BOLETÍN  
DE LA ACADEMIA  
NACIONAL DE HISTORIA  
Volumen XCV  
Nº 198  
Julio–diciembre 2017  
Quito–Ecuador  
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
DIRECTOR:  
Dr. Jorge Núñez Sánchez  
SUBDIRECTOR:  
SECRETARIO:  
TESORERO:  
Dr. Franklin Barriga López  
Ac. Diego Moscoso Peñaherrera  
Hno. Eduardo Muñoz Borrero  
Mtra. Jenny Londoño López  
BIBLIOTECARIA-ARCHIVERA:  
JEFA DE PUBLICACIONES:  
Dra. Rocío Rosero Jácome  
RELACIONADOR INSTITUCIONAL: Dr. Vladimir Serrano Pérez  
BOLETÍN de la A.N.H.  
Vol XCV  
Nº 198  
Julio–diciembre 2017  
©
Academia Nacional de Historia del Ecuador  
ISSN Nº 1390-079X  
e-ISSN Nº 2773-7381  
Portada  
Monumento a Vicente Rocafuerte  
en la ciudad de Guayaquil  
Diseño e impresión  
PPL Impresores 2529762  
Quito  
landazurifredi@gmail.com  
enero 2019  
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación  
BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
Vol. XCV – Nº. 198  
Julio–Diciembre 2017  
AMBATO: UN BAÚL DE RECUERDOS HISTÓRICOS  
Jorge Ortiz Miranda1  
Hablar de la tierra de los Tres Juanes  
es hablar de sus calles, de sus tradiciones,  
de los personajes que día a día hicieron de esta ciudad  
el mejor lugar para vivir.  
Ambato hermosa ciudad enclavada en el corazón de los  
Andes, tierra de flores, tierra de frutas, tierra de hermosas mujeres.  
Hablar de este hermoso rincón de la patria, es hablar de su historia,  
de los recuerdos, es una ciudad que siempre supo sobreponerse a los  
avatares del destino, frecuentes movimientos sísmicos, terremotos,  
erupciones volcánicas destruyeron en más de una oportunidad a la  
ciudad, pero el ambateño con ese temple que lo caracteriza y cual  
ave fénix, supo salir adelante y colocarle a Ambato en el sitio en el  
que le corresponde en América y el mundo.  
Pero, analicemos sus comienzos; la vida de la actual ciudad  
de Ambato está en el barrio Cashapamba y en el paseo del Socavón,  
por donde pasaba el camino de los Incas, que hasta hoy se le conoce  
con el nombre de “Camino del Rey” que bordeaba lo que hoy es la  
ciudad por el sector nor-este, es decir, al pie de la colina de los ba-  
rrios: Cumandá, Ingahurco y Cashapamba.  
La parte más alta que constituye el barrio de Cashapamba,  
debió haber sido un sitio cubierto de plantas espinosas; muchos más  
atractivos y facilidades para la vida debió ofrecer la playa del Soca-  
vón que tiene sus vertientes de agua que daban lugar a sus verduras,  
y en donde se criaban los Hambatos o Jambatius, sapitos de color  
verde negro que se dice dieron origen al nombre del lugar, aspecto  
1
1 Licenciado en Ciencias de la Educación en Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Maes-  
tría en Gerencia de la Educación Superior en la Universidad Regional Autónoma de los Andes,  
Doctorado en Historia por la Universidad Central del Ecuador. Actualmente es profesor de  
posgrados en la Universidad Regional Autónoma de los Andes. Premio Juan Montalvo, Pluma  
de Oro concedido por el I. Municipio de Ambato.  
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de mucha credibilidad porque los indígenas eran muy gráficos en  
sus designaciones.  
Precisamente en este recoveco que forma el Río Ambato es  
posible que haya existido tantas “preñadillas” que fueron precisa-  
mente las que dieron nombre a nuestra ciudad.  
Al respecto, Monseñor Silvio Haro dice que el nombre de  
Ambato viene de Hambato o Jambato que era el nombre aborigen  
de las preñadillas.  
Existe otra interpretación de Monseñor Haro en la que dice  
que Ambato significa Sapo. Quizá esta afirmación se deba a que, en  
la provincia de Catamarca Argentina, hay una población muy cono-  
cida y que se llama Ambato, situada en una región andina semejante  
a la nuestra; en esta provincia se interpreta el nombre de Ambato  
como Sapo.  
El padre Pedro Porras, ambateño de nacimiento, un gran in-  
vestigador arqueológico e histórico y Maestro de la Pontificia Uni-  
versidad Católica del Ecuador, da otra versión sobre el nombre de  
Ambato, dice que viene del Quichua Hambi que significa remedio,  
medicina; y del Cayapa Colorado tierra, territorio o que equivaldría  
que Ambato signifique “ lugar de convalecencia, lo dicho por el  
Padre Porras tiene su justificación por lo dicho en el año de 1703 por  
varias personas que poblaban Ambato:  
Ambato es una tierra caliente, seca, arenosa y sana; tanto que muchos  
de los enfermos de otras villas y asientos vienen a convalecer en estas  
tierras. Decían que las aguas de su río posee cualidades medicinales y  
allí cultivan dos hierbas curativas maravillosas que les llamaban la hierba  
del Mosquera y la de Juan Rivera; las aguas fuertes del Tungurahua ma-  
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nifestaban, son buenas para curar las reumas y sanar a los tullidos.  
Terminaban los habitantes, de ese año de 1703, manifestando  
que: Ambato siempre se caracterizó por ser una ciudad sana debido  
a su excelente clima.  
En el año de 1570 el español Don Antonio Clavijo llegó hasta  
el asiento de Hambato y, en este pueblo que ya estaba formado, se  
2
Por leyendas populares  
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dedicó al trazado de algunas calles, al sembrío de árboles frutales y  
realmente se lo considera como el fundador de esta ciudad.  
El 20 de junio de 1698 un violento terremoto destruía a la po-  
blación de Ambato que estaba ubicada en Cashapamba, reconstru-  
yéndose esta ciudad en el sitio actual, en donde ya se le dio el  
nombre de San Juan de Dios de Hambato; al respecto, el terremoto  
de 1698 a parte de arrasar Ambato y los pueblos circunvecinos, pro-  
dujo la muerte de 565 españoles y 1200 indios; se puede atribuir la  
reconstrucción de Ambato al Sr. Licenciado Don Antonio de Ron Ca-  
ballero de la Orden de Santiago, quien, lo primero que hizo fue con-  
vocar el uno de agosto de 1698, a todos los sobrevivientes del  
terremoto para consultarles su opinión acerca del sitio en donde  
debía restablecerse la ciudad.  
Los vecinos, casi en su totalidad, manifestaron que el lugar  
más conveniente para la reconstrucción era el sitio de San Bartolomé  
(
actual parque Cevallos), como en realidad aconteció, hecho que fue  
3
certificado por Don Tomás de Alvarado, Escribano Público.  
El 12 de noviembre de 1820 y su trascendencia histórica  
Un hecho histórico de grata recordación para los ambateños  
tiene una fecha genial, que es el 12 de noviembre de 1820, cuando  
un puñado de jóvenes proclamó la libertad de este hermoso rincón  
de la Patria; hoy, para nosotros, esta fecha y esta ciudad de Ambato  
constituyen un inmenso pedestal en el que vemos las sombras glo-  
riosas de José Grande Suárez, de los hermanos Francisco, Vicente y  
Mariano Navarrete, de Vicente Guerrero, de Tomás Sevilla entre  
otros.  
Tungurahua y Ambato siempre fueron y serán eternamente  
bellas; contemplar sus huertos y campiñas, sus flores y hermosas  
mujeres hacen deleitar al más fuerte de los mortales. Al contemplar  
tanta belleza debieron reflexionar nuestros jóvenes de 1820: si hemos  
de morir hagámoslo sin trepidar, sin dar un paso atrás, haciendo  
honor a nuestra patria y ciudad, a nuestra gente y su bello entorno  
3
Consta en los Archivos de la Curia Ambateña  
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natural; leguemos a las generaciones del futuro nuestro ejemplo; y  
que al calor de nuestra sangre regada con tanta fe y patriotismo, se  
multipliquen los héroes y se encuentre el verdadero camino del  
honor y del deber.  
Los héroes independentistas entregan su vida de una manera  
total y sin restricciones, desnudando sus almas para no sentir el  
dolor; y para no desear la tranquilidad mueren aferrados a su acero  
y hacen vibrar de audacia la cimas altas de los árboles; mueren en  
medio de la batalla y detienen por un momento la locura del polvo  
arremolinado, que acompaña a los combatientes y ponen para siem-  
pre un gesto de rabia en la boca de los cañones; así actuaron los hom-  
bres del 12 de noviembre de 1820 y entre ellos Don Joaquín Herbas,  
quien fue fusilado en la población de Mocha, por haberse “atrevido”  
a dar gritos en contra del Rey de España y a favor de la causa eman-  
cipadora.  
El terrible guerrero español Fominaya ha sido derrotado por  
el espíritu y la valentía de los Ambateños, y luego viene el docu-  
mento histórico:  
El domingo 12 de noviembre, este vecindario de Ambato se halla libre,  
y con las armas que oprimían a los ciudadanos y no les dejaban que  
proclamen sus ideas patrióticas, se halla en posesión de sus derechos  
y le dicen al país, que ha llegado la hora de manifestar los deberes del  
legítimo patriotismo; hacemos constar que hay felicidad en el pueblo,  
y que Don Cipriano Delgado con su influencia y el apoyo del pueblo  
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se posesionó como comandante de las armas.  
Mi respeto en este instante de la historia para el joven anónimo  
de mi ciudad, que acaso murió en ese día; pero... así es la vida, así es  
la guerra, son gente que no tiene nombre, pero si rostro; no tiene ape-  
llido, pero si nacionalidad; no tiene patrimonio, pero si Patria; el pue-  
blo está indisolublemente ligado a su condición humana; es José  
Montubio acaso Enrique Cholo, quizá Juan Carpintero.  
4
Celiano Monge, Relieves (Artículos Históricos), Editorial Ecuatoriana Plaza de San Fran-  
cisco, 41, Quito, 1936, p.104.  
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Es el combatiente desconocido, anónimo, pobre, de pocas pa-  
labras y de mucho actuar; es el joven del pueblo, es el que cayó en la  
primera línea de combate.  
La vida y el destino quiso que Ambato sea libre, indepen-  
diente, culta y grande; de no ser así en que ciudad libre habrían na-  
cido: Montalvo y sus Catilinarias; Mera y su Himno Nacional; Vela y  
su Argos y Pelayo; Martínez y su novela A la Costa.  
En donde funcionó la primera imprenta; y, sitio elegido para  
sembrar el primer eucalipto.  
A pesar de que la independencia fue un hecho histórico im-  
portante, no habría existido esa identidad que proporcionan las re-  
presentaciones cívicas de la ciudad y provincia, ya que a un pueblo  
se le conoce no solo por su gente, por sus acontecimientos, sino por  
los símbolos que lo representan.  
Tenemos una bandera que consta de tres franjas iguales y ho-  
rizontales; la del centro es de color verde y las exteriores rojas; el rojo  
significa la rebeldía de sus hombres y el verde la felicidad y color de  
sus campos.  
El escudo fue diseñado por Don Juan José Boniche y Luna,  
tiene forma de elipse rodeado por una cadena, consta de tres cuarte-  
les. En el primer cuartel: se encuentra el Tungurahua en erupción, los  
gases que despide y la cordillera verde. Esta simbología utilizada dice  
relación al volcán cuyo nombre lleva la provincia y a la actividad vol-  
cánica que este ha tenido. El segundo cuartel: corre un río, donde so-  
bresalen tres piedras, representan el paso de la corriente por el río  
Topo. El tercer cuartel: sobre un campo se levanta un árbol de canela  
y, a los lados, dos cuernos de la abundancia llenos de frutas, expresión  
de la riqueza provincial; debajo del árbol donde cruzan los cuernos,  
se encuentra una llave que representa la puerta de entrada a la Ama-  
zonía o (Región de la canela) como se lo denomino antiguamente.  
Y qué decir de nuestro Himno, cuya letra corresponde al Dr.  
Rodrigo Pachano Lalama, intelectual ambateño; abogado de profe-  
sión y maestro por vocación; la música a Don Pedro Rudecindo Inga  
Vélez oriundo de la provincia del Cañar, y cuyo coro profundiza la  
unidad que debe existir entre la cuidad de Ambato y la provincia de  
Tungurahua y que dice:  
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Con la voz de Agoyan, voz del agua,  
Elevemos un himno de hermanos  
Que en Ambato con el Tungurahua,  
Cielo y tierra se estrechan las manos.  
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Hablar de Ambato, es hablar de su historia, es remontarnos  
a sus calles, por ejemplo, la actual calle Rocafuerte en épocas anti-  
guas se llamaba la calle Larga y ahí estaban las principales bodegas  
de víveres y tiendas, se extendía desde el barrio de la Merced, hasta  
el tope en la actual calle Guayaquil,…¡que recuerdos de esta hermosa  
calle!; como no recordar a la primera imprenta llegada en 1754 a la  
ciudad, funcionó donde actualmente es se ubica el barrio de la Me-  
dalla Milagrosa, ahí existe un monumento pequeño para resaltar este  
hecho. En la actualidad existe otro monumento a la primera im-  
prenta que está ubicado en la loma de santa Elena, parroquia de San  
Bartolomé en Pinllo, en esta imprenta se escribió el primer libro del  
Ecuador, y fue Cánticos a la Muerte del Rey Fernando VII de España,  
escrito por el padre Melanesio. El manejo de la imprenta, como ti-  
pógrafo, se le encargó al alemán Juan Adán Schwartz; años después,  
en este sitio, el religioso italiano Humberto Bruni construyó ese her-  
moso monumento de estilo neo-gótico, que es la Iglesia de la Medalla  
Milagrosa, uno de los pocos sitios construidos con piedra pishilata.  
Siguiendo nuestro recorrido por la calle Rocafuerte, debemos  
hablar de la cancha del Liceo Montalvo, un prestigioso centro edu-  
cativo, en cuya cancha vivimos noches inolvidables como especta-  
dores del box de antaño, donde sobresalían Milton Moya, Alberto  
Jara Arcos, el “Chico de Oro” Valladares, todos conducidos por Kid  
Montana, un colombiano que dio gloria al box en esta ciudad; cómo  
no recordar las noches del baloncesto con ese clásico partido Ciclón  
–Unión, dos equipos de raigambre popular, el uno de la Merced, el  
Ciclón, el otro, como dirían actualmente, de “pelucones”, ¡qué par-  
tidos llenos de emociones vivimos en dicha cancha!.  
Seguimos por la calle Rocafuerte, y nos encontramos con la  
casa que hoy pertenece a la Universidad Técnica de Ambato, donde  
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Himno a Tungurahua. Letra Rodrigo Pachano Lalama. Música Rudecindo Inga Vélez  
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funciona el Departamento de Cultura; antes fue la casa de los Estan-  
cos; llegar al fondo de la calle Rocafuerte, en ese tiempo llamada calle  
Larga, donde hoy se levanta majestuoso el hotel Ambato, era para  
contemplar la casa de rastro en donde despostaban a los animales y  
era la alegría de los jóvenes de aquella época, de los niños principal-  
mente, que iban a ver el faenado de las reses; a un costado se encon-  
traba la cárcel municipal, hoy en este sector se levanta el Hotel  
Ambato.  
Cómo no recordar la “calle de los Sombreros”, la actual calle  
Mera, que empezaba con otra cancha de muchos recuerdos, la del  
pensionado Juan León Mera, ahí se produjeron los grandes clásicos  
del básquet estudiantil ambateño entre los colegios Bolívar y el Pen-  
sionado Juan león Mera, partidos que siempre terminaban en una  
pequeña pelea, pero después a darnos un abrazo fraterno y a seguir  
adelante en el campo de la educación y el deporte; seguimos reco-  
rriendo la calle de los sombreros y nos encontramos con la casa de  
Rodrigo Pachano Lalama, hoy convertido en Museo Rodrigo Pachano  
Lalama, este caballero fue Alcalde de Ambato, Prefecto de Tungura-  
hua, Diputado, Rector del Colegio Nacional Bolívar, es decir todo lo  
que un gran hombre puede alcanzar, ese fue el “Chingolo” cariñoso  
sobrenombre de Rodrigo Pachano Lalama, mi maestro de ética y ló-  
gica, un recuerdo grato en mi vida, fue el quien me tomó el grado  
de bachiller en el mes de julio de 1962.  
Seguimos con la calle Mera y nos encontramos con varios li-  
baneses, gente venida de otra latitudes; el motivo, la Segunda Guerra  
Mundial, pero que acá llegaron, trabajaron y fueron muy conocidos,  
cómo olvidarnos de don Daniel Chedrahui, de su esposa doña René  
Ode, hogar formado por cuatro hijos, Antonio, entrañable amigo y  
compañero de aulas, Jorge, Fernando y Cecilia, hermanos menores,  
pero grandes personas. Tenían un almacén de telas muy importante  
y vayan ustedes a saber el aprecio que siempre sentimos por esta fa-  
milia; seguimos con el almacén de los hermanos Prutchi, que gordi-  
tos más simpáticos, agradables personas, los dos hermanos vendían  
las mejores sedas y telas que causaban admiración de propios y ex-  
traños; llegamos a la esquina de la Mera y Cevallos y nos encontra-  
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mos con el Hotel Vivero, propiedad de ese caballero que fue don Luis  
Vivero Espinosa, otavaleño que vino a vivir en la ciudad de Ambato,  
este hotel fue el mejor de la ciudad por muchísimos años; en la parte  
baja de este edificio, como olvidarnos de Don Antonio Reshuan, de  
su esposa Eugenia, quienes pusieron un almacén de casimires, hoy  
ubicados en la calle Cevallos, ellos fallecieron pero quedan sus hijos,  
uno de ellos Jorge Reshuan, pasó su vida al frente de una importante  
institución financiera como la Mutualista Ambato, dejándola ubicada  
en una gran posición; seguimos por a calle Mera y frente al parque  
1
2 de Noviembre se pueden imaginar ustedes bombas de gasolina  
de los señores Vaca y Mantilla, ahí estaban también las empresas de  
transporte, las primeras que se dieron en el país como son: Santa,  
TOA y Trasandina.  
Llegamos a las calles Mera, y Olmedo en donde encontrába-  
mos la estación del ferrocarril, el tren que llegó a esta ciudad en 1907  
con Eloy Alfaro a la cabeza y que sirvió para que muchos costeños y  
costeñas vengan a pasar sus vacaciones en esta ciudad de Ambato,  
que tenía un clima primaveral, gracias a la arboleda ubicada en la  
actual avenida Bolivariana. En esta avenida, existían árboles que se  
entrecruzaban en la parte superior dándose un fraterno abrazo y  
conformando un túnel maravilloso, por donde la gente transitaba a  
pasar vacaciones en el barrio Terremoto, hoy Terremoto es parte de  
la ciudad, aquí se levanta la Universidad Regional Autónoma de los  
Andes; imagínense ustedes que ahí íbamos a pasar vacaciones; que  
pena que después se dio paso al cemento y vinieron las construccio-  
nes del Estadio Bellavista, el Coliseo de los Deportes, el Colegio His-  
pano América, en ese sitio se construyo la ciudadela “Esteras Glorias  
de Ambato”, después del terremoto del 5 de agosto de 1949; bien po-  
demos decir que hoy día, los sectores de Totoras, Salasaca y Pelileo;  
como que se van transformando en barrios de Ambato, unidos por  
una hermosa vía que comunican a estos centros poblados de la ciu-  
dad.  
Qué decir de los parques, el Montalvo fue el tianguez de Am-  
bato, era aquí donde se realizaba la feria de la ciudad; el Libertador  
Simón Bolívar llegó a esta plaza el domingo 30 de julio de 1822, re-  
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cibió un regalo excepcional del maestro Juan Cajas, artesano del cal-  
zado de Quero, quien le entregó un par de botas altas, sin costuras,  
que le cubrían las piernas, Bolívar le dijo: “que obra más extraordinaria  
maestro, ¿cómo lo hizo?” y dice el artesano, “a mano y con cuellos de lla-  
mingos”, Bolívar le dice: “¿me puede hacer otra para enviarle de regalo al  
6
rey de Inglaterra Jorge V (abuelo de la actual reina Isabel II)”, y allá  
fueron a parar las botas de un ambateño, con las cuales Bolívar par-  
ticipó en las batallas que nos dieron la independencia; seguro estoy  
que en Inglaterra, orgulloso el rey se paseaba con esas botas hechas  
por un artesano ambateño, esta es la historia de Ambato.  
El parque Montalvo toma este nombre desde el 13 de abril  
de 1911; siendo gobernador de la provincia Don Alfonso Troya, quien  
contrata a los hermanos Durini, italianos, para que planifiquen la  
construcción de un monumento en bronce que represente al ilustre  
cosmopolita Juan Montalvo y a Caliope, divinidad de la elocuencia,  
quienes tallaron estos monumentos fueron Pietro Lipi y Pietro Ca-  
purro; y desde Italia, en barco, llegaron a Guayaquil y de Guayaquil  
en tren llegaron a la ciudad de Ambato, el monumento y el parque  
son una realidad desde el 13 de abril de 1911 en que se inauguró.  
Siguiendo por la actual calle Sucre que en ese tiempo se lla-  
maba calle del comercio y que comunicaba al tiánguez de Ambato,  
actual parque Montalvo, con la plaza de San Bartolomé que es el ac-  
tual parque Cevallos, era la calle de las librerías, ahí está actualmente  
la Casa del Portal construida por Antonio Ruso en 1.930; aquí vivían  
las señoritas Jaúregui y en la parte de abajo un caballero, un señor,  
el notario Don Nazario Naranjo, padre del actual Prefecto y luego  
estaban las librerías, la Selecta, de César Baus; en esta esquina ven-  
dían los famosos helados de leche y mora todos los días; especial-  
mente los domingos, pues ese día a las 11 de la mañana se ofrecía la  
retreta; y al frente, una de las primeras peluquerías de Ambato, la  
peluquería Tungurahua, de José Tintín Aldás.  
Seguimos por la calle del comercio que es la actual calle  
Sucre, y nos encontramos con el teatro Viteri, de ese gran hombre de  
negocios que tanto hizo por la ciudad de Ambato, Don Telmo Viteri;  
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Historia del Ecuador de Pedro Fermín Cevallos  
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ahí otros dos extranjeros geniales David Ruff y Elías David, con un  
almacén que después lo manejó su pariente el señor Elías Zoldán y  
su esposa doña Rosita, de gratísima recordación en la ciudad de Am-  
bato. Llegamos a la plaza de San Bartolomé, que desde 1902 pasó a  
llamarse plaza 10 de Agosto y finalmente parque Cevallos, en home-  
naje a ese gran historiador Pedro Fermín Cevallos. Custodiando los  
sectores oriental y occidental dos edificios emblemáticos: el Colegio  
Nacional Bolívar inaugurado en 1859; luego en una segunda opor-  
tunidad en 1861, en el gobierno del doctor Gabriel García Moreno,  
se completó su construcción sólida que deviene en un monumento  
a la piedra pishilata y al frente, la escuela de La Providencia, uno de  
los pocos edificios que resistió al terremoto de 1949 también gracias  
a su pétrea solidez ; hasta ahora permanecen los dos grandes edifi-  
cios, incólumes testigos del tiempo.  
Quiero manifestar que aproximadamente 157 personajes  
ilustres tienen la ciudad de Ambato, no sólo es la tierra de los Tres  
Juanes, es la tierra de Luis A. Martínez, Mariano Éguez, Tomás Sevi-  
lla, Lizardo Ruiz y de muchos más; quiero en este baúl de recuerdos  
referirme brevemente a algunos de estos personajes:  
Juan Montalvo, el cosmopolita ambateño que tuvo varias fa-  
cetas en su vida, una de ellas fue la de Periodista crítico y combativo,  
en homenaje a su figura y a la prensa libre del país, quiero decir que:  
Si la prensa es cátedra, el periodista tiene que ser un maestro.  
Si la prensa es tribuna el periodista tiene que ser orador.  
Por lo tanto el maestro y el orador no pueden hablar, sino para defen-  
der la verdad, para exponer los principios, para prestigiar el bien.  
Los discípulos del periodista son los ciudadanos de toda una nación.  
Las multitudes que escuchan al periodista, son las que integran un país  
entero.  
Corrómpase, desoriéntese, la opinión de todo un país y será traicio-  
nado el más sagrado de todos los deberes, el de ser energía creadora  
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de un pueblo.  
7
Cita tomada de discurso realizado por Dr. Jorge Ortiz en años anteriores en un coloquio  
Montalvino.  
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Jorge Ortiz Miranda  
Montalvo frecuentemente decía: “no soy precisamente un pe-  
riodista, pero me obligo a mí mismo a escribir; es que con tantos problemas  
de mi patria quiero levantar mi pluma para combatir contra los villanos y  
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autócratas que mancillan y oprimen a mi gente, a mi pueblo”.  
Una de sus frases hasta hoy retumba en el firmamento polí-  
tico del Ecuador: “Señor, dadme corazón para perdonar a mis enemigos,  
9
pero concédeme la gracia de verlos ahorcados algún día”.  
Refiriéndome a Juan León Mera Martínez, he de manifestar  
que fuisteis magnánime como todo hombre de bien; prudente como  
el más modesto de los ciudadanos, pero ni tu magnanimidad, ni tu  
modestia te engrandecieron tanto como tu vocación de escritor y ar-  
tífice del pincel.  
La importancia misma de Mera Martínez es de tal natura-  
leza, que toda su vida y sus escritos interesan entrañablemente a la  
historia del Ecuador y a la cultura Iberoamericana de la cual eras un  
activo protagonista  
Como ecuatoriano, ambateño y admirador de un humanista  
a tiempo completo, quiero manifestar que: el valor, la decisión y el  
amor por la patria se va organizando y madurando, solo cuando asu-  
mimos la historia con pasión y análisis, de manera que llegado el  
momento decidor, nuestros pasos saben, con total certeza, los límites  
del sendero; los grandes no se improvisan, sino que se gestan en dia-  
ria convicción; esto paso con Juan León Mera Martínez; infancia con  
muchos problemas, familia feliz con trece hijos que fueron su pasión,  
darle a país su identidad con la letra de un Himno Nacional inmejo-  
rable, y dedicarse por entero a su pueblo, le convierte en un huma-  
nista, en un verdadero enciclopedista de los que tanta falta hacen en  
el Ecuador de hoy.  
Pero el pueblo también ha puesto a su grandes personajes y  
Ambato como la cuna de grandes deportistas; como olvidarnos de  
Juan Arturo Armendáriz, el popular “chulla” que fue conserje del  
colegio Bolívar, ganador en 1938 de la medalla de oro en los juegos  
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9
Ibidem  
Roberto Daniel Agramonte y Pichardo, La filosofía de Montalvo, Volumen 3, Banco Central  
del Ecuador, Quito, 1992, p.944.  
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Ambato: un baúl de recuerdos históricos  
bolivarianos de Bogotá en los 10.000 metros; el caballero de las rutas,  
Luis Larrea Bautista, cinco veces campeón de la Vuelta a la República  
del Ecuador. Está la cuarteta de oro que cruzó los Andes en bicicleta,  
ellos fueron grandes ciclistas que ganaron el cruce de los Andes, Ma-  
yorga, Medina, Santamaría y Morales, también otros dos ciclistas hi-  
cieron la historia de Ambato, Miguel Maya y Herman Lascano. En  
el fútbol, destacan América y Macará, América fue reemplazado en  
el corazón del pueblo por Técnico Universitario.  
Esta es la ciudad de Ambato mis queridos amigos, una ciudad  
nacida para ser conocida como “ciudad eternamente cosmopolita”,  
porque hemos abierto los brazos a propios y extraños que acá vienen,  
se enseñan y se quedan a vivir en esta tierrita linda de Ambato.  
Pero no todo pueden ser recuerdos positivos; han existido  
momentos de dolor que ha sufrido la ciudad de Ambato, tal es el  
caso del terrible terremoto que destruyó a nuestra querida ciudad  
de Ambato, al que me voy a referir: El viernes 5 de agosto de 1949,  
soleado día de vacaciones escolares, aprovechando lo cual muchos  
niños jugábamos haciendo volar las cometas en el actual parque de  
la Vicentina, mucho sol, mucho viento, perros que ladran insistente-  
mente, ventarrones peligrosos, algo malo flotaba en el ambiente;  
doce del día, los ambateños almorzaban en sus casas el plato típico  
de los días viernes; llapingachos con chorizo y huevo. A las dos en  
punto de la tarde los niños dirigiéndose a sus clases de catecismo en  
la Iglesia la Matriz de Ambato.  
Personalmente, en el vehículo de mi padre, cruzábamos las  
calles Bolívar y Mera, de pronto un sonido atronador de las puertas  
de metal del Banco de Fomento y de los almacenes de Juan H. Dar-  
quea se oyeron.  
En el vehículo motorizado no sentimos nada, pero la gente  
gritaba temblor, temblor; asustados con mi familia avanzamos con  
el vehículo hasta la actual vía que conduce a Riobamba. De pronto,  
a las dos y diez de la tarde de ese fatídico viernes 5 de agosto de 1949,  
lo inenarrable, lo indescriptible, ver con mis propios ojos como se  
venían al suelo las torres de la Iglesia de la Matriz, la tierra se abría  
y se cerraba varias veces, muchas casas se caían, gritos de dolor de  
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los heridos y familiares de los fallecidos, todo parecía una eternidad,  
pero en cuestión de siete segundos, Ambato sucumbió ante la furia  
de la naturaleza; cerca de 6000 muertos pagaron tributo a su vida;  
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00 personas murieron en el interior de la Iglesia Matriz de Ambato.  
Pasado el susto pero sin reponernos de la angustia, los am-  
bateños teníamos que decidir dónde vivir, sus las casas estaban por  
los suelos o impedidos de ingresar a ellas por el temor de las réplicas;  
la solución fue ocupar parques y plazas de la ciudad, levantando car-  
pas cual gitanos para poder resistir el frio y la angustia.  
Algo que no podré olvidar nunca es que a las cinco de la  
tarde de ese día, Ambato recobraba su vigor y su fuerza comercial y  
en medio de cadáveres y heridos se comenzaba a vender caldos de  
gallina, secos de chivo, morocho, humitas y otros alimentos.  
Yo tenía ocho años de edad y ese valor de los ambateños  
quizá me marcó para siempre hizo que ame entrañablemente a mi  
ciudad; no puedo olvidar el surgimiento de la ciudadela “Las Esteras  
Gloria de Ambato” que se levantó en los terrenos donde actualmente  
se encuentra la Unidad Educativa Hispanoamérica y el Coliseo de  
Deportes.  
Siempre vienen a mi memoria los parques de Ambato y la  
antigua estación del ferrocarril por más de un año llenos de gente  
viviendo en los mismos y dos años después de esta tragedia, a los  
acordes del altivo ambateño surgía la tradicional fiesta de la fruta y de  
las flores.  
Sin olvidarnos que la historia es la memoria de los pueblos  
quiero recordar que a los veintiún años del terremoto, la ciudadela  
“Esteras Gloria de Abato” comenzó a deteriorarse, buscaban donde  
ubicarlas, hasta que el gobierno del Dr. José María Velasco Ibarra en  
su quita y última administración decidió construir unas viviendas  
en el actual barrio de Ingahurco.  
Luego de este sismo la preocupación principal de los amba-  
teños era reconstruir sus casas, esta tarea se inició a los tres meses,  
ya que todos tenían pavor de regresar a sus viviendas, lamentable-  
mente todo cambió, Ambato nunca volvió a tener sus casas colonia-  
les, mucho tiempo se demoró para iniciar la reconstrucción de las  
Iglesias y conventos. Pero de esta tragedia cual ave fénix nos levan-  
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tamos, no nos alejamos de nuestra tierra, en este suelo nacimos, cre-  
cimos, salimos adelante y demostramos que nos sobrepusimos a la  
tragedia, para darle a Ambato una fiesta que ya no es nuestra sola-  
mente, que no es solo del Ecuador, ha sido declarada Patrimonio In-  
tangible de la Humanidad; me refiero a la Fiesta de las Flores y de  
las Frutas, que anualmente se han realizado en nuestra ciudad a par-  
tir de 1951.  
Efectivamente en el mes de febrero de 1951 el Dr. Ernesto  
Miño Vaca, Presidente del Centro Agrícola Cantonal reúne a un  
grupo de amigos y decide crear la fiesta de las frutas y las flores, que  
se hace realidad del sábado 17 al martes 20 de febrero de 1951. Inau-  
guraba esta fiesta el Sr. Presidente Constitucional del Ecuador, Sr.  
Galo Plaza Lasso; la bella Maruja Cobo García fue designada primera  
reina y exaltada en el “Teatro Lalama” por el Sr. Dr. Tarquino Toro  
Navas.  
Precisamente quiero, en esta mañana, rendir un homenaje a  
Ambato y a las 65 hermosas reinas que con su belleza y donaire en-  
galanaron a la ciudad y sus fiestas. Hermosas reinas de Ambato la  
luz, el aire, el agua, la arcilla, elementos de la vida, en ustedes se  
hacen armónicamente, belleza, plenitud, donaire, mujeres.  
La luz anclada en vuestras lívidas pupilas, no sé si semejan  
al optimismo de nuestros amaneceres amazónicos, llenos de aleteos  
exóticos, que sumidos en su más íntima grandeza pintan al cielo de  
arco iris; o quizá semejan al medio día costanero; o tal vez a esa nos-  
tálgica luz andina que busca redimirse en el pudor redondo y vegetal  
de la señora reina claudia. El aire niño travieso y andariego de huer-  
tos y frutales mueve su cabello hasta hacerlo flamear, enarbolando  
la dignidad de nuestras mujeres ambateñas.  
El agua, samaritana puntual de la vasija, se vuelve sonrisa  
en tu persona, ganas de vivir, de enfrentar y de luchar en ustedes ad-  
mirables mujeres.  
La arcilla, redimida de la sequedad de los caminos gracias a  
la generosa habilidad de nuestros alfareros, se hizo cuerpo y verbo  
en ustedes. ¡Oh! arcilla donde yacen ínclitas, altivas, las mujeres in-  
doblegables de mi pueblo, de tu pueblo, de nuestro pueblo, mereci-  
das reinas de fiestas de las frutas y las flores.  
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Esta la estirpe general de la mujer ambateña; y esa estirpe su-  
pieron biografiarla en esta Ambato; ciudad indígena, mestiza y espa-  
ñola, antigua y moderna; en esta ciudad donde la memoria del  
pasado hecha de adobe, barro y bareque polemiza con el presente de  
cemento, asbesto, acería y cristal.  
En esta ciudad huerto, donde la buganvilla, largo gato verde  
con ojos locuaces, corretea por techos, avanzando por la vecindad  
en pos del chisme vegetal que rodando por los tejados termina en  
boca de nuestras lavanderas en el río Ambato.  
Ambato: ciudad huerto donde los balcones, patios y recodos  
no conocen más presencia que la geometría de la meseta poblada de  
colores; en ellos, en los tiestos memoriales, los sabores de la tierra  
amasan delicadas margaritas, geranios de melenas multicolores, ilu-  
siones de generosas blancuras, claveles de rozado porvenir, nardos,  
madreselvas, rosas y más flores de insólitas y divinas arquitecturas.  
Y... en cada balcón nunca falta ni faltará la flor donde se re-  
sumen todas, la flor mayor aquella que de tanta ternura habría de  
convertirse en mujer, en mujeres ambateñas, en ustedes, reinas de  
mi Ambato.  
Esta la ciudad de tu biografía a cuyo costado, le nace un río  
agonizante que hay que rescatarlo; pues, sus líquidos enamorados y  
optimistas de ayer, se están muriendo; volviéndose elegía, lamento  
acusa- torio; se está muriendo y hay que rescatarlo; nunca es tarde  
para reponer la frescura milenaria de la identidad; ambateños debe-  
mos querer al río Ambato y jamás permitir que se convierta en pa-  
sado, sino por el contrario en una auténtica realidad viviente, en río  
cantarino.  
Esta es nuestra ciudad de Ambato; geografía donde todavía huertos  
y jardines acogen melodías de trinar celestial donde todavía podemos des-  
lumbrarnos, contradiciendo al tiempo y a la gravedad, en los instantes mis-  
mos donde el arco iris cristalizado en todo su esplendor se ha convertido en  
colibrí; donde la hormiga todavía tiene espacio para sondear profundidades;  
donde el inerme arácnido aún puede continuar tejiendo el viejo telar de Pe-  
nélope en espera de que llegará su gran amante.  
Esta tierrita linda Ambato; la que ayer por entre mimos, la-  
mentos y lutos dolorosos, supo erguirse como ejemplo de pundonor  
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inquebrantable, que avanza y continúa cada vez más optimista y la-  
boriosa pues la Patria se construye con coraje, intelecto y músculo; y  
Ambato escribió para la Patria, la razón de existir de nuestro pueblo.  
Si no, preguntemos a Montalvo y su pluma indeclinable, a  
Mera y su pluma empatriotada, a Martínez y su pincel integrador, a  
Cevallos y su Historia, a Juan Benigno Vela el ciego genial, a Celiano  
Monge, Mentor Mera, Rodrigo Pachano, Gerardo Nicola, Mario  
Cabo Barona; plumas de cultura, educación y didáctica; o quizá a las  
talentosas manos de Edmundo Martínez Mera, Osvaldo Viteri,  
Franklin Ballesteros y Paco Suárez, cuyos pinceles han trasladado al  
lienzo nuestras realidades en cotidianos hombres mujeres y paisajes;  
o preguntemos a quienes, a diario, desde el comercio informal y los  
más diversos quehaceres ponen identidad a esta tierra, tierra de los  
Juanes, privilegio nuestro y orgullo referente del país.  
Esta la cuidad de Ambato que nos recuerda tres instancias:  
La aborigen con el recuerdo de nuestros antepasados. La mestiza  
hecha de América y España; y la actual eternamente Cosmopolita,  
donde se junta superando rancios perjuicios todas las etnias del  
mundo.  
Ciudad donde tu presencia rubrica ese viejo andar lleno de  
anécdotas, guitarras, promesas, piropos, chismes y comentarios; ese  
viejo recordar guardado, inmemorial en el cofre mestizo de la Ya-  
huira y su incansable ascender, de la Medalla Milagrosa y su Primera  
imprenta, de la 12 de Noviembre y su murmullo de feria, del ajetreo  
trabajador de la Cevallos y Lalama; en fin de todas las calles, barrios  
y plazas, donde siempre habrá de señorearse la presencia sempiterna  
de la mujer ambateña.  
La historia no se detiene, sigue su marcha, hemos llegado al  
siglo XXI y Ambato progresa, es una ciudad de trabajo en constante  
crecimiento, por nuestro trabajo diario nos llaman “los Fenicios del  
nuevo mundo”, los ambateños aportamos para el engrandecimiento  
del Ecuador; pero, a todo esto anteponemos la cultura, y recordando  
que somos herederos de Mera, Montalvo, Vela y Martínez, hombres  
de prosapia cultural. Hoy hicimos de Ambato una ciudad universi-  
taria que cuenta con cuatro de las más prestigiosas universidades  
del Ecuador: Universidad Técnica de Ambato, Universidad Católica,  
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Universidad Indoamericana y por su puesto la Universidad Regional  
Autónoma de los Andes “UNIANDES” a la cual me debo y a la que  
le brindo este logro alcanzado porque es mi casa desde hace veinte  
años, y donde día tras día voy fomentando el criterio de que el  
mundo actual necesita del Humanismo y del Enciclopedismo para  
salir adelante, hay que pensar en que el ser humano es la creación  
más perfecta del universo.  
Antes de retirarme de este núcleo de autoridades y amista-  
des, quisiera decirles que, todo ha pasado en este querido Ambato,  
luchas, conquistas, triunfos y glorias; todo ha pasado como un to-  
rrente a través de su historia; pero lo que no pasa ni pasará es esta  
hermosa ciudad de “San Juan de Dios de Ambato” que todo lo ha  
visto pasar y que desde el 5 de Agosto de 1949 convertida en ejemplo  
de constancia y unidad, es un inmenso pedestal de grandeza que va  
sobre su cima la sombra gloriosa de sus preclaros hombres y mujeres,  
elevando hasta las nubes su cabeza, de la que irradian resplandores  
y contemplando a su alrededor a Miraflores, Ficoa, la Letamendi y  
la Simón Bolívar, rincones de ensueño que conservan su memoria en  
el libro, en el recuerdo en el corazón de sus hijos.  
Y para terminar una frase de otro ambateño Jorge Enrique  
Adoum: “Que ganas de empezar de nuevo, de volver a lo inicial de la ter-  
nura, diciéndonos que quizá de aquí a diez mil años seamos talvez inocentes,  
otro vez humanos, capaces de inventar cada vez la caricia primera”.  
Ambato, 29 de septiembre de 2017  
Bibliografía  
AGRAMONTE Y PICHARDO, Roberto Daniel, La filosofía de Montalvo, Volu-  
men 3, Banco Central del Ecuador, Quito, 1992.  
MONGE, Celiano, Relieves (Artículos Históricos), Editorial Ecuatoriana Plaza de  
San Francisco, 41, Quito, 1936.  
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La Academia Nacional de Historia es una  
institución intelectual científica,  
y
destinada a la investigación de Historia  
en las diversas ramas del conocimiento  
humano, por ello está al servicio de los  
mejores  
intereses  
nacionales  
e
internacionales en el área de las  
Ciencias Sociales. Esta institución es  
ajena a banderías políticas, filiaciones  
religiosas,  
intereses  
locales  
o
aspiraciones individuales. La Academia  
Nacional de Historia busca responder a  
ese  
carácter  
científico,  
laico  
y
democrático, por ello, busca una  
creciente profesionalización de la  
entidad, eligiendo como sus miembros a  
historiadores  
entendiéndose por tales  
profesionales,  
quienes  
a
acrediten estudios de historia y ciencias  
humanas y sociales o que, poseyendo  
otra formación profesional, laboren en  
investigación histórica y hayan realizado  
aportes al mejor conocimiento de  
nuestro pasado.  
Forma sugerida de citar este artículo: Ortiz Miranda, Jorge,  
AMBATO: UN BAÚL DE RECUERDOS HISTÓRICOS, boletín de la  
academia nacional de historia, vol. XCV, Nº. 198, julio  diciembre  
018, Academia Nacional de Historia, Quito, 2017, pp. 310-326.  
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