ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
Director  
Dr. Franklin Barriga Lopéz  
Dr. Cesar Alarcón Costta  
Subdirector  
Secretario  
Ac. Diego Moscoso Peñaherrera  
Dr. Eduardo Muñoz Borrero, H.C.  
Mtra. Jenny Londoño López  
Dra. Rocío Rosero Jácome, Msc.  
Dr. Claudio Creamer Guillén  
Tesorero  
Bibliotecaria archivera  
Jefa de Publicaciones  
Relacionador Institucional  
COMITÉ EDITORIAL  
Dr. Manuel Espinosa Apolo  
Dr. Kléver Bravo Calle  
Universidad Central del Ecuador  
Universidad de las Fuerzas Armadas ESPE  
Universidad Laica Eloy Alfaro-Manabí  
Dra. Libertad Regalado Espinoza  
Dr. Rogelio de la Mora Valencia  
Dra. Maria Luisa Laviana Cuetos  
Dr. Jorge Ortiz Sotelo  
Universidad Veracruzana-México  
Consejo Superior Investigaciones Científicas-España  
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima-Perú  
EDITORA  
Dra. Rocío Rosero Jácome, Msc.  
Universidad Internacional del Ecuador  
COMITÉ CIENTÍFICO  
Dra. Katarzyna Dembicz  
Dr. Silvano Benito Moya  
Dra. Elissa Rashkin  
Universidad de Varsovia-Polonia  
Universidad Nacional de Córdoba/CONICET- Argentina  
Universidad Veracruzana-México  
Dr. Stefan Rinke  
Instituto de estudios latinoamericanos/ Freie Universität Berlin-Alemania  
Universidad de Guadalajara-México  
Dr. Carlos Riojas  
Dr. Ekkehart Keeding  
Humboldt-Universitat, Berlín, Alemqnia  
Dra. Cristina Retta Sivolella  
Dr. Claudio Tapia Figueroa  
Dra. Emmanuelle Sinardet  
Dr. Roberto Pineda Camacho  
Dra. Maria Letícia Corrêa  
Instituto Cervantes, Berlín- Alemania  
Universidad Técnica Federico Santa María – Chile  
Université Paris Ouest - Francia  
Universidad de los Andes-Colombia  
Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil  
BOLETÍN de la A.N.H.  
Vol C  
Nº 207  
Enero–junio 2022  
©
ꢀ Academia Nacional de Historia del Ecuador  
ISSN Nº 1390-079X  
eISSN Nº 2773-7381  
Portada  
El Chimborazo, óleo sobre tela  
Rafael Salas, siglo XIX  
Diseño e impresión  
PPL Impresores 2529762  
Quito  
landazurifredi@gmail.com  
julio 2022  
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación  
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA DELꢀECUADOR  
SEDE QUITO  
Av. 6 de Diciembre 21-218 y Roca  
2
2556022/ 2 907433 / 2 558277  
ahistoriaecuador@hotmail.com  
publicacionesanh@hotmail.com  
BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
Vol. C – Nº. 207  
Enero–junio 2022  
BIOGRAFÍA DE AMBATO: 1500 A 1860  
–DISCURSO DE INCORPORACIÓN–  
Gerardo Nicola Garcés1  
La semilla de Ambato cayó en Cashapamba  
Huayna Cápac manda a construir un tambo a las orillas del  
río que queda debajo de la tierra de Izamba. Tiene agua natural y un  
clima favorable. Organiza la participación de las comunidades de  
Mundugleo, Chizalata, Izamba, Quisapincha, Huapante y Píllaro,  
para que atiendan las necesidades de alimentación, baño y hospedaje  
de tropas y viandantes.  
El año 1500 ha cumplido en su mitad y la semilla de Ambato  
ha sido puesta en tierra. Está equidistante entre los tambos mayores  
de Mulli Ambato (Salcedo) y el suntuoso de Mocha. El Inca mira  
complacido su obra: ha puesto un puente entre los pueblos Panzaleo  
y Puruhá.  
Este tambo debe ser considerado como el primer indicio de  
la urbe ambateña, según el concepto de urbanización aplicado por  
los incas. Ellos organizaron modelos de la ciudad–templo, la ciudad-  
–cuartel, la ciudad–hostería. La población no vivía en forma concen-  
trada, las casas se construían dispersas a distancia de las edificaciones  
oficiales.  
En Ambato, las edificaciones del tambo fueron construidas  
por los súbditos Yilicando y su hijo Chimborazo, caciques de Chibu-  
2
leo, quienes se apoyaron en súbditos directos del Inca.  
1
Ingeniero Hidrotécnico y Doctor en Filosofía de la Ciencias Hidrotécnicas en la Universidad  
Politécnica de San Petersburgo. Realizó otros estudios en la Universidad Politécnica de Odesa,  
la Escuela Politécnica Nacional de Quito y la Universidad Central del Ecuador. En el ámbito  
de la investigación histórica, ha publicado los libros: La casa de los estancos: ensayos históricos  
sobre Ambato y Tungurahua; Ambatiqum: biografías de personajes tungurahuenses; Ambato eterno:  
un vistazo a su arquitectura patrimonial; Biografía de Ambato y Libro homenaje: Pedro Porras Garcés.  
Es miembro del Consejo Editorial de la Revista Ambato y ha sido colaborador de Anales, revista  
de la Universidad Central del Ecuador, y de la revista de la Asociación de Municipalidades  
Ecuatorianas y ha colaborado con el Diario La Hora.  
2
Silvio Haro Alvear, Riobamba. En Puruha nación guerrera. Editora Nacional, Quito, 1977.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
423  
Gerardo Nicola Garcés  
El tambo, según Juan de Velasco, en su Historia del Reino de  
Quito, lo describe así:  
La figura del plan general era cuadrada, contenía una plaza con torres  
y fortalezas en el centro. En el contorno de la plaza se ubicaban varias  
casonas de fabrica ordinaria, su longitud era de unos 200 metros y an-  
chos variables y adecuados, capaces de alojar a numerosos caminantes  
o una tropa considerable. Las proporciones eran similares a los tambos  
vecinos. Los servicios eran prestados por las parcialidades indígenas de  
3
Tomabela, Guanguliquin, Simiatug y Jueveni, por turnos mensuales.  
Ambato, se concluye de esta investigación, es una población  
4
inca, pero dudamos de que su nombre sea aborigen. No hay vesti-  
gios arqueológicos que permitan confirmar la existencia de pobla-  
dores, en un periodo anterior al siglo XIV. Se ha podido verificar  
desarrollos poblacionales posteriores a ese siglo, nada más.  
La comarca de Ambato tenía dos polos poblacionales: Am-  
bato y Mocha, que lograron ser tenientazgos de gobernación, pri-  
mero, y, luego tenientazgos de corregimiento. Ambato abarcaba las  
tribus de quisapinchas, izambas, huachis y pillaros, que dieron lugar  
a las parroquias de los mismos nombres. Mocha, en cambio, estaba  
conformada con las tribus de pelileos, patates, tisaleos y queros.  
El plan de construcción del Camino Real ha dejado fuera del  
trazado a Píllaro, pero Mulli Ambato se constituye en el eje forzoso  
en el que se determina la infraestructura y la presencia inca. La ar-  
queología tungurahuense se fundamenta en los desarrollos habidos  
en Píllaro, que datan de unos doce mil años.  
Las marcas de posesión y conquista de este territorio, son re-  
gistradas por Sebastián de Benalcázar y sus comisiones españolas:  
en 1534, 1535 y 1541, dejan su huella de conquista. Esta etapa se la  
puede calificar como la de apropiamiento de territorios y no hay una  
población concentrada, ni tampoco señales de administradores ofi-  
ciales.  
3
4
Juan de Velasco, Historia del Reino de Quito, Tomo III, Empresa editorial “EL COMERCIO”,  
Quito, 1946, p. 133.  
Gerardo Nicola Garces, La casa de los estancos: ensayos históricos sobre Ambato y Tungurahua, Uni-  
versidad Técnica de Ambato, Ambato, 2017, p.23.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
424  
Biografía de Ambato: 1500 a 1860  
Isaías Toro Ruiz cita al investigador Wilfrido Loor, y señala  
la fecha del 9 de junio de 1534 como el dato más temprano de la pre-  
sencia de españoles en el territorio tungurahuense. Benalcázar y 260  
soldados –muchos indígenas de Cañar– ocuparon el tambo de  
Mocha en esos días.5  
Pedro de Alvarado, cuando llega a estas tierras, el 10 de junio  
de 1534 -cosas de cronistas que dicen que se atrasó con menos de 24  
horas- se lleva el desencanto de que Benalcázar ya ha tomado pose-  
sión de este territorio. Entre los españoles que vinieron con él, hay  
uno muy destacado: fray Marcos de Niza que prepararía unas colo-  
ridas crónicas sobre las costumbres indígenas.  
Fundada la población de Ambato el 24 de agosto de 1534, la  
preferente mira de los españoles fue la formación de la plaza, donde  
se pudiese organizar el tráfico de víveres y a cuyo lugar se acudiera  
para reuniones públicas, para formar corrillos de conversación y di-  
sipación entre amigos.  
La pila, de rigor en toda plaza española, entendemos que no  
existió nunca en ella, por haberse hecho poco necesaria, en virtud de  
la inmediata proximidad del río, a cuya ribera oriental se hallaba co-  
locada la población, en terrenos que hoy forman Cashapamba, no en  
Ingaurco bajo como se divulga vulgarmente; ocupando extenso sitio,  
6
sin urbanización, sino en casas edificadas sin orden.  
El 24 de junio de 1535, se refunda con el nombre de San Juan  
Bautista de Ambato y aparece Pedro de Alvarado como su gestor.  
Pero González Suárez y otros autores, señalan que Alvarado para  
esa fecha ya había salido de esta región, a cambio de cien mil pesos  
oro.  
El Cabildo del Distrito Municipal de Quito, el 28 de julio de  
1535, fijó los límites siguientes: al norte hasta el nudo de Huaca, y se  
dejaba la relación geográfica con las poblaciones de Pasto y Alma-  
guer; al sur, comprendía el Distrito de Latacunga, hasta el río Am-  
bato. Desde ahí se delimitaba con el Distrito de Riobamba. Ambato,  
5
6
Gerardo Nicola López, Historia de La Provincia de Tungurahua, tomo 1, Pio XII, Ambato, 1994,  
p. 78.  
Isaías Toro Ruiz, Del Pasado Amabateño y Microbiografias nacionales: Ambato de antaño, Imprenta  
Nacional, Quito, 1975.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
425  
Gerardo Nicola Garcés  
según ese tratado de límites, quedaba navegando a dos aguas. La  
orilla izquierda en Latacunga y la orilla derecha en Riobamba.  
En las dos primeras décadas de la conquista había tres ciu-  
dades: Quito, Guayaquil y Portoviejo, lo que ayudaría a concluir que  
había tres provincias, según la nomenclatura española. Ambato es-  
taba adscrita a Quito. La fundación de Ambato. En una crónica de la  
publicación Relieves, de Celiano Monge, aparece que la fundación  
con el nombre de Ambato o Hambato, la que supervive, se realiza el  
24 de junio de 1541, por Sebastián de Benalcázar que ratifica el nom-  
bre de San Bartolomé de Ambato para la zona alta y San Juan Bautista de  
Ambato para la zona baja y, se señala la obligación de que varios sol-  
dados españoles e indígenas se afinquen en forma permanente, en  
los alrededores del tambo. 7  
Crónicas disponibles de los años 1547 y 1556 mencionan la  
existencia de la población de Ambato, junto a Riobamba, Latacunga  
y Mocha. Ambato está referido como urbe de segunda categoría,  
frente a los ojos de los jefes de la conquista.  
Ambato será parroquia  
Los registros del asiento de Ambato  
Según Isaías Toro Ruíz, en su artículo histórico Fundaciones  
8
de Ambato, Ambato queda registrada en 1563, como población exis-  
tente en el territorio de la Real Audiencia de Quito, aunque de forma  
nominal, sin escritura de creación. De un archivo de 1571, existe otro  
registro que ratifica la existencia de la población con organización  
comunitaria.  
En 1570, cuando la Real Audiencia de Quito se hallaba sin  
presidente, se dispone que Antonio Clavijo versado en jurispruden-  
cia y cánones, sea nombrado poblador general. Su función consistía  
en emprender la reducción de pueblos que estaban dispersos a causa  
7
8
Celiano Monge, Relieves, Editorial ecuatoriana, Quito, 1936, p.154.  
Isaías Toro Ruiz, “Fundaciones de Ambato”, en: Ambato Colonial, Imprenta La Tribuna, Ama-  
bato, 1951, p.14.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
426  
Biografía de Ambato: 1500 a 1860  
del temor a la violencia imperante, para concentrarlos en un área de-  
finida. El proceso tenía el oculto afán de identificar a los individuos  
que pudieran pagar impuestos y reducir el número de caciques con  
privilegios. En la comarca de Ambato de ese entonces, habitarían  
unos 25 mil habitantes y unos 18 caciques.  
Clavijo pobló y redujo unos 18 pueblos. Llegó hasta el  
asiento de Ambato y en esta población, que tenía alguna concen-  
tración poblacional, definió su plaza matriz y concedió parcelas a  
los españoles, sembró árboles frutales y estructuró el plan de ca-  
minerías y enlaces con las vías de comunicación con otras pobla-  
ciones. Clavijo fue el gran fundador de ciudades en la zona central  
de la Real Audiencia de Quito. Fundó en Cotopaxi: Pujilí, Saquisilí,  
Aláquez, Mulli Ambato (San Miguel de Salcedo), Mulli Mulalillo y  
Mulli Cusubamba; en Chimborazo: Guano, Ilapo, San Andrés,  
Calpi, Tixán, Sibambe, Licán, y, en Tungurahua: Píllaro, Patate, Pe-  
lileo, Tisaleo, Quero y San Bartolomé (en el actual parque Ceva-  
llos). Clavijo se quedó a vivir en Ambato. En el catastro de 1606  
aparecen los nombres de Sebastián y Juan Clavijo, sus descendien-  
tes directos.  
Ambato es asiento legalizado desde 1595. Desde 1541 hasta 1595  
Ambato no dispuso de calificación en la Ley de Creación de Ciuda-  
des en las Indias Occidentales, ni nombramientos de autoridades que  
no sean las comunitarias. Ambato dependió de Quito desde 1563 a  
1588, en calidad de una tenencia del gobernador y, en lo eclesiástico,  
como parroquia de indios dedicada a San Bartolomé. En 1587, Am-  
bato, en lo eclesiástico, pasó a depender de Latacunga. En 1589, se  
extiende la disposición de la Presidencia de la Real Audiencia de  
Quito, que la Tenencia de corregimiento de Ambato sea subalterna  
del Corregimiento Mayor de Riobamba (La Villa del Villar don  
Pardo).  
El 1595, Ambato recibe el nombramiento de asiento, con la  
autoridad de teniente de corregidor y escribano. Su primer teniente  
de corregidor fue Juan de Salinas; luego, en 1596, el español Rodrigo  
de Venegas; en 1597, Juan Sánchez; en 1599, Sebastián Clavijo.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
427  
Gerardo Nicola Garcés  
En 1596, Juan de Salinas prueba la siembra de la frutilla en  
sus haciendas de Tisaleo (Capote) y hace un plan que tiene una vi-  
sión regional. Establece la posibilidad de que se dedique a la agri-  
cultura una extensión de unas 22 mil caballerías (5.000 ha) en el  
territorio de Tungurahua. En 1598, se establece la Orden de Santo  
Domingo, que construye una hospedería o conventillo, en la que ra-  
9
dica un solo sacerdote, Felipe Ortega. En 1604, se construyó una  
iglesia dedicada a San Juan, con la idea de permitir ocuparla solo a  
los españoles. La iglesia de San Bartolomé se la dedica al uso de los  
indígenas, con la excepción que en esta no se puede aplicar los sa-  
cramentos.  
La Tenencia del corregimiento de Ambato incluía las comu-  
nidades de Quisapincha, Izamba, Santa Rosa, Píllaro, Tisaleo, Pelileo,  
Quero y Patate. El primer teniente de corregidor de Ambato fue Juan  
de Salinas. En esos años introdujo los viñedos a Quillán; perales,  
manzanares, melocotones y albaricoques, traídos por los viajeros, se  
trasplantaron de huertos franceses a Huachi.  
Mocha, con gran influencia de los dominicanos, igualmente  
fue una Tenencia de corregimiento, subalterno del Corregimiento de  
Riobamba. Las parcialidades dependientes fueron de los pelileos, ti-  
saleos, queros y patates. La Orden Dominicana contribuyó con el de-  
sarrollo del asiento de Ambato mediante el impulso de las artesanías,  
la agricultura, la fruticultura y, algo fundamental, sostuvieron el pri-  
mer plantel educativo de Ambato llamado Aula de Gramática.  
Al iniciar este siglo ya es notoria la presencia de criollos, los  
nacidos entre indios y españoles. El P. Alfonso Jervis nos da la infor-  
mación sobre la población de Ambato: 97 blancos, 3 negros y 100 in-  
dios; 24 eran casados y tenían 26 hijos. Con los años el mestizaje no  
produjo un proceso homogéneo. Hay individuos con la impronta  
blanca y se apoderan de los recursos. Otros, sin ese aspecto, reducen  
sus posibilidades y expectativas sociales y económicas.  
La población se extiende 10 cuadras hacia el oriente, dispone  
de una plaza, 400 casas de indios, y otras tantas para blancos. La po-  
9
Alberto María Torres, “La Hospedería Dominicana de Ambato”, Boletín de la Academia Nacional  
de Historia, Tipografía y encuadernación Salesianas, Quito, 1920, p 72.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
428  
Biografía de Ambato: 1500 a 1860  
blación negra se mantiene en número mínimo. En este siglo se asen-  
taron en Ambato las siguientes órdenes eclesiásticas: dominicos,  
mercedarios, jesuitas y agustinos.  
En Ambato no se conoce el número de sacerdotes radicados  
en sus conventos; en la Real Audiencia de Quito estaban registrados  
unos 1.000.“Tan alto era el número de religiosos, que en 1626 ya se prohibió  
la fundación de nuevos conventos o el establecimiento de nuevas congrega-  
ciones. Estas congregaciones no guardaban ninguna observancia de la Re-  
ligión Católica. Tenían una vida disipada.”10  
El terremoto de 1698  
Para rematar el siglo lleno de sufrimientos para Tungurahua,  
tiene lugar el terremoto del 20 de junio de 1698, a la primera hora de  
la madrugada. A continuación, por efectos de la alteración de las  
masas de hielo del Carihuairazo, se hacen presentes lahares que  
arrastran las poblaciones de Ambato ubicadas en el Socavón y en la  
Península, dejándolas en ruinas. Perecieron 556 españoles y 1.330  
criollos y aborígenes. El Rey no mueve un dedo para favorecer a los  
damnificados ambateños. Se reubica la ciudad con fundamento en  
11  
el Libro Rojo de Ambato, que es el catastro de la refundación. Antonio  
Ron es designado juez fiscal para todos los casos derivados del te-  
rremoto.  
Un libro rojo para Ambato  
Este documento señala las líneas de organización de la nueva  
ciudad que se resolvió fundar para remplazar el destruido asiento  
de Ambato existente desde 1534 en Cashapamba, según señal espa-  
ñola, ahora en ruinas por efectos del terremoto de 1698. Su parte fun-  
damental se conforma de un catastro de solares, con la manzana  
matriz en el actual Parque Montalvo, que incluyó, es preciso señalar,  
1
1
0 Gerardo Nicola López, Historia de La Provincia de Tungurahua …op. cit.  
1 Fray Jodoco Ricke, Libro rojo de la ciudad de San Juan de Ambato: 1698, Versión de Jorge A.  
Garcés G., Editorial Fray Jodoco Ricke, Quito, 1955, p. 44.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
429  
Gerardo Nicola Garcés  
las opiniones ciudadanas para urbanizar con la inclusión de servicios  
públicos que resolvían acuciantes necesidades poblacionales.  
El Libro Rojo de Ambato contiene también cartas y resoluciones  
para seleccionar el sitio: ¿Podría ser Izamba el sitio más conveniente?  
No, hay dificultades para el suministro de agua. Los indígenas pro-  
ponen que sea Mocha el lugar de la nueva Ambato. No, ese lugar  
está afectado por el terremoto y los aluviones, y, además el clima es  
inclemente. Se acuerda que sea el asentamiento de San Bartolomé,  
el nuevo sitio para refundar Ambato. Con la guía del Libro Rojo, la  
ubicación destinada a la Plaza Matriz es la primera en trazarse, será  
la manzana eje del damero, en fiel cumplimiento a la Ley Española  
de Ciudades en América; luego se trazan las manzanas para uso pú-  
blico y los predios para particulares y, sus costos, según la ubicación  
entre las cuadras, de la primera a la séptima.  
Justamente, un año después del cataclismo, en junio de 1699,  
se dictaba por el delegado de la Real Audiencia de Quito, señor Dá-  
valos, la última requisitoria a españoles e indios para que no volvie-  
ran a edificar en la población arruinada, so pena de 200 pesos a los  
primeros y 200 azotes a los otros, al mismo tiempo que se rogaba y  
se encargaba a los padres Gómez y Mera, franciscano y mercedario,  
no insistir en la reedificación del convento y la hospedería en la po-  
blación abandonada. La disposición de este asiento es buena; se hace  
cómputo que tendrá 8, 9 o 10 mil almas. Sus casas son de adobes,  
bien parecidas y formadas, todas bajas; precaución necesaria contra  
el efecto de los temblores. El territorio de Ambato (Tungurahua) tiene  
una parroquia, dos ayudas de parroquia y un convento de los reli-  
giosos Franciscanos.  
Historia de una hambruna  
El origen de las hambrunas de estos años del siglo XVIII tiene  
lugar en la pérdida de las cosechas del único elemento sustancial de  
la dieta de los aborígenes del altoandino: la papa. Por escasez de  
agua, un año, y, por exceso de agua, en el siguiente.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
430  
Biografía de Ambato: 1500 a 1860  
1723. La región de Ambato ha sufrido desde inicios de año  
una sequía implacable, que ha producido angustia en el espíritu de  
sus habitantes. La lluvia se ha ausentado y se ha hecho presente un  
agosto más ventoso de lo habitual. La agricultura se ha extenuado y  
los mercados están vacíos. Las pobres gentes, que deambulan por  
las calles y los campos, imploran por agua y algún mendrugo. Los  
indígenas injieren yerbas del páramo maceradas en agua lluvia y  
prolongan su agonía, porque estas pócimas no calman el hambre  
sino son el origen de su dolor de los intestinos.  
1724. Nomás ha sido cosa de quemar el Año Viejo, para que  
el cielo se desplome sobre los campos. La lluvia cae a todas horas.  
San Pedro ha descuidado las vertientes y toda el agua del paraíso  
aflora en esta ínsula. Las grandes avenidas de caudales del río Am-  
12  
bato arrasan con todo lo que encuentra a su paso. Las aguas se es-  
curren con violencia. Y sobre eso, los días vienen acompañados de  
heladas que no dejan vestigios de los sembríos. Y el aire se enrarece,  
el polvillo volátil de trigo atrae plagas. ¿El resultado? En las tierras  
del Ambato primaveral hay hambruna. Los caminos están intransi-  
tables y no hay posibilidad de entregar auxilios a los pobladores ais-  
lados.  
Una causa para explicar la hambruna de estos años de me-  
teoros extremos se fundamenta en la pérdida de la apuesta al único  
elemento de dieta que hicieron los productores: la papa, que fue  
esencial en las décadas previas. Por escasez o por exceso de agua, las  
cosechas se perdieron y las gentes se miraron en el espejo del infor-  
tunio.  
Esta región, de clima tan estable, había sido estructural-  
mente empobrecida, porque las mejores tierras fueron entregadas  
a los terratenientes españoles y mestizos, dejando a las comunida-  
des indígenas encerradas en las tierras altas parameras, sujetas a  
los meteoros. A ello, habría que añadir que la población indígena  
tenía fluctuaciones significativas en su número, por la demanda  
que se hacía de los varones jóvenes para atender al trabajo en las  
12 Gerardo Nicola Garces, Historia de una hambruna. Documento inédito.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
431  
Gerardo Nicola Garcés  
mitas, los obrajes y las encomiendas, en las cuales las condiciones  
eran tan duras que morían en medio de las jornadas de trabajo. Si  
bien, el número de la población indígena multiplicaba a la de crio-  
llos y españoles, sus ingresos per cápita eran probablemente de la  
centésima parte. Los más pobres subsistían intercambiando su  
mano de obra por pedazos de tierra, donde poder cultivar. Y la  
mejor forma de sacar provecho a la tierra, en las alturas andinas,  
era sembrar papa.  
La papa es un alimento muy completo para la nutrición, ade-  
más de no requerir espacios especiales para disponer de silos para  
consumo y almacenamiento, sosteniendo su buena condición ali-  
menticia por largos periodos. Entre 1723 y 1724, se perdieron las co-  
sechas por problemas de humedad, que trajeron plagas. Se supone  
que se trataba de un hongo que atacaba la hortaliza. A la vista no se  
notaba su afectación, pero la raíz -la papa- estaba podrida. El caso  
es que las penurias se prolongaron por un lustro. La no intervención  
y la indiferencia del Estado colonial amplificó la penuria del pueblo,  
porque las élites sociales y políticas no veían con buenos ojos las ayu-  
das al pueblo indígena para paliar la crisis.  
El presidente de la Real Audiencia les dijo que confiaran en  
la Divina Providencia, o sea en el mercado, y, no ocultó los graves  
prejuicios étnicos que impedían cualquier solución: era una prueba  
que les manda Dios -afirmó rotundo. Así que, no les facilitó comida  
externa y la hambruna y la muerte se enseñorearon en las poblacio-  
nes aborígenes. Se sabía que la escasa producción de papa y otros  
productos salían de las haciendas para las ciudades, mientras las co-  
munidades productoras se morían de hambre. Ni el Estado colonial  
ni el mercado pudieron resolver semejante crisis alimentaria. El  
maíz, que hubiera podido salvarlas, no llegaba a las comunidades  
de altoandino por escasez de dinero y de productos para el inter-  
cambio.  
Cuerpos debilitados por el hambre y las exigencias del ha-  
cendado para laborar largas jornadas, más los problemas de enfer-  
medades relacionadas con los virus y bacterias, tuvo como  
consecuencia que hasta 1730, la mortalidad se mantenga en un índice  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
432  
Biografía de Ambato: 1500 a 1860  
de más del 10%. La ruina alimenticia y el descontento social se aho-  
gaba con la ingesta de alcohol. Los incipientes estancos no pudieron  
imponerse con la imposición de impuestos altos al licor. El sistema  
colonial en realidad no tenía un régimen agrario, las haciendas eran  
ineficientes, abusivas y dieron lugar al fracaso en el cumplimiento  
de sus empeños para solucionar el suministro de alimentos. En  
medio de la situación de desatención a los trabajadores agrícolas y  
su decaimiento físico, que los atrapó en múltiples patologías, se crea-  
ron los conceptos de que los indios eran pobres por borrachos y por  
ociosos. Nada se decía de su deficiente alimentación y de la actitud  
de sus crueles patrones.  
En esos años, las decisiones que se tomaban en Quito iban  
en concordancia con las disposiciones del virreinato de Nueva Gra-  
nada. La orden era de llenar las arcas fiscales, sin analizar las conse-  
cuencias sociales. Había que mandar dinero y metales al rey de  
España y esa era la misión encomendada que se debía cumplir. Las  
enfermedades del hambre se mantendrían por otro par de siglos en  
13  
la sociedad quiteña. El sistema agrícola, que había sido el sustento  
del mundo incata, tuvo unos tibios procesos de restructuración, que  
se reflejaron en la diversificación de las siembras agrícolas y en el  
autobloqueo biológico del hongo, para lograr cambiar las circuns-  
tancias de este terrible periodo.  
La primera imprenta  
El enredo de los trámites en La Real Audiencia de Quito se  
ve reflejada en las gestiones para buscar la disponibilidad de la im-  
prenta en el Ecuador. A México llegó en 1539 y a Lima en 1584, en  
1
1
667 a Paraguay, en 1781 a Argentina, en 1787 a Cuba, a Uruguay en  
807, a Chile en 1812, a Brasil en 1813, a Panamá en 1824 y a Bolivia  
en 1825. A la Real Audiencia de Quito, en Ambato, llegó en 1755,  
luego de 20 años de trámites.14  
1
1
3 Gerardo Nicola Garces, Historia de una hambruna, op. Cit. Documento inédito.  
4 Gerardo Nicola López, Historia de La Provincia de Tungurahua …op. cit., p. 320.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
433  
Gerardo Nicola Garcés  
Hay una gran acción en la promoción por parte de los sacer-  
dotes que estaban a cargo de la Casa Jesuita de Ambato, para lograr  
que la imprenta pueda ser instalada en Ambato. Destacamos a los  
personajes que participaron en la instalación de la primera imprenta:  
José María Maugeri, José Juan y Tomás Polo de Águila, Juan  
Schwartz. Estos aspectos culturales ayudaron a fundamentar la pe-  
tición para disponer que Ambato sea una villa.  
Ambato: tenencia de corregimiento a corregimiento  
De parroquia a cantón  
El 16 de octubre 1759, mediante la inscripción de una Cédula  
Real, Ambato cambiaría su status de asiento o tenencia de corregi-  
miento a corregimiento. El 11 de octubre de 1759, el asiento de San  
Juan Bautista de Ambato es elevado a villa mediante edicto del Rey  
Carlos III, firmado en el palacio de Buen Retiro, Municipio de Ma-  
drid, según original que reposa en el Archivo Nacional - Sección Go-  
bierno-, título que contiene la presente razón que consta en el texto  
del documento original.  
La Cédula Real que confiere el título de Villa de San Juan Bautista de  
Ambato data del 11 de octubre de 1759. El 16 de octubre, luego de pagar  
las costas, queda registrado el nuevo corregimiento.  
Primer Cabildo Municipal de Ambato, 1759: Alcalde ordinario- Ventura  
López de la Huerta, Alcalde provincial- José Matías de Villalva, Algua-  
cil mayor- Domingo Navarrete  
Fiel ejecutor- Esteban Egues de la Torre, Regidor: José Egues de Mestas,  
Procurador: Jacinto Moscoso, Corregidor: Manuel López Naranjo, Es-  
cribano-secretario: Antonio Balenzuela  
La erección en Corregimiento mayor de Ambato está fechada el 21 de  
noviembre de 1794. Antonio Pastor nominado primer corregidor o al-  
calde mayor.15  
15 Isaías Toro Ruiz, “Fundaciones de Ambato”, en: Ambato Colonial, op. cit., p.75.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
434  
Biografía de Ambato: 1500 a 1860  
El terremoto de 1797  
Este episodio telúrico destruye la zona central de la Real Au-  
diencia de Quito y, afecta desde Popayán hasta Loja. Ocurre a las  
7
4
h45 del 4 de febrero. Pelileo tuvo 4.000 víctimas, Píllaro 701, Quero  
52 y el centro urbano cambio de sitio, Ambato 262, Patate hubo un  
indeterminado número de víctimas y se requirió el cambio de sitio  
de la población. En Ambato cayó su única edificación significativa  
que era la Iglesia Matriz, que databa de 1705.  
El cataclismo cambio la topografía de la zona afectada pero  
también las condiciones de salud. Desde ese año aparecieron en  
nuestras poblaciones enfermedades como tifus, tifoidea, viruela y  
enfermedades relacionadas con las vías respiratorias. Además, la si-  
cología de la población cambió hacia el campo negativo. Los asesi-  
natos, las agresiones y los abusos a las mujeres se hicieron frecuentes.  
El corregidor Darquea sancionaba continuamente “(…) a los  
hombres que exigían por la fuerza a las mujeres para que se ofrezcan por  
16  
una noche (…)”. La estructura familiar formal, en todos los grupos  
sociales, no pudo estructurarse sino después de décadas.  
El concepto de familia no estaba claro por las continuas ro-  
turas causadas por los estamentos económicos y las guerras que ale-  
jaban a los varones de sus familias.  
Durante todo el año 1807, el gobernador Bernardo Darquea cela el con-  
cubinato público. En cierta noche de la siempre primaveral Ambato,  
organiza un piquete y promueve una batida, sorprendiendo a 15 pare-  
jas en lechos ajenos. En prisión, aplica las multas que varían de uno a  
ocho pesos, según la edad, el tiempo de compañerismo y si hay adul-  
terio. Se puede desquitar con dos meses de trabajo en la acequia Mira-  
flores y, las mujeres, por tres meses en el obraje de Huachi. Si continúan  
sus entradas donde mujeres ajenas serán tratados por todo el rigor de  
derecho y no con la misericordia que al presente. Y quien quiera ca-  
sarse, no saldrá de la pena de cárcel sin antes ser confesado, comulgado  
y casado en el oratorio.17  
1
1
6 Isaías Toro Ruiz, “Fundaciones de Ambato”, en: Ambato Colonial, op. cit., p.77.  
7 Isaías Toro Ruiz, “Fundaciones de Ambato”, en: Ambato Colonial, op. Cit., p.76.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
435  
Gerardo Nicola Garcés  
El gobierno de la Real Audiencia no ayudó a la reconstruc-  
ción de la ciudad, ni en el auxilio de las personas afectadas por las  
continuas epidemias. “Los fondos reales no se tocan”. Y las pobla-  
ciones destruidas tuvieron serios inconvenientes para rehacer sus vi-  
viendas. El año fue de baja pluviosidad y los cultivos tuvieron  
problemas. La baja producción de alimentos, llevaron a la población  
al filo de la hambruna. Después del terremoto de 1797, la Corona es-  
pañola, con la idea de que Ambato no podría restablecerse de los im-  
pactos de semejante fenómeno natural, le retiró su nombramiento  
de corregimiento. En 1802, por decisión real se revisó tal decisión y  
restituyó los derechos de corregimiento de Ambato.  
La independencia de la comarca de Ambato  
El 12 de noviembre de 1820, se decidió que sea el día de la  
independencia de Ambato. Pero hubo otros gritos para lograr la li-  
bertad. A inicios del siglo XIX, Ambato era el único cantón en terri-  
torio tungurahuense. Las condiciones políticas impedían cualquier  
entendimiento real entre los gobernantes coloniales y los grupos so-  
ciales, despreciados por causas raciales y de desestructuración fami-  
liar. Los abusos de alguaciles, cobradores, funcionarios y soldados  
españoles precipitaron el pronunciamiento de esta provincia, el 27  
de agosto de 1809, con un masivo respaldo al primer grito de inde-  
pendencia, dado por Quito.  
Los españoles habían destruido la economía colonial y el em-  
pobrecimiento se evidenciaba en el hecho de que los envíos de me-  
tales y dinero a España era cada día más dificultoso. Y se enfrentaban  
al descontento de las masas en cada rincón de las Américas. En esas  
circunstancias, representantes de Pelileo, Píllaro, Quero y Santa Rosa  
suscribieron el documento de respaldo al pronunciamiento de Am-  
bato por la independencia. La gran masa popular fue empujada por  
frailes enemistados con sus congéneres españoles, con quienes se  
disputaban las almas para llevarlas al cielo y también los regios ré-  
ditos que se obtenían por la administración de las parroquias ecle-  
siales.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
436  
Biografía de Ambato: 1500 a 1860  
Pero había unas causas propias que empujaban al pueblo a  
la rebelión. Una de ellas era la de buscar la anulación de la Ley de la  
Esclavitud como era la del Patronato y, la correcta interpretación que  
constituía que todo el producto de su trabajo era enviado a España  
y no quedaba ninguna reserva para ellos.  
Desde el 1 de enero de 1812, se reunió en Quito una Asam-  
blea Nacional Constituyente que nos dio la primera constitución de  
hombres libres, fechada el 15 de febrero de 1812, que fue un pacto  
de unión y sociedad, entre las provincias que se unieron al Estado  
de Quito. En ese sentido Ambato dio su apoyo a esta iniciativa. En  
todo esto, los frailes jugaron un papel fundamental en estas luchas,  
al poner a las órdenes de los independistas su pulpito, sumas apre-  
ciables de dinero y víveres. De esa forma pudo organizarse escua-  
drones de soldados con raigambre criolla.  
Los reportes de personajes como los sabios José Caldas en  
1804, Alexander von Humboldt en 1802, José Celestino Mutis a fina-  
les del siglo XVII y otras misiones de científicos y cronistas, dieron  
tan estremecedores reportes de las condiciones de vida en las colo-  
nias, que en Europa se preparaba resoluciones contra la corte espa-  
ñola. La independencia no fue un acto aislado de los deseos del  
pueblo. Todos veían en estos propósitos la posibilidad de liberarse.  
Creemos que la independencia si fue un acto popular.  
Hoy, 12 de noviembre de 1820…  
Todo el virreinato de Nueva Granada se hallaba muy con-  
movido. Bolívar había logrado desconcertar a los realistas. Funda-  
mentado en el movimiento colectivo de las colonias, las acciones de  
guerra eran muy difíciles para el ejercito realista que debía atender  
varios frentes.  
La costa de Tumaco, donde se encuentra Esmeraldas, obtuvo  
su independencia el 5 de agosto de 1820. A continuación, Guayaquil  
que decidió su independencia absoluta de España, firmó su acta de  
independencia el 9 de octubre de 1820. En Ambato se pretendió dar  
un respaldo público a Guayaquil de forma inmediata. Pero fue im-  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
437  
Gerardo Nicola Garcés  
posible. Todos los ojos estaban sobre este territorio para reprimir  
cualquier acto subversivo. El 12 de noviembre se dio el grito de in-  
dependencia de la provincia de Ambato. Pero el grito de indepen-  
dencia fue una cosa, la realidad otra. Los españoles rehicieron sus  
filas y recuperaron las poblaciones. Y así, una guerra de guerrillas  
en las que se avanza ahora y se retrocede mañana. Se da el definitivo  
grito de independencia. El 21 de abril se libera Riobamba y el 29 de  
abril de 1822 Ambato republicano tenía el control de todas sus po-  
blaciones.  
El 12 de noviembre de 1820 se consignó como el día de la in-  
dependencia de Ambato, lo que debe entenderse, como el día de la  
independencia de Pelileo, Píllaro, Patate, Baños, Mocha, Tisaleo,  
Quero y Cevallos. Y de todas las parroquias ancestrales: Quisapin-  
cha, Pilahuín, Santa Rosa, Picaihua, Pinllo, Izamba. De ninguna  
forma existe una independencia “solo de la ciudad de Ambato”. Este  
episodio de noviembre 12 es de libertad de todos los pueblos de Tun-  
gurahua.  
La Convención Constituyente de 1835, realizada en Ambato, de-  
clararía a este territorio República con el nombre de Ecuador, libre e  
independiente, sin lazos con Colombia. No seriamos de ninguna  
forma, nunca más, su Departamento del Sur, como constó en la pri-  
mera Convención Constituyente, de 1830. En esta segunda conven-  
ción constituyente se tuvo logros y consecuencias que la primera  
constituyente llevada a cabo en Riobamba, la de 1830, no obtuvo.  
La creación de la provincia de Tungurahua  
Las poblaciones de la actual provincia de Tungurahua de-  
pendieron administrativamente de la provincia de Chimborazo,  
desde el año de 1589. Esta situación se prolongaría hasta noviembre  
9
de 1831, fecha en que se decretó que Ambato sea cantón de la pro-  
vincia de Pichincha, en donde permaneció hasta el 1 de abril de 1851,  
cuando Ambato conforma con Latacunga la provincia de Cotopaxi,  
por decreto del 26 de marzo de la Convención Nacional instalada el  
8
de diciembre de 1850. El presidente Urvina el 9 de octubre de 1851,  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
438  
Biografía de Ambato: 1500 a 1860  
resuelve renombrar a la provincia de Cotopaxi por provincia de  
León, en honor al distinguido ciudadano latacungueño Vicente León  
y Arguelles. El 3 de julio de 1860 tuvo lugar su erección en provincia.  
Con este nombre existiría hasta el 1 de junio de 1938, cuando el Gral.  
18  
Enríquez Gallo mediante decreto vuelve a llamarla Cotopaxi.  
En el decreto de la división territorial de la provincia de León  
se resuelve que la provincia de León se compondría de los cantones  
de Latacunga y Pujilí; y, la provincia de Ambato se integraría de los  
cantones de Ambato, Píllaro y Pelileo. En la Convención Nacional  
del 29 de mayo de 1861 es ratificada la creación y es sancionada por  
el Ejecutivo. El 14 de julio de 1861 la Legislatura registra en el Diario  
Oficial el nombre de Provincia de Tungurahua. A la Convención de  
1
861 concurrieron como diputados por Ambato Juan León Mera,  
Luis Rafael Albornoz y Miguel Francisco Albornoz.  
Un colegio que fue Universidad  
La universidad en Ambato que funcionó de 1864 a 1869, tiene  
un origen en los conflictos que vivió el país en la presidencia de Fran-  
cisco Robles y en la solución política impuesta por el triunvirato pre-  
sidido por Gabriel García Moreno, que dio paso a la creación de esta  
institución en Ambato, dentro de la estructura del Colegio Nacional  
Bolívar.  
1864. Año de creación de la Universidad ambateña. El 10 de  
junio de 1864 se establece la enseñanza de Jurisprudencia civil y ca-  
nónica bajo la dirección del doctor Carlos Casares y, como rector del  
Colegio, al doctor Francisco Javier Montalvo. En reunión de profe-  
sores presidida por el vicerrector doctor Agustín Nieto. En sesión de  
la Junta de profesores del 28 de diciembre de 1864, compuesta por el  
rector Francisco Javier Montalvo y los jurisconsultos Carlos Casares,  
Ignacio Saá y Juan Francisco Baca, se dio lectura al reglamento que  
regiría las actividades del Colegio.  
En seis años, profesores de la valía del doctor Carlos Casares  
18 Gerardo Nicola Garces, Tungurahua desde el principio en Revista Ambato, de julio agosto 2021,  
año 38, número 120, pp. 12-13.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
439  
Gerardo Nicola Garcés  
conocido y famoso jurisconsulto capitalino, dueño de erudición y sa-  
gacidad jurídicas, prestan su concurso a la provincia, y en lo que a  
él respecta, por seiscientos pesos anuales. (NdE. Un profesor del Co-  
legio lograría ganar unos 120–180 pesos anuales).  
Desde 1864 actúo el doctor Casares y se sabe que dictaba  
Gramática Latina, Principios y fundamentos de Legislación Civil y  
Penal, Ciencia administrativa, Economía Política, Ciencia constitu-  
cional, Derecho de gentes, y las demás asignaturas que constaban en  
la malla curricular elaborada por el mismo, en colaboración con el  
rector Francisco Javier Montalvo. En abril de 1969, se aprobaría la  
creación de la Universidad Técnica de Ambato. Pero esa es otra his-  
toria.  
Bibliografía  
DE VELASCO Juan. Historia del Reino de Quito, Tomo III, Empresa editorial El  
Comercio, Quito, 1946.  
HARO ALVEAR, Silvio. Riobamba. En Puruha nación guerrera. Editora Nacional,  
Quito, 1977.  
MONGE, Celiano. Relieves, Editorial ecuatoriana, Quito, 1936.  
NICOLAGARCES, Gerardo. La casa de los estancos: ensayos históricos sobre Ambato  
y Tungurahua, Universidad Técnica de Ambato, Ambato, 2017.  
––––––, Historia de una hambruna. Documento inédito.  
–––––, Tungurahua desde el principio en Revista Ambato, de julio agosto 2021,  
año 38, número 120, Revista Amabato Editores, Ambato, 2021.  
NICOLA LÓPEZ, Gerardo. Historia de La Provincia de Tungurahua, tomo 1, Pio  
XII, Ambato, 1994  
RICKE, Fray Jodoco. Libro rojo de la ciudad de San Juan de Ambato: 1698, Versión  
de Jorge A. Garcés G., Editorial Fray Jodoco Ricke, Quito, 1955.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
440  
Biografía de Ambato: 1500 a 1860  
TORO RUIZ, Isaías. “Fundaciones de Ambato”, en: Ambato Colonial, Imprenta  
La Tribuna, Amabato, 1951  
–––––, Del Pasado Amabateño y Microbiografias nacionales: Ambato de antaño, Im-  
prenta Nacional, Quito, 1975.  
TORRES, Alberto María.“La Hospedería Dominicana de Ambato”, Boletín de la  
Academia Nacional de Historia, Tipografía y encuadernación Salesianas,  
Quito, 1920.  
BOLETÍN ANH Nº 207 • 423–441  
441  
La Academia Nacional de Historia es una  
institución intelectual  
y
científica,  
destinada a la investigación de Historia  
en las diversas ramas del conocimiento  
humano, por ello está al servicio de los  
mejores  
intereses  
nacionales  
e
internacionales en el área de las  
Ciencias Sociales. Esta institución es  
ajena a banderías políticas, filiaciones  
religiosas,  
intereses  
locales  
o
aspiraciones individuales. La Academia  
Nacional de Historia busca responder a  
ese  
carácter  
científico,  
laico  
y
democrático, por ello, busca una  
creciente profesionalización de la  
entidad, eligiendo como sus miembros a  
historiadores  
entendiéndose por tales  
profesionales,  
quienes  
a
acrediten estudios de historia y ciencias  
humanas y sociales o que, poseyendo  
otra formación profesional, laboren en  
investigación histórica y hayan realizado  
aportes al mejor conocimiento de  
nuestro pasado.  
Forma sugerida de citar este artículo: Nicola Garcés, Gerardo,  
"
Biografía de Ambato: 1500 A 1860", Boletín de la Academia  
Nacional de Historia, vol. C, Nº. 207, enero – junio 2022, Academia  
Nacional de Historia, Quito, 2022, pp.423-441