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BOLETÍN de la A.N.H.  
Vol C  
Nº 207  
Enero–junio 2022  
©
ꢀ Academia Nacional de Historia del Ecuador  
ISSN Nº 1390-079X  
eISSN Nº 2773-7381  
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El Chimborazo, óleo sobre tela  
Rafael Salas, siglo XIX  
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julio 2022  
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BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
Vol. C – Nº. 207  
Enero–junio 2022  
ROMANTICISMO Y PINTURA DE PAISAJE EN EL ECUADOR  
1
DECIMONÓNICO: EL CASO DE RAFAEL SALAS (1826-1906)  
Xavier Puig Peñalosa2  
Resumen  
El pintor Rafael Salas Estrada (1826-1906) será el iniciador  
de la pintura de paisaje en Ecuador, entendida esta desde los postu-  
lados de la estética romántica, a raíz del magisterio ejercido durante  
las dos estadías en el país del francés Ernest Charton (1849 y 1862)  
como, igualmente, las del norteamericano Frederic Erwin Church  
(
1853 y 1857). Ello supondrá un progresivo cambio de paradigma en  
las canónicas concepciones, formales y de contenido, que sobre la  
pintura y hasta ese momento imperaban en Ecuador. Así, la precep-  
tiva formalización clasicista con su correlato representacional basado  
en, principalmente, la pintura religiosa y de retratos, resultarán pro-  
gresiva y en parte considerable desplazadas –sobre todo la primera–  
por el nuevo género de la pintura de paisaje.  
Palabras clave: Rafael Salas Estrada, Ecuador siglo XIX, pintura de  
paisaje, romanticismo, estética.  
Abstract  
The painter Rafael Salas Estrada (1826-1906) will be the ini-  
tiator of landscape painting in Ecuador, understood from the postu-  
lates of romantic aesthetics, as a result of the teaching exercised  
during the two stays in the country of the frenchman Ernest Charton  
(
1849 and 1862) as well as those of the North American Frederic  
1
2
Recibido: 25/03/2022 //Aprobado: 11/05/2022  
Doctor en Filosofía y CC.EE. y, Profesor Titular en Estética y Teoría de las Artes, Universidad  
del País Vasco/EHU (España). Investigador independiente. Miembro Correspondiente Ex-  
tranjero de la Academia de Historia del Ecuador. xavier.puig@ehu.eus  
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Xavier Puig Peñalosa  
Erwin Church (1853 and 1857). This will suppose a progressive  
change of paradigm in the canonical conceptions, formal and of con-  
tent, that on painting and until that moment prevailed in Ecuador.  
Thus, the mandatory classicist formalization with its representatio-  
nal correlate based on, mainly, religious painting and portraits, they  
will be progressively and to a considerable extent displaced –espe-  
cially the first one– by the new genre of landscape painting.  
Keywords: Rafael Salas Estrada, Ecuador 19th century, landscape  
painting, romanticism, aesthetics.  
Introducción: Romanticismo y pintura de paisaje  
Miembro de una familia de pintores (su padre y uno de sus  
hermanos lo eran), Rafael Salas Estrada (1826-1906) fue el primer ar-  
tista ecuatoriano en representar a la naturaleza como “paisaje”, es  
3
decir, acorde a los postulados de la estética romántica. Sucintamente  
y a los efectos del presente trabajo, en dicha estética resulta articular  
el concepto de “lo orgánico” pues, conformará el nuevo paradigma  
de conocimiento sobre lo existente dado que, esta novedosa acepción  
es entendida como la (inter)conexión dinámica y secreta —indesci-  
frable desde la mera razón— entre las partes y el todo. Por ello,  
desde el individuo versus la colectividad, el ser humano versus lo Ab-  
4
soluto/Infinito o Dios (en la acepción protestante—pietista), los ele-  
mentos singulares versus la Naturaleza, los pueblos versus sus  
particulares historias, etc., se constituyen en un haz de continuas,  
mutuas y recíprocas influencias, en donde todo está en conexión con  
todo, conformando así una unidad superior que es, propiamente, el  
3
Sobre los fundamentos estéticos de la representación de la naturaleza según los propios filó-  
sofos románticos, AA.VV., La religión de la pintura. Escritos de filosofía romántica del arte, Edición  
de Paolo D’Angelo y Félix Duque, Akal, Madrid, 1999 y, Javier Arnaldo, Estilo y naturaleza. La  
obra de arte en el romanticismo alemán, Visor, Madrid, 1990.  
4
Movimiento religioso protestante iniciado en Alemania en el siglo XVII, principalmente por  
Philipp Jakob Spener, como reacción evangélica contra el intelectualismo y el formalismo do-  
minantes en las Iglesias luterana y calvinista. En: Real Academia Española. Ver en:  
https://dle.rae.es/pietismo (24-03-2022)  
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Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
Todo”, lo Universal. Y es que para el romántico, el anhelo por lo  
Absoluto o Infinito, viene justificado por ser el “lugar” donde se re-  
suelven todas las contradicciones o dualidades que el tiempo –hu-  
mano- genera (por ejemplo, igualmente cada momento remite a la  
Totalidad, al Infinito); es en última instancia, la plenitud extática e  
inefable –lo sublime– que la vivencia de la fusión con el Todo im-  
plica.  
En este punto, señalar que la recepción en Ecuador del ro-  
manticismo, será relativamente tardía en relación a su difusión eu-  
ropea o norteamericana y, siendo aquellos aspectos pertenecientes a  
5
la creación literaria, los de mayor incidencia en el país. Igualmente,  
merece especial mención por su repercusión en la “construcción na-  
cional” que las élites ecuatorianas procuraban, la acepción del con-  
6
cepto de Volksgeist herderiano. Es decir y frente al ilustrado y  
holístico concepto universalista de Historia, será la creencia en el de-  
nominado “espíritu de los pueblos” o, mejor, “espíritu nacional”, el  
auténtico forjador de las respectivas historias de aquellos. Así, dicho  
espíritu” viene constituido por las intrínsecas y peculiares caracte-  
rísticas –ontológicas diríamos– de cada pueblo, fundamentadas en  
sus propias y singulares determinaciones históricas (climatología,  
lenguajes, usos y costumbres, razas, etc.) y que, a partir de un re-  
moto –y supuesto– pasado originario, halla su vinculación con un  
presente, relacionando y actualizando así un tiempo inmemorial me-  
diante esa mítica diacronía “espiritual”.  
En consecuencia, esta creencia en una fundamentación vin-  
culativa, diacrónica a la par que sincrónica, implicaba otorgar legiti-  
midad y, por tanto, sentido a la articulación constitutiva del estado-  
nación ecuatoriano por parte de las élites, siguiendo el modelo de  
las europeas. De este modo, la consiguiente –por necesaria– “identi-  
7
dad nacional” como nuevo imaginario para una joven nación, era  
5
Xavier Puig Peñalosa, “Una introducción a la recepción y adaptación de la estética romántica  
en el Ecuador decimonónico: la influencia de Herder y la estética romántica de lo sublime en  
la literatura y la pintura de paisaje”, Estudios de Filosofía, 52, Antioquia, 2015, pp.161-180.  
Johann Gottfried von Herder, [1784-1791] Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad,  
Editorial Losada, Buenos Aires, 1959.  
Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del naciona-  
lismo, Fondo de Cultura Económica (FCE), México D.F., 1993.  
6
7
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15  
Xavier Puig Peñalosa  
impuesta por una minoría blanco-mestiza al conjunto de la pobla-  
ción, mayoritariamente de etnias indígenas diversas y, generando,  
en consecuencia, las tensiones y/o conflictos derivados de esa hibri-  
dación social. Y a ello, resulta fundamental añadir que, interrelacio-  
nada con esa concepción “imaginada”, se articula la eurocéntrica y  
8
teleológica “idea de progreso” como horizonte de modernidad y  
promesa de futuro, contenido igualmente insoslayable del discurso  
9
legitimador sobre el proyecto nacional de las citadas élites.  
Por lo antedicho, el concepto de “lo orgánico” no solo viene  
referido a los aspectos físicos (elementos naturales o natura naturata  
en la terminología romántica), sino igualmente a aquellos referidos a  
los histórico-políticos al establecerse esa “organicidad” como nexo  
entre un pasado y un presente en su constitución societaria y/o del  
hecho nacional”; es decir, abarcando e interrelacionando en un con-  
dicionamiento mutuo lo natural y lo cultural, lo biológico y lo hu-  
mano.  
En el ámbito pictórico y para el artista romántico, la repre-  
sentación de la naturaleza será el leitmotiv principal, cuando no,  
único, en su labor creativa, ya que deviene en el vehículo privile-  
giado de acceso al alma del mundo y, por tanto, dotador de sentido a  
la experiencia humana Para ello, reivindicando el uso de su radical  
libertad y dotándose de sus propias reglas constructivas merced a  
10  
su genio productivo, el pintor proyectará en sus obras, la propia ex-  
8
Dicha idea establecía una escala comparativa y, por tanto, jerárquica tanto a nivel individual  
mayor o menor desarrollo racional del sujeto- como entre las propias naciones, culturas o  
pueblos, en función del mayor o menor grado de desarrollo de las ciencias, técnicas, industrias,  
comercio, artes, jurisprudencia, etc. en cada una de aquellas. Al tiempo, esta idea servía de  
coartada al colonialismo europeo en –principalmente- Asia y África, al justificar a este como  
una aportación al desarrollo de esos países salvajes y atrasados, situándolos así en la civiliza-  
ción y, por tanto, en la Historia. Véase de John B.Bury, La idea de progreso, Alianza, Madrid,  
1
986; Robert Nisbet, Historia de la idea de progreso, Gedisa, Barcelona, 1981; Antonio Campillo,  
Adiós al progreso. Una meditación sobre la historia, Anagrama, Barcelona, 1985.  
9
Paradigma de esta concepción y de su puesta en práctica, serán los dos períodos de gobierno  
del presidente Gabriel García Moreno (1861-1865 y 1869-1875). Véase de Peter V.N. Henderson,  
Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conservador en los Andes, Corporación para el  
Desarrollo de la Educación Universitaria (CODEU), Quito, 2010; Hernán Rodríguez Castelo,  
García Moreno, Paradiso editores, Quito, 2015; Enrique Ayala Mora, García Moreno. Su proyecto  
político y su muerte, Universidad Andina Simón Bolívar/Paradiso editores, Quito, 2016.  
0 Por genio productivo debe entenderse el parangón que el Romanticismo establece con la Na-  
turaleza, a saber, igual que ésta —como principio, natura naturans— es un continuo producir,  
1
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16  
Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
periencia estética que vivencia en la contemplación del mundo na-  
tural en su acepción ahora como Naturaleza y, siendo el principio  
genético de esta la denominada natura naturans. O, dicho de otro  
modo, expresará mediante esa representación, la aprehensión –sen-  
timiento- que la subjetividad de su sensibilidad le procura.  
Sube a la cumbre de la montaña, mira las largas hileras de las colinas,  
contempla el discurrir de los ríos y toda la magnificencia que se abre a  
tu mirada, ¿y qué sentimiento se apodera de ti? Es un tranquilo reco-  
gimiento, te pierdes a ti mismo en espacios ilimitados y todo tu ser se  
aclara y se purifica apaciblemente, tu yo se esfuma, tú no eres nada,  
Dios es todo.11  
A este tenor, la representación de la naturaleza en la pintura,  
ya no será un mero “telón de fondo” o escenario para describir o re-  
latar el accionar humano –narratividad- en función de los diversos  
géneros ya establecidos (histórico, mitológico, religioso, etc.), sino  
que devendrá merced a la plasmación de esa emocionada percepción  
del artista, en la protagonista única –formal y simbólicamente- de la  
obra, es decir, ahora plenamente como “paisaje”.  
Con la finalidad de poder representar esa concepción holís-  
tica de la naturaleza y el consiguiente sentimiento que su encuentro  
1
2
procura, el artista recurre al descriptivismo científico, singular y  
realista de cada elemento natural –botánico, orográfico, geológico,  
atmosférico, etc., lo nominado como natura naturata–, aunado nor-  
malmente con una visión panorámica a partir de un punto de vista  
elevado y frontal, tamizando todo el paisaje con un cuidado trata-  
el artista y merced a la fantasía de su genio creador (no la imaginación de raíz ilustrada que  
es mera representación de lo real), produce una obra que, para ser bella debe conciliar lo  
universal con lo particular o, lo que es lo mismo, lo infinito (Absoluto) con lo finito (singular):  
Puesto que lo único que da belleza a la obra de arte, a su conjunto, no puede ser la forma, sino algo  
que está más allá de la forma: la esencia, lo universal, la mirada y la expresión del inmanente espíritu  
natural”, Friedrich Wilhelm Joseph Schelling, [1800] Sistema del idealismo trascendental, Tra-  
ducción, prólogo y notas de Jacinto Rivera de Rosales y Virginia López Domínguez, Anth-  
ropos, Barcelona, 1988, p. 69.  
1 Carl Gustav Carus, [1835] Cartas y anotaciones sobre la pintura de paisaje. Diez cartas sobre la pin-  
tura de paisaje con doce suplementos y una carta de Goethe a modo de introducción, Introducción  
de Javier Arnaldo, Visor, Madrid, 1992, p. 71.  
1
12 Alexander Gode—Von Aesch, El Romanticismo alemán y las ciencias naturales, Espasa—Calpe,  
Buenos Aires, 1947.  
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Xavier Puig Peñalosa  
miento lumínico mediante la peculiar luz del atardecer. De este  
modo, son los elementos formales y compositivos utilizados, los que  
crean en la obra ese efecto de integración y totalidad (orgánica) con  
la finalidad de evocar en el espectador, el sentimiento sobre el princi-  
pio creador de todo lo existente, es decir, el de la natura naturans. En  
definitiva y con el romanticismo, la estética que fundamenta y de-  
termina a la obra paisajística, en realidad se transmuta e inviste de  
un carácter quasi sagrado pues, aquella, es revelación de un conoci-  
13  
miento supremo, suprasensible y, por tanto, verdad.  
Sobre Rafael Salas y su contexto cultural  
En el contexto de la cultura decimonónica del Ecuador de  
mediados del siglo XIX, resulta significativo a los efectos de esta in-  
vestigación por representar el clamor de cambio que las élites cultu-  
rales del país demandaban, la sesión pública de premiación acaecida  
el 6 de marzo de 1852 y presidida por Antonio Salas –padre de Ra-  
fael-, del concurso de pintura organizado por la Escuela Democrática  
de Miguel de Santiago, fundada el 31 de enero de ese mismo año por  
el músico, poeta y pintor Juan Agustín Guerrero y única institución  
14  
en la época dedicada a la enseñanza de la pintura, aunque muy in-  
fluyente entre dichas élites. También participaron en aquella sesión,  
las reputadas Sociedad de Ilustración (ídem para la literatura y la his-  
1
3 De hecho, belleza y verdad conforman una unidad y en la que, es la primera la que constituye  
a la segunda; por eso es —ante todo— una estética (como sentido de la experiencia). “Y, jus-  
tamente porque el arte verdadero quiere ser algo real y objetivo, no puede darse por satisfe-  
cho con la mera apariencia de verdad; erige su edificio ideal sobre la verdad misma, sobre  
el fundamento firme y profundo de la naturaleza”, Friedrich Schiller, [1803] “Sobre el uso  
del coro en la tragedia” en Escritos sobre estética, Edición y estudio preliminar de Juan Manuel  
Navarro Cordón, Madrid, Tecnos, Madrid, 1991 p. 240. También Schelling en su [1800] Sis-  
tema del idealismo trascendental, op. cit., había insistido repetidamente en el carácter sagrado  
del arte pues, su finalidad es la de (re)presentar “lo infinito” (Absoluto) con un medio “fi-  
nito” y, esa será precisamente su definición de belleza romántica; véase asimismo sobre esta  
cuestión, AA.VV., Belleza y verdad (Sobre la estética entre la Ilustración y el Romanticismo), textos  
de A. G. Baumgarten, M. Mendelssohn, J. J. Winckelmann y J. G. Hamann, Introducción de  
Mateu Cabot, Alba, Barcelona, 1999.  
1
4 Sobre la creación plástica de Juan Agustín Guerrero, véase Wilson Hallo, Imágenes del Ecuador  
del siglo XIX. Juan Agustín Guerrero 1818-1880, Texto e investigación, Colección Fundación  
Hallo, Ediciones del Sol y Madrid: Espasa-Calpe SA., Quito, 1981 y, sobre música, Juan Agus-  
tín Guerrero, La música ecuatoriana desde su origen hasta 1875, Imprenta Nacional, Quito, 1876.  
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Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
toria) y la Sociedad Filarmónica de Santa Cecilia (para la música). La  
fecha elegida conmemoraba el alzamiento del 6 de marzo de 1845  
15  
iniciado en Guayaquil –la denominada Revolución Marcista– con-  
tra la autocracia, ineficacia y corrupción del gobierno del general  
Juan José Flores, representante de los intereses de la oligarquía aris-  
tocrático-terrateniente del momento.  
Los numerosos discursos que se pronunciaron en dicha se-  
sión, tuvieron un carácter marcadamente político, dado el aniversa-  
rio que se conmemoraba -además del propio carácter eminentemente  
político de esas sociedades-, destacando especialmente las unánimes  
apelaciones de cuño inequívocamente ilustrado (“libertad, igualdad  
y fraternidad”, derechos del hombre, naciones civilizadas y de pro-  
greso, etc.) y patriótico (independencia, democracia, libertad y pro-  
16  
greso del Ecuador, etc.).  
No obstante, en dos de aquellas oratorias y tras las citadas  
apelaciones, se abordaron cuestiones referidas al ámbito de lo artís-  
tico y, siendo su común denominador el referido a la perentoria ne-  
cesidad de una nueva orientación conceptual y formal en la pintura  
del país. Así y en la primera, se afirmaba tanto la importancia del  
(
nuevo) género paisajístico basado en la observación de la naturaleza  
como, e igualmente, en la implicación de la propia creatividad del  
artista:  
1
5 Enrique Ayala Mora, “La Revolución Marcista”, Nueva Historia del Ecuador. Época Republicana  
I, Volumen 7, editado por Enrique Ayala Mora, Corporación Editora Nacional/ Editorial Gri-  
jalbo Ecuatoriana Ltda., Quito, 1990, pp. 178-183.  
1
6 “Las Sociedades Democráticas quieren, pues, ser los telégrafos propagativos de la ilustración  
en el Ecuador; y para conseguirlo, estudian y se afanan por adquirir luces (…) Estudian, ade-  
más, para conocer los derechos del hombre, é informarse de sus deberes: reconocen la liber-  
tad del pueblo (…) Libertad, sometida a la lei; Igualdad ante esta, y Fraternidad entre los  
defensores de la Democracia, son pues los principios sobre que se sostienen las relaciones  
que entre ellas existen”, en Discursos pronunciados en la sesión pública de exhibición por los miem-  
bros de las Sociedades Democráticas de Ilustracion, de Miguel de Santiago y Filarmónica, en el setimo  
aniversario del 6 de marzo de 1845, Imprenta de F. Bermeo, Quito, 1852, p. 24. Posteriormente  
a las citadas sociedades, se fundaría la Sociedad Hipocrática (Medicina) en 1853. Sobre las  
Sociedades Democráticas véase de Galaxis Borja González, “Sois libres, sois iguales, sois her-  
manos”. Sociedades democráticas en Quito de mediados del siglo XIX”, Jahrbuch für Geschi-  
chte Lateinamerikas - Anuario de Historia de América Latina, 53 (2016), pp. 185-210 (especialmente  
185-204) y, del mismo autor “Artistas, artesanos, liberalismo y sociabilidades republicanas  
en Ecuador, 1845-1859”, Procesos. Revista ecuatoriana de historia, n° 48 (julio-diciembre 2018),  
pp. 17-48 (especialmente 17-26).  
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Xavier Puig Peñalosa  
Imitad los buenos modelos, pero esperad mucho de la inspiración,  
cread – Lo conseguiréis, robando al cielo esa luz májica, que es el alma  
de la pintura. Decidle al estranjero que nuestro país es hermoso, en-  
viadle copiadas nuestra florestas, nuestros ríos que pasan por un lecho  
de rica vejetacion, nuestras vistas variadas (…) Dirijios por otro ca-  
mino menos trillado, dejad de ser copistas, estudiad la naturaleza y  
no os entretengáis solo en reproducciones que carecen de originalidad  
17  
Que el campo razo y la historia sean vuestro estudio de noche y día.  
Y en los mismos términos pero más contundente, fue la in-  
18  
tervención del penúltimo orador Juan Francisco Gómez de la Torre  
en sus planteamientos sobre la demanda de una efectiva renovación  
para la pintura en el Ecuador:  
(
…) hasta ahora la pintura [en Ecuador] se ha contraido solo á repre-  
sentar imájenes melancólicas y meditabundas—El pincel ha tenido por  
único elemento el aspecto sombrío del claustro; y jamas ha propendido  
entregarse en brazos de la naturaleza, para ser fecundo como ella en  
presentar imájenes grandiosas, ni ménos seguir impulsos de los fan-  
tásticos caprichos de la imajinacion. Pudiéndose decir de nuestra pin-  
tura, lo que un viajero decia respecto de la española: “Que todas las  
paredes estaban adornadas con magníficas pinturas; pero que todas in-  
citaban á la piedad y el cilicio.  
Aun hai mas; la pintura entre nosotros se ha mantenido campeando en  
el teatro servil de la imitacion. Pero ahora, ella se lanza en pos de la in-  
vencion y de la originalidad, para tomar un carácter nacional.  
(…) La literatura, la música y la pintura representadas por las Socie-  
dades de Ilustración, Filarmónica y la Escuela Democrática empiezan  
á conquistar su independencia y nacionalidad, para no mendigar la  
ciencia y la inspiracion en las naciones que llevan la vanguardia de la  
civilización.19  
1
1
7 Discursos pronunciados en la sesión pública…, op. cit., p. 18. Resulta cuanto menos curiosa la  
apelación a la (nueva) pintura de paisaje por parte de un orador, Pablo Bustamante, perte-  
neciente a la Sociedad Filarmónica de Santa Cecilia.  
8 Juan Francisco Gómez de la Torre sería al año siguiente el Presidente de la Sociedad de Ilus-  
tración; véase Discursos pronunciados por los miembros de la Sociedad de Ilustracion, de la Escuela  
Democrática Miguel de Santiago y de la Sociedad Hipocrática en el día seis de marzo del presente año  
de 1853 en el local de las sesiones de la Sociedad de Ilustracion, Imprenta del Gobierno, Quito,  
1
853.  
1
9 Discursos pronunciados en la sesión pública…, op. cit., pp. 26-27.  
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20  
Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
Como puede apreciarse, el requerimiento a representar las  
imájenes grandiosas” de la naturaleza (lo sublime), distanciándose  
de una mera “imitacion” y recurriendo para ello a la “invencion” y a  
la “orijinalidad” –es decir, a la propia subjetividad del artista- con vis-  
tas a la construcción de “un carácter nacional”, además de significar  
un llamado a los postulados románticos, igualmente y en este mismo  
sentido, viene referido a la necesaria constitución de una “identidad  
nacional”, al tiempo que a la afirmación de la idea de progreso -“na-  
ciones que llevan la vanguardia de la civilizacion”-, cuestiones ambas ya  
señaladas líneas arriba.  
En este punto, resulta preciso referirse a la paradoja de que  
en las sucesivas escuelas o academias artísticas que se crearán en el  
país a lo largo del siglo XIX, todas de efímera duración, tanto las de-  
nominadas de “Artes y Oficios” como las estrictamente de “Bellas  
20  
Artes”, propiciarán la enseñanza del canon academicista europeo  
principalmente la imitación de la naturaleza y el copiado de obras  
(
maestras) como ejemplo de civilización y progreso, frente a las de-  
mandas de cambio que bajo los postulados principalmente román-  
ticos se requería a la pintura. Y a este respecto, me permito sugerir  
que las “tensiones” –o sincretismo- entre el clasicismo de cuño neo-  
clásico y el propio romanticismo, será una de las características más  
relevantes en la instauración del canon decimonónico en Ecuador.2  
1
La influencia de Ernest Charton y Edwin Church en la pintura de  
Rafael Salas: hacia un cambio de paradigma  
Retomando el planteamiento anteriormente aludido sobre  
la necesaria transformación que en la conceptualización y ejecución  
20 Trinidad Pérez Arias, “Modos de aprender y tecnologías de la creatividad: El establecimiento  
de la formación artística académica en Quito: 1849-1930”, en Academias y Arte en Quito 1849-  
1930, Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión / Museo de Arte Colonial, Quito,  
2017, pp. 17-50 (especialmente 17-35); José Gabriel Navarro, La pintura en el Ecuador del XVI  
al XIX, Dinediciones, Quito, 1991, pp. 230-238.  
2
1 Patente resulta esta “tensión” en el caso de la literatura y a propósito de Juan León Mera;  
véase Xavier Puig Peñalosa, “Algunos apuntes para una estética literaria según Juan León  
Mera: entre romanticismo y neoclasicismo”, Procesos: revista ecuatoriana de historia, n° 47  
(enero-junio 2018), pp. 33-57.  
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21  
Xavier Puig Peñalosa  
de la pintura se demandaba, aquella halla su primera influencia en  
el magisterio que el pintor y viajero francés –también ilustrador y  
22  
fotógrafo- Ernest Charton impartió en Quito en 1849. Así y además  
de lecciones teóricas (perspectiva, cromática y tratamiento lumínico  
–“paleta europea” la denominaba-, etc.), Charton enseñó el dibujo y  
la pintura “al natural”, es decir, trasladando a las calles y plazas de  
Quito y alrededores a sus alumnos para que pudieran realizar sus  
prácticas in situ.23 Ello significó un novedoso y moderno plantea-  
miento en relación a la representación pictórica que hasta ese mo-  
mento se realizaba en Ecuador, basada fundamentalmente en la  
producción “seriada” y mimética que imponían los talleres (copia a  
partir de estampas o de otras imágenes), además de la propia temá-  
tica, principalmente de género religioso.  
Y consecuencia de lo antedicho, son los diversos reclamos  
efectuados en los Discursos (1852 y 1853) de las Sociedades Demo-  
cráticas líneas arriba transcritos, en el sentido de la necesidad de do-  
tarse de una pintura que sea original, grandiosa, inventiva y basada  
en el propio paisaje nacional como símbolo de nación civilizada, mo-  
derna y de progreso.  
Igualmente cabe señalar la importancia del segundo viaje a  
Ecuador del propio Charton (1862), estableciéndose en Quito du-  
24  
rante dos años. En el transcurso de esta estancia, el artista imparte  
2
2 Véase del propio Charton sobre su primer viaje a Ecuador, “Aventures d’un peintre francais  
dans l’Amérique méridionale. Séjour a l’ile Floriana.- Guayaquil. – Quito”, antologizado,  
presentado y comentado por un narrador sin identificar en el semanario L’Illustration, Journal  
Universel, N°418, Vol. XVII, 1er. Mars 1851, París, pp. 135-138, https://babel.hathitrust.  
org/cgi/pt?id=uc1.c008845598&view=1up&seq=146&size=150 (12/08/2021) y, más porme-  
norizadamente en formato libro Vol d’un navire dans l’Océan Pacifique, en 1848, raconté par Er-  
nest Charton, l’un des passagers, Typographie de Firmin Didot frères, Paris, 1854, http://bdigi  
tal.bnp.gob.pe/bnp/recursos/2/flippingbook/xz_1000062603_031_005/files/assets/basic-  
html/page-3.html# (12/08/2021).  
23 La importancia de este magisterio de Charton en los jóvenes maestros que asistieron a esta  
academia improvisada” -en palabras del propio artista- y su consiguiente influencia en el de-  
sarrollo de la plástica ecuatoriana decimonónica, queda de manifiesto a tenor de algunos de  
los nombres de aquellos alumnos: “Fueron alumnos de éste [de Charton] en la pintura  
Ramón y Rafael Salas [hijos de Antonio Salas], Ramón Vargas, Leandro Venegas, Agustín  
Guerrero, Nicolás Miguel Manrique, Telesforo Proaño y Luis Cadena; y de dibujo Juan Pablo  
Sanz, Andrés Acosta, Camilo Corral, Juan Manosalvas”, en José Gabriel Navarro, La pintura  
en el Ecuador del XVI al XIX, op. cit., p. 231.  
2
4 Posteriormente, Charton publicaría un artículo sobre esta segunda estadía: “Quito (Républi-  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
22  
Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
nuevamente clases de dibujo y pintura realizando numerosas acua-  
relas de “tipos y costumbres” del país (se le atribuyen casi una cin-  
25  
cuentena). En aquellas, destacan la variedad y pintoresquismo de  
los motivos representados (personas, indumentarias, oficios, cos-  
tumbres, hábitats, etc.) mediante el empleo de una ejecución más  
deudora de un estilo realista y, a partir de los postulados estéticos  
del costumbrismo de cuño romántico. En realidad, es la particular y  
condicionada mirada europea sobre esa otredad la que construye al  
objeto” representado para incorporarla como un imaginario propio,  
26  
principalmente mediante una calculada “puesta en escena” y, si-  
multáneamente, representando a los diversos personajes como  
meros arquetipos.27  
que de l’Équateur)”, Le Tour du Monde, Nouveau Journal des Voyages, n° 391, mars 1862, en el  
volumen recopilatorio correspondiente al Premier Semestre, Librairie de L. Hachette et Cie.,  
París, 1867, pp. 401-416, https://books.google.com.ec/books?id=qAscAQAAMAAJ&pg=  
PA401&hl=es&source=gbs_toc_r&cad=3#v=onepage&q&f=false (13/08/2021).  
2
5 Este tipo de imágenes tenían una gran demanda, tanto de los viajeros que llegaban al país  
con el objeto de poder llevarse un souvenir, como y sobre todo para el mercado de los países  
europeos. Véase sobre las acuarelas costumbristas de Charton y esta tipología representa-  
cional, Alexandra Kennedy-Troya, “Álbumes de estampas, coleccionismo privado y relato  
nacional”, en Alexandra Kennedy-Troya, Élites y la nación en obras. Visualidades y arquitectura  
en Ecuador 1840-1930, Cuenca, Universidad de Cuenca/Casa de la Cultura Ecuatoriana-Nú-  
cleo del Azuay, Cuenca, 2015, pp. 101-140; Pascal Riviale, “Ernest Charton, les voyageurs et  
la pintura costumbrista en Équateur: une histoire interactive au XIXe siècle”, HISTOIRE(S)  
de l’Amérique latine (HISAL), vol. 6, article nº 2, (2011), pp. 1-40 (especialmente 6-40); Jorge  
Dávila Vásquez, (texto del catálogo) Ernest Charton: Un pintor corógrafo, Banco de Crédito,  
Quito, 1998; Wilson Hallo, Imágenes del Ecuador del siglo XIX. Juan Agustín Guerrero 1818-1880,  
op. cit.; Juan Castro Velázquez, Pintura Costumbrista Ecuatoriana del siglo XIX (de la Colección  
Castro y Velázquez), Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares (CIDAP), Cua-  
derno de Cultura Popular N° 16, Quito, 1990; Jill Fitzell, “Teorizando la diferencia en los  
Andes del Ecuador: viajeros europeos, la ciencia del exotismo y las imágenes de los indios”,  
en Blanca Muratorio, editora, Imágenes e Imagineros. Representaciones de los indígenas ecuato-  
rianos, Siglos XIX y XX, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Sede Ecuador  
(
FLACSO), Serie Estudios-Antropología, Quito, 1994, pp. 25-73; Blanca Muratorio, “Nación,  
identidad y etnicidad: imágenes de los indios ecuatorianos y sus imagineros a fines del siglo  
XIX”, en Blanca Muratorio, editora, Imágenes e imagineros. Representaciones de los indígenas  
ecuatorianos, Siglos XIX y XX, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Sede Ecuador  
(
FLACSO), Serie Estudios-Antropología, Quito, 1994, pp. 109-196.  
2
6 Una de las mediaciones constitutivas de esa “puesta en escena” era la referida al “mito del  
ojo inocente”, a saber, que la elaboración de la imagen procurase en el espectador una sen-  
sación de ingenuidad como valor representativo de una “captación aparentemente no me-  
diada de la visión. Lo que propugnaban los académicos no era una verdadera inocencia de  
la visión, sino más bien que el artista fuese entrenado en las técnicas de la invención y com-  
posición para lograr una aparente espontaneidad”; Jill Fitzell, “Teorizando la diferencia en  
los Andes del Ecuador…”, op. cit., p. 43.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
23  
Xavier Puig Peñalosa  
Si Rafael Salas aprendió de Charton una nueva técnica pic-  
tórica a partir de las clases teóricas y prácticas del francés, al igual  
que un –hasta ese momento– inédito empleo del material pictórico,  
serán definitorias para el inicio del paisajismo romántico en Ecuador,  
la influencia que en Salas supondrán las dos visitas que el pintor ro-  
mántico norteamericano perteneciente a la afamada Escuela del Río  
28  
29  
Hudson, Frederic Edwin Church realizó a Ecuador (1853 y 1857),  
siguiendo el viaje que Alexander von Humboldt hiciese a principios  
de siglo por el continente centro y sudamericano y el Caribe y, hacia  
30  
el que profesaba una admiración sin límites.  
Efectivamente, Church no solo ejecutó numerosas obras ins-  
piradas en paisajes naturales del país (entre otras, “Montañas del  
Ecuador”, 1855, “Vista del Cotopaxi”, 1857, “Cotopaxi”, 1855 y 1862,  
“Cayambe”, 1858 y la celebérrima “El corazón de los Andes”, 1858),  
2
7 Especialmente referidas a las literarias, aunque también a las de su correlato gráfico, las “imá-  
genes de costumbres” presentan tres tipologías: la “panorámica”, caracterizada por ser una  
representación “testimonial” de un lugar visitado por el propio viajero y que no es propia-  
mente ni un paisaje ni una vista, sino que está pensada como una “fijación de una memoria  
particular, que se activa con el relato del viajero, o del testigo de una acción”; de ahí su “valor  
documental”. La segunda está denominada como “iconista”, siendo su principal caracterís-  
tica que “los personajes representados aparecen no en tanto individuos, sino como ejempla-  
res” vinculados a una taxonomía social específica y “que se complementan con un relato  
descriptivo”. Y en tercer lugar, se define la tipología “costumbrista” como aquella que pre-  
senta un “carácter narrativo”, es decir, se presenta a un individuo singular en una situación  
y/o contexto particular, otorgando así narratividad a lo representado; por ejemplo y si es  
una imagen, con una indicación al efecto; en Juan Ricardo Rey Márquez y Carolina Banegas  
Carrasco, Noticias iluminadas: arte e identidad en el siglo XIX, (catálogo exposición), Alcaldía  
Mayor de Bogotá/Fundación Gilberto Alzate Avendaño, Bogotá, 2011, pp. 62-63.  
2
8 Los diversos pintores que integraban esa escuela (Thomas Cole –uno de sus fundadores y  
maestro de Church-, Albert Bierstadt, Asher Brown Durand, etc.), ejecutaban una pintura  
de gran formato y en la que la representación de la experiencia sublime en/con la naturaleza  
cobraba un protagonismo absoluto, destacando especialmente por el magistral tratamiento  
lumínico, así como en el detallado y científico descriptivismo de sus componentes. Para la  
Escuela del río Hudson, véase AA.VV., American Paradise. The World of the Hudson River School,  
The Metropolitan Museum of Art (MOMA), New York, 1987; Tomás Llorens (Comisario),  
Explorar el Edén. Paisaje americano del siglo XIX, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, 2000.  
9 Sobre el viaje de Church a Colombia y Ecuador, véase de Pablo Navas Sanz de Santamaría,  
El viaje de Frederic Edwin Church por Colombia y Ecuador abril-octubre de 1853, Villegas editores,  
Bogotá, 2008. José Gabriel Navarro erróneamente atribuye tres viajes de Church a Ecuador  
2
3
–1845, 1855 y 1864-, en La pintura en el Ecuador…, op. cit., p. 212.  
0 Para la estadía de Humboldt en el Ecuador, véase en la edición de sus [1905] Cartas America-  
nas, Compilación, prólogo, notas y cronología de Charles Minguet, Biblioteca Ayacucho, Ca-  
racas, 1998, pp. 75-92, https://centroderecursos.cultura.pe/sites/default/files/rb/pdf/  
Cartas%20americanas%20Humbolt.pdf (13/04/2021).  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
24  
Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
sino que la gran amistad que inmediatamente se fraguó entre  
Church y Rafael Salas a raíz de las estadías de aquél, implicó que el  
norteamericano adoctrinara a Salas sobre la estética de lo sublime  
romántico en relación a la naturaleza, así como la particular técnica  
artística en la representación de aquella y de acuerdo a esos postu-  
31  
lados; se iniciaba así ese género pictórico en el Ecuador.  
Sobre esta última cuestión, conviene precisar que Rafael  
Salas aprendió a pintar en el taller de su padre Antonio -reconocido  
32  
pintor en su época y perteneciente a la élite cultural del momento–  
3
1 Sobre esta cuestión y en el pionero trabajo de Alexandra Kennedy-Troya, “Del Taller a la Aca-  
demia. Educación artística en el siglo XIX en Ecuador”, Procesos: revista ecuatoriana de historia,  
N° 2, (1992), pp. 119-134, se lee: “la exposición promovida por la Academia [Academia de  
Dibujo o Academia Ecuatoriana instaurada en 1860 por García Moreno] en septiembre de  
1862, concedió la medalla de oro a un paisaje: “Paso del Manglar” pintado por Juan Mano-  
salvas (…) Creemos que esta fecha podría ser importante punto de partida para el paisajismo  
en Ecuador”, p. 128. Efectivamente, José M. Sanz y bajo el epígrafe de “Esposicion publica  
de 1862” en la revista El Iris. Publicacion literaria, cientifica i noticiosa (Agosto de 1862), Im-  
prenta del Pueblo, Quito, pp. 322-324 y, tras un preámbulo introductorio e informativo, es-  
cribe: “Las exposiciones tienen esa inmensa ventaja, pues haciendo un llamamiento a todas  
las intelijencias, apoyando los esfuerzos i ofreciendo coronas al talento, a la laboriosidad, a  
la invención, abren campos a los progresos del trabajo, a las concepciones del injenio i a los  
vuelos de la fantasia”, dando cuenta de esa premiación: “Obtuvieron medallas de oro los si-  
guientes señores por las producciones que se espresan: Juan Manosalvas por un precioso  
paisaje al oleo, que representa “el paso del manglar”, pp. 323-324. No obstante y si como se  
ha expuesto, la primera visita de Church a Ecuador fue en 1853, resulta razonable colegir  
que Rafael Salas comenzase a pintar paisajes (en el sentido romántico del término como ya  
se ha señalado) a partir de esa fecha y según las enseñanzas del norteamericano. Asimismo  
y aunque resulte secundario para el caso, el hecho de que se califique como “paisaje” al cua-  
dro de Manosalvas, no significa que lo sea acorde a los postulados románticos ya descritos  
al inicio de este trabajo pues, para ello, cabría tener la oportunidad de poder observar feha-  
cientemente a dicha obra. Finalmente, señalar que José Gabriel Navarro, La pintura en el Ecua-  
dor…, op. cit., atribuye en varios apartados la autoría primigenia del género paisajístico en  
Ecuador a Rafael Salas: “Church el maestro norteamericano de Rafael Salas, a quien hizo el  
primer paisajista de la pintura quiteña (…) El paisaje no fue cultivado entre nosotros sino  
desde el siglo XIX con Rafael Salas”, p. 177, “[Rafael Salas] Fue un buen retratista y el primero  
de los paisajistas que tuvo el Ecuador”, p. 204, “[Rafael Salas] se constituyó en el fundador  
de la pintura paisajística en nuestro país”, 1991, 205. También y en estas dos últimas páginas  
citadas, informa Navarro del magisterio de Church a Salas al respecto. E, igualmente en los  
anteriores términos, José María Vargas, Los pintores quiteños del siglo XIX, Editorial Santo Do-  
mingo, Quito, 1971: “Fue [Rafael Salas] el introductor del paisaje en el arte nacional”, p. 21.  
2 Resulta revelador por lo antedicho líneas arriba en el propio texto y en relación a los Discursos  
comentados, la valoración efectuada por el crítico artístico de origen chileno, José Bernardo  
Suárez a propósito de Antonio Salas y la propia pintura ecuatoriana de la época en Tesoro  
Americano de las Bellas Artes. Plutarco del Artista Americano, Santiago, Imprenta Chilena, 1872,  
http://www.libros.uchile.cl/files/presses/1/monographs/443/submission/proof/46/inde  
x.html (19.04.2021): “Al terminar estos apuntes biográficos sobre los pintores mas notables  
3
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
25  
Xavier Puig Peñalosa  
y, en el que él mismo trabajaba al igual que sus numerosos herma-  
nos, ejercitándose en los géneros que mayor demanda tenían de sus  
comitentes: los ya citados de pintura religiosa y los retratos. De  
hecho y debido tanto a esa amplia solicitud como al lento cambio de  
gusto en la aceptación por los propios comitentes de la nueva pin-  
tura de paisaje, el artista siguió ejerciendo durante toda su trayecto-  
33  
ria vital los mencionados géneros tradicionales.  
Salas fue un gran admirador del gobierno de Gabriel García  
34  
Moreno, tanto por el catolicismo que ambos profesaban como por  
su admiración ante las reformas modernizadoras implementadas  
por dicho presidente. Al tiempo, este le concedió una beca para  
poder ampliar sus conocimientos artísticos en la Academia de San  
Lucas en Roma y en París (1873-1875), a pesar de que en esas fechas  
ya era un pintor reconocido, ejerciendo a su regreso la docencia en  
35  
la Escuela de Bellas Artes –fundada por el propio García Moreno–  
hasta su disolución, a raíz del asesinato de aquél en 1876.  
del Ecuador, no dejaremos de advertir, que tanto los antiguos artistas ecuatorianos como de  
los de nuestros días, ninguno ha podido merecer la palma de la invencion. Todos han sido  
copistas; i los cuadros que han llevado cosigo alguna originalidad, siempre han tenido por  
modelo algun grabado o alguna cosa que pudiera encaminarlos. Los estudios académicos  
tomados del natural no datan sino de estos últimos tiempos. Don Antonio Salas fué el pri-  
mero que inició esta era de progreso en los años de 1827 a 1830. En esta época dirijió la aca-  
demia de dibujo, tomando por primera vez el modelo vivo, i mas tarde le siguió su discípulo  
Cadena”, pp. 47-48. Anotar que José María Vargas en su Los pintores quiteños del siglo XIX,  
op. cit., p. 21, atribuye erróneamente al célebre pintor chileno Pedro Francisco Lira Recabarren  
la autoría del Tesoro Americano pues, es en esta publicación de José Bernardo Suárez donde  
se encuentra una corta reseña sobre Rafael Salas, p. 45 y, que el propio José María Vargas  
transcribe completa en su, op. cit., p. 21. Sobre Pedro Francisco Lira, véase de Carmen Fer-  
nández-Salvador, “La invención del arte colonial en la era del progreso: crítica, exposiciones  
y esfera pública en Quito durante la segunda mitad del siglo XIX”, Procesos. Revista ecuato-  
riana de historia, n° 48 (julio-diciembre 2018), pp. 49-76 y, del propio Lira, “Las Bellas Artes  
en Chile. Estudio hecho por el joven don Pedro Francisco Lira Recabarren, a principios de  
1
865”, Anales de la Universidad de Chile, 28 (ene.-jun.1866), pp. 276-292, https://  
anales.uchile.cl/index.php/ANUC/article/view/20037/21197 (20.04.2021).  
3 Para las cuestiones más vinculadas a la biografía de Rafael Salas, véase José María Vargas,  
Los pintores quiteños del siglo XIX, op. cit., 1971, pp. 19-23; José Gabriel Navarro, La pintura en  
el Ecuador…, op. cit., pp. 178 y 204-206.  
4 Es sabida la realización por Salas del cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, encargo del presi-  
dente García Moreno a raíz de su consagración del país -1873- como “República del Sagrado  
Corazón”.  
5 Su director fue otro excelente pintor, Juan Manosalvas, becado asimismo por García Moreno  
a la misma academia, dos años antes que Rafael Salas; José María Vargas, Los pintores quiteños  
del siglo XIX, op. cit., pp. 28-29.  
3
3
3
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
26  
Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
Finalmente y como datos destacables por su ulterior reper-  
cusión en la diacronía de la recién inaugurada pintura de paisaje en  
Ecuador, mencionar que Salas tuvo en su taller durante un tiempo y  
como alumnos, a los posteriormente célebres pintores paisajistas Ra-  
fael Troya y Luis A. Martínez. Asimismo, igualmente remarcar por  
su capital importancia, el corto magisterio –falleció en 1906- que ejer-  
ció en la recién inaugurada Escuela de Bellas Artes en Quito (1904),  
gracias a las gestiones realizadas por el entonces ministro Luis A.  
Martínez en el breve gobierno de Lizardo García. Y Escuela que sería  
fundamental en el ulterior desarrollo de las artes plásticas y el diseño  
gráfico en el país.36  
Rafael Salas, pintor de paisajes, sus características  
Varias son las constantes que Rafael Salas utiliza en la ejecu-  
ción de sus pinturas de paisaje. En primer lugar, señalar que el punto  
de vista elegido en aquellas siempre es frontal y ligeramente elevado  
con la finalidad de poder ofrecer una visión más amplia y, por tanto,  
panorámica del paisaje representado. Al tiempo y en el primer plano  
de la obra, sendos majestuosos árboles o elevaciones del terreno ubi-  
cados en ambos extremos de aquél -o más pronunciadamente en uno  
de ellos-, hacen las veces de telón de un teatro como invitándonos a  
contemplar y “entrar” en esos paisajes.  
Otra de esas constantes supone que, con mucha frecuencia,  
hay algún elemento natural (rocas, matorrales, árboles, hondonadas  
o pequeñas elevaciones de terreno, etc.), casi siempre en el primer  
plano o muy cercano al lugar en que se ubica la mirada del especta-  
dor que, compositivamente y trazando una perpendicular ideal, di-  
vide en dos partes espacialmente iguales a la obra.  
También resulta recurrente en estos paisajes, la gran brumo-  
sidad que imprime Salas en los terceros planos de los mismos, difu-  
minando así a lo formalmente representado en estos (nevados  
principalmente o cadenas montañosas), dotándolos de una singular  
36 Sobre dicha Escuela de Bellas Artes, véase Mireya Salgado y Carmen Corbalán de Celis, La  
Escuela de Bellas Artes en el Quito de inicios del siglo XX, Instituto de la Ciudad, Quito, 2012.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
27  
Xavier Puig Peñalosa  
atmósfera que acentúa su lejanía, al tiempo que otorga una mayor  
perspectiva espacial a la obra. Y en este último sentido, la gradada  
transición del primer al último plano, recurriendo a diversos elemen-  
tos naturales como caminos, senderos o ríos que atraviesan los pla-  
nos hacia la profundidad del conjunto, o cadenas montañosas que  
están representados de menor a mayor altura según se alejan en la  
propia obra, vaguadas o mesetas o bosques y masas forestales con  
igual disposición, etc., ejercen de elementos compositivos que dirigen  
la mirada del espectador hacia una lontananza “allá a lo lejos” donde  
generalmente está ubicado el volcán, motivo y título de la represen-  
tación.  
Asimismo, compositivamente, el artista establece un calcu-  
lado equilibrio entre los elementos verticales (árboles o masas vege-  
tales perpendicularizadas, nevados o montañas, elevaciones del  
terreno, etc.) y los horizontales (llanuras, lagos, etc.), generalmente  
ubicados estos últimos en el segundo plano. Y anotar que, en sus  
obras, dedica al celaje casi la mitad de la superficie representada.  
Otra de sus características es la casi generalizada ausencia  
de figuras humanas en la mayoría de sus paisajes, otorgando así un  
protagonismo absoluto a la propia naturaleza. No obstante lo ante-  
dicho, sí representa en ocasiones signos de civilización como cami-  
nos, viviendas campesinas o campos de cultivo. No obstante, cuando  
introduce algún o algunos personajes, estos sirven principalmente  
para establecer una escala comparativa con su entorno o, al tiempo,  
incidir en la narratividad de la obra.  
Cromáticamente, Salas emplea una paleta en la que marro-  
nes, ocres, verdes, azules y el blanco son la gama mayormente pre-  
dominante. No obstante, los distintos tonos que elabora a partir de  
aquella, sirven y ofrecen a una representación paisajística en la que  
los diversos elementos naturales (geológicos, orográficos, botánicos,  
meteorológicos, lumínicos, etc.) y en su propia singularidad, respon-  
den tanto a una cierta voluntad mimética como compositiva. Y en re-  
lación a lo antedicho, señalar el empleo de colores cálidos en, muy  
frecuentemente, el tercer plano -con menor medida en el segundo-  
y colores más oscuros en el primero, creando así en este un efecto  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
28  
Vida académica  
casi en contraluz para resaltar la mayor lejanía de aquél último plano  
y, consecuentemente, establecer una mayor profundidad perspectiva  
a la representación. Ello, asimismo, implica un efecto de “masa” a lo  
representado en el primer plano, mientras que en el último y com-  
parativamente resulta mayormente “aéreo”.  
El tratamiento lumínico con que dota el artista a sus paisajes,  
consiste básicamente en una luz difundida muy homogéneamente,  
aunque en alguno de aquellos aparece con un foco más localizado  
en un sector del cielo. No obstante y muy generalizadamente, la lu-  
minosidad corresponde bien al amanecer o al orto solar, tiñendo de  
un tono rosáceo o amarillento a algunos de los elementos de la pro-  
pia representación (nubes, laderas de las montañas o nevados, copas  
de algunos árboles, etc.), y creando así un efecto de singular presen-  
cialidad que parece dejar en suspenso nuestra habitual percepción -y  
reconocimiento- de la cotidiana realidad.  
En definitiva, esos recursos compositivos, formales, cromá-  
ticos o lumínicos empleados por Salas, están estudiados, conceptua-  
lizados y ejecutados para representar a la naturaleza como “paisaje”  
y, así, abocarnos a una contemplación sentimental de aquella, expe-  
riencia y símbolo de ese anhelado Absoluto como plenitud del sen-  
37  
tido de la propia existencia; o, como ya escribiese Humboldt: “El  
gran estilo de la pintura de paisaje es el fruto de una contemplacion pro-  
funda de la Naturaleza y de la transformación que se verifica en el interior  
del pensamiento”.38  
3
7 El hecho de que Salas fuese profundamente católico, no es óbice para que la estética de cuño  
netamente romántico esté cabal y fehacientemente representada en sus obras paisajísticas. Y  
si así fuese, bastaría sustituir el término Absoluto, Infinito o Totalidad por Dios. En cualquier  
caso, será el espectador y su propia sensibilidad y/o conocimiento el que, en última instancia,  
hará su correspondiente “recepción” de la obra. Para esta última cuestión, véase Rainer War-  
ning, (Editor), Estética de la recepción, Visor, Madrid, 1989. Esta obra colectiva y aunque está  
referida principalmente a la recepción literaria, los principios que enuncia son aplicables a  
la recepción de cualquier obra artística.  
38 Alexander von Humboldt, Cosmos: ensayo de una descripción física del mundo, vertida al castellano  
por Bernardo Giner y José de Fuentes, Tomo II, Imprenta de Gaspar y Roig, Editores, Madrid,  
1874, p. 84, https://archive.org/details/cosmosensayodeun02humb/page/n6 (10/05/2021).  
Señalar a este respecto que la edición original de Cosmos fue publicándose de 1845 a 1858,  
traduciéndose a catorce idiomas (en español en 1874/75) y alcanzando un enorme éxito e  
influencia en diversos ámbitos del conocimiento.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
29  
Xavier Puig Peñalosa  
Análisis estético y artístico de cuatro paisajes de Rafael Salas39  
Vista del Chimborazo, ca.1860-1870  
Vista del Chimborazo, ca.1860-1870  
Óleo sobre tela, 76,3 x 114 cm.  
Colección de Arte del Banco de la República – Museo de Arte Miguel Urrutia (MAMU),  
Bogotá (Colombia).  
Fuente:https://www.banrepcultural.org/coleccion-de-arte/obra/vista-del-chimborazo-ap4949  
Con un encuadre frontal y algo elevado, Salas conforma el  
primer plano de este paisaje a partir de dos promontorios coronados  
con sendas florestas a ambos lados de aquél (matorrales tupidos a la  
derecha y árboles singulares en el de la izquierda) y que obran de  
apertura” hacia la vasta panorámica –en extensión y profundidad-  
que nos ofrece el artista. También resulta impactante el marcado des-  
3
9 La mayoría de la pintura paisajística de Rafael Salas pertenece a colecciones particulares –  
nacionales y foráneas- o se encuentra en el extranjero, por lo que resulta extremadamente  
difícil su conocimiento y ubicación.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
30  
Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
nivel que formaliza en este primer plano, mediante principalmente  
dos recursos: el camino ubicado en la parte derecha que se prolonga  
desde el emplazamiento del espectador y que tras un ligero ascenso  
desaparece” y, en segundo lugar, se avizora en la oquedad sita entre  
aquél y la mayor elevación del terreno en la parte izquierda, una  
parte de un río a juzgar por la blanca espumilla que genera en su su-  
perficie el fluir del agua.  
El amplio segundo plano está conformado por una gran me-  
seta central y la primera cadena de montañas más cercana al espec-  
tador. En aquella y excepto en su parte derecha repleta de quebradas,  
domina la planicie, pespunteada por algunos árboles dispersos y  
campos de cultivo delimitados con perfectas figuras rectangulares.  
En el tercer plano y en su parte derecha, la cumbre del ne-  
vado Chimborazo parece emerger majestuosamente tras la gran  
montaña que le antecede. Y en la parte izquierda de aquél y algo más  
retraído, asoma a su vez y casi difuminado, otro volcán.  
Asimismo, compositivamente, cabe señalar cómo Salas in-  
troduce y guía visualmente al espectador hacia el volcán protagó-  
nico, primero mediante el camino ya señalado, siguiendo a  
continuación por las citadas quebradas –“prolongación” ideal de  
aquél- y que tal vez supongan el cauce de un río (¿el río del primer  
plano?), y las montañas que en pautadas elevaciones prosiguen hasta  
el nevado.  
También compositivamente, remarcar que la masa vegetal  
que bordea la parte izquierda del camino en el primer plano, “di-  
vide” en dos espacios iguales a la obra. Al tiempo, el artista equilibra  
los numerosos elementos verticalizados (montañas y nevados, árbo-  
les, vegetación, etc.) con la horizontalidad que define la meseta cen-  
tral en el segundo plano y, el lago –o río- ya descrito, subrayado por  
la misma disposición de la vegetación sita en su orilla superior. E,  
igualmente, destacar que el celaje ocupa un tercio del total de la su-  
perficie del cuadro.  
Varios son los recursos utilizados por el pintor para equili-  
brar el generalizado estatismo de este paisaje: el río ubicado en el  
primer plano con el suave movimiento del discurrir de su agua  
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31  
Xavier Puig Peñalosa  
(
véase la espumilla citada) y, en ese mismo plano, el camino sito en  
la parte derecha con su ostensible desnivel, la vaporosa bruma que  
parece fluir en constantes volutas o, igualmente, el lento desplaza-  
miento de las escasas nubes.  
Cromáticamente, Salas utiliza los tonos más oscuros de la  
gama de los marrones, ocres y verdes principalmente, en los elemen-  
tos vegetales y orográficos, sitos en el primer plano, creando así un  
cierto efecto de contraluz en relación a los tonos claros utilizados en  
el segundo y el tercer plano. Ello supone que los árboles, matorrales,  
rocas o elevaciones de terreno representados en el primer plano, ten-  
gan perceptivamente una considerable masa en comparación a los  
elementos formalizados en los otros dos planos, al tiempo que im-  
plica un efecto de considerable lejanía en estos últimos, y en donde  
predominan los tonos ocre-amarillentos, verdosos y azulados.  
Y en relación, asimismo, con el cromatismo, formal y lumí-  
nicamente Salas crea una magistral atmósfera neblinosa que co-  
mienza en el segundo plano para mostrarse más densa en el tercero,  
con unos ligerísimos y delicuescentes timbres rosáceos en el cielo,  
apenas perceptibles; ello permite considerar que estamos en el ama-  
necer. En los anteriores términos, esta peculiar atmósfera que crea el  
artista, supone para el espectador una suerte de ensoñación más o  
menos irreal ante esa visión: es la propia naturaleza, ahora represen-  
tada como paisaje transfigurado, es decir, como símbolo de lo Infi-  
nito. Solamente unos signos de civilización, a saber, el camino a la  
derecha del primer plano y los campos de cultivo citados, parecen  
recordarnos que también el ser humano está presente y habita en  
esta sublime naturaleza…  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
32  
Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
Vista del Chimborazo, 1870  
Vista del Chimborazo, 1870  
Óleo sobre tela, 76,5 x 113,7 cm  
Colección de Arte del Banco de la República – Museo de Arte Miguel Urrutia (MAMU),  
Bogotá (Colombia).  
Fuente: https://www.banrepcultural.org/coleccion-de-arte/obra/vista-del-chimborazo-ap4950  
(01.05.2021)  
En esta otra versión del mismo volcán, Salas representa en  
el primer plano y ocupando tres cuartas partes del mismo a un río  
que, proviniendo frontalmente del segundo plano, curva hacia la de-  
recha y discurre paralelo a la base del cuadro. En la parte izquierda  
de este plano, ubica el artista una tupida masa forestal con un camino  
que bordea al propio río y en el que se aprecia una gran cruz, uno  
de los símbolos románticos por excelencia.4  
0
4
0 Como ya se ha señalado, en general y para un romántico, Dios es entendido en la acepción  
pietista, es decir, como un ente -lo Absoluto o lo Infinito- y sin dogmática ecclesial. Dicho lo  
cual y en el caso de Rafael Salas, Dios se vincularía en relación a la concepción católica im-  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
33  
Xavier Puig Peñalosa  
El segundo plano halla su comienzo a partir de la pequeña  
cascada en el centro del río, y abarcando en su parte derecha a la ce-  
rrada arboleda que circunda la orilla superior del mismo, las cadenas  
montañosas que están situadas inmediatamente detrás de esa vege-  
tación. En la parte izquierda, una gran montaña con forma curvilínea  
y por la que en su ladera derecha asciende zigzageante un camino  
(
en “diálogo” formal con los meandros del propio río), distinguién-  
dose algunas casas campesinas y, a la vera de estas, lo que parecen  
pequeños campos de cultivo. Por el contrario, la ladera izquierda de  
esa montaña, pierde su condición abovedada para mostrar con gran-  
des grietas, unas caídas en precipicio como “cortadas a pico”.  
En el tercer plano, destacan “allá a lo lejos” entre una densa  
bruma, otra cadena montañosa en “diálogo” formal con la anterior  
y, detrás de aquella, majestuosamente el propio Chimborazo. Arriba,  
el cielo mostrando algunas pequeñas nubes filiformes teñidas con  
una cierta intensidad de color rosáceo, ocupa casi la mitad de la su-  
perficie representada.  
También compositivamente, el predominio de la horizonta-  
lidad en esta obra, básicamente establecida por el río, toda la parte  
derecha del segundo plano (el bosque a lo largo de la orilla del río y  
la cadena montañosa ubicada detrás de aquél) y la meseta apenas  
vislumbrada a la izquierda de la última cadena montañosa, es equi-  
librada por Salas con la imponente altitud del nevado, la cruz ante-  
riormente reseñada, así como por la pronunciada elevación de  
algunos de los árboles singularmente ubicados en el paisaje.  
Resaltar que el centro visual de la representación, viene es-  
tablecido por la pequeña cascada en el río, obrando su extremo de-  
recho de centro geométrico de la misma, ya que si trazamos una  
perpendicular ideal desde ese punto hasta la cumbre del Chimbo-  
razo -y que transcurriría atravesando la meseta anteriormente ci-  
tada-, quedan delimitadas dos partes iguales en el cuadro.  
Asimismo, y al “cortar” en ambos extremos de la obra las respectivas  
perante en el país, lo que implicaría una resemantización de dicho símbolo –la cruz-, tanto  
en su concepción como en su recepción al efecto y en el país. No obstante, ello no supone  
ninguna alteración de los postulados representacionales del paisajismo romántico.  
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Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
continuaciones de las montañas, es la imaginación del espectador la  
que “prolonga” extensivamente a estas, enfatizando y confiriendo  
así de una mayor amplitud al paisaje.  
Otro aspecto a destacar en este paisaje es que, no obstante,  
el estatismo reinante, tanto el suave discurrir del agua del río y las  
múltiples ondulaciones que trazan sus dos orillas o, los requiebros  
del serpenteante camino ubicado en la ladera de la voluminosa mon-  
taña de la parte izquierda del segundo plano, equilibran con su di-  
namismo a esa predominante quietud.  
Cromáticamente, Salas emplea en el primer plano de esta  
obra, colores oscuros principalmente de la gama de los marrones,  
verdes y ocres que, en el caso del cerrado bosque de la izquierda, le  
imprime perceptivamente una fuerte sensación de pesada masa, solo  
atenuada por la claridad del azul del río y su propia fluidez. En el  
segundo plano, aminora el artista la oscuridad de su paleta, intro-  
duciendo efectos lumínicos de ocre claro y marrones y verdes menos  
contundentes para, en el tercer plano, otorgar mayoritaria preemi-  
nencia a la gama y tonalidad de colores claros. En consecuencia, esta  
estudiada gradación supone dotar de una gran profundidad pers-  
pectiva a la representación del paisaje, mucho más acentuada por la  
bruma neblinosa que imprime al último plano.  
Destacar igualmente, los timbres de color blanco que por  
efecto del reflejo de la luz, el artista imprime en diversos lugares del  
río, tales como en la cascada citada –particularmente vistosos- y en  
ambas orillas en la parte alta de aquél o, en determinados tramos del  
mismo y que, pautadamente, remedan a la espumilla producida por  
el fluir de su corriente.  
Si la imponente mole del Chimborazo parece presidir este  
panorama natural confiriéndole un aura de sublimidad, son los ele-  
mentos civilizatorios citados (cruz, camino, casas, campos sembra-  
dos), los que –en cierta medida- atenúan aquél intenso efecto al  
establecer una suerte de pintoresquismo con su presencia. No obs-  
tante, es el nevado con su muda presencialidad el que, una y otra vez,  
atrae la mirada del espectador y, suscitando en su sensibilidad la pro-  
pia experiencia de su correspondencia con el Todo.  
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Xavier Puig Peñalosa  
Corazón de los Andes (atribuido), siglo XIX41  
Corazón de los Andes (atribuido), siglo XIX  
Óleo sobre tela  
Colección Arturo Vinueza (Ecuador)  
También este paisaje con el Chimborazo majestuosamente  
representado en el centro del tercer plano y con el mismo título que  
el anterior, es atribuido a Rafael Salas. Como es habitual en este pin-  
tor, el encuadre frontal y con un punto de vista elevado, resulta pa-  
tente. Así y en el primer plano, resalta por su gran amplitud un lago  
visto en perspectiva, ya que hay un evidente desnivel entre el mon-  
tículo ubicado en el extremo izquierdo del plano y el sito en una po-  
sición más central y descendente y, a su vez, dicho lago.  
4
1 Agradezco a la Dra. Verónica Muñoz Rojas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín  
Carrión” en Quito, el haber realizado las gestiones oportunas para poder disponer de esta  
imagen en el presente artículo.  
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Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
El primer montículo está bordeado por un sinuoso, a la par  
que, terroso camino, presentando en su parte más extrema al borde  
de la obra, un pequeño salto de agua que surge de entre una gran  
masa forestal. A su vez, y en su lado derecho, igualmente exhibe una  
tupida vegetación de entre la que sobresalen dos ralos árboles y sus  
onduladas raíces. Y más abajo, el segundo montículo está recubierto  
en su parte alta con un gran penco y un arbusto desfoliado; y a su  
pie, unas numerosas chumberas. A su vez, resaltar que entre ambos  
montículos, existe una suerte de pequeña meseta muy verde apenas  
entrevista que todavía acentúa más el desnivel citado.  
En el segundo plano, predomina la planicie aunque atrave-  
sada por una profunda quebrada en su parte derecha y en el que se  
adivinan numerosas viviendas campesinas, algunos campos de cul-  
tivo, igualmente dos pequeños lagos y pequeñas columnas de humo  
que parecen indicarnos la quema de rastrojos. A la derecha de este  
plano, discurre diagonalmente una meseta con abundante vegeta-  
ción (arbustos y numerosos y notoriamente espigados árboles), pro-  
yectando así una gran profundidad perspectiva al paisaje.  
El tercer plano está constituido por grandes cadenas monta-  
ñosas que a medida que se alejan, aumentan su altura y, al tiempo y  
por efecto de la distancia –brumosidad incluida-, van perdiendo de-  
finición, destacando mayestáticamente el volcán Chimborazo. Al  
tiempo, el celaje que ocupa un tercio del total de la obra, aparece sur-  
cado por nubes que, en algunos casos, están ubicadas más abajo que  
la propia cumbre del nevado.  
La suave luminosidad de este amanecer que tiene su origen  
en la parte izquierda del paisaje, reverbera diagonalizadamente en  
la superficie del agua del lago y tiñendo con un tono rosáceo a las  
cumbres y laderas de las montañas y de los volcanes, al igual que a  
las nubes.  
El cromatismo en esta obra, está “alternado” entre colores  
oscuros y sus respectivas tonalidades (verdes, marrones y ocres prin-  
cipalmente) en el primer plano y parte del final del segundo, y colo-  
res de la gama más clara (azules, blancos, verde y ocre claros,  
rosáceo) en el propio primer plano (el gran lago) y el tercero.  
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37  
Xavier Puig Peñalosa  
También en este paisaje, el artista equilibra la horizontalidad  
inherente a todo paisaje con la verticalización que imprimen los ár-  
boles y su desnudo ramaje y, muy especialmente, los volcanes. Y en  
igual sentido, el estatismo imperante con el “movimiento” de las  
nubes, del ramaje de muchos árboles, de las diminutas columnas de  
humo y, sobretodo, el salto de agua en el extremo izquierdo del pri-  
mer plano.  
Corazón de los Andes es un paisaje que transmite la placidez,  
la serenidad y la paz que solo la perfecta integración entre naturaleza  
y civilización otorga. Una forma de vida en la que el ser humano es-  
tablece una suerte de sincretismo con su entorno y, aunque tiene un  
claro componente de sobrevivencia y “economía” (campos de cul-  
tivo, el pescador en la parte inferior del lago, las cabañas), se muestra  
al mismo tiempo profundamente armónico con aquél y lo transmuta  
en un lugar. En definitiva, Salas y con esta obra, trasciende el mero  
marco de lo agradable para representar a lo bello, entendido este úl-  
timo, como experiencia y vida de lo natural, es decir, como senti-  
miento de/con el paisaje para, así, (re)unirnos a la totalidad que lo  
origina y nos crea; ser, en definitiva, unidad.  
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Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
Chimborazo (atribuido), sin fecha  
Chimborazo (atribuido), sin fecha  
Óleo sobre tela  
113 x 82 cm.  
Colección particular (Ecuador)  
En esta obra atribuida a Salas y a diferencia de las anterior-  
mente comentadas, el artista recurre al formato vertical, además de  
representar a numerosos personajes –seis en total- con sus respecti-  
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39  
Xavier Puig Peñalosa  
vos equinos. Aquellos están ubicados en el primer plano, aunque  
con algunas diferencias pues, tres de los jinetes y por su aspecto, son  
criollos y parecen dirigirse en su descenso a paso quedo por el ca-  
mino de notorio desnivel y que continua por la base del cuadro, abo-  
cándose hacia el espectador; el cuarto de este grupo está bastante  
retrasado y apenas se le distingue, justo en el recodo de esa pista fo-  
restal. Y todos ellos están a lomos de sus respectivas monturas y sin  
ninguna carga o fardo en estas por lo que puede colegirse que son  
viajeros.  
Otros dos jinetes de atuendo y ciertos rasgos indígenas, fi-  
guran a pie de sus cargadas monturas, uno en actitud de arreman-  
garse su pantalón en el centro de este plano y, el otro intentando  
sujetar a su montura desbocada y situado más a la izquierda. Al  
tiempo, ambos perecen encaminarse por el pedregoso sendero as-  
cendente situado en ese sector y en el que en su extremo izquierdo,  
dos grandes árboles parecen obrar a modo de telón escénico para in-  
troducirnos en este paisaje.  
Faltaría reseñar a un séptimo jinete que casi no se le vislum-  
bra –solo su silueta, estableciendo así una escala con o en relación al  
entorno natural– en la muy marcada parte superior de ese camino y  
que, a mucha mayor altura (como en un tercer nivel) se corresponde  
a una montaña del segundo plano pues, los anteriores personajes  
descritos están localizados en el primero. Y ambas elevaciones están  
situadas y ocupan la mitad derecha de la obra, ostentado en sus cum-  
bres sendas y cerradas arboledas, y que en el caso de la primera, la  
singularidad de sus árboles parece corresponder a la parte derecha  
del telón escénico antedicho.  
El segundo plano y además de la anteriormente citada más  
posterior segunda montaña en la derecha, comprende en su parte iz-  
quierda a un tupido valle y en el que y entre esa floresta, se perciben  
varias elevaciones con bancos de niebla, más acentuados estos a me-  
dida que se aproximan al último plano.  
Y en el tercer plano, completamente centrado, el Chimborazo  
aparece majestuoso, cubierto de nieve y con algunas nubes más bajas  
a su alrededor, otorgando así mayor magnitud a su ya de por si gran  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
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Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
presencialidad. En igual sentido y a su pie, algunas montañas, tam-  
bién envueltas con una tenue –pero palpable– brumosidad. Y en la  
parte superior de toda esa orografía, el cielo se muestra azul con al-  
gunas nubes completamente viradas en tonalidad rosácea.  
Si se traza una perpendicular ideal desde el punto más ál-  
gido y central de la cumbre del nevado hasta la base de la obra, aque-  
lla se ubicaría en su descenso final en el pequeño espacio existente  
entre el jinete que manipula su pantalón y la montura de este, ins-  
taurando así dos partes iguales en el cuadro.  
A diferencia de otros paisajes ya comentados, en este la ho-  
rizontalidad no resulta tan patente, mientras que compositivamente  
cobran un especial protagonismo las numerosas diagonalizaciones  
existentes en los caminos y/o senderos del primer y segundo plano,  
ciertos perfiles de la vegetación y el arbolado del segundo plano y,  
las laderas de las montañas o las del nevado, sitos en el tercero. Sin  
embargo, sí está presente la dinámica verticalizada merced a los altos  
árboles ya citados en ambos extremos de la obra, el singular prota-  
gonismo del que está truncado en el primer plano y justo por encima  
de los jinetes más cercanos al espectador o, igualmente, la de las ca-  
denas montañosas y la del propio Chimborazo.  
Asimismo, Salas imprime un calculado equilibrio entre el es-  
tatismo que -en general- supone la representación de la propia na-  
turaleza (excepción hecha del “movimiento” en las ramas y raíces  
de algunos árboles o el de las nubes), con el dinamismo que imprime  
en las diversas actitudes de los jinetes con sus monturas o, la diago-  
nalización del camino más superiormente ubicado y que parece ha-  
llar su prolongación –dinámica- en el inicio de la cadena montañosa  
del tercer plano y emplazada en la base del nevado.  
En casi todo el primer y segundo plano, cromáticamente re-  
sultan dominantes las tonalidades correspondientes a la gama de los  
verdes, marrones, ocre-amarillentos y azul. En el segundo plano, se-  
rían las de los azules, blanco y rosado. No obstante, el artista alterna  
magistralmente los espacios en que el efecto “masa” es patente al  
emplear colores oscuros (zonas boscosas), con otros más claros, equi-  
librando así aquél efecto (caminos) u otorgando lejanía a lo repre-  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 13–49  
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Xavier Puig Peñalosa  
sentado (volcán y celaje). Destacar los timbres de color en las respec-  
tivas vestimentas de los jinetes (rojo y azul saturados), y en los tron-  
cos y ramas de determinados árboles (blanco) por efecto de la  
reverberación lumínica.  
Y en relación a lo antedicho, la luz diagonalizada del ama-  
necer –o atardecer– que incide desde la parte izquierda de la obra y  
dados los evidentes desniveles que presenta este paisaje, crea nume-  
rosas zonas de claroscuro que, a su vez, dotan de volumen a las for-  
malizaciones en las que incide (árboles, rocas, arbustos, caminos),  
además de efectivos espacios perspectivos entre aquellas y al con-  
junto de la representación.  
Con esta obra, Salas nos ilustra de las dificultades y penurias  
que un viaje a través de la cordillera implicaba en aquella época, por  
esos caminos pedregosos y de marcados desniveles, al tiempo que,  
bordeados de abismales precipicios y en el entorno de una natura-  
leza ubérrima, a la par que atávica. Y a esta experiencia de carácter  
4
2
sublime que implicaba dicha travesía, cabe añadir la mayestática  
envergadura del Chimborazo que, desde la lejanía en que se encuen-  
tra, preside la escena. Sin embargo, ese efecto queda en parte ami-  
norado por el pintoresquismo que implican esos jinetes, y que el  
artista representa mayormente con su cabalgar quedo, presumible-  
mente conocedores de ese medio e integrados con cierta naturalidad  
en el mismo.  
En definitiva y frente a una naturaleza feraz e intransitable,  
la necesidad de crear vías de comunicación que articulen el territorio  
y pongan en relación a sus habitantes, resulta prioritaria en esa época  
del joven estado-nación ecuatoriano. Así, este paisaje y además de  
sus resaltables valores estéticos y plásticos, simbólicamente parece  
apelar a esa menesterosidad, al tiempo que resulta -contemporánea-  
mente contemplado- un efectivo testimonio de un pasado período  
histórico.  
4
2 Véase sobre esta cuestión de lo sublime natural tan caro a la tradición plástica del romanti-  
cismo, el clásico tratado de Edmund Burke, [1757] Indagación filosófica sobre el origen de nuestras  
ideas acerca de lo sublime y de lo bello, Estudio preliminar y traducción Menene Gras Balaguer,  
Tecnos, Madrid, 1987, Parte segunda, pp. 42-66 y, Parte cuarta, pp. 95-111.  
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42  
Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas  
Conclusiones  
La obra paisajística de Rafael Salas, significará un hito en la  
representación plástica de la naturaleza en Ecuador. Efectivamente,  
las nuevas concepciones –teóricas y prácticas– que sobre la represen-  
tación pictórica impartió Ernest Charton durante sus dos estadías en  
Quito, al igual y en el mismo sentido que las desarrolladas por  
Edwin Church relativas a la estética romántica y su formalización en  
la ejecución del paisaje sublime, fueron decisivas en la formación de  
Rafael Salas como pintor paisajístico, al tiempo que supusieron el  
inicio de este género pictórico en el país. No obstante, esta nueva  
pintura de paisaje no será paulatinamente aceptada como género  
propio hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX, tras un  
43  
paulatino cambio de gusto. Al tiempo, aquella irá objetando y, en  
consecuencia, progresivamente desplazando la estricta jerarquiza-  
ción de géneros que el clasicismo secularmente había impuesto, al  
igual que el propio proceso de creación artística. Por ello, también  
los “motivos” tradicionalmente representados, serán –en parte–  
cuestionados por no ser acordes con el nuevo espíritu de moderni-  
dad y progreso que las élites propugnaban.  
Finalmente, quisiera señalar que estas nuevas obras, serán ul-  
teriormente apropiadas y resemantizadas simbólicamente por parte  
de aquellas élites en clave de “paisaje nacional”, es decir, apelando  
44  
y nombrándolas como representaciones del “territorio patrio”.  
43 Sobre la cuestión del gusto véase de Valeriano Bozal, El gusto, Madrid, Visor, 1999.  
4
4 Esa resemantización implicaba que cualquier paisaje concreto (de una región, de un lugar) e  
independientemente de la intencionalidad estética del artista, en realidad “representaba” al  
conjunto del territorio patrio y, por extensión, a toda la nación. Para una diacronía de la cons-  
trucción nacional mediante la representación paisajística, véase de Alexandra Kennedy-Troya  
(coord.) Escenarios para una patria: Paisajismo ecuatoriano 1850–1930, Museo de la Ciudad-Fun-  
dación Municipal Museos, Quito, 2008.  
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43  
Xavier Puig Peñalosa  
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49  
La Academia Nacional de Historia es una  
institución intelectual  
y
científica,  
destinada a la investigación de Historia  
en las diversas ramas del conocimiento  
humano, por ello está al servicio de los  
mejores  
intereses  
nacionales  
e
internacionales en el área de las  
Ciencias Sociales. Esta institución es  
ajena a banderías políticas, filiaciones  
religiosas,  
intereses  
locales  
o
aspiraciones individuales. La Academia  
Nacional de Historia busca responder a  
ese  
carácter  
científico,  
laico  
y
democrático, por ello, busca una  
creciente profesionalización de la  
entidad, eligiendo como sus miembros a  
historiadores  
entendiéndose por tales  
profesionales,  
quienes  
a
acrediten estudios de historia y ciencias  
humanas y sociales o que, poseyendo  
otra formación profesional, laboren en  
investigación histórica y hayan realizado  
aportes al mejor conocimiento de  
nuestro pasado.  
Forma sugerida de citar este artículo: Puig Peñalosa, Xavier,  
"
Romanticismo y pintura de paisaje en el Ecuador decimonónico:  
el caso de Rafael Salas (1826-1906)", Boletín de la Academia  
Nacional de Historia, vol. C, Nº. 207, enero – junio 2022, Academia  
Nacional de Historia, Quito, 2022, pp.13-49