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Vol C  
Nº 207  
Enero–junio 2022  
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BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
Vol. C – Nº. 207  
Enero–junio 2022  
HISTORIAS DE HERÁLDICA:  
EL ESCUDO DE LA “CASA ZALDUMBIDE”  
1
Álvaro R. Mejía Salazar2  
Resumen  
Esta investigación presenta la historia de una piedra herál-  
dica que ha presidido la entrada de una de las tradicionales casas  
quiteñas por cuatro siglos, dando respuesta a varias interrogantes  
que, sobre su origen y pertenencia, hasta ahora no habían podido ser  
dilucidadas. En este estudio también expondrán varios pasajes de la  
historia social y urbana quiteña.  
El texto se articula a través de los siguientes subtítulos: El es-  
cudo de la casa Oe3-17 de la calle Chile de Quito, ¿Escudo de los  
Maldonado?, ¿Escudo de los Zaldumbide?, ¿El escudo de los Re-  
belo?. Este trabajo presenta también introducción y conclusión.  
Palabras clave: Heráldica, Quito, Revelo  
Abstract  
This research presents the history of a heraldic stone that has  
presided over the entrance of one of the traditional Quito houses for  
four centuries, responding to several questions about its origin and  
belonging that until now had not been elucidated. In this study they  
will also expose several passages of Quito’s social and urban history.  
The text is articulated through the following subtitles: The  
coat of arms of house Oe3-17 on Chile street in Quito, Maldonado’s  
coat of arms? Zaldumbide’s coat of arms? Rebelo’s coat of arms? This  
work also presents an introduction and conclusion.  
Keywords: Heraldry, Quito, Revelo  
1
2
Recibido: 09/03/2022 // Aceptado: 20/06/2022  
Doctor en Derecho (UCM), historiador (ANH, AEHE, IPGH) y docente universitario (UASB-  
E, PUCE-Q). armejiasalazar@gmail.com  
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Álvaro R. Mejía Salazar  
Introducción  
No son tantas las piedras o maderos labrados con motivos  
heráldicos de nuestro período colonial que han sobrevivido hasta  
nuestros días; tampoco lo son los lienzos o pergaminos pintados con  
estas temáticas. Desde paredes o puertas, los escudos que encontra-  
mos en nuestras urbes testimonian, silentemente, la existencia de  
una historia tras ellos, historia, que en la generalidad de los casos,  
se encuentra oculta en archivos y libros, siendo por tanto descono-  
cida para el común.  
He de reconocer que el halo de fatuidad que ha envuelto a  
la heráldica la ha desvalorizado en el imaginario académico contem-  
poráneo, no obstante, desde hace algunos años he demostrado que  
escudos y blasones pueden constituir una valiosa fuente de datos  
históricos para nuestro medio; datos históricos útiles para llenar va-  
3
cíos o despejar dudas respecto del pasado. Cada piedra, madera o  
tela heráldica posee su propia historia, que si bien en ocasiones in-  
cumbe únicamente a la familia relacionada con ella, en otras, tiene  
relevancia con el pasado de una urbe, de un grupo de personal o, in-  
cluso, con la sociedad en su conjunto.  
En la serie “Historias de heráldica”, que inauguro con la pre-  
sente entrega, me daré a la tarea de relatar lo concerniente al pasado  
de los vestigios heráldicos que se encuentran en calles, plazas, con-  
ventos, iglesias y colecciones particulares, lo haré para rescatar del  
olvido a emblemas cuyo legado, importante en muchos casos, se ha  
tornado silente por el paso de los años y el cambio de usos y costum-  
bres, pero que ameritan ser redescubiertos por todo lo que podemos  
aprender de ellos y, ciertamente, porque todas las historias, sin dis-  
tinción, favoritismos o discriminaciones, deben ser preservadas y di-  
fundidas.  
El escudo de la casa Oe3-17 de la calle Chile de Quito  
En pleno centro histórico de la ciudad de Quito, más preci-  
3
Ver muchos ejemplos de esto en mis obras Hombres del XVI (Quito, IPGH, 2015) y Heráldica en  
la obra de Cristóbal de Gangotena (Quito, Ius et Historiae, 2020).  
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Historias de Heráldica:  
el escudo de la “Casa Zaldumbide”  
samente en la esquina suroccidental de las calles Chile y “Guaya-  
quil”, diagonal a la iglesia de San Agustín, se alza una señorial casa  
de dos pisos, cuya construcción actual data de finales del siglo XIX  
y que hoy en día se encuentra destinada a oficinas municipales. En  
su primera planta las paredes se encuentran recubiertas de piedra,  
con amplios ventanales; en la segunda luce, en mampostería, balco-  
nes, balaustradas, ventanales, columnas, cornisas y frisos, todo en  
un estilo arquitectónico de regusto francés. En el lienzo principal del  
inmueble, que se levanta sobre la calle Chile, se encuentra el portón  
de ingreso principal a la casa, cuyo marco está elaborado todo en  
piedra y demuestra una antigüedad muy superior a la intervención  
decimonónica del resto de la edificación. En el dintel de este marco  
de piedra se encuentra labrado bellamente un escudo.  
Casa Oe3-17 de la calle Chile de Quito  
Fotografía: Álvaro R. Mejía Salazar  
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Álvaro R. Mejía Salazar  
Este blasón es uno de los que se salvaron de la bárbara des-  
trucción de elementos heráldicos ocurrida en 1824. Recordaré que  
en julio de 1823 el general venezolano Bartolomé Salóm fue nom-  
4
brado Intendente de Quito. Una de sus acciones fue la de destruir  
los escudos reales que existían en varios edificios de la ciudad, así  
como también varios escudos de armas familiares –principalmente  
de las familias realistas–. Testigos indelebles de la destrucción de ele-  
mentos heráldicos en Quito son las portadas de piedra la capilla del  
Colegio Real de San Fernando y de la portería del convento de San  
Agustín, donde los escudos reales fueron cincelados y sus contenidos  
borrados. Uno de los escudos regios que curiosamente se salvaron  
de esta destrucción fue el que presidía la entrada del presidio de  
Quito. ¿Acaso Salóm decidió mantenerlo para generar en el ideario  
quiteño una relación entre España y la cárcel?  
La destrucción de los escudos en Quito obedeció a mandatos  
jurídicos vigentes tras la Independencia. Debe recordarse que en la  
«Constitución de Cúcuta» de 1821 –a través de la cual se creó la Re-  
pública de Colombia y quedó institucionalizada como la ley funda-  
mental de dicho Estado hasta su desaparición en 1830– se abolieron  
los títulos nobiliarios, mayorazgos y demás privilegios hereditarios,  
entre ellos, el uso de escudos de armas –artículo 181–. La supresión  
de los derechos, usos y costumbres nobiliarias, sería luego confir-  
mada a través de la «Ley de abolición» de 1824. Estas normativas ri-  
gieron en el Departamento del Sur de la República de Colombia –hoy  
República del Ecuador– desde 1822 hasta 1830 y sus previsiones abo-  
licionistas fueron expresamente confirmas por las posteriores Cons-  
tituciones ecuatorianas de 1835 –artículo 100– y de 1843 –artículos  
89 y 94–.  
4
Celiano Monge, Relieves. Artículos históricos, Editorial Ecuatoriana, Quito, 1936, p. 7.  
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Historias de Heráldica:  
el escudo de la “Casa Zaldumbide”  
Escudo de la casa Oe3-17 de la calle Chile de Quito  
Fotografía: Álvaro R. Mejía Salazar  
Regresando al escudo materia de este estudio, este se en-  
cuentra fajado en cinco particiones. La primera faja está cargada de  
una estrella en su mitad; las fajas dos, cuatro y seis cargadas con una  
flor de lis cada una, las cuales se encuentran ordenadas en banda;  
las fajas tres, cinco y siete lucen llanas. El escudo no presenta yelmo,  
lambrequines, ni otros adornos heráldicos; parece, en cualquier caso,  
que reposara, más por coincidencia que por otra circunstancia, en  
unos adornos que a simple vista parecen flores de las que emanan  
5
colas de pez –así las describe Ernesto La Orden Miracle– no obs-  
tante, Alfonso Ortiz Crespo corrige esta primera impresión, infor-  
mando que en realidad tal adorno se trata del pedúnculo y la corola  
de una flor vista por detrás–.6  
Ahora bien, dado que este escudo evidentemente colonial no  
se corresponde con alguna de las armas oficiales del reino español y  
tampoco a orden eclesiástico alguno, cabe la pregunta: ¿a qué familia  
5
6
Ernesto La Orden Miracle, Elogio de Quito, Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1975, p. 65.  
Alfonso Ortiz Crespo, Ciudad de Quito: guía de arquitectura, Junta de Andalucía, Quito, 2004.  
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Álvaro R. Mejía Salazar  
pertenece esta heráldica? Esta pregunta se han hecho varios histo-  
riadores urbanos, así como cotidianos transeúntes, sin que hasta  
ahora haya existido una respuesta definitiva, mas sí un par de con-  
jeturas al respecto. En este trabajo me refiero a ellas y, finalmente, re-  
velo –nunca mejor dicho– a quien pertenece el escudo de la casa  
Oe3-17 de la calle Chile de Quito.  
¿Escudo de los Maldonado?  
Según acabo de señalar, historiadores urbanos han elaborado  
hipótesis sobre la pertenecía del escudo en estudio a alguno de los  
linajes que poseyeron, o que al menos habitaron, el inmueble donde  
se encuentra desde hace siglos “contemplando” el devenir de la qui-  
teña plazuela de San Agustín. La primera de las hipótesis –a la cual,  
dicho sea de paso, me había plegado en su momento– es la corres-  
pondencia de este escudo a los Maldonado Sotomayor de Riobamba.  
Esta familia tiene por tronco en nuestros territorios al general Pedro  
Atanasio Maldonado Sotomayor y Aramburú, nacido en Arequipa  
en 1669 y caballero de la orden de Alcántara desde 1676.  
Pedro Atanasio fue hijo de Pedro Maldonado y Flores de Ca-  
brera, nacido en Lima, y bautizado en su parroquia de San Marcelo  
el 24 de mayo de 1629, caballero en la Orden de Alcántara desde  
1674, y de Isabel María de Aramburu y Angulo, natural de Chuqui-  
saca –hija de Joan de Aramburu, natural de Quito, caballero de la  
Orden de Santiago, y de María de Angulo, natural de Chuquisaca–;  
nieto, a su vez, de Sebastián Maldonado y Montalbo –en los expe-  
dientes de ingreso en la Orden de Alcántara de sus nietos se le cita  
erradamente como Sebastián Maldonado y Solier–, natural de Sal-  
vatierra de Tormes, Salamanca, y de Elena o Elvira Flores de Cabrera,  
de igual naturaleza –hija de Antonio Flores y de María Arias Alta-  
mirano, ambos de Salvatierra de Tormes–; y, bisnieto, finalmente, de  
Gonzalo Maldonado, natural de Sobradillo, Salamanca, y de Sebas-  
7
tiana Montalbo, natural de Salvatierra de Tormes, Salamanca.  
7
http://www.euskalnet.net/laviana/gen_hispanas/maldonado2.htm, consultado el 30 de di-  
ciembre de 2020.  
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Historias de Heráldica:  
el escudo de la “Casa Zaldumbide”  
Pedro Atanasio casó con la dama riobambeña María Isidora  
Palomino Flores y Villavicencio –hija de Antonio Palomino y Flores  
de Valdés, alférez real de Riobamba, y de su esposa María de Villa-  
vicencio y Tello de Rivera–. Esta pareja fue progenitora del gran  
sabio riobambeño Pedro Vicente Maldonado, así como de Ramón  
Joaquín, quien es la figura de interés a efectos de esta investigación.  
Ramón Joaquín Maldonado Sotomayor y Palomino, nació en Rio-  
8
bamba el 20 de febrero de 1700. Si bien ocupó distinguidos cargos  
en su ciudad natal y tuvo importantes propiedades en tal jurisdic-  
ción, Ramón Joaquín buscó horizontes más allá de las tierras del  
Chimborazo. Entre 1729 y 1732 fue teniente y capitán general del co-  
rregimiento de Latacunga. Para 1739 se había radicado en Quito  
donde ocupó los cargos de regidor perpetuo, alcalde de primer voto,  
9
procurador general del cabildo, entre otros. El 16 de septiembre de  
1
745, logró del rey Felipe V –primer monarca español de la casa Bor-  
bón–, la concesión del marquesado de Lises, previa la concesión y  
1
0
supresión del vizcondado de Tilipulo –recordaré que el famoso  
obraje de Tilipulo fue propiedad de Ramón Joaquín y de él tomó el  
nombre para su vizcondado–. En 1746 fue nombrado teniente de co-  
rregidor de Quito, habiéndose ocupado mucho por mejorar el urba-  
nismo de la ciudad.11  
La casa que ocupó Ramón Joaquín Maldonado Sotomayor y  
Palomino en Quito se encontraba ubicada en la esquina norocciden-  
tal de las actuales calles Chile y Guayaquil, esto es, en frente de la  
casa donde se encuentra el escudo de interés de este trabajo. Esto fue  
así, ya que el inmueble había pertenecido, al menos desde 1689, al  
doctor Diego de Segura y Lara; luego a su hijo, el también doctor  
Diego Zárate y Segura; posteriormente a su nieta Petronila Zárate y  
Alarcón, quien casó en 1729 con el antes citado Ramón Joaquín. La  
8
Fueron sus padrinos de bautizo el capitán Cristóbal López Moncayo y su esposa, doña Juana  
de Villavicencio y Terán; una de las parejas troncales, dicho sea de paso, de los Moncayo de  
Riobamba. Piedad y Alfredo Costales, Los Maldonado en la Real Audiencia de Quito, Banco Cen-  
tral del Ecuador, Quito, 19879, p. 75.  
9
1
Piedad y Alfredo Costales, Los Maldonado en la Real Audiencia de Quito, pp. 76-78.  
0 José Alejandro Guzmán, Títulos nobiliarios en el Ecuador, Academia Mexicana de Genealogía  
y Heráldica, Madrid, 1957, p. 128.  
11 Eliecer Enríquez, “El parque de La Alameda y el observatorio astronómico”, en Edgar Freire  
Rubio (Dir.), Quito, tradiciones, testimonios y nostalgias, tomo 4, Libresa, Quito 2002, p. 244.  
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Álvaro R. Mejía Salazar  
casa estuvo en propiedad de la familia, al menos una generación  
más, con Joaquín Gregorio Maldonado Sotomayor y Zárate, segundo  
marqués de Lises.12  
Para 1797, un hijo del anterior, llamado Ramón Joaquín Mal-  
donado Sotomayor y Borja, a la sazón, tercer marqués de Lises, apa-  
rece viviendo en la casa situada al enfrente de la de sus ancestros, es  
13  
decir, en la casa materia del presente estudio. Esto, pues se había  
casado con María Teresa Zaldumbide y Rubio de Arévalo, hija de  
Juan Zaldumbide Ibarguengoitia y de Josefa Rubio de Arévalo y  
14  
Mancheno de Ayala, quienes para aquel entonces eran los propie-  
tarios de dicha casa.  
Dada la vecindad de los Maldonado en la plazuela de San  
Agustín durante algunas generaciones y, más concretamente, dado  
que varios miembros de esta familia vivieron en la casa hoy identi-  
ficada con la numeración Oe3-17 de la calle Chile, a lo que añado la  
condición probada de hidalgos e incluso nobles titulados de esta fa-  
milia Maldonado y el hecho de que la heráldica inmemorial de tal  
linaje presenta flores de lis, ha llevado a pensar que el escudo fajado  
y con flores de lis que preside el portón de la casa en mención co-  
rrespondería a los Maldonado, sin embargo, esto no es así.  
Además de la razón de fondo que presentaré más adelante,  
se debe reparar en el hecho de que las flores de lis no son una pieza  
heráldica exclusiva de los Maldonado. En efecto, hay muchísimos li-  
najes que utilizan tal elemento emblemático en sus escudos, empe-  
zando por la familia real Borbón –en campo de azur, tres flores de lis  
de oro–, hasta el linaje de los Flores quiteños al que perteneció Santa  
Mariana de Jesús –en campo de azur, cinco flores de lis de oro puestas  
15  
en aspa–. Adicionalmente se debe recordar que el escudo materia  
12 Fernando Jurado, Casas, calles y gente del centro histórico de Quito, tomo XII, Instituto Metro-  
politano de Patrimonio, Quito, 2012, pp. 160, 165, 175 y 176.  
1
1
3 Fernando Jurado, Casas, calles y gente del centro histórico de Quito, tomo XII, p. 185.  
4 Josefa Rubio de Arévalo y Mancheno de Ayala era hija de Juana Mancheno de Ayala y Tole-  
dano, quien a su vez era hermana de Julián Mancheno de Ayala y Toledano, mismo que es-  
taba casado con Rosa Nicolasa Maldonado Sotomayor y Palomino, tía abuela del tercer  
marqués de Lises al que me acabo de referir.  
1
5 La flor de lis también constituyó una figura heráldica extendida por toda Europa occidental,  
al igual que lo eran otras como el león, el águila o la banda. Según Pastoureau, aparecía sobre  
todo en los escudos de armas de la pequeña y mediana nobleza, desde Flandes a Baviera o  
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Historias de Heráldica:  
el escudo de la “Casa Zaldumbide”  
del presente análisis presenta únicamente tres flores de lis puestas en  
banda, cuando las armas de los Maldonado lucen cinco flores de lis  
16  
de plata puestas en aspa, todas en campo de gules, siendo evidente  
la no correspondencia de estos dos blasones. Confirmo entonces que,  
pese a ciertas coincidencias simbólicas y locativas, el escudo en estu-  
dio no pertenece a los Maldonado marqueses de Lises.  
¿Escudo de los Zaldumbide?  
Según he anticipado, la casa hoy signada bajo el número  
Oe3-17 de la calle Chile perteneció a la familia Zaldumbide desde  
mediados del siglo XVIII. Todo empieza en 1736, año en que el capi-  
tán Matías de Santacruz adquirió la casa a los herederos de Cristóbal  
de Paredes Cortés, quien a su vez la había adquirido en 1705 a los  
herederos del alférez Alonso Benito de Heredia, mismo que la com-  
pró hacia 1672. Santacruz estaba casado con Teresa Rubio de Arévalo  
y Mancheno de Ayala, hermana de Josefa Rubio de Arévalo y Man-  
cheno de Ayala, quien estaba casada con Juan Zaldumbide Ibarguen-  
goitia. Esta última pareja pasó a vivir en casa de Santacruz en 1747  
17  
y la terminó adquiriendo al poco tiempo.  
Juan Zaldumbide Ibarguengoitia era vizcaíno, nacido en Mu-  
18  
jica en 1709, hijo de Pedro Zaldumbide Besanguiz Gogeascoa Zilo-  
niz Aurrecoechea –cito todos los apellidos que él declaró en su  
matrimonio– y de Josepha Ibarguengoitia Ubillos, ambos naturales  
19  
de Mujica, donde se encuentran registros de la familia Zaldumbide  
desde el siglo XVII. Juan pasó a América en 1739, fue vecino de Pasto,  
luego de Ibarra y finalmente de Quito. Hacia 1761 fue gobernador  
la Toscana, tratándose, en todo caso, de un motivo gráfico utilizado como emblema indivi-  
dual o familiar. En: Diana Olivares Martínez,”Flor de lis”, Base de datos digital de Iconografía  
Medieval. Universidad Complutense de Madrid, 2018. Ver en: www.ucm.es/bdiconografia-  
medieval/flordelis (09-03-2022)  
1
6 José Luis Malho Fernández, El Palacio de Maldonado, Universidad de Salamanca, Salamanca,  
2009, p. 30.  
1
7 Fernando Jurado, Casas, calles y gente del centro histórico de Quito, tomo XII, p. 214.  
8 Juan fue bautizado en la parroquia de San Vicente Mártir, de la anteiglesia de Mujica, en Viz-  
caya, el 5 de octubre de 1709. Archivo Histórico Eclesiástico de Vizcaya. Código de Referen-  
cia: ES/AHEB-BEHA/F006.265 (2698/002-00).  
1
1
9 Archivo Histórico Eclesiástico de Vizcaya. Código de Referencia: ES/AHEB-BEHA/F006.265  
(2699/002-00).  
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Álvaro R. Mejía Salazar  
de Jaén de Bracamoros, también fue contador general de las reales  
20  
rentas y tronco de su linaje en nuestros territorios.  
Es así que desde mediados del siglo XVIII y hasta 1955, con  
21  
siete generaciones de por medio, la casa de la esquina suroccidental  
de la plazuela de San Agustín fue propiedad de los Zaldumbide. Si  
a esto se añade la preminencia socioeconómica de la familia, queda  
explicado el por qué supusieron que el escudo de la entrada de su  
centenaria casa les correspondía. Puedo citar dos casos que demues-  
tran la realidad de esta suposición. Primero, en 1890 Jorge Zaldum-  
bide Arteta (Ibarra, 1864–Quito, 1924) dispuso la reconstrucción total  
de la casa, “dejado de lo viejo solo la portada con el escudo fami-  
22  
liar” ; es claro que Jorge tenía por suyas a aquellas armas y por ello  
las conservó cuando todo lo demás de la casa original fue modifi-  
cado. Segundo, ya a mediados del siglo XX, Fabian Zaldumbide Re-  
bolledo (Quito, 1900–Fairfax, 1991), mandó a elaborar un juego de  
comedor con sillas en madera y cuero, en cuyos espaldares mandó a  
repujar las iniciales “FZR” y el escudo fajado y con las tres flores de  
lis –además de los adornos florales a los que me referí en el primer  
23  
acápite– de la entrada de la antigua casa familiar.  
No obstante, tal suposición familiar se encontró errada, pues  
el escudo de la antigua casa de los Zaldumbide no corresponde a  
dicha familia. Para explicar esto iniciaré recordando que el origen de  
los Zaldumbide de Quito está en el pueblo de Mujica, Vizcaya; en  
español el apellido que se encuentra en idioma euskera significa “ca-  
mino del cabalero”.24 Existe registrado un escudo para una familia  
de este apellido, que luce en campo azur, un caballero de plata, ar-  
25  
mado en la diestra de una espada y de una lanza en la siniestra. Ig-  
2
0 Jaime Zaldumbide Guarderas, “Nota biográfica y genealógica”, en Poesías completas de Julio  
Zaldumbide, Comisión Nacional Permanente de Conmemoraciones Cívicas, Quito, 1988),  
pp. 463-464.  
21 Fernando Jurado, Plazas y plazuelas de Quito, Banco Central del Ecuador, Quito, 1989, p. 243.  
22 Fernando Jurado, Casas, calles y gente del centro histórico de Quito, tomo XII, p. 215.  
23 Estos muebles pertenecen hoy a una colección privada, en la cual los he conocido y fotogra-  
fiado.  
2
2
4 Koldo Mitxelena, Apellidos vascos, Biblioteca Vascongada de Amigos del País, San Sebas-  
tián1957, p. 107.  
5 Vicente de Cadenas y Vicent, Repertorio de blasones de la comunidad hispánica - letras S-T-U-V-  
W-X-Y-Z, Instituto Salazar y Castro, Madrid, 1966, p. 1922.  
BOLETÍN ANH Nº 589–608  
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Historias de Heráldica:  
el escudo de la “Casa Zaldumbide”  
Ornamento en sillas de Fabian Zaldumbide Rebolledo  
(Fotografía: Álvaro R. Mejía Salazar)  
noro si Juan Zaldumbide Ibargoitia, tronco de la familia en nuestros  
territorios, perteneció a dicho linaje blasonado –vale decir que en  
Mujica no existe caserío de Zaldumbide ni referencia heráldica a  
2
6
tal linaje–. Existen datos de otros dos escudos señalados como  
pertenecientes a Zaldumbide, pero que carecen de fuente docu-  
mental o bibliográfica respecto de su origen o realidad, además del  
hecho de haber buscado contrastarlos con fuentes heráldicas con-  
fiables, sin éxito alguno. Sin perjuicio de lo cual y en ánimo neta-  
mente documental, paso a referirme a ellos.  
El primer caso corresponde a un escudo que consta en unos  
apuntes sobre los Zaldumbide escritos por Cristóbal de Gangotena  
y Jijón. Tal escudo es descrito de la siguiente manera: “De gules, fa-  
jado de cinco piezas de oro. En los cantones altos siniestro y bajo diestro,  
26 Jaime de Kerexeta y Francisco de Abisqueta, Vascos en Colombia, Editorial Oveja Negra, Bo-  
gotá, 1985, p. 673.  
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Álvaro R. Mejía Salazar  
una rosita de oro”.27 En el segundo caso corresponde al escudo cu-  
riosamente descrito por Jaime Zaldumbide Guarderas en el siguiente  
sentido: “de oro con tres rosas de gules, puestas en triangulo mayor y entre  
28  
ellas dos fajas de azur”. Como señalé, no he logrado encontrar refe-  
rencia alguna del origen ni realidad de estos escudos y mucho menos  
demostración de la pertenecía de tales armas a Juan Zaldumbide  
Ibarguengoitia. En cualquier caso, el escudo de la casa que él adqui-  
rió en la plazuela de San Agustín no correspondía a su familia, pese  
a lo cual no buscó reemplazarlo, ¿acaso porque no tenía uno propio  
con que hacerlo?  
¿El escudo de los Rebelo?  
En el libro Casas, calles y gente del centro histórico de Quito,  
tomo XII, Fernando Jurado informa que: “En 1595 el anciano Pedro  
Rebelo tenía casa esquinera en la plazuela [la de San Agustín]. ¿En dónde?  
No podemos decir nada al respecto”.29  
Pedro Rebelo había nacido en la parroquia Granjal de la villa  
de Sernancelhe, en el reino de Portugal, a inicios del siglo XVI. Fue  
hijo de Simón Rebelo y Catalina Amado; nieto de Pedro Rebelo; y,  
bisnieto de Martín Rebelo. Para mediados del siglo XVI, Pedro Re-  
belo pasó a Quito como parte de los primeros grupos migratorios  
una vez consolidada la pacificación de la provincia; para 1567 ya se  
30  
lo encuentra del todo establecido en la novel villa. Hacia 1577, re-  
gresó a Portugal. En dicho año estuvo en Lisboa donde obtuvo cer-  
tificación de hidalguía y de su blasón familiar, luego de realizar  
informaciones ante la chancillería de la corte lusa. Pasó luego a Es-  
paña pues deseaba retornar a Quito, plan que concretó en 1579. Tal  
viaje lo realizó con uno de sus hijos varones, obteniendo para ambos  
la licencia respectiva en la Casa de Contratación de Sevilla el 2 de fe-  
brero del citado 1579, “a pesar de ser portugués” como consta expre-  
2
2
2
3
7 Archivo Cristóbal de Gangotena y Jijón, Carpeta 29, Documento 32, foja 17.  
8 Jaime Zaldumbide Guarderas, “Nota biográfica y genealógica”, p. 463.  
9 Fernando Jurado, Casas, calles y gente del centro histórico de Quito, tomo XII, p. 153.  
0 Fernando Jurado, Casas, calles y gente del centro histórico de Quito, tomo IX, FONSAL, Quito,  
2010, p. 69.  
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Historias de Heráldica:  
el escudo de la “Casa Zaldumbide”  
31  
samente en la autorización oficial respectiva. Para la obtención de  
dicha licencia de viaje tuvo que probar su limpieza de sangre, va-  
liéndose para ello de las certificaciones de hidalguía que obtuvo años  
atrás en Lisboa.  
Certificación de armas de Pedro Revelo,  
copia auténtica y traducida al español  
Fotografía: Archivo Gangotena Jijón  
3
1 Archivo General de Indias, Código de Referencia: ES.41091.AGI/25//INDIFERENTE,  
969,L.22,F.263.  
1
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Álvaro R. Mejía Salazar  
Como señalé, en Quito Pedro Rebelo tuvo casa en una de las  
esquinas de la plazuela de San Agustín, sin que hasta ahora se pu-  
diera determinar en cuál de las tres. Paso, pues, a dilucidar este mis-  
terio. Para ello, inicio recordando que, ya que Pedro Rebelo era  
hidalgo probado con armas familiares certificadas, era de esperarse  
que hubiese colocado su escudo en la entrada de su casa, acorde a  
las costumbres de aquella época. Ahora bien, ¿cuál era el escudo que  
Pedro Rebelo habría colocado en su casa? Según consta en la certifi-  
cación de armas despachada en Lisboa el 26 de noviembre de 1577,  
por Diego de San Román, rey de armas del rey Sebastian I de Portu-  
gal, el escudo de los Rebelo de Granjal lucen: “el campo azul y tres  
fajas de oro; y sobre cada una, una flor de lis coloradas puestas en banda.  
Yelmo de plata abierto guarnecido de oro, orlas de oro y azul y oro colorado  
y por timbre un león pardo de oro, con una flor de lis de las armas en la  
frente y por diferencia una estrella de plata”.32  
Según se aprecia, el escudo de Pedro Rebelo se corresponde  
plenamente con el de la casa Oe3-17 de la calle Chile. De esta manera,  
es posible señalar que la casa de Pedro Rebelo en la plazuela de San  
Agustín cuya ubicación exacta era hasta ahora desconocida, se habría  
encontrado en la esquina suroccidental del actual cruce de las calles  
Chile y Guayaquil. El escudo fajado y flordelisado ha estado en tal  
esquina desde hace siglos recordando silentemente que tal solar per-  
teneció a los Rebelo en el siglo XVI y parte del XVII.  
A más de este ejemplar del escudo de los Rebelo, se conserva  
otro adicional en Quito. Se lo encuentra en la piedra sepulcral del re-  
gidor Francisco Rebelo, nieto de Pedro, hoy ubicada en la pared  
33  
norte del patio principal del convento de Santo Domingo. En esta  
lapida, el escudo de los Rebelo luce adornado con yelmo, lambre-  
quines y cimera, tal como consta en la certificación de armas y no de  
manera simple como se lo encuentra en la casa. La inscripción de la  
32 Archivo Cristóbal de Gangotena y Jijón, Carpeta 32, Documento 3, fojas 1 y 2.  
33 José Gabriel Navarro en la parte final de su trabajo “Epigrafía quiteña”, identifica a una piedra  
sepulcral idéntica en uno de los huertos del convento de San Francisco. José Gabriel Navarro,  
Epigrafía quiteña”, en Boletín de la Sociedad de Estudios Históricos Americanos, volumen II,  
número 5, Sociedad de Estudios Históricos Americanos, Quito, 1919, p. 185. Ignoro si dicha  
referencia fue una equivocación de Navarro o si la piedra originalmente sita en San Francisco  
fue luego trasladada a Santo Domingo.  
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Historias de Heráldica:  
el escudo de la “Casa Zaldumbide”  
lápida reza: “Esta capilla y entierro es del regidor Francisco Rebelo y de  
sus herederos”. Francisco Rebelo, quien también firmaba Rebelo Gue-  
rrero, fue regidor de Quito desde 1629 hasta 1644 –año en que falle-  
3
4
35, 36  
ció–, con nombramiento extendido por el virrey y refrendado  
37  
por el rey. También fue diputado para el repartimiento de mitas en  
la jurisdicción de Quito.38  
Piedra sepulcral del regidor Francisco Revelo y sus herederos  
Fotografía: Álvaro R. Mejía Salazar  
3
3
3
3
3
4 Jorge A. Garcés (ed.), Libro de Actas del Cabildo Colonial de San Francisco de Quito. 1638-1646,  
Publicaciones del Archivo Municipal de Quito, Quito, 1960, p. 222-223.  
5 Pilar Ponce Leiva, Certezas ante la incertidumbre. Elite y cabildo de Quito en el siglo XVII, Abya-  
Yala, Quito, 1998, 445.  
6 Pablo Herrera y Alcides Enríquez, Apunte cronológico de las obras y trabajos del cabildo o muni-  
cipalidad de Quito desde 1534 hasta 1733, tomo I, Imprenta Municipal, Quito, 1916), p. 86.  
7 Archivo General de Indias, Código de referencia: ES.41091.AGI/25//INDIFERENTE,  
1969,L.22,F.263  
8 Jorge A. Garcés (ed.), Libro de Actas del Cabildo Colonial de San Francisco de Quito. 1638-1646,  
pp. 222-223.  
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Álvaro R. Mejía Salazar  
Un par de datos adicionales sobre la familia Rebelo antes de  
concluir. Pedro Rebelo buscó para sus hijas esposos portugueses  
como él, habiendo casado a Ana con Juan de Almeida Azevedo –pa-  
reja de la que provienen buena parte de los Almeida actuales– y a su  
hija Isabel con Juan Viera Pereyra.3 Hijo de esta última pareja fue  
9
Lucas Viera Rebelo, quien fue varias veces regidor del cabildo qui-  
0, 41  
Entre 1661 y 1667 aparece como alcalde  
teño entre 1647 y 1677.4  
de la Santa Hermandad. Miembros de la familia Rebelo también se  
destacaron en el ámbito clerical, tales los casos de fray Juan Francisco  
42  
4
3
Rebelo, nacido por 1568, quien fue párroco de Quimiag en 1598;  
Cristóbal Mateo Rebelo, presbítero y vicario de Santiago de Guaya-  
quil hacia 1636; fray Juan Rebelo, agustino, bachiller y licenciado en  
44  
Teología por la Universidad de San Fulgencio en 1643, visitador or-  
45  
dinario de la provincia hacia 1655; y fray Pedro Rebelo, prior del  
convento de San Agustín de Ibarra.46  
Conclusión  
El estudio del escudo de los Rebelo me ha llevado a la revi-  
sión de una pequeñísima parte de la historia urbana de la capital,  
apenas de una esquina de Quito, habiendo encontrado que tal es-  
quina posee cientos de historias que relatar en sus casi cinco siglos  
de existencia. Tan solo me he concentrado en tres familias, pero al  
paso he mencionado a unas tantas otras ligadas con centenaria vida  
de esta esquina.  
39 Fernando Jurado, Casas, calles y gente del centro histórico de Quito, tomo XII, p. 153.  
40 Pilar Ponce Leiva, Certezas ante la incertidumbre. Elite y cabildo de Quito en el siglo XVII,p. 447.  
41 Judith Paredes Zarama (Paleógrafa), Actas del Cabildo Colonial de San Francisco de Quito de 1658  
a 1663, volumen XXXVI, Publicaciones del Archivo Municipal de Historia de Quito, Quito,  
1
993, pp. 127-129.  
4
4
4
2 Pilar Ponce Leiva, Certezas ante la incertidumbre. Elite y cabildo de Quito en el siglo XVII, p. 301  
3 Fernando Jurado, Casas, calles y gente del centro histórico de Quito, tomo IX, p. 69.  
4 Piedad Costales y Alfredo Costales, Los agustinos, pedagogos y misioneros del pueblo 1573-1869,  
Ediciones Abya-Yala, Quito, 2003), p. 65.  
4
5 Ángel Justo Estebaranz, “Élites quiteñas y mecenazgo pictórico durante el barroco: las series de la  
Vida de san Agustín y de los Ejercicios Espirituales”, en Revista Potestas, Estudios del Mundo Clásico  
e Historia del Arte, número 15, Departamento de Historia, Geografía y Arte. Universitat Jaume  
I, Castellón de la Plana, 2019, p. 108.  
46 Archivo Nacional de Historia, Boletín, volúmenes 1-2, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito,  
1950, p. 36.  
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Historias de Heráldica:  
el escudo de la “Casa Zaldumbide”  
Los Maldonado Sotomayor y los Zaldumbide poseen por si  
mismos una relevante historia en nuestro país, con personajes tan  
encumbrado como Pedro Vicente Maldonado o Gonzalo Zaldum-  
bide. Habiendo hecho de Quito su domicilio, estas familias han apor-  
tado al desarrollo de la urbe. Por citar solo dos ejemplos de ello  
recordaré a Ramón Joaquín Maldonado Sotomayor y Palomino, fue  
el responsable de la construcción de la primera alameda de la ciudad  
47  
en 1746, y a Rodrigo Pallares Zaldumbide, uno de los principales  
gestores del reconocimiento de la ciudad como Patrimonio Cultural  
de la Humanidad en 1978.  
Los Rebelo, por su parte, desempeñaron un papel prepon-  
derante en Quito durante parte de los siglos XVI y XVII. Son un  
ejemplo de aquellas familias otrora lustrosas, que el paso del tiempo  
les restó protagonismo y prácticamente ocultó su historia. Sin em-  
bargo, en archivos constan legajos se relatan la prosapia de Pedro  
Rebelo y sus descendientes, archivos que han sido consultados con  
motivo del estudio del blasón familiar que él y su nieto Francisco,  
mandaron a labrar en piedras hace siglos.  
Una vez más, la historia de un escudo concita la revisión de  
otras historias, el descubrimiento de hechos e informaciones del pa-  
sado y las respuestas a varias interrogantes hasta ahora desconoci-  
das. La heráldica, bien estudiada y comprendida, constituye, además  
de una disciplina autónoma, un recurso fundamental en las pesqui-  
sas históricas.  
47 Eliecer Enríquez, “El parque de La Alameda y el observatorio astronómico”, p. 244.  
BOLETÍN ANH Nº 589–608  
605  
Álvaro R. Mejía Salazar  
Archivos  
Archivo Cristóbal de Gangotena y Jijón, Cumbayá  
Archivo General de Indias, Sevilla  
Archivo Histórico Eclesiástico de Vizcaya, Bilbao  
Archivo-biblioteca A.R. Mejía Salazar, Quito  
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608  
La Academia Nacional de Historia es una  
institución intelectual  
y
científica,  
destinada a la investigación de Historia  
en las diversas ramas del conocimiento  
humano, por ello está al servicio de los  
mejores  
intereses  
nacionales  
e
internacionales en el área de las  
Ciencias Sociales. Esta institución es  
ajena a banderías políticas, filiaciones  
religiosas,  
intereses  
locales  
o
aspiraciones individuales. La Academia  
Nacional de Historia busca responder a  
ese  
carácter  
científico,  
laico  
y
democrático, por ello, busca una  
creciente profesionalización de la  
entidad, eligiendo como sus miembros a  
historiadores  
entendiéndose por tales  
profesionales,  
quienes  
a
acrediten estudios de historia y ciencias  
humanas y sociales o que, poseyendo  
otra formación profesional, laboren en  
investigación histórica y hayan realizado  
aportes al mejor conocimiento de  
nuestro pasado.  
Forma sugerida de citar este artículo: Mejía Salazar, Álvaro,  
"
Historias de heráldica: el escudo de la “Casa Zaldumbide”", Boletín  
de la Academia Nacional de Historia, vol. C, Nº. 207, enero – junio  
022, Academia Nacional de Historia, Quito, 2022, pp.589-608  
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