores en este proceso? Muy probablemente, Nicolás de la Peña es  
influenciado por los lemas libertarios y de igualdad de la revolución  
francesa, como miembro del grupo radical constituido bajo la pré-  
dica de los Espejo. En uno de los interrogatorios realizados a De la  
Peña, posterior al golpe del 10 de agosto de 1809, realizado en con-  
diciones de careo y delación por parte del cura de Tumbaco, José  
Mena, se afirma que el acusado le dijo las siguientes palabras a dicho  
cura:  
Como dice V. Merced de la desgracia de nuestra España, que ya no ha  
quedado nadie, porque el Tirano de Bonaparte acabó con todos y con  
el ejemplar que hemos tenido de haber destruido las demás potencias  
en este estado, a que fin nos hemos de sujetar a los Franceses, y se hará  
este República, quitando la ausencia y presidencia y exonerando a los in-  
dios de tributos...38  
Hay que destacar que en su ideología, la revolución francesa  
no era homogénea y que su influencia, por tanto, era diversa. De las  
dos corrientes en la que se dividía, la que tendría más influencia  
sobre el sector radical de Quito sería la que provendría del sector ja-  
cobino. Los jacobinos eran partidarios de la proclamación de la re-  
pública, estaban a favor del reparto de tierras, propugnaban el  
sufragio universal y la eliminación física de la nobleza. En tanto que  
sus rivales, los girondinos, se enmarcaban en un liberalismo consti-  
39  
tucional monárquico. La jacobina es una agenda radical que tendría  
los mismos postulados a una que aspiraría la plebe local, a la que  
hay que sumar el postulado más importante ya reivindicado en el  
3
7 Ibíd. Algunos historiadores aducen el carácter “viciado” de los interrogatorios. Sin embargo,  
aunque acusados y acusadores discrepen lo hacen sobre información extraída de la realidad.  
Por ejemplo, en este caso ninguna de las partes niega la existencia de las esquelas que tenían  
como destino al cacique peruano Meza y deja “huella” sobre el imaginario político de la  
época.  
38 Archivo Municipal de Quito, Documentos de la revolución de Quito, Interrogatorio a Nicolás de  
la Peña, 22 de diciembre de 1809, p. 165  
3
9 Manuel Chust, Conferencia “Las juntas: una aproximación comparativa”, Las Independencias  
un enfoque mundial, VII Congreso Ecuatoriano de Historia 2009 IV Congreso Sudamericano  
de Historia, julio del 2009.  
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Wilson Miño Grijalva  
Quito de la época y rechazado por el Obispo Cuero y Caicedo: la so-  
beranía popular de la “ínfima plebe”. Concepto que dentro de la so-  
ciedad estratificada de la época sería una quimera que estaba ya en  
discusión y que atraería el odio del orden y sistema colonial, en los  
albores de una era de igualitarismo que se acababa de iniciar:  
¿
Qué es el pueblo soberano? Es un sueño, una quimera  
Es una porción ratera  
De gente sin Dios ni Rey, Viva, pues, viva la ley,  
Y todo canalla muera.40  
Con la progresiva marcha de los acontecimientos revolucio-  
narios la presencia popular va tomando fuerza de la mano de la ra-  
dicalización insurgente. Asimismo, la política exterior se había  
tomado inmanejable para el marqués de Selva Alegre, ante el fracaso  
de la Junta Suprema quiteña al extender el proyecto revolucionario  
hacia las ciudades cercanas, de: Guayaquil, Cuenca, Pasto y Popa-  
yán. La represión del movimiento de agosto era inminente con la lle-  
gada de las tropas realistas enviadas desde Lima, Santa Fe y Cuenca.  
Juan Pío Montúfar opta por una solución de compromiso con Ruíz  
de Castilla y retrocede políticamente, entregando las armas, trata de  
borrar el pronunciamiento del 10 de agosto, con un perdón nego-  
ciado, evita una confrontación con las autoridades españolas y de-  
tiene el proceso. El fracaso de la revolución para expandirse hacia  
las poblaciones del norte conlleva un giro de la autoridad de la Junta  
Suprema y la ruptura política interna. División en que la presencia  
popular estuvo presente y arrastró a la Iglesia a las posiciones mo-  
deradas y de contención del proceso en la base popular. En octubre,  
la Iglesia llegó a reponer a Ruíz de Castilla, en el mando, en alianza  
con las élites representadas en Montúfar y Guerrero Mateu, contra  
el sector revolucionario capitaneado por Morales, Rodríguez de Qui-  
roga, y Salinas.41  
4
0 Pedro Fermín Cevallos, Biblioteca Ecuatoriana Mínima , 1960, p.252, en Alonso Valencia  
Llano, “Elites, Burocracia , Clero y Sectores Populares en la Independencia Quiteña”, p. 88  
1 Alonso Valencia Llano, “Elites, burocracia , clero y sectores populares en la Independencia  
Quiteña (1809- 1812)”, p.83  
4
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
Para el Obispo Cuero y Caicedo estaba sucediendo en Quito  
un fenómeno político y social sumamente peligroso que atentaba  
contra la propiedad y el respeto de las personas, porque afirmaba  
que: “Se ha levantado una caterva de hombres que están impresionando al  
ínfimo vulgo en las ideas de una soberanía quimérica que dicen ha recaído  
42  
en esta pequeña porción de ciudadanos sin educación ni principios”. La  
radicalización revolucionaria hace actuar al Obispo para neutralizar  
un posible atentado contra la vida de los europeos la noche del 30  
de septiembre de1809. El retroceso del sector moderado, ante la cre-  
ciente movilización de las masas, provoca el rechazo, el horror y la  
43  
protesta de los tribunos revolucionarios. Esta táctica política pro-  
pició la división del sector revolucionario que se había mantenido  
latente desde los inicios del proceso insurreccional. A partir de ese  
momento, se combaten montufaristas y sanchistas, que luchan por  
diferentes proyectos políticos, por el incipiente poder independiente  
44  
y, tempranamente, suscitan un conato de guerra civil.  
El orden colonial pudo regresar a la normalidad secular, de  
no mediar la ruptura del acuerdo, la masacre del 2 de agosto de 1810  
y los sucesos revolucionarios de Nueva Granada y del resto de colo-  
nias. El alcance de la masacre fue de tal magnitud que desembocó  
en un enfrentamiento militar que trastocó el escenario político, con  
la decapitación del movimiento revolucionario y desató la presencia  
de la plebe agresiva.  
Ya con la llegada de las tropas españolas, procedentes de  
Lima, comenzó el pillaje y la represión a la población que determinó,  
el 7 de julio de 1810, la movilización del barrio de San Roque y de  
otros barrios hacia la plaza para protestar por los desafueros del ejér-  
cito hispánico procedente de Lima. Durante los acontecimientos del  
2
de agosto, el barrio de San Roque y la protesta popular, que incluía  
a niños y mujeres, estuvieron presentes en las calles y plazas centra-  
les de Quito.4  
5
4
4
4
2 Marie-Danielle Demelas, Ives Saint-Geours, Jerusalen y Babilonia ..., p. 87  
3 Alonso Valencia Llano, “Elites, burocracia, clero...”, p. 84  
4 Se debe destacar que la preponderancia del noble Jacinto Sánchez de Orellana obedeció a  
una maniobra política de Juan de Dios Morales con el fin de neutralizar a la influencia de  
los Montúfar en el proceso.  
45 Martin Minchom, El pueblo de Quito 1690-1810, pp.266, 267  
BOLETÍN ANH Nº 198 • 131–165  
153  
Wilson Miño Grijalva  
Pasamos a San Roque: hallamos más gente y más enfurecida, con dos  
o tres fusiles y otras armas blancas. Allí fue donde se encontró más vi-  
siblemente cuanto había apurado el gobierno la paciencia del pueblo.  
¡
Qué quejas tan fundadas y tan amargas! Se oía discurrir con energía a  
los más idiotas sobre el despotismo y la tiranía con que se había gober-  
nado la provincia. Se reclamaban los derechos del hombre ultrajados  
inicuamente y de un modo tan criminal para los mandones. Se detes-  
taba el uso del poder y de las armas confiadas por el rey, no para la  
destrucción como se experimentaba, sino para la defensa y conserva-  
ción de la República. Se gritaba con vehemencia contra la violación de  
los pactos jurados y de las solemnes promesas que se habían hecho a  
la ciudad, para burlarse de la buena fe del público y entronizar el te-  
rrorismo. Moriremos, decían, pero moriremos por nuestra patria y para  
romper las duras cadenas de la esclavitud que hemos arrastrado tantos  
46  
y años y que nos han agravado con el gobierno del conde...  
La casa de Nicolás de la Peña estuvo a punto de ser batida  
por cañón y sus ocupantes pasados a cuchillo, porque los oficiales  
47  
de la tropa acusaban que desde ahí se les hacía fuego. Las tropas  
no llegaron a reprimir en los barrios populares por temor a enfren-  
tarlos. Según Minchom, la movilización popular del 2 de agosto for-  
maba parte de una reacción más amplia que la de ese día, ya que en  
los días anteriores hubo rumores de saqueo y de ataque a los prisio-  
neros.  
Los sucesos se precipitan con la llegada del comisionado  
regio Carlos Montufar y un nuevo pronunciamiento separatista de  
la segunda Junta. El giro de la segunda Junta se radicaliza hacia po-  
siciones de independencia a partir de la masacre del 2 de agosto y  
de la creación de las juntas de Nueva Granada. La guerra se renueva  
e intensifica, se conforman nuevos contingentes militares y se reini-  
cian las operaciones hacia el norte y sur andino. Para fines de 1810  
el enfrentamiento político y militar al interior de la ciudad se agudiza  
y, los principales del sector chapetón, comienzan a huir de la ciudad.  
Simón Sáenz huye a Guayaquil, Arechaga a España, Fuertes y Gavi-  
ria hacia el Amazonas, Pedro Calisto y su hijo hacia Pasto.  
4
6 Manuel José Caicedo, “Viaje imaginario por las provincias limítrofes de Quito y regreso a  
esta capital”, en Cronistas de la Independencia y de la República, Puebla, Editorial J.M. Cajica Jr.  
S.a, 1960, p.81  
7 lbíd., p. 88  
4
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
Caudillismo y el clímax revolucionario de 1810 a 1812  
Aunque existen estudios que han tratado el tema de la par-  
ticipación plebeya en la etapa de la segunda Junta revolucionaria,  
no obstante, para el autor de esta monografía, todavía no ha existido  
una caracterización adecuada acerca de cómo fue la dinámica que se  
desarrolló en el Quito de esos años. Uno de los problemas ha cons-  
tituido la falta de ubicación de un personaje tan central para ese pe-  
ríodo, como fue Nicolás de la Peña y Maldonado. Para Martin  
Minchom, la participación de este tipo de actores no tendría cabida  
en su esquema analítico de los acontecimientos de 1810 a 1812. El  
mundo plebeyo, corre paralelo al de la elite criolla, sin llegar a cru-  
zarse. Para Alonso Valencia, quién sigue a Demelás e Yves Saint-  
Geours, Nicolás de la Peña se situaría como un líder de una de las  
casas de nobleza de Quito y de sus redes clientelares, quienes mane-  
jaban todo el proceso, y sus motivaciones serían personales. Para  
Pablo Ospina, una poderosa división de la elite permite la emergen-  
cia de la participación popular. Para el autor de este trabajo, un sector  
radical insurgente, desprendido de la elite colonial, viene a repre-  
sentar una suerte de alianza “bisagra” con el mundo plebeyo e indí-  
gena de la pequeña ciudad insurrecta, para encamar un proyecto  
revolucionario con características caudillistas. En todo caso, en esta  
temática, en que el mundo de la elite se mezcla con el de la plebe, se  
trata de profundizar y determinar un nuevo fenómeno. Actores  
como Nicolás de la Peña juegan un rol de promotores de la partici-  
pación popular. En este trabajo se trata de ubicar a De la Peña, en un  
contexto más acorde con los acontecimientos, encamando el poder  
más duro de la revolución de Quito en el combate contra sus enemi-  
gos.  
El presente trabajo trata de realizar una suerte de integración  
de los múltiples elementos sueltos, que conforman los acontecimien-  
tos, para construir una reflexión que de cuenta del sentido y pers-  
pectiva de la participación de la plebe y del predominio revolucio-  
nario quiteño. En esta reflexión, el personaje Nicolás de la Peña juega  
un rol central, porque alrededor de él se teje una red de motivaciones  
BOLETÍN ANH Nº 198 • 131–165  
155  
Wilson Miño Grijalva  
e intereses que representarían el origen de un caudillismo que expli-  
caría la dinámica de los acontecimientos estudiados. Bajo los térmi-  
nos de los pronunciamientos a los que define Federica Morelli,  
refiriéndose a la relación entre líderes militares y comunidad; señala  
que: “Los movimientos de los estratos inferiores de la sociedad se articula-  
ban con los de las élites, determinando los equilibrios entre las facciones que  
48  
se disputaban el poder”.  
Alrededor de Nicolás de la Peña se construye toda una red  
de poder enriquecida, que desde distintas vertientes se entretejen  
entre sí. La más importante es la militar, a la cual se pertenecía De la  
Peña, como la carrera de su vida, desde 1780. Desde que De la Peña  
fungía como Capitán de Milicias ubicado en Quito y Riobamba,  
hasta pasar a teniente coronel de la Falange Fernando XVI, como  
parte del nuevo ejército. La religiosa, vinculada a sus compañeros  
del grupo radical, como fue la participación del presbítero José Eu-  
genio Correa, cura de la parroquia de San Roque. La política, con la  
participación de De la Peña en el Consejo de Vigilancia, con los tribu-  
nos de la plebe, la red de la organización barrial indígena de la ciu-  
dad y sus espías. Asimismo, no se puede descartar rezagos de una  
relación clientelar construida por su familia, cuando su padre esta-  
bleció en San Roque una pequeña fábrica de loza y administró algu-  
nas propiedades.  
En los acontecimientos que se narran a continuación el autor  
49  
trata de justificar el planteamiento antes expuesto.  
.1 la dinámica de los acontecimientos  
Para fines de 1810 se produce la radicalización del proceso y  
3
comienzan a funcionar el Consejo de Vigilancia, artefacto institucional  
creado por el Congreso Supremo Nacional de Quito para la vigilancia  
revolucionaria, al más puro estilo del Comité de Salud Pública de los  
4
8 Federica Morelli, Territorio o nación, Reforma y disolución del espacio imperial en Ecuador, 1765-  
830 ,Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2005 , p. 157  
1
4
9 El autor de esta monografía ha tratado de no reproducir las declaraciones de los personajes  
en los juicios y dar más importancia al contexto de los acontecimientos, sobre todo con rela-  
ción a la figura polémica de Nicolás de la Peña. No se ha cuestionado los resultados de los  
juicios instaurados porque se corroboran con lo que afirma otro tipo de información.  
BOLETÍN ANH Nº 198 • 131–165  
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
5
0
revolucionarios franceses jacobinos. Dicho Consejo está formado  
por miembros radicales, algunos de los cuáles son provenientes de  
Cali, Buga y Lima, pertenecen a la Iglesia, son abogados o militares.  
De entre ellos se destaca el Provisor Vicario del Obispado de Quito,  
Manuel José Caicedo, caleño, y sobrino del Obispo Cuero y Caicedo.  
El mismo que levantó un batallón de indios, de quienes fue su co-  
mandante. Es en ese momento que se manifiesta una fuerte imbri-  
cación entre el sector revolucionario radical y el sector popular  
51  
quiteño, con elementos clericales y radicales como Caicedo.  
Según Demélas e Yves Saint-Geours, De la Peña y Maldo-  
nado, manejaba en Quito, los “márgenes incontrolables” de una  
clientela” muy heterogénea conformada por relaciones sediciosas  
con un cacique peruano, con un mulato de Maracaibo, con un aven-  
turero de Panamá, un gran número de tribunos de la plebe y unos  
monjes guerreros que lo secundaron para encuadrar a la tropa.  
5
2
Como líder militar sanchista y como consejero de vigilancia, Nicolás  
de la Peña, disponía de ascendencia sobre el ejército, la facción radi-  
cal y sobre las organizaciones indígenas y barriales. Lo que le daría  
una proyección más de caudillo, que de cabeza de casa de nobleza  
con red clientelar.  
Para los años de la revolución de Quito, Nicolás de la Peña  
no encabezaba ninguna casa de nobleza quiteña. Aunque provenía  
socialmente de ella, por parte de su abuelo, el terrateniente riobam-  
beño y científico Pedro Vicente Maldonado. La construcción del ca-  
mino de Malbucho, la temprana muerte de él, dejó a la familia  
prácticamente sin trascendencia económica. A pesar de que su padre  
había heredado las prerrogativas de su suegro, como corregidor de  
Ibarra.  
De la Peña, hijo legítimo del chapetón Manuel Díez de la  
Peña y de Juana Maldonado , estudió en el colegio de San Luis y la  
Universidad Real y Pública, , y fue maestro en filosofía y licenciado  
en leyes. En 1778, al formarse las Milicias Disciplinadas de Quito, armó  
5
0 Gustavo Pérez Ramírez, “Los luchadores nos interpelan”, Quito, 2011, p.52. Ver en:  
https://issuu.com/anh_ecuador/docs/003_losluchadoresporlaindependencia (04-01-2019)  
1 Ibid., p.8  
5
5
2 Marie-Danielle Demelas, Yves Saint-Geourgs, Jerusalén y Babilonia ..., p. 90  
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Wilson Miño Grijalva  
y equipó a su costa, una Compañía de Infantería de Milicias, cuya pri-  
mera misión fue proteger el puerto de Guayaquil de un posible ata-  
que inglés. Y la ciudadanía guayaquileña admiró a De la Peña por  
su porte marcial, su caballerosidad y su profesionalismo en las tareas  
53  
de defensa. Seguramente, de sus estudios universitarios provendría  
la influencia radical.  
Nicolás de la Peña, no sólo que no formaba casa de nobleza,  
a pesar de que su hermano era emparentado políticamente con los  
Mateu y Guerrero, sino que era enemistado con los Montúfar. El pri-  
mer Marqués de Selva Alegre fue un adversario acérrimo del man-  
tenimiento del camino de Malbucho construido Pedro Vicente  
Maldonado, aduciendo que era una vía de entrada para el contra-  
54  
bando. Asimismo, por su ideario político, De la Peña era adversario  
del grupo peninsular radicado en Quito, sobre todo, de Pedro Calisto  
con quién llega a enfrentarse en la Plaza Mayor de Quito. Por lo  
tanto, De la Peña deviene en un líder vinculado a lo republicano y a  
la plebe de los barrios quiteños. En la medida en que impulsa la so-  
beranía popular y el igualitarismo social es respetado y obedecido  
bajo las acciones del Consejo de Vigilancia que, involucraba la defensa  
de la revolución y la represión de los enemigos, en escenario de gue-  
rra. Aunque la influencia militar del coronel de falange era de gran  
alcance, como miembro de la cúpula del ejército sanchista y quiteño,  
dado que De la Peña era muy cercano a Francisco Calderón, a quien  
le acompañó en el desalojo del poder de los montufaristas del go-  
bierno de Quito, trasladándose con el grueso del ejército desde  
Alausí.5  
5
Luego de la radicalización de la segunda Junta quiteña, con  
su declaración de independencia de España, en octubre de 181O, la  
temperatura política revolucionaria sube fuertemente en la ciudad,  
en consonancia con los sucesos militares que se sucedían en el frente  
de guerra. Si bien en los inicios de la revolución se advertía una he-  
gemonía de la nobleza local, en términos sociales, con la radicaliza-  
53 Jorge Núñez Sánchez, “El Robespierre quiteño”, Diario El Telégrafo, 23/04/ 2009  
54 Federico González Suárez, “El Camino de Malbucho”, Boletín de Obras Públicas,No. 61, Quito,  
1
944- 1945, p.106  
5
5 Gustavo Pérez Ramírez, op. cit., p.69  
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
ción del proceso, se visibiliza a la fracción republicana sanchista de  
De la Peña movilizando a la plebe urbana. Los mismos informes de  
los espías españoles daban cuenta de lo que sucedía en las calles y  
plazas de la ciudad.  
Que la ciudad está dividida en tres bandos; uno el de la Junta, que es  
el más numeroso; otro el de Peña y otros...el otro, que es el menos nu-  
meroso, es el antiguo y fiel al legitimo Gobierno...que andan fugitivos  
y escondidos en la Ciudad, para evitar las ordenanzas de sus contrarios  
[
...] El pueblo se halla en un estado completo de insubordinación, por  
falta de respeto a la Junta. En fin: en la más completa anarquía.  
...]Reina la mayor exaltación de furor por todas partes, que ha hecho  
[
incurrir en la impolítica de inflamar a los indios y armarlos de lanzas  
y sables.[...] Hicieron por su Jefe al Provisor de Quito D. Manuel Cay-  
cedo, el cual, vestido de Abate y con los tres galones de Coronel, se pre-  
sentó con 625 de estos indios uniformados al Presidente Ruiz de  
Castilla, el día 20 de Enero último. El uniforme es traje antiguo de los  
indios, con banda de seda blanca.56  
Desde septiembre de 1810 arrecia nuevamente la guerra y las  
conmociones populares”, se vuelven frecuentes en las calles, así  
como, los Cabildos Públicos, organizados por el grupo de De la Peña,  
que eran verdaderas asambleas de orientación y agitación política.  
Quito vive intensamente los avatares de la guerra; las noticias y los  
rumores envuelven a sus habitantes, quienes tienen a sus hijos, her-  
manos y parientes en el frente de batalla. La facción sanchista y ra-  
dical se toma la ciudad enfrentándose a la facción montufarista, en  
tanto que los realistas tratan de huir y algunos son capturados. El  
ambiente social es de permanente conmoción y se puede afirmar que  
es un alzamiento ininterrumpido protagonizado por los barrios de  
57  
mestizos e indios en especial de San Roque y San Blas. Un deseo  
de venganza contra los soldados limeños invade a la ciudad porque  
toda la población había sufrido la pérdida de sus parientes, ya que  
5
6 Informe del Gobernador de Guayaquil, Francisco Gil, al Ministro de Gracia y Justicia sobre  
varios acontecimientos de Quito. 15-11-1811, en Documentos, en Alfredo Ponce Ribadeneira,  
Quito: 1809-1812, Madrid, Imprenta Juan Bravo, p. 222  
57 Pablo Ospina Peralta, “Habiendo roto el freno de la obediencia” Participación indígena en la  
insurgencia de Quito, 1809-1912, en Procesos Revista Ecuatoriana de Historia, No. 29 I semestre  
2009, p.73  
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Wilson Miño Grijalva  
la represión del 2 de agosto había sido masiva y alcanzó a todos los  
estamentos de la sociedad. La sociedad quiteña se toma muy sensible  
a los rumores y noticias que circulan desde el frente de batalla y, a lo  
que hacen sus enemigos peninsulares de la ciudad y reacciona con  
celeridad. En este contexto de resentimiento y deseo de venganza,  
se produce el ajusticiamiento de funcionarios españoles que fueron  
protagonistas del enjuiciamiento y condenas a los quiteños insur-  
gentes. Estos asesinatos representan los momentos culminantes de  
la efervescencia popular de la cual era presa la ciudad y que atrope-  
llaba cualquier límite de la ley.  
En diciembre de 1810 son apresados en Papallacta, el exoidor  
Felipe Fuertes Amar y el exadministrador de Correo, José Vergara  
Gaviria intentando huir. Ambos son asesinados en el sitio del Girón,  
en las afueras del norte de Quito, y arrastrados a la Plaza Mayor, se  
inculpa del hecho a los indios carniceros de San Blas. Se intenta vic-  
timar a Joaquín Villalba, enviado por el nuevo presidente de la Real  
Audiencia de Quito, Joaquín Molina, le salvan la vida de forma apre-  
surada de manos de la multitud. Otros realistas, odiados por el pue-  
blo de Quito, logran huir. Este es el caso de Tomás Arechaga, que  
llega hasta España, y Simón Sáenz, que se refugia en Guayaquil. Bajo  
el mismo procedimiento, para junio de 1812, un tumulto de indíge-  
nas de San Roque, propinándole golpes y heridas, provocan la  
muerte del conde Ruíz de Castilla, que todavía era un símbolo del  
poder metropolitano español, que estaba refugiado o preso en un  
convento mercedario de filiación insurgente. Y, para fines de octubre  
de ese año, el Consejo de Vigilancia juzga y ordena el fusilamiento del  
realista Pedro Calisto y su hijo Nicolás, acusado de traición a la pa-  
tria, y que estuvieron a punto de ser asesinados por la plebe momen-  
tos antes de su ingreso a la prisión, ubicada en el cuartel. Otros dos  
miembros de la misma Junta, sufrirán el saqueo de sus casas por  
parte de la multitud. Y, vecinos pudientes serán obligados a contri-  
buciones forzosas para la causa revolucionaria.  
Quito se encontraba en plena efervescencia revolucionaria,  
producto del resquebrajamiento del sistema de dominación, que  
afectaba, tanto a la nobleza criolla como a la metropolitana, que po-  
sibilitó incluso el retomo del milenarismo, encarnado en las ideas del  
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
indio Capa Redonda, indio zapatero de San Roque, que se disputaba  
con otro líder indígena, Tabango, de otro partido, cual de los dos  
58  
había de ser rey, con el fin de exterminar a los blancos de la ciudad.  
Capa Redonda fue uno de los comandantes del batallón de cuchille-  
ros de San Roque y constaría en la lista de radicales perseguidos y  
para quienes no hubo indulto.59  
¿Cómo funcionaban las movilizaciones populares para inter-  
venir con una gran manifestación de violencia contra odiados ene-  
migos bajo una organización de orientación radical? En general, la  
historiografía realiza una exagerada simplificación de la intervención  
del denominado populacho y su violencia. Si se revisan los juicios y  
se integran todos los elementos que conformaron dichas moviliza-  
ciones se puede evidenciar la complejidad de ellas.  
En el caso del arrastre del oidor Fuertes Amar y Vergara Ga-  
viria se advierte la presencia de soldados, a nivel de capitanes, que  
funcionan convocando a los barrios y trasmitiendo información a los  
líderes instigadores del hecho, ese fue el caso de Antonio Ribade-  
neira. Asimismo, se advierte la presencia de los capitanes de barrios,  
la de gobernadores de indios, que participan en la convocatoria de  
su comunidad, y piden la colaboración a otros barrios para el barrio  
encargado de la misión. En este caso fue el San Blas, el más oriental  
y cercano al camino por donde venían escoltados los prófugos. Es  
más, se acusa posteriormente al jefe de la tropa, Joaquín Sánchez de  
Orellana, de ser muy permisivo con el tumulto indígena. Existían  
miembros prominentes de la ciudad que ya tenían indicios de los he-  
chos que se sucedieron. Este fue el caso del propio marqués de Selva  
Alegre, que terminó recaudando las armas de los peninsulares fugi-  
tivos. En los juicios instaurados, las autoridades españolas conside-  
raron que la permisividad de este crimen fue el que abrió las puertas  
a los que vendrían posteriormente.  
El procedimiento de la intervención de la masa rebelde en  
los eventos políticos respondía a una rigurosa organización barrial,  
58 Fernando Hidalgo, El Compendio de la rebelión de la América, p. 109  
5
9 Indulto General de Vidas y Haciendas concedido por Toribio Montes, Presidente de la Real  
Audiencia de Quito, “Documentos Históricos”, Boletín de la Academia Nacional de Historia,  
Quito, Litografía e imprenta Romero, 1943, Vol. XXIII, julio-diciembre, 1943, p.253  
BOLETÍN ANH Nº 198 • 131–165  
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Wilson Miño Grijalva  
originada en el temor de la administración española a la revuelta po-  
pular. Para lo cual establecieron mecanismos de control social a nivel  
de patrullas barriales, armadas de lanzas, que incluían el registro  
diario del rumor, de noticias y de los hechos reales. Este tipo de or-  
ganización fue utilizada por Carlos Montúfar y por la propia orga-  
nización radical de Nicolás de la Peña, bajo la conducción de los  
60  
capitanes de barrio.  
La convocatoria se originaba en los líderes o jefes de la fac-  
ción, quienes se encontraban conectados con el conjunto de los acon-  
tecimientos políticos y militares del proceso. Así como, manejaban  
los cabildos públicos a los que asistían los barrios y disponían de la  
percepción de lo que manifestaba la gente. En el caso de Ruiz de Cas-  
tilla, fueron Nicolás de la Peña y el presbítero José Eugenio Correa  
quienes impartieron las órdenes de arresto.  
Para apresar al conde Ruíz de Castilla, la orden fue comuni-  
cada por los tribunos de la plebe que convocaban directamente a los  
gobernadores o jefes indígenas, y a la vez, enviaban delegados que  
supervisaban su cumplimiento. Dichos jefes, así mismo, convocaban  
a los indígenas y mestizos del barrio. También intervinieron mulatos  
en la organización de los apresamientos. En estas convocatorias se  
observaba presencia de soldados y sacristanes. Posteriormente, con  
el grupo ya reunido se procedía a juntar valor y preparase para la  
acción, mediante la ingesta de aguardiente, con el fin de tomar  
fuerza, recibir la dotación de cuchillos y afinar detalles de coordina-  
ción para la acción. La manifestación asomaba públicamente como  
motín, escándalo salvaje o tumulto.61  
De los gritos, insultos o consignas, que se gritaban en la ac-  
ción violenta de presión se deduce que los motivos para el castigo  
ejercido, tenían que ver con el papel desempeñado por los apresados  
en los acontecimientos ocurridos en el proceso revolucionario de  
Quito, como los juicios realizados a los patriotas y tomar venganza  
por la masacre del 2 de agosto de 1810.  
La muerte del conde Ruíz de Castilla representaría el caso de  
mayor trascendencia de una revuelta que desataría la persecución  
60 Gustavo Pérez Ramírez, op. cit., pp. 68-69  
61 Claudio Mena Villamar, El Quito rebelde (1809-1812), Abya-Yala, Quito, 1997, p.149  
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Insurgencia radical y revelión de la plebe  
en el Quito revolucionario, 1810–1812  
más despiadada por parte de las autoridades españolas y que termi-  
naría con el fusilamiento de Nicolás de la Peña y su mujer, Rosa Zá-  
rate, en la isla de Tumaco. Después de las muertes narradas, se  
instauraron sendos juicios, no solamente por parte de las autoridades  
de la segunda Junta, sino, sobre todo, por las autoridades españolas,  
luego de la derrota patriota y de la restauración de las autoridades  
hispánicas. En dichos juicios, como en todos los que se realizaban en  
la época, siempre se buscaba a los instigadores de los hechos o a “la  
mano oculta” que preparaba y desataba las movilizaciones.  
Nicolás de la Peña fue el insurgente odiado por el poder co-  
lonial español. Denominado el Robespierre quiteño y como un in-  
surgente “feroz y sanguinario”. La eliminación del sector radical y  
la moderación de la represión del sector moderado de Toribio Mon-  
tes, conllevaron a que durante diez años el territorio de Quito fuera  
pacificado” y su nivel de participación política popular disminu-  
yera en el contexto del proceso americano independentista. No obs-  
tante, se debe destacar que algunos de los radicales perseguidos  
regresarían con las tropas de Sucre y Bolívar y participarían en la ba-  
talla de Pichincha de 1822.  
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2009  
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165  
La Academia Nacional de Historia es una  
institución intelectual científica,  
y
destinada a la investigación de Historia  
en las diversas ramas del conocimiento  
humano, por ello está al servicio de los  
mejores  
intereses  
nacionales  
e
internacionales en el área de las  
Ciencias Sociales. Esta institución es  
ajena a banderías políticas, filiaciones  
religiosas,  
intereses  
locales  
o
aspiraciones individuales. La Academia  
Nacional de Historia busca responder a  
ese  
carácter  
científico,  
laico  
y
democrático, por ello, busca una  
creciente profesionalización de la  
entidad, eligiendo como sus miembros a  
historiadores  
profesionales,  
entendiéndose por tales a quienes  
acrediten estudios de historia y ciencias  
humanas y sociales o que, poseyendo  
otra formación profesional, laboren en  
investigación histórica y hayan realizado  
aportes al mejor conocimiento de  
nuestro pasado.  
Forma sugerida de citar este artículo: Miño Grijalva, Wilson,  
INSURGENCIA RADICAL Y REBELIÓN DE LA PLEBE EN EL  
QUITO REVOLUCIONARIO, 1810-1812, boletín de la academia  
nacional de historia, vol. XCV, Nº. 198, julio  diciembre 2018,  
Academia Nacional de Historia, Quito, 2017, pp. 131-165.