BOLETÍN  
DE LA ACADEMIA  
NACIONAL DE HISTORIA  
Volumen XCIX Nº 206-B  
Julio–diciembre 2021  
Quito–Ecuador  
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
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BOLETÍN de la A.N.H.  
Vol XCIX  
Nº 206-B  
Julio–diciembre 2021  
©
ꢀ Academia Nacional de Historia del Ecuador  
ISSN Nº 1390-079X  
eISSN Nº 2773-7381  
Portada  
Corrida de “toros de pueblo”, en Pintag, Ecuador, 2018.  
Imagen capturada de un video producido por Toros y Toreros  
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Quito  
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diciembre 2021  
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación  
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2
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Vida académica  
CONFERENCIA MAGISTRAL SUSTENTADA  
POR EL DR. FRANKLIN BARRIGA LÓPEZ,  
DIRECTOR DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA,  
CON MOTIVO DEL DEVELAMIENTO DEL RETRATO  
DE LA MARQUESA DE SOLANDA  
Franklin Barria López1  
Nadie escapa a la maledicencia. Los personajes de distinción  
son los más expuestos a ella, precisamente por su valía que, en con-  
traparte, atrae la crítica despiadada, la invención proterva, la corriente  
de mezquindad y animadversión en la que navegan los egoístas, los  
mendaces, los que cultivan la envidia que prolifera como mala hierba,  
especialmente en estos predios donde el triunfo ajeno genera urticaria  
a sujetos devorados por la pequeñez y la insidia.  
Simón Bolívar, el máximo héroe de nuestra Independencia,  
no ha permanecido ileso a este tipo de ataques, abiertos o soterrados,  
que, por novelería o ignorancia, se incuban en tendencia repudiable  
de querer bajar de su pedestal a los héroes y heroínas. Lo que reciben  
los sujetos que militan en ese campo son los efectos de sus actuacio-  
nes deplorables que, no pocas veces, llegan al ridículo cuando no a  
la piadosa conmiseración. Sabemos lo que sucede a quienes preten-  
den morder mármol… Lo grave del asunto es que de la calumnia  
algo queda: a la postre, en el cauce del tiempo, prevalecen los valores  
sustanciales que edifican la superación de los individuos y la gran-  
deza de los pueblos. El Libertador no estuvo libre de esta clase de  
infundios.  
Carlos Marx, el papa de los totalitarios, en enero de 1858, se  
expresó de esta manera de Simón Bolívar: “El canalla más cobarde, co-  
rrupto, débil, desertor, vano, déspota, brutal y miserable. Napoleón de las  
2
derrotas”.  
1
2
Actual Director de la Academia Nacional de Historia.  
Karl Marx, “Simón Bolívar y Ponte el “Libertador”, en The New American Cyclopedia, publicado  
este artículo en el volumen III, año 1858, disponible en Marx, Karl (1858), Bolívar y Ponte,  
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Vida académica  
¿Podrá haber insultos de mayor calibre? ¿Es dable que ahora  
se pretenda ubicar a Bolívar como socialista del siglo XXI? ¿Por qué  
intentar degradarle como exponente del marxismo? Bolívar fue ter-  
minante en sus convicciones liberales, públicamente por él proclama-  
das y en varias ocasiones. Y así, en este campo, pudiéramos seguir  
desenvolviéndonos, relatando la infinidad de dicterios que han llo-  
vido sobre personajes superlativos, de agradecido recuerdo.  
El Gral. Isidoro Barriga y la marquesa de Solanda no han  
sido la excepción, han sido blancos de ataques furibundos, cuyas se-  
cuelas existen hasta hoy, por quienes repiten como cotorras los em-  
bustes que, con protervas intenciones, se forjaron en su contra. En  
mi libro El General Isidoro Barriga en la Historia de Ecuador, Colombia,  
3
Venezuela, Perú y Bolivia y en 91 páginas adicionales de mi otro libro,  
4
Páginas de la Independencia, desbara tanta patraña que se tejió en  
su contra, basado exclusivamente en documentos, como recomienda  
la ciencia histórica, lo que contrastó con quienes esgrimían o esgri-  
men argumentos impulsados únicamente por la suposición, el hecho  
no comprobado, el chisme malicioso, la tendencia perniciosa que se  
refugia en el lado oscuro de los individuos que vegetan en los veri-  
cuetos de la perversidad o la torpeza.  
La obra mía primeramente indicada, a los pocos días que se  
editó, se la presentó con masiva y selecta asistencia, en sesión so-  
lemne de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, en Quito,  
cuando estuvo de director de esta centenaria y prestigiosa corpora-  
ción científica el embajador Manuel de Guzmán Polanco, de muy  
grata memoria. El asimismo bien recordado Dr. Plutarco Naranjo,  
escritor connotado y montalvista insigne, también Director de la Aca-  
demia, fue el encargado de la presentación de mi libro que nadie ha  
osado refutarlo.  
apuntes biográficos sobre Simón Bolívar http://www.analitica.com.opinion-nacional/boli-  
var-y-ponte-karl-marx-1858/. Se puede consultar también H. González, El Bolívar de Marx-  
Scielo-Scientific Electronic Librerary.On line, tiempo y espacio, V.20, N.54, Caracas, dic. 2010,  
estudios críticos de Inés Montero y Vladimir Acosta, El Bolívar de Marx, Edit. Alfa, 2007, colec-  
ción tiempos, 73.  
Franklin Barriga López, El General Isidoro Barriga en la Historia de Ecuador, Colombia, Venezuela,  
Perú y Bolivia, Ediciones Amauta, México, Buenos Aires, Caracas, Quito, 2008, 240 páginas.  
Franklin Barriga López, Páginas de la Independencia, Biblioteca de la Independencia, Tomo 1,  
Academia Nacional de Historia, Ministerio de Educación y Casa de la Cultura Ecuatoriana,  
Quito,2020, pp. 279- 370.  
3
4
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Vida académica  
Nuestra Academia, ha sabido salir por los fueros de los per-  
sonajes históricos que prestigian al Ecuador, cuando la calumnia ha  
hecho su aparecimiento intentando desmerecer la valía de quienes  
honran a la Patria. Una muestra de ello es lo que sucedió en el siglo  
anterior y que brevemente voy a relatar:  
Vino a Quito el venezolano Ángel Grisanti con el aparente  
propósito de realizar investigaciones sobre los héroes de la Indepen-  
dencia, por ello, fue recibido con la hospitalidad característica de los  
ecuatorianos. Publicó, en 1955, El Gran Mariscal de Ayacucho y la Mar-  
quesa de Solanda y, antes, había editado, en 1941, Los restos del Gran  
Mariscal de Ayacucho y la Hacienda El Deán, además de otros escritos  
en ese mismo y obsesivo tema, cuyo fin no fue reconocer los valores  
y virtudes de dos personajes notables sino, intentar lanzarles el lodo  
engendrado por las pasiones e intereses de quienes pagaron sus ac-  
ciones a este mercader de la pluma.  
El caso es que, cuando se conoció el contenido de tales obras,  
hubo la reacción airada de la opinión pública en contra de este sujeto  
que había llegado exclusivamente para atacar la nombradía bien ci-  
mentada especialmente de Mariana Carcelén, la Marquesa de So-  
landa y de su segundo esposo, el Gral. Isidoro Barriga López de  
Castro.  
Hubo refutaciones contundentes a los embustes expuestos  
por el mencionado y audaz pseudohistoriador que fue designado  
Miembro de nuestra Academia –por cierto antes de que se conozca  
sus malsanos propósitos–,por ello, nuestra institución, después, lo  
expulsó de sus filas, ya que había sido nombrado Miembro Corres-  
pondiente Extranjero, –reitero– sin saber de las protervas intenciones  
que le trajeron a nuestro territorio. La Academia no podía tolerar  
tales infundios, ya que se guía por el principio que dejó sembrado  
su fundador, Federico González Suárez (“la verdad es el alma de la His-  
toria”), retiró el honor conferido al advenedizo plumífero que no  
supo estar a la altura de la distinción y la confianza que se le prodigó  
inicialmente; de allí, la expulsión referida que se hizo a este falaz in-  
dividuo ahogado en su propia podredumbre moral, que propaló vi-  
tuperios sin el más mínimo sostén documental manipulado, tras  
cortinajes, por quienes pagaron al mercenario:  
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Vida académica  
Grisanti llegó hasta lo inconcebible en su falsía como decir  
que oyó –sin que indique quién lo dijo- que el Gral. Isidoro Barriga,  
cuando jugaba con la tierna hija de Sucre, ella escapó de sus manos  
y cayó desde un balcón estrellándose contra el pavimento y mu-  
riendo en el acto. Queriendo dorar su infamia, Grisanti escribió: “Re-  
pugna a nuestros sentimientos acoger tan horripilante relato y atribuirle al  
General Barriga tan pavoroso crimen. Nunca tuvo este militar la triste fama  
de sanguinario, ni se sabe que haya cometido actos de crueldad en la guerra  
de la Independencia, en la cual guerreó desde su adolescencia, desde los 16  
años”.5  
La verdad histórica es que Teresita Sucre, de dos años cuatro  
meses de edad falleció de muerte natural, de enfermedad intestinal  
tan común en la época, como consta en el acta o partida de defunción  
que reposa en el archivo de la iglesia de El Sagrario, en Quito; ade-  
más, cuando sucedió este lamentable hecho, el Gral. Barriga se ha-  
llaba en Bolivia. El connotado académico de la Historia Alfredo  
Flores y Caamaño, que fue uno de los primeros en desbaratar las pa-  
trañas de Grisanti, expresó:  
Nadie desconoció el verdadero carácter de ese acontecimiento público,  
el cual no se ha conceptuado cosa extraordinaria, precisamente por  
haber sido solo natural. El nimbo de tragedia con que en nuestros tiem-  
pos procuraron rodearlo ciertas sociedades secretas y defensoras de  
José María Obando, principal autor del asesinato del ilustre Sucre, tuvo  
el propósito siniestro de extraviar el criterio ajeno y dirigir la mirada  
acusadora de los incautos al respetable hogar del segundo enlace de la  
Marquesa de Solanda con el Gral. Barriga (…) ¿Qué historiadores, qué  
enemigos de Barriga han mencionado antes aquel hecho, siquiera para  
amargarlo? Obando no lo trae en sus opúsculos de combate, ni las ga-  
cetas contemporáneas suyas, ni autor alguno, buscado por nosotros,  
con vivo empeño, sin lograr encontrarlo. ¿Habrá sido posible que un  
acontecimiento tan trágico y relativo a la propia hija de Sucre, no hu-  
biese tocado alguien? En Quito, en calle central, en la llamada Casa  
Azul, habitaban los esposos Barriga Carcelén. ¿No hubo uno, siquiera  
que viese semejante escena, sensacional, horrible, espeluznante, que  
despertaría gran interés y lástima en toda la América? (…) Don Luis  
5
Ángel Grisanti, El Gran Mariscal de Ayacucho y su esposa la Marquesa de Solanda, Imprenta Na-  
cional, Caracas, 1955, pp. 7 y 11.  
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Vida académica  
Arboleda –tan allegado a la familia Carcelén-, las sobrinas del propio  
Sucre y Dña. Josefa Gual –hija única de Don Pedro, preclaro servidor  
de la Independencia-han asegurado, sorprendidos, haber oído nunca  
6
que la niña hubiese terminado su vida en semejante manera.  
De haber sido cierto lo que, con mala fe, elucubraron Grisanti  
y otros, que repiten sus embustes, como un colombiano de apellido  
Cuervo, los primeros en condenar tal hecho hubiesen sido los fami-  
liares de Sucre (sus sobrinos Juan Manuel, Carmen y Obdulia, recha-  
zaron la versión de que Teresita haya muerto trágicamente) y la  
prensa manejada por los opositores del General Barriga. No existe  
un solo testimonio, de credibilidad tradicional o histórica, en el sen-  
tido supuesto por Grisanti; todo lo contrario, se habla de que la niña  
murió de muerte natural, en su cuna, como lo reconoce, entre otros  
intelectuales dignos de crédito, el acreditado escritor colombiano  
José Manuel Restrepo, en su libro Historia de la Revolución de  
Colombia.7  
No quiero dejar pasar lo que un catecúmeno de Grisanti y  
apologista de Obando, el pastuso Enrique Herrera Enríquez que pu-  
blicó dos artículos con títulos ¿La muerte de Sucre en Berruecos o La  
Unión? y Asesinato del Gral. Sucre en La Venta hoy Unión. Lo leí en In-  
ternet, en donde muy suelto de huesos, sin ninguna referencia testi-  
monial, aquel sujeto destila animadversión e insolencia no solo para  
el General Isidoro Barriga y la Marquesa sino para el propio General  
Antonio José de Sucre, todos dignos del máximo respeto, ya que son  
figuras referenciales de nuestra Historia: “Todo indica que las relaciones  
sentimentales entre Sucre y su esposa no eran de las mejores ante la abierta  
provocación de infidelidad y adulterio que muchas veces se dio por parte de  
8
la Marquesa de Solanda con el Gral. Isidoro Barriga”. En otros renglo-  
nes, aquel difamador expresa:  
6
7
Ibid pp. 120 a 128.  
José Manuel Restrepo, Historia de la Revolución de la República de Colombia, en la América Meri-  
dional, Imprenta de José Jacquin Besanzon, 1858, p. 133,  
Herrera es reiterativo en sus mentiras. En los dos artículos de su autoría e indicados, asevera  
lo que pongo en comillas.  
8
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Vida académica  
En Quito estaban los beneficiarios del asesinato del Gral. Sucre: Juan  
José Flores que con seguridad perdería el poder político si Sucre llegaba  
con vida a dicha ciudad; el Gral. Isidoro Barriga, amante de la esposa  
de Sucre y obviamente Mariana Carcelén, esposa de Sucre que para el  
regreso de éste, luego de estar ausente por siete meses, estaba de cuatro  
meses embarazada, según expresa declaración del autor material del  
asesinato el también venezolano Apolinar Morillo (…) En otra oportu-  
nidad, le arrojaron a Sucre por la ventana de su residencia una piedra  
con una nota donde se leía: “Gral.: Cuídese, su amante está en brazos  
de su esposa”. Mariana Carcelén se casó a los tres meses del asesinato  
con el Gral. Barriga. En la investigación, Apolinar Morillo, confeso  
autor material del crimen de Sucre, dijo en una de sus declaraciones  
que quienes contrataron sus servicios fueron: Mariana Carcelén, quien  
para aquel entonces estaba embarazada de cuatro meses del General  
Barriga, amante de la Carcelén, y Sucre hacía meses que no estaba con  
ella. Para que hablemos en carta blanca, el asesinato de Antonio José  
de Sucre tuvo su epicentro en el interés político con sentimentales que  
9
se fraguaron en Quito sin que nada tenga que ver Pasto y su gente.  
Nada comento, por ahora, en la alusión efectuada al General  
Juan José Flores que no tuvo el menor aprecio por parte de la Mar-  
quesa de Solanda, por cuanto creía que tuvo culpabilidad intelectual  
en la muerte de Sucre: los panegiristas del venezolano, que llegó a  
ser el primer Presidente del Ecuador, sabrán exponer –y quizá logren  
convencer- lo que tengan que hacerlo en aclarar las supuestas incul-  
paciones a Flores, que aún se realizan, en torno a la muerte de Sucre,  
en contubernio con Obando.10  
En los renglones transcritos, la infamia llegó a niveles increí-  
bles: ninguna prueba de lo dicho se exhibió porque nada de ello fue  
cierto sino invenciones producto del odio atávico para los personajes,  
a los que se quería destruir de manera falaz, atacando a lo más pre-  
ciado de las personas, su honra, como lo hacen los falsarios y cobar-  
des. Doña Mariana Carcelén contrajo matrimonio con el Gral. Isidoro  
Barriga el 16 de julio de 1831, a los trece meses de la muerte de su  
primer esposo; al año y un poco más de este desposorio, el 21 de  
9
1
Ibíd.  
0 Armando Barona Mesa, “Introducción”, El magnicidio de Sucre. Juicio de responsabilidad penal,  
Editora Feriva, Cali, 2006, p.07. Ver en: http://www.cervantesvirtual.com/obra/el-magni-  
cidio-de-sucre-juicio-de-responsabilidad-penal--0/ (21-12-2021).  
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Vida académica  
junio de 1832, nació Luis Felipe Barriga Carcelén, que tampoco es-  
capó a la maledicencia que quiso acabar con el bien cimentado pres-  
tigio de sus ilustres progenitores.  
Jamás el autor confeso de crimen, Apolinar Morillo, aseveró  
lo que pretendió inculcar Enrique Herrera: Morillo, antes de ser eje-  
cutado por su vil acción, esto sí declaró en testimonio escrito dirigido  
textualmente “a mis conciudadanos, a mis compañeros de armas, a la hu-  
11  
manidad entera”  
Cometí, en verdad, un delito, pero mi corazón no participó de él; mi  
acción fue criminal, pero mis sentimientos jamás lo fueron (…) Un des-  
tino funesto quiso que el ex general José María Obando, que tenía me-  
ditado el asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de  
Sucre, me escogió por instrumento, para entenderme en aquel crimen  
perpetrado en un hombre justo a quien yo respetaba. Acostumbrado a  
obedecer ciegamente las órdenes superiores, no tuve bastante discer-  
nimiento para meditar en la naturaleza y consecuencias de la orden  
que se me daba (…) Yo perdono al ex general José María Obando el ha-  
12  
berme arrastrado al abismo donde me encuentro.  
Obando quería desquitarse con infundios de la derrota mili-  
tar que tuvo en la Batalla de La Chanca (julio de 1841), cuando el  
Gral. Joaquín María Barriga, primo de Isidoro, le venció y le puso  
en precipitada fuga, y a fin de tratar, asimismo, de eludir su respon-  
sabilidad comprobada jurídicamente en el homicidio premeditado  
por él en contra del Gral. Sucre acusando a otros, por ello destiló  
odio contra la familia Barriga, del que no escapó la Marquesa de So-  
landa que, le señaló directamente como criminal.  
El propio General Isidoro refutó los vituperios del autor in-  
telectual de la muerte de Sucre, en su demoledora obra titulada Re-  
futación a las calumnias de José María Obando, al que adjuntó 37  
11 Apolinar Morillo, A mis conciudadanos, a mis compañeros de armas, a la humanidad entera.  
Ver en: https://catalogoenlinea.bibliotecanacional.gov.co/client/es_ES/search/asset/131  
2
11 (21-12-2021).  
1
2 Sentencia del Consejo de Guerra de Oficiales Generales, Causa criminal contra el coronel graduado  
Apolinar Morillo y demás autores y cómplices del asesinato perpetrado en la persona del señor general  
Antonio José de Sucre y que se ha mandado publicar por orden del Poder Ejecutivo, Bogotá, año  
1
843, consta en la Gaceta Municipal de Quito, N. 105, 1943, se la reprodujo, asimismo, en  
Museo Histórico N. 22, publicación de la I. Municipalidad de Quito.  
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Vida académica  
documentos esclarecedores de la Historia. El Gral. Barriga, en la In-  
troducción, escribió:  
Calumniada mi reputación militar por José María Obando, por este  
hombre al que me abstengo de nombrar con los bien merecidos epítetos  
con que le ha calificado para la Historia la prensa contemporánea,  
tengo que descender a la palestra para refutar sus calumnias y vindicar  
mi honor ultrajado por este inmoral detractor. Durante una larga ca-  
rrera de más de veinte y ocho años, de ellos la mitad en continuos ser-  
vicios que he prestado a la gloriosa causa de la Independencia contra  
el dominio español, jamás ha sido empañada mi conducta pública, por  
lo cual merecí siempre las más altas consideraciones de los primeros y  
más distinguidos próceres del Continente Americano, mientras que el  
menguado Obando, en aquella época, cooperaba a sostener el carco-  
mido trono de Fernando VII en clase de un oscuro guerrillero en las  
breñas de Pasto, quien, así como asestó con el mayor acierto las balas  
contra el magnánimo pecho del ilustre General Sucre, de igual modo  
pretende asesinarme moralmente.13  
La formidable respuesta del General Isidoro Barriga no fue  
contestada. ¿Qué argumentos podía exhibir Obando? Sobre el parti-  
cular, señaló: en 1925, el humanista colombiano Dr. Juan B. Pérez y  
Soto:  
Por qué no devolvió José María Obando a Isidoro Barriga la alusión  
concreta y fulmínea de asesino de Sucre y quien también pretendía ase-  
sinarle moralmente? Después de las frases de suspicacia maligna que  
Obando había usado en su primer libro de Lima, contra del que se  
había desposado con la viuda del General Sucre, y que indudablemente  
fue lo que puso en sulfuración a Isidoro Barriga, no recogió Obando el  
guante, y era el caso indispensable de hacerlo, con el menor indicio que  
él hubiera tenido de complicidad de quien así lo enrostraba su crimen.1  
4
Qué diferencia con lo anotado anteriormente y que hizo de  
manera artera Enrique Herrera, con lo aseverado por el notable abo-  
13 Isidoro Barriga, Oficina de Joaquín Terán, con 37 documentos, Quito, 1847.  
14 Juan B. Pérez y Soto, El crimen de Berruecos-Asesinato de Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de  
Ayacucho, Escuela Tipográfica Salesiana, Vía Marsala, 42, Roma, 1925, Tomo III, pp. 377 y  
378.  
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398  
Vida académica  
gado, catedrático y escritor nariñense Dr. Jorge Mora Caldas que, en  
el Capítulo XVI, del Tomo II, de su obra Los libros, aporte bibliográfico,  
las bellas artes e investigaciones históricas,15 afirma que Doña Mariana  
Carcelén, Marquesa de Solanda, era joven, hermosa e inteligente, a  
la vez que resalta el amor que le unió al General Isidoro Barriga, se-  
ñalado, con documentos, la culpabilidad de Obando en la muerte de  
Sucre, de la que no excluye a Juan José Flores.  
Las heridas de guerra no se han cicatrizado en algunos sec-  
tores de Pasto que fue realista hasta el tuétano e impidió, por algún  
tiempo, con su solidaridad para los españoles y su abrupta geografía  
el avance de la causa independentista, al extremo de haber entrado  
Sucre a esa ciudad (24 de diciembre de 1822) con fuerza descomunal  
y hasta excesos que determinaban los momentos de la feroz confron-  
tación de parte y parte. Simón Bolívar endilgó a los pastusos epítetos  
nada honrosos, debido a su posición beligerante a favor de Fernando  
VII; desde entonces, se considera a esos habitantes del sur de Colom-  
bia como bobos, blanco de andanadas de chistes que no han cesado.  
No era para menos, ya que en vez de apoyar a los patriotas estaban  
al lado de los españoles. En Pasto hay monumentos a José María  
Obando, el asesino de Sucre, y al indígena Agustín Agualongo que  
invadió el actual Ecuador, a favor de los realistas, queriendo tomarse  
Quito, luego de la Batalla de Pichincha, fue vencido por Bolívar en  
16  
la célebre Batalla del Taguando o de Ibarra (17 de julio de 1823).  
Las familias Sucre y Barriga guardaron siempre sentimientos  
de genuino aprecio y consideraciones recíprocas que han durado por  
cerca de 200 años, hasta hoy y será por siempre, de lo cual estoy com-  
pletamente seguro, dadas las cualidades morales, sobre todo la co-  
nocida y reconocida honorabilidad de estas dos estirpes.  
15 Jorge Mora Caldas, Los libros, aporte bibliográfico, las bellas artes e investigaciones históricas, Gra-  
ficolor, Pasto, s.a.p., p. 429.  
1
6 El siguiente viaje del Libertador fue para batir al insurrecto y aguerrido Coronel Agustín  
Agualongo que victorioso avanzaba con dirección a Quito y aquí en el suelo de la ciudad de  
Ibarra, en la cuenca del Tahuando, tuvo lugar la Batalla de Ibarra el 17 de Julio de 1823, con  
la cual Bolívar desbarató completamente a las fuerzas de Agualongo en el Tahuando. En:  
Manuel Zumarraga, El valor histórico de Pilanqui. La Batalla de Ibarra, Cartillas de divulgación,  
Nº51, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1988, p.8. Ver en: https:// repositorio. flacsoan-  
des.edu.ec/bitstream/10469/12002/2/CCE-CDE-N51-1988.pdf (21-12-2021)  
BOLETÍN ANH Nº 206-B  
399  
Vida académica  
Basta el siguiente testimonio, entre otros de la familia de  
Sucre que pueden exhibirse, para confirmar lo dicho: Cuarenta y tres  
años después del asesinato de Antonio José de Sucre, su hermano Je-  
rónimo, escribe a la Marquesa de Solanda una carta, en la que ex-  
presa: “Muy amada hermana: me hará el honor de saludar muy  
afectuosamente al Sr. Gral. Barriga y ofrecerle francamente mis servicios y  
17  
de asegurarle mis deseos para que me enumere entre sus amigos”.  
Si no fuera suficiente lo anotado que data de 1843, permi-  
tidme narrar algo que complementa lo aseverado y que tuvo lugar  
hace no lejano tiempo y corresponde a una experiencia del suscrito;  
así: en una de mis visitas académicas a Venezuela, antes de que lle-  
gue al poder Hugo Chávez y sus huestes demoledoras de país tan  
rico, luego de la conferencia que sustenté en Caracas, en el Centro  
de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, la Embajadora de  
Ecuador, Dra. Ximena Martínez de Pérez, ofreció en su residencia,  
en mi honor, una cena a la que asistieron personalidades venezolanas  
y ecuatorianas. En un momento de la agradable conversación, uno  
de los contertulios, el destacado abogado caraqueño Dr. César Le-  
pervanche Michelena, Director Internacional del Grupo de Observa-  
dores Latinoamericanos, con justo beneplácito, demostraba su  
complacencia por hallarse en la memorable reunión, expresando,  
además, que su distinguida esposa era de Cumaná y perteneciente  
a la familia de Antonio José de Sucre, tan vinculado a la Historia de  
Ecuador. Cuando, en la misma afable, inolvidable tertulia, el Dr.Le-  
parvanche llegó a conocer, por información de la Embajadora Mar-  
tínez de Pérez, que tanto mi hermano Leonardo, que en esos años se  
encontraba residiendo en Venezuela, en cumplimento de su misión  
que allí duró un lustro, como Diplomático de Carrera del Servicio  
Exterior Ecuatoriano, como yo, éramos tataranietos del General Isi-  
doro Barriga y de Dña. Mariana Carcelén, los nexos de cordial amis-  
tad se intensificaron, llegando a la confraternidad prosiguieron, con  
más ahínco, las remembranzas históricas respecto a la valía y tras-  
cendencia de ambos próceres y de la Marquesa, así como de sus con-  
sanguíneos y más allegados, a la vez que las razones de identidad y  
17 Cumaná, 6 de febrero de 1843. Cfr. Jerónimo Sucre, en: Julio Troncoso, El Año ecuatoriano, Vo-  
lúmenes 11-13, Talleres Gráficos Santo Domingo, Quito, 1963, p.274  
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Vida académica  
de afecto entre ambos pueblos, el venezolano y el ecuatoriano. Con  
mucho agrado relato este memorable acontecimiento, que demuestra  
los largos y perdurables vínculos entre las familias Sucre y Barriga.  
Asevera el versado historiador y catedrático francés, que fue  
Miembro de nuestra Academia y autor del libro Obando El criminal  
de Berruecos y de Historia de la República del Ecuador en varios tomos,  
además profundo y honesto conocedor de las tradiciones quiteñas,  
familiares y sociales de la época, el jesuita P. José María Le Gouhir y  
Raud, quien:  
(
…) hizo gala en la perfecta reputación de que ha gozado siempre la  
Marquesa de Solanda y el noble General Barriga: muy avergonzados  
pueden quedar los atrevidos que hayan pretendido, por amor a  
Obando, salpicar de fango el honor de dos esposos reconocidos en  
nuestra sociedad como perfectos modelos, y de una Señora que honró  
a sus esposos tanto con su virtud como por su dignidad, conforme en  
todo a la tradición de la sociedad quiteña y la fama intachable y el pun-  
donor del Gral. Barriga. Especies vanas, pero malignas, indignas aun  
de asalariados, con las que forjan contra la honorabilidad notoria y  
nunca desmentida de una Señora noble y pundonorosa, cual atestiguan  
18  
los contemporáneos que fue la Marquesa de Solanda.  
Llegó a tanto la intención de ensombrecer la figura de la Mar-  
quesa, que se inventaron hechos inverosímiles como aquel que di-  
vulgaba que el padre de esta aristocrática dama solicitó a Sucre que  
se case con ella, lo cual fue recogido y pulverizado por Hugo Ale-  
mán, literato e historiador quiteño que, al referirse a este asunto, es-  
cribió:  
Por ídolo que fuera Sucre para los habitantes de Quito, como en reali-  
dad llegó a serlo, aquella antojadiza urdimbre de que el padre de Ma-  
riana, Don Felipe Carcelén y Sánchez de Orellana, Marqués de  
Villarrocha y de Solanda, gran señor por su sangre, sus títulos y su for-  
tuna, en gesto y tono suplicantes le ofreciera la mano de aquella, invo-  
1
8 Alfredo Flores y Caamaño, Objeciones históricas a la obra intitulada El Gran Mariscal de Ayacucho  
y su esposa la Marquesa de Solanda y a tres anteriores del mismo origen por Ángel Grisanti, Editorial  
Salesiana, Lima, 1960, p. 201.- José, S.J. Le Gouhir, El criminal de Berruecos, Centro de Estu-  
dios Históricos del Ejército, Biblioteca del Ejército Ecuatoriano, volumen 8, Imprenta IGM,  
Quito, 1994, p. 244.  
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401  
Vida académica  
cando su ancianidad y la circunstancia de que su hogar estaba integrado  
solo por mujeres, se estrella, fundamentalmente, contra los valimientos  
de la estirada nobleza de aquella época, así como contra toda costumbre  
y contra el bien pegado orgullo y celosa dignidad con que solían revestir  
sus procedimientos aquellos personajes, en quienes no se había extin-  
guido-por el hecho de coadyuvar a la Independencia de su patria- la  
preponderancia de su estirpe. Además, semejante espontaneidad, con  
claros visos de humillación, habría sido inconcebible en una sociedad  
austera y firme en la defensa de lo que constituía su prestancia y, sobre  
todo, extremadamente respetuosa de estrictos e inviolables sistemas de  
vida. Estas inequívocas constataciones y otras, que no hace al caso men-  
cionar, han hecho que aquel infundio, bastante divulgado, no haya pros-  
19  
perado fuera del terreno anecdótico y especulativo.  
La Marquesa contrajo segundas nupcias con el General Isi-  
doro Barriga, nacido en Bogotá y ecuatoriano por naturalización, que  
supo servir y amar a nuestro país en la forma que le ubicó la Historia.  
Este ilustrado y heroico militar fue declarado por el Poder Legisla-  
20  
tivo: Benemérito de la Patria en Grado Heroico y Eminente. Isidoro, al  
frente de sus tropas, llegó a Quito como Comandante General de  
Armas del Ecuador, en 1829; dadas sus cualidades de caballero,  
apuesto y buen jinete, las principales casas señoriales y solariegas le  
abrieron las puertas y le invitaron a vincularse en amistad, ello su-  
cedió con la del Marquesado de Solanda:  
Alos pocos meses de efectuado el matrimonio del General Barriga, éste  
consagró a su esposa ilimitado cariño, consideraciones grandes y de  
refinada educación, méritos por los cuales la madre, las hermanas y  
más parientes sanguíneos, centuplicaron las atenciones de aprecio al  
nuevo miembro de la familia, y éste con la sinceridad que le caracteri-  
zaba se unió al corazón de aquellas con rara intimidad. La vida matri-  
monial del general Barriga fue un ejemplo de honorabilidad y de  
21  
entrañable aprecio a su virtuosa y bella consorte.  
.
19 Hugo Alemán, Sucre, parábola ecuatorial, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1970, pp. 171  
y 172.  
2
0 Actas de la Convención Nacional del Ecuador, año de 1835, precedidas de una Introducción  
Histórica por el legislador Francisco Ignacio Salazar, Quito, Imprenta de Gobierno, 1891, pá-  
gina CCLXV.  
21 Ricardo Márquez Tapia, “Biografía del General Isidoro Barriga”, Boletín de la Academia Nacio-  
nal de Historia del Ecuador, Nrs. 115 y 116, Quito, 1970  
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Vida académica  
Aseveró el connotado historiador Ricardo Márquez Tapia.  
En los honestos enlaces matrimoniales no son pocos los casos  
en que alguno de los cónyuges se vuelve a casar, luego del falleci-  
miento de uno de ellos. El segundo matrimonio de la Marquesa se  
sujetó a la ley y a las costumbres: tuvo lugar en Quito, el 16 de julio  
de 1831, pasados más de un año y un mes del asesinato de Antonio  
José de Sucre, con quien hizo vida marital tan solo 11 meses, en cam-  
bio con Isidoro Barriga cerca de 20 años, hasta la muerte de este pró-  
cer catalogado por la Sociedad de Historia e Idiomas que fundó  
como “ilustre y grande Gral. Isidoro Barriga por sus virtudes, militar sin  
22  
rencor, hombre de gloria”.  
Hasta en este matrimonio, mentes calenturientas y malinten-  
cionadas han querido encontrar motivo para sus lucubraciones des-  
viadas, afirmando que el Gral. Barriga y la Marquesa mantenían  
vínculos amorosos aun cuando Sucre vivía. Esta infamia fue desba-  
ratada por la narración de la realidad que fundamenta a la ciencia  
histórica: como no podía ser de otra forma en gente de honor mar-  
cado, Sucre fue respetado y defendido antes y después de su muerte  
por parte de la Marquesa y el General Barriga. La evidencia de los  
hechos ratifica este enunciado.  
Hubo una verdadera conjura para atacar no solamente a la  
Marquesa y al Gral. Isidoro Barriga sino también a sus familiares. El  
objetivo era destruir sus bien fundamentadas reputaciones; algunos  
de los ecos de este proceder inicuo siguen repitiendo algunos, por  
ignorancia o villanía. Con el objetivo de lanzar lodo a las figuras de  
Dña. Mariana Carcelén y del Gral. Barriga, por su matrimonio que  
legal y legítimamente contrajeron, en medio del profundo amor que  
les rodeaba, y elevar de esta manera –lo que no era necesario y re-  
sultó contraproducente- la figura de Sucre, gentes de mente estrecha,  
visión miope, ideas ponzoñosas, no solo seguidoras de Obando, te-  
jieron farsas. El resplandor de la verdad prevaleció, finalmente, sirvió  
para que no perduren mentiras y brillen aún más dos valores huma-  
nos, la Marquesa y el General Isidoro, por lo que ellos fueron y lega-  
ron para enseñanza de generaciones.  
2
2 Función Fúnebre que la Sociedad de Historia y de Idiomas dedicó a la memoria del Benemérito Gral.  
Isidoro Barriga, socio y presidente de ella, el día 1 de julio, en la Iglesia de La Recolección de La Merced,  
Quito, impreso por M. Rivadeneira, julio 13 de 1850.  
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403  
Vida académica  
Isidoro Barriga López (Lopes) de Castro nació el 4 de marzo  
de 1801, en Santa fe de Bogotá, ciudad a la que se le conocía como  
academia, mientras a Caracas se le identificaba como cuartel y a  
Quito, como convento. De acuerdo a su posición social, hizo los pri-  
meros estudios en el Real Colegio del Rosario, ampliando la rigurosa  
formación que influyó poderosamente en su vida futura la pedago-  
gía que recibió en su hogar, por parte de sus padres, el doctor y co-  
ronel Tomás Barriga y Brito y Dña. Antonia de Jesús López de Castro  
y Lamas, vinculados directamente a las mejores causas de la cultura  
y la libertad.  
El medio en que se desenvolvía y el latente fervor patriótico  
indujeron al adolescente a enrolarse en los ejércitos patriotas, con el  
grado de subteniente. Bien se hizo en puntualizar que “es uno de los  
pocos próceres de la epopeya boliviana que gallardamente militó en todas  
las cinco naciones libertadas, ocupando siempre la vanguardia de las fuerzas  
23  
republicanas”. Este honroso señalamiento refleja la realidad de los  
hechos, como queda demostrado con estas referencias que corres-  
ponden a las acciones de armas en que participó nuestro personaje  
en las actuales cinco repúblicas como se verá a continuación:  
En Colombia: Batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819), que  
liberó a este país. Aquí recibió la significativa condecoración Escudo  
de los Vencedores y comenzaron las atenciones del Libertador Simón  
Bolívar que rápidamente le iba ascendiendo, por sus méritos, en sus  
grados militares al joven y arrojado oficial;  
En Venezuela: Junto a Bolívar, igualmente combatió en Ca-  
rabobo (24 de junio de 1821, batalla que fue fundamental para la li-  
beración de Carcas: recibió la recomendación del Libertador como  
uno de los principales héroes, no obstante su juventud, que se perfiló  
en La Guaira, Trincherón y Yaracuy. En el sitio de Portocabello, bajo  
las órdenes del Gral. Páez, el inmortal llanero, fue herido gravemente  
(allí también recibió especial recomendación por su intrépido valor  
y se le entregó la Estrella de los Libertadores);  
En el Perú: en Junín (6 de agosto de 1824 batalla de enorme  
significación para la Independencia), Corpahuaico, Ayacucho y Ma-  
23 Ricardo Márquez Tapia, Cit. 14 op. cit., p. 79.  
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404  
Vida académica  
tará junto al General Sucre quedó la huella de su heroísmo; se le con-  
cedió la Medalla de Ayacucho (calificada como la más grande batalla  
(
9 de diciembre de 1824) de la epopeya americana, en cuyo campo  
fue ascendido a teniente coronel, en premio a su bizarría) y se le im-  
puso el Escudo de los Libertadores;  
Bolivia: colaboró con Sucre en la fundación del nuevo Estado  
que oficialmente tuvo su independencia el 6 de agosto de 1825, con  
las cuatro provincias que integraban el Alto Perú: Chuquisaca, La  
Paz, Potosí y La Plata. Camilo Destruge expresó:  
Se hallaba con Sucre en Bolivia, en 1827, cuando sobrevino la revolu-  
ción efectuada pro Gamarra; el General Barriga conjuró esa revolución,  
unido a Arévalo, y con Brown derrotó a los insurreccionados. La Re-  
pública de Bolivia es deudora a Barriga de muy especiales y oportunos  
servicios.24  
Es, asimismo, histórica la defensa que hizo al General Sucre,  
en ese entonces Presidente de Bolivia, cuando se produjo el motín  
de Chuquisaca (18 de abril de 1828), cuyo autor intelectual fue Casi-  
miro Olañeta y su ejecutor el general peruano y presidente Agustín  
Gamarra que ordenó la muerte de Sucre, logrando los complotados  
herirle en uno de sus brazos. Además, Gamarra pretendió invadir  
Bolivia con 400 hombres que ya se hallaban listos en Puno;  
En lo que ahora es Ecuador: participó con lucimiento en la  
Batalla del Portete de Tarqui (27 de febrero de 1829), por eso recibió  
la máxima condecoración y el ascenso a coronel: “Al Ecuador, patria  
adoptiva de sus ardientes afectos, le sirvió como ecuatoriano. En 1830, to-  
davía de coronel, desempeño el cargo de Jefe de Estado Mayor General, y  
como recompensa a sus servicios, el Congreso de aquel año le ascendió, el 7  
de octubre, a general de brigada”.25  
Su solidaridad con Simón Bolívar y Antonio José de Sucre,  
siempre fue incambiable: militó en sus ejércitos, mantuvo sus me-  
morias con el debido respeto. Sin olvidar nunca a los libertadores,  
que pronto perecerían, el uno cobardemente asesinado en Berruecos  
2
4 Camilo Destruge, Álbum Biográfico Ecuatoriano, Tomo II, Tercera Parte, Hombres Notables de  
la Independencia, Tip. El Vigilante, Guayaquil, 1904, p. 37.  
5 Ibíd., p. 83.  
2
BOLETÍN ANH Nº 206-B  
405  
Vida académica  
y, el otro, rodeado de ingratitud y pobreza, en San Pedro Alejandrino,  
Santa Marta, más bien exaltando siempre sus virtudes, y cuando se  
había ya prácticamente desmoronado Colombia la Grande, por: la  
falta de unión y las desmedidas ambiciones de políticos y militares  
regionalistas, por la desmembración de Venezuela, la precaria situa-  
ción económica, por los exagerados gravámenes y los afanes sepa-  
ratistas en boga. En este momento político nació el Ecuador, el 13 de  
mayo de 1830, con la separación del Distrito del Sur de Colombia.  
Cuando nada podía hacerse en pro de los ideales bolivarianos y sin  
dar la espalda, en ningún momento, a la memoria de sus compañe-  
ros de armas y amigos, accedió a la fundación de la república y puso  
su firma en el acta originaria, suscrita en Quito, en la fecha indicada,  
por lo tanto, Isidoro Barriga es uno de los fundadores de la República  
del Ecuador, a la que supo amar y defender con su conocida de hom-  
bría de bien, civismo, lealtad, cultura y apostura.  
Antonio José de Sucre (1795-1830), Mariscal de Ayacucho y  
vencedor en Pichincha, es uno de los principales héroes de la Inde-  
pendencia, igualmente el General Isidoro Barriga López de Castro  
(
1801-1850), por ello ambos han merecido biografías que narran sus  
valías históricas: ambos próceres, a su debido tiempo, eligieron como  
esposa a Dña. Mariana Carcelén, Marquesa de Solanda.  
¿Quién era esta dama de singular belleza moral, física y pa-  
triótica? Nacida en Quito el 27 de julio de 1805, hija de Dña. Teresa  
de Larrea, de la más encumbrada sociedad y de Don Felipe Carcelén  
y Sánchez de Orellana, séptimo Marqués de Solanda y quinto Mar-  
qués de Villarrocha, que fue encarcelado por los realistas por su di-  
recta participación en la independencia de lo que ahora es Ecuador.  
Mariana Carcelén contribuyó, económicamente a la Indepen-  
dencia y estuvo, en todo momento, lista a brindar su apoyo a las cau-  
sas nobles, como las del Quiteño Libre. Con justa razón, se le ubica  
como dama emblemática de la mujer quiteña, por eso altas persona-  
lidades del intelecto se refieren a la Marquesa como distinguida ma-  
trona, como lo reconoció la Convención Nacional de Cuenca, en  
sesión de 27 de diciembre de 1845.  
Ahora, cedo la palabra a personajes reputados y vinculados  
directamente a la Historia, algunos le conocieron en persona, entre  
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406  
Vida académica  
ellos, Simón Bolívar –de lo cual hay varios testimonios escritos- se  
dirigía a ella como “dignísima matrona” que lo fue; el ex presidente  
de la República, Vicente Rocafuerte se dirigía a ella en estos términos:  
26  
Señora de todo mi afecto, amistad y respeto”. ; su esposa, Dña. Balta-  
zara Calderón de Rocafuerte, en misiva suscrita el 18 de marzo de  
846, agradeció a la Marquesa la hospitalidad recibida y envió afec-  
1
tuosos saludos al Gral. Isidoro Barriga, “antiguo y amabilísimo amigo”;  
Otro expresidente de la República y que liberó a los esclavos  
en el Ecuador, José María Urbina se dirigió a ella como: “distinguida  
27  
matrona”. Juan León Mera decía de ella:  
He dicho que Quito secundó la Revolución de Marzo (1835), mas esto  
no justifica que haya faltado desde antes alguna manifestación hostil  
al Gobierno. Entre las varias que se presentaron era notable una com-  
pañía volante compuesta de los sirvientes y allegados a la Marquesa  
de Solanda, viuda de Sucre, y a la sazón esposa del General Isidoro Ba-  
rriga (…) La Marquesa de Solanda fue señora muy considerada en  
Quito, por su posición social como por la bondad de su carácter y su  
generosidad y franqueza.28  
El arzobispo de Quito y fundador de nuestra Academia,  
González Suárez, se expresó así: “Dignísima Marquesa de Solanda, gran  
altura y nobleza”.29 Juan Montalvo la llamaba: “Mujer digna”. Vicente  
Lecuna, uno de los principales estudiosos de la gesta bolivariana,  
nada menos que sobrino del vencedor de Pichincha y de cuantas  
otras batallas más, aseveró que “la Marquesa de Solanda fue sin mácula,  
a la vez que condenó la leyenda negra de infidelidad (para Sucre) de la ilus-  
30  
31  
tre dama”.  
26 Carta, Guayaquil 18 de marzo de 1846. Cfr: Vicente Rocafuerte en: Franklin Barriga López,  
El General Isidoro Barriga…op. cit., p.85  
2
2
7 Franklin Barriga López, El General Isidoro Barriga en la Historia… op. cit, p. 134.  
8 Artículo “Una mirada atrás”, reproducido en parte por Franklin Barriga López, en El General  
Isidoro Barriga en la Historia de Ecuador, Colombia, Venezuela, Perú y Bolivia, Ediciones Amauta,  
México, Caracas, Quito y Buenos Aires, p. 39.  
2
9 “Discurso pronunciado por Federico González Suárez el 4 de junio de 1900 en la Catedral de  
Quito, con motivo de la traslación de los restos del general Sucre”, en Barriga López, Frank-  
lin, González Suárez: la Patria y la Academia, Academia Nacional de Historia, Colección Aca-  
démicos de la Historia, Quito, PPL Impresores, 2017, p. 430.  
3
3
0 Juan Montalvo, Siete Tratados, Tomo I, edición Beanzon, 1882, p. 2007.  
1 Vicente Lecuna, Boletín de la Academia Nacional de Historia de Venezuela, N. 37, Caracas, marzo  
de 1927, pp. 98 y 99.  
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Vida académica  
Santiago Key y Ayala, vicedirector de la Academia Venezo-  
lana de la Historia, conceptuó a Mariana Carcelén como “gran  
dama”.3  
2
Además, José Rafael Bustamante catalogó a esta inmortal  
dama como “digno ejemplo de la mujer de Quito, dulce y buena mujer ab-  
33  
negada y romántica”. Jorge Villalba, que llegó a la alta dignidad de  
Subdirector de la Academia Nacional de Historia, jesuita que se con-  
sagró a defender a Juan José Flores como lo hizo la orden religiosa a  
la que perteneció este historiador que, además fue celoso guardián  
de los documentos que conserva precisamente el Archivo Flores de  
la Pontificia Universidad Católica del Ecuador decía de la marquesa  
de Solanda: “Dña. Mariana Carcelén y Larrea, de conducta ejemplar, fue  
siempre fiel a la memoria de Sucre, se destacó por su consagración a los  
34  
pobres, viudas y huérfanos”. A lo cual añado: supo, igualmente, man-  
tener su prosapia de dignidad, aureolada de inmenso e indiscutido  
amor, para el General Barriga;  
Enrique Ayala Mora, Miembro de Número de nuestra Aca-  
demia y ex Rector de la Universidad Andina Simón Bolívar, se ma-  
nifestó de esta manera: “La Marquesa conservó un gran prestigio y  
35  
respetabilidad, luego de su doble viudez”. El también Miembro de Nú-  
mero de nuestra entidad, Alfonso Anda Aguirre, escribió: “Digna del  
recuerdo y la gratitud de los ecuatorianos y de las Repúblicas Bolivarianas  
36  
es Doña Mariana Carcelén y Larrea, Marquesa de Solanda”.  
En este orden se puede ir transcribiendo otras numerosas y  
respetables versiones que avalan las cualidades de Dña. Mariana  
Carcelén que, además de lo expuesto, sobresalió por su valentía. Su-  
ficiente acordarnos de la fulminante carta que, a raíz de la muerte  
del Mariscal Sucre, dirigió a José María Obando, a quien, entre otros  
merecidos calificativos, le endilgó: “Pestífero influjo de tu presencia cri-  
minal, hombre execrable, saña criminal, heredero de infamias y delitos”.3  
7
3
3
3
2 Santiago Key y Ayala, El Heraldo, Caracas, 12 de octubre de 1926.  
3 José Rafael Bustamante, Quito, relicario de arte de Sucre, Imprenta Municipal de Quito, 1945.  
4 Ernesto Albán Gómez, Hernán Crespo Toral, Jorge Salvador Lara, Jorge Villalba, La década  
grancolombiana, Historia del Ecuador, Tomo V, Salvat, Navarra, España, 1980, p. 141.  
5 Enrique Ayala Mora, El asesinato del Mariscal Sucre, en Sucre, soldado y estadista, Editorial  
Planeta, Universidad Andina Simón Bolívar, Subsede Ecuador, Planeta Colombiana, Editorial  
Quito, 1996, pp. 269 y 283.  
3
36 Alfonso Anda Aguirre, Los Marqueses de Solanda, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1974,  
p. 11.  
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Vida académica  
Al relacionar el título que le dio Bolívar a Dña. Mariana Car-  
celén de Gran Mariscala, por su primer esposo, Antonio José de  
Sucre, se puede también y justicieramente llamarla Benemérita Ge-  
nerala y Ciudadana de Honor, debido a los reconocimientos que  
Ecuador hizo a su segundo consorte, Isidoro Barriga.  
Mariana Carcelén y Larrea nunca hizo gala de su abolengo.  
No necesitaba hacerlo. Su personalidad estaba ajena a la ostentación,  
a pesar de su encumbrada posición y antecedentes familiares. Algo  
nada común en la época. Se le conoce como la Marquesa de Solanda,  
porque lo fue y la posteridad así lo reconoció, respetó y no olvidó  
ese título y así le valora la Historia, como reconocimiento a la alcur-  
nia y dignidad que la caracterizó en su convivir público y privado.  
Sobre todo los humildes guardaron los mejores recuerdos de esta  
dama de grandes virtudes, a los que protegió sin ostentaciones, con  
mano generosa y sincera.  
Históricamente se denomina El Corazón de Solanda al vol-  
cán localizado al sur de Quito, aproximadamente a 30 kilómetros y  
que tiene forma de corazón: ello se debe a que a los pies de esta mon-  
taña pintoresca, que sobresale en la cordillera occidental de los  
38  
Andes, se ubica la hacienda Chisinche, que abarcaba esas circuns-  
cripciones territoriales que conforman la actual parroquia El Chaupi,  
perteneciente al cantón Mejía y cuya dueña fue la Marquesa, entre  
otros de sus cuantiosos bienes, declarados, algunos patrimonios cul-  
turales, por su valor histórico y magnificencia, como: el palacio de  
El Deán, en el Valle de los Chillos (Conocoto); la heredad La Delicia  
(
Cotocollao); la hacienda Carcelén al norte de Quito, por ello, lleva  
este nombre el extenso sector capitalino; casas y alfalfares en Chillo-  
gallo; hacienda y obraje en Turubamba; en Latacunga, la hacienda  
La Calera, con molinos y potreros; el hoy museo Mansión Carcelén,  
mal llamada Casa Azul o de Sucre, ya que fue de pertenencia del  
Marquesado de Solanda, en la calle capitalina últimamente denomi-  
3
7 Ricardo Márquez Tapia, “Trágica odisea de los restos del Mariscal Antonio José de Sucre”,  
Boletín de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, N. 104, volumen XLIII, julio a diciembre  
de 1964, p. 190.  
3
8 La historia de Chisinche, hacienda ubicada en las cercanías de Machachi, se inicia en los tiem-  
pos de la conquista española (…). En: Fabián Corral Burbano de Lara, Vivian Bibliowicz,  
Cristóbal Corral, La Hacienda, Dinediciones, 1996, p.117  
BOLETÍN ANH Nº 206-B  
409  
Vida académica  
nada Venezuela y que se la conocía como de Solanda, por cuanto fue  
propiedad del Marquesado en referencia, dicho inmueble, uno de  
los más importantes del centro histórico quiteño, arquitectónica y  
39  
socialmente hablando, en lo que respecta al siglo XVIII y XIX.  
El historiador y tradicionalista Rafael María de Guzmán re-  
40  
firió un acontecimiento en que se comprueba el gran amor y con-  
sentimiento que tuvo la Marquesa para el General Barriga: en vista  
de que varios apoderados no podían vender la hacienda “Las Gua-  
cas”, que Mariana Carcelén tenía en el Perú, por lo que solicitó a su  
esposo que se traslade a ese país y se apersone en esa venta. Así lo  
hizo y la transacción se efectuó apenas llegado el General a la capital  
del vecino país, en donde recibió, debido a su rango y prestigio, fre-  
cuentes muestras de admiración y respeto por parte de la sociedad  
limeña. Isidoro retribuyó estas manifestaciones de aprecio mediante  
justificadas recepciones, hasta que se dio cuenta que ya no tenía di-  
nero de la mencionada venta. Entonces, retornó a su hogar:  
Ella, acompañada de varios parientes y amigos, fue a aguardarlo a la  
hacienda de Chisinche. El día de la llegada del general, doña Mariana,  
seguida de numerosa cabalgata, avanzó dos leguas a encontrar a su  
marido. Desde el camino nacional, actual carretero del sur, de donde  
se desprende el camino que conduce a la casa de hacienda, habían sido  
construidos arcos de musgo, de ramas verdes lozanas y también arcos  
de flores campestres. La banda de Machachi lanzaba los mejores aires  
de su reportorio; los cohetes eran encendidos y elevados sin intermi-  
sión y repicaban las campanas del adoratorio de la hacienda. La po-  
blación de Machachi había desbordado a Chisinche y doña Mariana,  
en el colmo de la alegría por el retorno de su esposo, había ordenado  
degollar algunas reses; eran destapados barriles de aguardiente y los  
trojes proveían de cuanto en ellos había para agasajar al pueblo que  
acudió a presenciar la llegada del general y también para gozar de la  
41  
corrida de los bravos toros de los páramos de la hacienda.  
3
4
9 Versión que consta en Internet  
0 Rafael María de Guzmán, Anécdotas de la época bolivariana, Sociedad Amigos de la Genealogía,  
998, p.104  
1
Rafael María de Guzmán relató este acontecimiento un tanto tendenciosamente. Utilizo  
buena parte de su mismo texto, añadiendo lo que es verdad y lo que no solamente la tradi-  
ción familiar narró por generaciones.  
1 Ibíd.  
4
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En un momento del festejo, el Gral. Barriga le invitó a la Mar-  
quesa al dormitorio de ellos y, en medio de la ternura que les unía,  
él dijo que se encontraba abochornado por la recepción con que le  
había recibido, debido al gasto que había hecho de esos fondos que  
eran de ella y que iba a retribuirlos. La dama, dando un beso al ven-  
turoso y amado general, le respondió: “No te preocupes de nada, lo gas-  
tado es solamente plata, tú vales oro”.42  
Por todo lo anotado y mucho, muchísimo más que puede ex-  
ponerse, cuando falleció Dña. Mariana Carcelén hubo inmensa pe-  
sadumbre no solo en la capital de nuestra República, como lo  
publicó, el 1 de enero de 1862, el Dr. José Antonio Losada, escritor  
brillante, alto funcionario gubernamental, contemporáneo de la Mar-  
quesa, por tanto conocedor pleno y objetivo de lo que aseveró:  
A la tumba de mi compatriota  
Arde una luz funeral  
cual si la densa tiniebla  
luchase por disipar.  
¡
Acaba de perder la patria una de sus mujeres ilustres! Al terminar el  
año 1861, acabó también la vida de la que no debía morir. ¡Murió en  
diciembre la excelente Señora Mariana Carcelén. Esta matrona, hija es-  
cogida del Cielo para ser benéfica con los pobres! De su belleza dijo el  
Libertador de Colombia que en sus viajes no había visto una criatura  
más interesante, porque era linda como una circasiana y amable como  
un ángel!...La viuda de dos generales muy notables en la Historia de  
la Independencia, trabajaba siempre porque el pueblo se aliviara rom-  
piendo las cadenas opresoras…Jamás hizo vanidad de su fortuna; fue  
desdeñosa de las superficialidades y carcomidos títulos: apreció lo que  
era sólido y digno de aprecio…la virtud!.4  
3
Nuestra Academia inauguró, hace poco, el Salón del Libro,  
en el Palacete de la Alhambra, donde tiene su sede. En este lugar  
donde se exhiben frutos de la inteligencia y el civismo, vienen colo-  
4
2 Franklin Barriga López, Páginas de la Independencia, Biblioteca de la Independencia, Tomo I,  
Academia Nacional de Historia-Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito,2020, p. 342.  
3 Cfr. José Antonio Losada, en: Franklin Barriga López, Cit. N. 9 El General Isidoro…op. cit., p.  
4
348 y 349.  
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Vida académica  
cándose, con la solemnidad pertinente, retratos de personajes cardi-  
nales para nuestro país, pintados por el Dr. César Alarcón Costta que  
ha unido a sus magníficas capacidades de periodista de opinión, his-  
toriador y orador de primera, las de artista del pincel. En esta vez,  
develamos el retrato de la notable protagonista de la Historia Dña.  
Mariana Carcelén, efectuado por el Dr. Alarcón Costta, digno subdi-  
rector de nuestra centenaria y pluralista entidad, a quien agradece-  
mos y felicitamos por este nuevo, patriótico, significativo aporte.  
44  
Esta obra es una réplica de aquella que hizo N. Yépez.  
La imagen de Dña. Mariana Carcelén y Larrea (1805-1861),  
desde este momento, exactamente el día en que se cumplen los 160  
años del fallecimiento de la ilustre dama, engalana la sala de lectura  
de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, como una demos-  
tración permanente del loor que merece la mujer quiteña, una de  
cuyas más respetables e históricas representantes, ella es el personaje  
al que la Academia ha dedicado este trascendental acto.  
Exteriorizo el debido agradecimiento, institucional y perso-  
nal, a las tres distinguidas damas que han concurrido a nuestra invi-  
tación y presidido esta ceremonia: la Dra. Rosalía Arteaga,  
expresidenta constitucional del Ecuador; Magíster Luz Elena Coloma,  
concejala y presidenta de la Comisión de Áreas Históricas y Patrimo-  
nio del I. Concejo Metropolitano de Quito; Dra. América Ibarra Parra,  
Presidenta de la Sociedad Bolivariana del Ecuador y Miembro desta-  
cada de esta entidad, a quienes convido, junto a los selectos asistentes,  
a trasladarnos al adjunto Salón del Libro para proceder al devela-  
miento del retrato de la Marquesa de Solanda.  
Salón Máximo de la Casa Alhambra  
Quito, 15 de diciembre de 2021  
44 El original se exhibe en la denominada Casa de Sucre o Azul, Centro Histórico de Quito.  
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Vida académica  
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La Academia Nacional de Historia es  
una institución intelectual y científica,  
destinada a la investigación de Historia  
en las diversas ramas del conocimiento  
humano, por ello está al servicio de los  
mejores  
intereses  
nacionales  
e
internacionales en el área de las  
Ciencias Sociales. Esta institución es  
ajena a banderías políticas, filiaciones  
religiosas,  
intereses  
locales  
o
aspiraciones individuales. La Academia  
Nacional de Historia busca responder a  
ese  
carácter  
científico,  
laico  
y
democrático, por ello, busca una  
creciente profesionalización de la  
entidad, eligiendo como sus miembros  
a
historiadores  
profesionales,  
quienes  
entendiéndose por tales  
a
acrediten estudios de historia y ciencias  
humanas y sociales o que, poseyendo  
otra formación profesional, laboren en  
investigación  
histórica  
y
hayan  
realizado aportes al mejor conocimiento  
de nuestro pasado.  
Forma sugerida de citar este artículo: Barriga López, Franklin,  
“Conferencia magistral sustentada por el Dr. Franklin Barriga  
López, Director de la Academia Nacional de Historia, con motivo  
del develamiento del retrato de la Marquesa de Solanda", Boletín  
de la Academia Nacional de Historia, vol. XCIX, Nº. 206-B, julio -  
diciembre 2021, Academia Nacional de Historia, Quito, 2021,  
pp.391-415