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BOLETÍN de la A.N.H.  
Vol CI  
Nº 209  
Enero–junio 2023  
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BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
Vol. CI – Nº. 209  
enero–junio 2023  
PAZ Y GUERRA EN LA SIERRA NORTE DEL ECUADOR:  
LAS PODEROSAS CULTURAS DE LA INTEGRACIÓN TARDÍA1  
David Brown2  
Resumen  
Los inkas pudieron haber llegado al norte del Ecuador alre-  
dedor del año 1460; sin embargo, la conquista no fue segura sino  
hasta después de 1500. En el proceso de conquista y reconquista, el  
Inka sufrió cuantiosas pérdidas debidas, en parte, a las propias malas  
tácticas, pero también al creciente poder de las entidades políticas  
del norte del Ecuador durante los siglos anteriores al avance de los  
inkas. Los resultados de los enfrentamientos bélicos sugieren que los  
norteños se encontraban altamente organizados para defenderse y  
atacar en cualquier escenario. Aquí rastreamos los restos arqueoló-  
gicos visibles del poder de los norteños, los montículos con rampa,  
masivos y extensos, y las enormes áreas de campos elevados o ca-  
mellones que requirieron un esfuerzo humano sustancial y una or-  
ganización sociopolítica estable para su desarrollo. Los análisis de  
restos arqueológicos sugieren que pocas culturas ubicadas en los  
altos Andes tuvieron bases tan poderosas como las de la sierra norte  
del actual Ecuador.  
Palabras clave: sierra norte; poderío cacical; pirámides con rampa;  
campos elevados; invasión incaica.  
1
2
Recibido: 23-02-2023 // Aceptado: 27-07-2023  
Licenciatura, maestría y Ph.D. en Antropología, Universidad de Texas. Dilatada es su trayec-  
toria de catedrático e investigador en Ecuador, ha sido profesor e investigador principal en la  
Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad San Francisco de Quito; consultor de la Fun-  
dación Alexander von Humboldt. Entre los proyectos que ha participado figuran: el efectuado  
en San Agustín de Callo, en la provincia de Cotopaxi, con el apoyo de National Geografic, y  
los llevados a cabo en Imbabura y también en Pichincha, en sitios como: Pambamarca, Gua-  
chalá y Cangahua. El Dr. Brown es autor de varios libros y más de un centenar de artículos en  
temas de su especialidad.  
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77  
David Brown  
Abstract  
Arriving in northern Ecuador as early as 1460, it may have  
been well after 1500 before the final conquest of the northern high-  
lands was assured. In the process of conquest and reconquest, the  
Inka suffered substantial losses. Though the losses were in part due  
to poor Inka tactics, the growing power of the northern Ecuadorian  
polities over the centuries before the Inka advance suggests that the  
Inka would have struggled against the highly organized northerners  
in any scenario. Here we trace the visible archaeological remnants  
of the northerners’ power, the massive and extensive ramped  
mounds and the enormous areas of raised fields, both of which re-  
quired substantial human effort and a stable sociopolitical organiza-  
tion for their development. Analyses of the archaeological remains  
suggests that few cultures of the high Andes had such powerful un-  
derpinnings as the norther highlanders.  
Keywords: Late prehistoric northern highlands; Evolution of power;  
Ramped mound construction; Raised field management; Inka inva-  
sion.  
Introducción  
La conquista inka de la sierra norte del Ecuador fue uno de  
los momentos determinantes del Ecuador moderno, recordado aún  
en el uso común del término kichwa huambracuna, o los huérfanos  
debido a la aniquilación de una generación de indígenas de la región  
tras la conquista inka de esos territorios y que fue equiparada a las  
pérdidas devastadoras del lado inka. Aunque el Inka finalmente  
ganó la guerra, los costos en vidas humanas y el prestigio imperial  
en la desastrosa campaña del norte probablemente debilitaron sig-  
nificativamente al imperio solo unos años antes de que este cayera  
3
en la guerra civil seguida por la invasión española.  
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78  
Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
Si bien se ha escrito mucho sobre los inkas y sus luchas por  
el control del norte del Chinchaysuyu a fines del siglo XV, los datos  
existentes sugieren que las narrativas históricas y arqueológicas no  
son del todo coincidentes. Ninguna crónica individual presenta una  
historia completa, y los datos arqueológicos ofrecen líneas de evi-  
dencia que insinúan unas trayectorias diferentes. Un análisis cuida-  
doso muestra que, como en casi todas las victorias de los inkas, se  
han omitido muchos detalles y lo incluido puede ser desconcertante  
e incluso contradictorio, que podemos atribuir a la variabilidad en  
las intenciones de los historiadores incaicos y a las fallas en entendi-  
miento por los españoles.4  
A pesar de la visión opaca de la conquista en las crónicas, la  
arqueología de la sierra norte del Ecuador revela un poderío indí-  
gena local capaz de contener el avance inka durante décadas. Varios  
estudios han señalado la pujanza de los norteños, pero la mayoría  
habla en términos genéricos de las razones para la misma. La exce-  
5
lente publicación de Ramón destaca el desarrollo de los cacicazgos,  
más o menos en línea con el enfoque aquí presentado, pero el camino  
de Cuzco a Quito estuvo repleto de cacicazgos que no pudieron re-  
sistir el asalto inka. Esos cacicazgos derrotados, desde los wanka de  
la sierra central del Perú hasta los cañari del sur del Ecuador, estaban  
resguardados, en gran medida, por sus impresionantes pueblos for-  
tificados en lo alto de las colinas, todos los cuales, finalmente, caye-  
ron ante los inkas, algunos sin lucha.  
Los inkas se apresuraron a explotar tensiones intergrupales  
a su favor, adquiriendo aliados que lucharían voluntariamente con-  
tra sus enemigos al lado de los inkas. Entre las decenas de grupos  
subyugados de esta manera, esta estrategia de “divide y vencerás”  
incluso ayudó a los inkas a conquistar a los cañari que nunca pudie-  
3
4
5
Federico González Suárez, “Conquistas y dominación de los incas en el Reino de Quito”, His-  
toria general de la República del Ecuador, Tomo primero, Imprenta del Clero, Quito, 1890, pp.59-  
61.  
(Susan Niles The Shape of Inca History: Narrative and Architecture in an Andean Empire.  
University of Iowa Press, 1999, p. xvi; Catherine Julien, Reading Inca History. University of  
Iowa Press, 2000, pp. 3-16  
Galo Ramón Valarezo, El Poder y los Norandinos: La historia en las sociedades norandinas del siglo  
XVI, Universidad Andina Simón Bolívar y la Corporación Editora Nacional, Quito, 2006.  
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79  
David Brown  
ron unirse para enfrentar al imperio debido a las fricciones internas.  
El Inka derribó fortaleza tras fortaleza todas asentadas en las cimas  
de colinas, en gran parte porque muchos de estos grupos étnicos es-  
taban frecuentemente en guerra con sus vecinos, lo que resultaba en  
una falta de confianza entre los pueblos vecinos, dejando a muchos  
incapaces de atraer aliados contra el gigante ejercito inka.  
Aunque las crónicas no están sincronizadas en los detalles,  
después de su exitosa conquista de los cañari, la fundación de To-  
mebamba y la construcción de unos fuertes poderosos, Thupa Inka  
Yupanki probablemente regresó a Cuzco un tiempo después de esta  
conquista a mediados del siglo XV y más tarde, casi seguramente  
como heredero y general principal de su padre Pachakuti, regresó  
para subyugar la región de Quito. Hay diversas perspectivas en las  
dificultades de su marcha al norte, pero el evento principal fue sin  
duda la gran batalla de Quito (refiriéndose más seguramente a la re-  
gión quiteña en lugar de la meseta de Quito). Allí habrían confron-  
tado a los quiteños que supuestamente estaban aliados con un  
6
rebelde cacique cañari. Según varias fuentes, la batalla fue difícil y  
el Inka se vio obligado a llamar a sus reservas. Después de la batalla,  
su ejército se trasladó al Quito actual para descansar y curar las he-  
ridas. La ubicación de la batalla, sin embargo, no está clara y es pro-  
bable que haya estado más cerca de las bien pobladas tierras altas  
del norte que de la meseta de Quito, todavía relativamente poco po-  
blada después de varios siglos de actividad eruptiva, especialmente  
del Volcán Quilotoa.7  
Tal vez un detalle agregado por los reales historiadores inkas  
para resaltar la grandeza de la conquista, el tamaño del ejército re-  
portado en la campaña quiteña a más de 250.000 hombres diestros  
8
en guerra debe haber sido más que suficiente para hacer frente a  
todos los cacicazgos serranos en cualquier parte de los Andes. Aun-  
6
7
P. Sarmiento de Gamboa, Historia Indica, Espasa – Calpe Argentina S. A., Buenos Aires, 1942.  
Original de 1572, p. 136  
Gregory Knapp y Patricia Mothes, “Quilotoa ash and human settlements in the equatorial  
Andes.” Actividad Volcánica y pueblos Precolombinos en el Ecuador, Patricia Mothes, coor-  
dinadora.  
8
Pedro Sarmiento de Gamboa, Historia de los Incas, Colección Horreo No. 10, Buenos Aires, 1942,  
p. 136.  
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80  
Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
que, se desconocen todos los detalles de la batalla de Quito, a pesar  
de ser el ejército inka más grande jamás descrito en las crónicas, fue  
uno de los pocos casos en que los inkas se vieron obligados a recurrir  
9
a las reservas durante la batalla. Este detalle apoya el concepto de  
un norte poderoso.  
De hecho, las poblaciones de la época de la Integración Tar-  
10  
día de la sierra norte que se enfrentaron con los inkas constituían  
una cultura muy poderosa con la capacidad de controlar gran canti-  
dad de mano de obra, como la requerida para los proyectos de cons-  
trucción de las tolas masivas y los amplios campos elevados, tareas  
que muestran una planificación muy sofisticada y una larga colabo-  
11  
ración entre los pueblos norteños. En esa colaboración intensa, se  
puede ver las raíces de una aparente confederación existente entre  
12  
las etnias norteñas que les servían contra los inkas.  
Se propone aquí que tres características de los cacicazgos  
norteños ayudaron para lidiar contra los inkas. La primera fue la ca-  
pacidad de movilizar grandes equipos de trabajo para la construc-  
ción de monumentos públicos que fortalecerían las identidades  
étnicas locales y normalizarían los grupos de trabajo masivos, lo que  
probablemente requeriría que los residentes de diferentes comuni-  
dades trabajen juntos. En segundo lugar, el sistema agrícola de cam-  
pos elevados, así como los monumentos de tierra, muestran signos  
de una avanzada planificación y administración a gran escala, algo  
que rara vez se ve en la arquitectura de otros lugares de la sierra an-  
13  
dina. Y, en tercer lugar, los enormes proyectos de construcción y los  
9
1
Ibid.  
0 Identificamos la Integración Tardía, la última fase arqueológica pre-Inka de la sierra norte,  
con la construcción de las pirámides con rampa que empezaron de aparecer poco después  
de la erupción del Volcán Quilotoa en 1280dC, de acuerdo con Knapp y Mothes, 1998, Brown,  
2
015, y Brown, 2017. Aunque hay conexiones culturales entre la Integración Temprana, o  
Cochasquí I, la fase de montículos funerarios, y la subsecuente Cochasquí II, o Integración  
Tardía, que consiste de pirámides con rampa coronadas con templos en vez de casas, y sin  
mucha evidencia de entierros. La enormidad de esas pirámides enfatiza el poder de los nor-  
teños indígenas.  
1
1 Ver Brown 2017 y Brown 2018 para una discusión de esto.  
1
2 David O. Brown. “Conquest, Collaboration, and Resistance along the Northern Frontier of  
Tawantinsuyu: The Inka in Ecuador”. Ponencia leída en la conferencia anual de la Society  
for American Archaeology, Denver, Colorado, 2002.  
13 William S. Pratt, David O. Brown, J. Stephen Athens y Ryan Scott Hechler, “A Thousand Years  
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81  
David Brown  
complejos sistemas agrícolas, combinados con la evidencia cultural  
de largo plazo de la región, sugieren una sociedad que no estaba en  
guerra constante entre ellos, como eran tantos otros grupos andinos,  
y así pudieron unirse los norteños para enfrentar a los inkas. Clara-  
mente, no implica la incapacidad para defenderse; al contrario, la  
ausencia de conflictos internos les facilitaría juntarse contra enemi-  
gos extranjeros como los inkas.  
Evolución del poder en el norte  
Cuando los inkas concluyeron su conquista de los cañari en  
el sur del Ecuador, ya estaban mirando su próximo premio en la re-  
gión de Quito. Si bien se ofrecen una serie de razones para explicar  
las fuerzas impulsoras de las conquistas inkas, desde el supuesto  
deseo de convertir a las poblaciones locales al culto del sol, hasta la  
necesidad de saquear los pueblos enemigos para enriquecer a los sol-  
dados imperiales con el botín e incluso la búsqueda de la línea equi-  
noccial, la evidencia sugiere otro enfoque más básico. El norte era  
mayormente atractivo por sus valles fértiles y su sistema agrícola al-  
tamente productivo, así como por su gran población lo que signifi-  
caba mano de obra y súbditos imperiales.14  
Cuando los inkas inspeccionaron las tierras al norte de su re-  
cién conquistada provincia de Quito, habrían visto evidencia de la  
habilidad de los norteños para movilizar a su gente. El grupo arqueo-  
lógico-arquitectónico muy visible de tolas con rampa en Cochasquí,  
3
que suman unos 350.000 m de relleno de tierra, podría haberlos  
hecho detenerse.15 Los norteños habrían invertido unos 1.500.000  
of Wetland Management at Hacienda Zuleta in the Ecuadorian Andes”. Ponencia presentada  
en Fryxell Award Symposium: Papers in Honor of Timothy Beach Part II, simposio organizado  
por la Society for American Archaeology, Portland, Oregon, 2023; Brown 2018.  
4 José Echeverría, “Algunos atractivos económicos que motivaron la expansión incaica en el  
área septentrional andina norte y los nuevos datos que aporta la investigación del sitio in-  
caico de Caranqui.” Boletín de la Academia Nacional de Historia, Volumen XCII, N° 189, junio  
1
2
014, Quito, Ecuador, pp. 488-506.  
1
5 Las calculaciones de volumen de tierra están sacadas de nuestras precisas fotos aéreas por  
fotogrametría y están presentados en varias ponencias como David O. Brown, Mark D. Wi-  
llis, y Chester P. Walker, “The Late Prehistory of Ecuador from Above and Below: Remote  
sensing in the Northern Highlands”. Ponencia leída en la conferencia anual de la Society for  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
82  
Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
días de trabajo en la construcción de estas grandes pirámides a lo  
16  
largo de la sierra norte. Si bien tal vez no sea igual a las enormes  
pirámides de adobe de la costa peruana,17 ni a las impresionantes  
construcciones en piedra de los inkas, hay muy poco de este tamaño  
monumental o inversión de mano de obra en la sierra andina y, dado  
que las enormes pirámides de Cochasquí están integradas en la la-  
dera del Volcán Mojanda, el sitio monumental es también una de las  
alteraciones humanas más grandes e importantes del paisaje natural  
en todo el altiplano andino.  
En una ponencia reciente a una conferencia de la Teoría Ar-  
18  
queológica de América del Sur en Ibarra, este autor trazó la evolu-  
ción del poder político dentro de la sierra norte utilizando un modelo  
de gastos de energía en la arquitectura pública y semipública basado  
19  
en los trabajos del antropólogo Richard N. Adams quien estudió los  
costes energéticos de las fuentes de la creciente complejidad de so-  
20  
ciedades. En términos simples, el costo de mantener la sociedad se  
21  
sube con el aumento de la complejidad cultural. En este caso espe-  
cífico, el examen cuidadoso de los restos actuales de los monumentos  
American Archaeology, Washington, D.C., 2018, y David O. Brown, “Perspectivas sobre los  
cacicazgos tardíos de la sierra norte del Ecuador”. Ponencia presentada en Deconstruyendo  
los cacicazgos del norte: nuevas reflexiones sobre las sociedades de la prehistoria tardía de  
la sierra norte del Ecuador, simposio organizado por la IX Reunión de Teoría Arqueológica  
de América del Sur, Ibarra, Ecuador, 2018  
1
6 Días de trabajo están calculados usando el promedio de volúmenes de tierra de las más de  
40 montículos con rampa medidos por nuestros drones y la cuenta de tales montículos pre-  
sentada en Athens 2003, con algunas correcciones recientes, y con estimaciones de trabajo  
presentadas en Abrams 1994 y Erasmus 1965, con otras correcciones por la dureza de suelos  
volcánicos en la sierra norte del Ecuador. Vea también Wolfang Wurster, “Aportes a la re-  
construcción sobre las pirámides con rampa de edificios con planta circular de Cochasquí”,  
Colección Pendoneros, 3, Instituto Otavaleño de Antropología, Otavalo, 1981, pp.79-124  
7 Howard I. Tsai, “Adobes y la organización del trabajo en la costa norte del Perú”, Translating  
the Americas, Volumen 2, 2014. Ver en: https://quod.lib.umich.edu/l/lacs/ 12338892.  
1
1
1
0002.004/—adobes-y-la-organizacion-del-trabajo-en-la-costa-norte-del?rgn=main;view=fu-  
lltext (12-06-2023)  
8 David O. Brown, “Perspectivas sobre los cacicazgos tardíos de la sierra norte del Ecuador”.  
Ponencia presentada en Deconstruyendo los cacicazgos del norte: nuevas reflexiones sobre las so-  
ciedades de la prehistoria tardía de la sierra norte del Ecuador, simposio organizado por la IX Reu-  
nión de Teoría Arqueológica de América del Sur, Ibarra, Ecuador, 2018.  
9 Richard Newbold Adams, Energy and Structure: A Theory of Social Power. University of Texas  
Press, 1975.  
0 Ibid.  
1 Ibid.  
2
2
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
83  
David Brown  
culturales, presumiblemente construidos para reforzar los lazos cul-  
turales y expresar el poder en términos muy concretos, se utilizarán  
22  
como indicador del creciente poder de las sociedades norteñas.  
Pocos monumentos visibles son atribuibles a los pueblos de  
la sierra ecuatoriana durante el periodo del Desarrollo Regional  
23  
(
también llamado Intermedio Temprano), que duró aproximada-  
mente desde el 200 aC hasta el 700-800 dC. Sin embargo, dejaron nu-  
merosas tumbas de pozo en varias necrópolis por el norte. Esas  
construcciones que, aunque no visibles, reflejan construcciones coo-  
perativas, que por su ubicación en proximidad pueden reflejar una  
24  
fuerte organización social. Byron Camino y sus colegas excavaron  
25  
más de 200 tumbas de este tipo, aparentemente de las élites de esa  
época al este de Urcuquí en la provincia de Imbabura. Desde cerca  
de la superficie hasta casi 14 metros de profundidad, su volumen  
3
promedio es de aproximadamente 4 m . Aunque los entierros reve-  
lan una amplia gama de élites de esa época, se supone que las tum-  
bas más profundas representan posibles entierros de autoridades  
26  
principales. Los cuatro más profundos, con promedios de casi 14  
3
metros de profundidad y 21 m de volumen excavado, contenían un  
3
total de 73 m de relleno de tierra.  
En el subsecuente período de Integración Temprana, desde  
27  
alrededor de 700-800 dC hasta justo antes de 130 0dC, las prácticas  
22 Ibid.  
2
3 Como mencionado encima en Nota 7, siguiendo los trabajos de Oberem y Wurster, 1989, en  
Cochasquí, asociamos el periodo Cochasquí I, la fase de los montículos funerarios, con la In-  
tegración Temprana, que extiende desde el final del Desarrollo Regional, que a base de los  
trabajos de Camino y Sanchez, 2018, y Pazmiño, 2014, termine por alrededor de 700-800dC,  
hasta la erupción del Volcán Quilotoa por 1280dC, de acuerdo con Knapp y Mothes, 1998.  
4 Byron Camino, y Fausto Sánchez, “Aproximación a la interpretación de las practicas funera-  
rias: transición entre los periodos de Desarrollo Regional a Integración, Urcuquí, provincia  
de Imbabura, Ecuador.” Ponencia leída en el TAAS 2018 en Ibarra.  
2
2
5 Desde el análisis inicial de más de doscientas tumbas, la cantidad de pozos ha subido acerca  
de 490 (comunicación personal, Byron Camino, 21 julio 2023), pero las más recientes no fue-  
ron incluidas.  
26 David Brown, “Perspectivas sobre los cacicazgos tardíos de la sierra norte del Ecuador” Iba-  
rra, 2018.  
2
7 Ver Notas 7 y 20. Nuestro equipo ha propuesto una secuencia cultural tardía que sigue las  
investigaciones de Oberem y Wurster 1989, identificando su periodo de Cochasquí I con la  
Integración Temprana y Cochasquí II con la integración Tardía. De nuestro parecer, la divi-  
sión entre los dos sería la erupción del Volcán Quilotoa alrededor de 1280dC. Ver  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
84  
Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
funerarias representan un nuevo enfoque que señala una cultura  
28  
muy diferente y una aparente condensación del poder. Aunque se  
sabe poco de los ciudadanos comunes de ese tiempo, los túmulos fu-  
nerarios muy visibles (Figura 1), parecen contener los restos de caci-  
ques locales. La arquitectura de la cripta central está muy estanda-  
rizada entre estas construcciones, siendo el tamaño del montículo la  
característica más variable.  
Figura 1. Túmulos funerarios de Cochasquí  
Foto por el autor  
29  
J. Stephen Athens ha identificado cerca de 700 montículos  
hemisféricos, pero el número real podría haber sido mucho mayor  
30  
en el pasado. Unos 30 de estos supuestos túmulos funerarios fueron  
identificados inicialmente en Cochasquí, aunque solo unos pocos  
permanecen intactos en la actualidad. Para cuantificar el esfuerzo de  
trabajo invertido en estas construcciones monumentales, nuestro  
31  
equipo de investigadores ha utilizado varios drones con buenas cá-  
28 David Brown, “Perspectivas sobre los cacicazgos tardíos de la sierra norte del Ecuador” Iba-  
rra, 2018.  
2
9 J. Stephen Athens, Inventory of Earthen Mound Sites, Northern Highland Ecuador. Manuscrito  
entregado al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. Quito, Ecuador, 2003.  
0 José Echeverría, comunicación personal, 2016  
3
3
1 David O. Brown, Mark D. Willis, y Chester P. Walker, “The Late Prehistory of Ecuador from  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
85  
David Brown  
maras conectados a unidades GPS de resolución sub-centímetro ana-  
lizado con software para crear modelos 3D del paisaje y renderizar  
o reproducir volúmenes de suelo dentro de un área específica con  
una precisión de más de 95 %. Los once montículos hemisféricos de  
Cochasquí que estaban suficientemente completos para ser medidos  
3
con drones sumaban un total de 14.500 m de tierra rellenada, un  
3
promedio de 1.315 m para esos once túmulos funerarios.  
Se han hecho varios intentos de calcular el esfuerzo de cons-  
32  
truir tales montículos de tierra. Hace varias décadas, Erasmus cal-  
culaba que obreros en México podrían llevar de dos a cuatro metros  
cúbicos de tierra en un día de cinco horas de trabajo. Osborn y At-  
hens33 utilizaban esos datos para estimar esfuerzos de trabajo hu-  
3
4
mano en el norte del Ecuador. Más recientemente, Abrams ha  
calculado costos de trabajo (es decir, costos energéticos de extraer  
tierra dura y llevarla una distancia determinada, expresado en horas  
de trabajo) parecidos en tierra y piedra en Yucatán. Nuestras exca-  
vaciones y perfiles en Cochasquí han sugerido que varios sedimen-  
tos extraídos de los alrededores fueron incorporados en los  
montículos, incluyendo algunos depósitos que pueden haber sido  
35  
traídos de lejos y es nuestro parecer que los suelos volcánicos in-  
tactos debajo de la zona agrícola actual de esa región son bien duros  
y difícil de extraer, sugiriendo lo contrario del resultado de Erasmus.  
En Cochasquí, juzgando por nuestras excavaciones, el subsuelo duro  
probablemente habría necesitado mucho más tiempo para sacar un  
metro cúbico de los que se han medido en los estudios de Erasmus  
y Abrams.  
Above and Below: Remote sensing in the Northern Highlands”. Ponencia leída en la confe-  
rencia anual de la Society for American Archaeology, Washington, D.C., 2018.  
2 Charles J. Erasmus, “Monument Building: Some Field Experiments.” Southwestern Journal of  
Anthropology 21(4):277-301, 1965, pp.283-285  
3
3
3 Alan J. Osborn, y John Stephen Athens, “Prehistoric Earth Mounds in the Highlands of Ecua-  
dor: A Preliminary Report.” Archaeological Investigations in the Highlands of Northern Ecuador:  
Two Preliminary Reports, editado por John Stephen Athens y Alan J. Osborn, pp. 1-25. Otavalo:  
Instituto Otavaleño de Antropología, 1974, pp.9-11  
34 Elliot M. Abrams, How the Maya Built their World: Energetics and Ancient Architecture. Univer-  
sity of Texas Press, Austin, 1994.  
35 William S. Pratt, The Utilitarian and Ritual Applications of Volcanic Ash in Ancient Ecuador. Tesis  
de Maestría, Antropología, Texas State University. San Marcos, Texas, 2019  
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86  
Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
Ni en Las Bocas, Sonora, ni en Yucatán donde trabaja Eras-  
mus y Abrams se realizaron las pruebas en zonas de altura; más bien,  
las dos son medidas en llanos costeros. Además, los intentos ante-  
riores no han hecho tanto caso de la altura de las pirámides que fue-  
ron el destino del relleno. En las más grandes pirámides de  
Cochasquí, ese metro cubico, que es aproximadamente una tonelada  
métrica, tuvo que ser levantado hasta diez metros de altura o más a  
36  
la cima de la pirámide. Con esos datos, sugerimos que una sola per-  
sona podría haber excavado un metro cúbico de sedimentos intactos  
usando las herramientas disponibles de la época y haber llevado el  
mismo metro cúbico durante un día de cinco a seis horas de trabajo  
constante en la zona de Cochasquí. Es decir, habría costado un día  
normal del agricultor extraer y poner un metro cúbico al montículo.  
Dado que nuestras excavaciones durante varios años en una parte  
de la sierra norte, es importante entender que una buena parte de  
los suelos intactos del norte de la sierra deben ser más comparables  
con nuestras estimaciones de costos de trabajo que serían las de las  
zonas costeras de México.  
Mientras nuestros cálculos aumentan los valores que se uti-  
lizaban Osborn y Athens, sugiriendo que Paila-tola podría haber cos-  
tado hasta dos veces más que lo computaban ellos (si fueron los  
sedimentos intactos tan difíciles de extraer como en los flancos del  
37  
Volcán Mojanda), todavía no llegaba a una suma que sería una tarea  
ardua para las culturas de la época. Sin embargo, si estamos ha-  
blando de la construcción de 80 pirámides con rampa y hasta 150  
montículos cuadrados contemporáneos en la Sierra Norte, estamos  
hablando de un esfuerzo inmenso. Sin embargo, sin investigaciones  
experimentales en la sierra norte, las sencillas estimaciones nuestras  
(
una tonelada de tierra iguala a un día de trabajo) valen de manera  
comparativa dentro de nuestros cálculos y probablemente atrás toda  
3
3
6 Altura establecida por medio de fotos aéreas de drones analizado con fotogrametría.  
7 Juzgado de las cuatro temporadas que nuestro equipo pasó excavando alrededor del Cochas-  
quí, los suelos intactos abajo de ese gran grupo de pirámides con rampa parecen mucho más  
endurecidos de los que utilizaban los estudios previos en contextos costeños; no hemos po-  
dido hacer una correlación directa con Paila-tola donde hicieron su estudio Athens y Osborn,  
y hasta que tenemos unos estudios experimentales en la sierra norte, esta distinción queda  
sin resolución.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
87  
David Brown  
la sierra norte puesto que nuestros cálculos de volumen están bien  
precisos.  
Midiendo los montículos funerarios con el dron, el más pe-  
3
queño de estos túmulos en Cochasquí, con solo 436 m , es decir, sería  
todavía 18 veces más grande que la más grande de las cuatro tumbas  
principales” del Desarrollo Regional en Yachay con aproximada-  
3 38  
mente 24 m . El montículo funerario mediano de la Integración  
Temprana es, en realidad, más de 60 veces el tamaño de la supuesta  
tumba principal mediana de Yachay. Usando nuestro revisado cál-  
culo, costaría más de 20 días de trabajo construir una principal  
tumba de pozo y, entonces, podría haber costado más de 1.300 días  
de trabajo construir el túmulo funerario mediano y más de 2.500 días  
para construir el más grande. El mediano habría requerido unos 40  
trabajadores durante un mes completo (o hasta dos meses para los  
más grandes), una inversión significativamente superior a las cons-  
trucciones funerarias del Desarrollo Regional. Aunque este rango de  
estimaciones de construcción es, en el mejor de los casos, una apro-  
ximación, puede dar, por lo menos, una idea del tamaño de la po-  
blación asociada que sustentaba a cada jefe enterrado y sugiere un  
mínimo de cientos de residentes, un número muy factible para un  
asentamiento de la época.39  
Los montículos de plataformas masivas, o pirámides como  
se describen para distinguirlos de los montículos hemisféricos, ca-  
racterizan la época de la Integración Tardía, que comenzó alrededor  
40  
de la erupción del Volcán Quilotoa en 1280 dC. En orden de mag-  
nitud son más grandes que los túmulos funerarios del período ante-  
rior (Figura 2). Aunque las funciones rituales y públicas son  
aparentes en la construcción, también representan un nuevo enfoque  
cultural, siendo que no hay evidencias que están dedicados de inicio  
para entierros de élites.  
3
8 Con datos de Camino y Sanchez 2018, se presentó este análisis en Brown 2018, usando las  
tumbas más grandes como representativas de gente principal de la población anciana.  
9 Es especulativo ser más específico pero dado el tamaño de los montículos y la esfuerza de  
construcción estimada, la población mínima involucrada en la construcción debe haber sido  
más de 200 y menos de 1000 personas.  
3
4
0 Francisco Valdez, Agricultura ancestral camellones y albarradas: contexto social, usos y retos del  
pasado y del presente: coloquio agricultura prehispánica sistemas basados en el drenaje y en la eleva-  
ción de los suelos cultivados, Editorial Abya Yala, 2006, p.113  
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88  
Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
Figura 2. Pirámide K con rampa en Parque Cochasquí  
Foto aérea del dron por Mark Willis  
Nueve grandes pirámides con rampa en Cochasquí tienen  
3
un promedio de 35.860 m de relleno de tierra, medido con nuestros  
drones, 27 veces más que el anterior túmulo funerario mediano.  
Como los túmulos, las pirámides también son muy variables en ta-  
maño. La más pequeña de las “pirámides” con rampa tiene solo  
3
5
.250 m de relleno, aproximadamente el doble del tamaño de los tú-  
mulos funerarios, pero la más grande de las pirámides en Cochasquí,  
3
que cuenta con 117.500 m , es 270 veces más grande que el túmulo  
funerario más pequeño, mientras que la misma pirámide grande  
sigue siendo 46 veces mayor que el túmulo funerario más grande,  
destacando las diferencias en esfuerzo entre las dos fases arqueoló-  
gicas del sitio. Vea la Figura 3 para un croquis de los montículos fu-  
nerarios y las pirámides de Cochasquí.  
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David Brown  
Figura 3. Pirámides y montículos de Cochasquí  
Mapa de Ryan Scott Hechler, 2023, basado en datos de Udo Oberem de 1964-1965  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
90  
Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
En comparación con las anteriores tumbas de pozo del pe-  
riodo de Desarrollo Regional, la pirámide con rampa mediana en  
Cochasquí representa 1.728 veces más esfuerzo que la tumba de pozo  
mediana. Utilizando las estimaciones tomadas de nuestros drones,  
podría haber costado hasta 36.000 días de trabajo construir una pi-  
rámide con rampa del tamaño mediano en Cochasquí, y hasta  
1
20.000 días de trabajo para construir la más grande. Se necesitarían  
más de 100 personas trabajando todo un año para construir la me-  
diana, o más de 300 personas trabajando todos los días durante un  
año para construir la más grande.41  
Probablemente, la construcción de todo Cochasquí hubiera  
costado más de 300.000 días de trabajo. Estas eran poblaciones agrí-  
colas con limitado tiempo libre para actividades fuera de sus esfuer-  
zos de subsistencia. Con tareas centradas, en gran medida, en el  
sostenimiento y los trabajos cotidianos, la construcción de monu-  
mentos masivos podría haber ocupado décadas del tiempo disponi-  
ble y aun podría haber sido un proceso constante durante los siglos,  
con una o más de las pirámides quizás en construcción en cualquier  
momento dado. La escala de los esfuerzos asegura que la construc-  
ción de las pirámides excedería la vida de una sola élite, a diferencia  
de las construcciones más simples de épocas anteriores como los  
montículos funerarios o las tumbas de pozo que están mayormente  
dedicadas cada una a una sola persona. En cambio, los esfuerzos más  
tardíos deben haber representado la construcción continua de las pi-  
rámides bajo la supervisión de una secuencia de varias élites, una  
transformación conceptual del significado cultural de los monumen-  
tos a partir de su anterior asociación con una sola élite. Desde otra  
perspectiva, si la tumba de pozo mediana requería la colaboración  
de la familia del difunto, el montículo funerario podría involucrar a  
buena parte de la población de un asentamiento, y las pirámides, tan  
enormes que son, representarían el esfuerzo conjunto de varios asen-  
tamientos o de varios pueblos. Un gigantesco grupo de montículos,  
4
1 David O. Brown, Mark D. Willis, y Chester P. Walker, “The Late Prehistory of Ecuador from  
Above and Below: Remote sensing in the Northern Highlands”. Ponencia leída en la confe-  
rencia anual de la Society for American Archaeology, Washington, D.C., 2018.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
91  
David Brown  
como el de Cochasquí, probablemente necesitó el trabajo de muchos  
asentamientos de varios miles de personas. Usando los estimados  
42  
de población variable ofrecidos por Knapp y la cuenta de pirámides  
43  
ofrecida por Athens, se sugiere que el centro ceremonial de Cochas-  
quí representaba una población de 12.000 a 28.000 personas, o quizás  
un promedio conveniente que pudiera ser alrededor de 20.000 per-  
sonas.  
3
Para extender a nuestra estimación de 343.423 m de tierra  
para la construcción de pirámides en Cochasquí, utilizamos los mis-  
mos drones para medir el volumen de las pirámides en Zuleta, una  
3
suma de 259.254 m en total. Se revela que las pirámides de Zuleta  
son más numerosas, pero más pequeñas que las de Cochasquí. Esto  
3
proyecta un total general de 602.277 m de relleno de tierra que com-  
prende las pirámides de los dos sitios. Usando el volumen promedio  
3
de montículos calculado por drones, alrededor de unos 20.089m  
para los dos grandes grupos de montículos con rampa en Cochasquí  
y Zuleta, es posible calcular un estimado de metros cúbicos para toda  
44  
la sierra norte basada en el inventario original de Athens. Con al-  
gunas correcciones nuestras que sugieren un número mínimo de 80  
pirámides con rampa en el norte, esas reflejan un total estimado de  
3
1
.121.160 m de relleno. Es mucho más difícil de calcular los totales  
de las pirámides cuadrangulares sin rampa, de las cuales son casi  
3
1
50 ejemplos, pero un cálculo mínimo sería alrededor de 300.000 m .  
Puesto que varias de las pirámides medidas han sido daña-  
das o reducidas por el arado, y es muy probable que otras hayan sido  
completamente destruidas, la cantidad real de construcción de pirá-  
mides de tierra en la sierra norte durante la Integración Tardía, que  
3
calculamos a casi 1.500.000 m , fácilmente puede haber superado a  
3
los 2.000.000 m de relleno de tierra con lo que se ha dañado, arado,  
o removido completamente. Esto constituye un esfuerzo de cons-  
trucción gigantesco, y uno de los más grandes de toda la sierra an-  
dina. Para un contraste relevante, la cantidad de tierra movida en la  
4
2 Gregory Knapp, Andean Ecology: Adaptive Dynamics in Ecuador. Dellplain Latin American Stu-  
dies, No. 27. Westview Press, Boulder, Colorado, 1991.  
3 J. Stephen Athens, Inventory of…op.cit.  
4
4
4 Ibid.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
92  
Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
construcción del periodo inka de todos los pucarakuna de la sierra  
norte, medida también por nuestros drones, fue poco más de 150.000  
3
m de relleno, 10 % del volumen mínimo de las pirámides o alrede-  
dor de 80 % de la tierra movida en la construcción de solo las dos  
pirámides más grandes de Cochasquí.  
Si bien las secciones que siguen del artículo examinan otros  
esfuerzos laborales en la sierra norte, especialmente aquellos rela-  
cionados con la agricultura, el esfuerzo invertido en la construcción  
de las pirámides es bastante diferente al invertido en actividades de  
subsistencia que producen un retorno directo. En cambio, es proba-  
ble que las actividades en la cima de las pirámides hayan reforzado  
45  
la cohesión social, fomentando la identidad étnica. Sin casi nada de  
construcciones monumentales contemporáneas de esta escala en la  
sierra andina entre Quito y Cuzco, el poder comparativo de los del  
norte se vuelve mucho más claro.  
Capacidad organizacional de los pueblos norteños  
A pesar de la gran cantidad de mano de obra que se requería  
para la construcción de las pirámides, el mantenimiento de los sis-  
temas agrícolas de campos elevados superaría el esfuerzo de erigir  
46  
47  
las pirámides. Knapp siguiendo a Gondard y López ha notado los  
restos de 1.800 ha de campos elevados en el norte, probablemente  
una estimación mínima basada, en gran parte, en los restos de campo  
aún visibles en la actualidad. Nuestras excavaciones realizadas en el  
3
año 2022 en Zuleta han sugerido un mínimo de 1 m de tierra movida  
2
3
por cada 6 m de superficie, implicando unos 3.000.000 m movidos  
en el norte, dos veces más de lo que reflejan las pirámides, aunque  
una parte de los campos elevados ya estaba en su lugar durante la  
4
4
4
5 J. Stephen Athens, “Etnicidad y adaptación. El periodo tardío de la ocupación Cara en la Sie-  
rra Norte del Ecuador.” Sarance 24: 161-204. Otavalo, 1997.  
6 Gregory Knapp, Ecología cultural prehispánica del Ecuador. Banco Central del Ecuador. Serie  
Geográfica, 1988, p.31  
7 Pierre Gondard, y Freddy López, Inventario preliminar arqueológico de los Andes septentrionales  
del Ecuador. Quito: Ministerio de Agricultura y Ganadería, Programa Nacional de Regiona-  
lización – PRONAREG; Francia: Office de la Recherche Scientifique et Technique outre mer  
ORSTOM; con el auspicio del Banco Central del Ecuador, 1989.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
93  
David Brown  
anterior época de la Integración Temprana, antes de la erupción del  
Volcán Quilotoa. En cualquier caso, además de los esfuerzos de cons-  
trucción originales de los campos elevados, los costos de manteni-  
miento del sistema pueden haber sumado hasta un millón de días  
de trabajo adicionales por año.48  
Si bien el esfuerzo de la comunidad en estas construcciones  
agrícolas elevadas reforzaría la cohesión social y la identidad étnica  
tanto como las pirámides, más allá de los costos brutos de construc-  
ción y mantenimiento, los sistemas agrícolas requerían de una cui-  
dadosa planificación previa a la construcción, ya que generalmente  
están conectados a través de un área amplia y requieren administra-  
ción a gran escala. La agricultura sin riego no necesita tanta coordi-  
nación con los vecinos, mientras que el riego, y especialmente los  
sistemas de campos elevados más complejos, conllevan costos de  
gestión continuos. Con los campos elevados, cada parcela depende  
del buen funcionamiento de la serie de campos enlazados aguas  
arriba y, en cierta medida, también aguas abajo. Un paquete de te-  
rreno mal construido o con problemas de funcionamiento podría li-  
mitar la producción de las secciones vecinas o incluso detenerlas por  
completo. Además, un campo abandonado, si no se le da manteni-  
49  
miento, podría comprometer partes más grandes del sistema.  
De hecho, los sistemas grandes de campos elevados habrían  
requerido controles de diseño y construcción, así como requisitos de  
limpieza regulares para proteger a la comunidad de usuarios. Esta  
50  
es una tarea compleja y laboriosa. El autor de este artículo ha acom-  
pañado a grupos de usuarios de canales de riego originalmente cons-  
truidos por los inkas en la sierra central del Perú y ha sido testigo  
directo de varios debates acalorados durante los “trabajos”. De  
48 Gregory Knapp, Ecología cultural prehispánicaop. cit.  
4
9 William S. Pratt, David O. Brown, J. Stephen Athens y Ryan Scott Hechler, “A Thousand Years  
of Wetland Management at Hacienda Zulet in the Ecuadorian Andes”. Ponencia presentada  
en Fryxell Award Symposium: Papers in Honor of Timothy Beach Part II, simposio organizado  
por la Society for American Archaeology, Portland, Oregon, 2023. Ver también William S.  
Pratt y Ryan Scott Hechler, “An Exploration of Wetlands and the Disappearance of Wetland  
Agriculture in the Ecuadorian Highlands”. Ponencia leída en la Conference of Latin Ameri-  
can Geography, Tucson, Arizona, 2023.  
50 Gregory Knapp, Ecología…op. cit. Gregory Knapp, Andean Ecology: Adaptive Dynamics in Ecua-  
dor. Dellplain Latin American Studies, No. 27. Westview Press, Boulder, Colorado, 1991.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
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Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
hecho, gran parte del tiempo asignado a la limpieza de los canales  
del Perú se dedicó a tales discusiones y no a la limpieza en sí. La  
fuerte cooperación de la comunidad en estas situaciones tensas re-  
percutiría en todo el grupo, mientras que las quejas enterradas o ig-  
noradas podrían conducir a disputas serias que incluso llevaría a la  
violencia. Si bien es probable que tales tensiones sean una parte ine-  
vitable de cualquier organización hidráulica tan compleja, se supone  
que la persistencia de los sistemas de riego durante siglos requeriría  
de una amplia cooperación comunitaria y probablemente cierta su-  
presión de las hostilidades potenciales que podrían causar el colapso  
del sistema.  
Algunos de los sistemas de campos elevados ilustran la com-  
plejidad de su diseño y el control general. Al noroeste de Cayambe,  
la variabilidad de las parcelas sugiere un desarrollo a través del  
tiempo, con poca estandarización de orientación o tamaño. Sin em-  
bargo, las parcelas adyacentes están unidas en un gran sistema y,  
como hemos dicho, cualquier mal funcionamiento o limpieza des-  
cuidada de cualquier paquete podría dañar fácilmente una buena  
parte del sistema de camellones que exige un control subyacente o  
permanente.  
Se desconoce la edad precisa del enorme sistema de riego al  
noroeste de Cayambe (aunque parece haber comenzado en la Inte-  
gración Temprana), pero los campos elevados al sur del Lago San  
Pablo cerca de las Haciendas Cusín y La Vega parecen más grandes  
y estandarizados en tamaño y orientación. Nuestra examinación del  
perfil de una de dos pirámides modestas cerca de la Hacienda La  
Vega verificó trozos descartados de ceniza endurecida del Quilotoa  
en el relleno, sugiriendo un complejo correspondiente a la Integra-  
ción Tardía reconstruido sobre un sistema anterior dañado por la  
erupción de Quilotoa que cubrió campos elevados con ceniza volcá-  
nica tras del norte.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
95  
David Brown  
Espacios sagrados y espacios agrícolas  
Lo que parece de mayor importancia es que esas dos peque-  
ñas pirámides cuadradas están totalmente integradas en los campos  
elevados (Figura 4). El más oriental tiene crestas de los campos ele-  
vados que trepan intencionalmente sobre las laderas inclinadas oeste  
y este de la pirámide. Este raro elemento de diseño lateral parece ser  
una elección ritual o estética más que un elemento puramente fun-  
cional, ya que las ranuras de empinada pendiente en los lados incli-  
nados de la pirámide no habrían atrapado agua. Sin embargo, la  
fuerte integración entre camellones y tolas implica que la estructura  
estuvo construida dentro de un sistema en pleno funcionamiento.  
Este aspecto de diseño y su ubicación muy adentro de una gran ex-  
tensión de campos elevados niega la posibilidad de una residencia  
cualquiera, afirmando en cambio una marcada conexión con activi-  
dades agrícolas.  
Figura 4. Foto aérea de dron de las pirámides de La Vega  
Autor: Mark Willis  
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Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
La excavación limitada y el paso con magnetometría realiza-  
dos por nuestro equipo en La Vega en 2019 indican que las pirámides  
tenían pequeñas estructuras circulares en la parte superior que Fran-  
cisco Sánchez5 ha identificado como un espacio para ceremonias  
agrícolas, una lógica y muy factible interpretación de la probable  
función de un montículo construido dentro de tal sistema (Figura 5).  
1
Figura 5. Resultados de magnetometría sobre las pirámides de La Vega  
Datos de magnetometría por Chester Walker sobre foto aérea por Mark Willis  
Más significativo aún, la incorporación intencional de estruc-  
turas ceremoniales, es decir, la pequeña pirámide y el edificio circular  
en la parte superior, dentro del sistema de terrenos altamente pro-  
ductivo, implica la conexión de las creencias religiosas con los cam-  
pos elevados por todo el norte. Este vínculo directo revela otro factor  
51 Francisco Sánchez, “Continuidad y cambios en rituales de la siembra y la cosecha en el sur  
del lago San Pablo, Imbabura-Ecuador.” International Journal of South American Archaeology  
13: 7-20, 2018.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
97  
David Brown  
subyacente en la integración regional que probablemente habría for-  
talecido a las culturas de la sierra norte con el tiempo.  
La conexión entre pirámides coronadas por estructuras ri-  
tuales dedicadas a ceremonias agrícolas dentro de los campos pro-  
ductivos, que puede ser un posible indicador de una integración  
cultural generalizada, plantea la cuestión de una función más amplia  
de las pirámides. En varias presentaciones, nuestro equipo ha argu-  
mentado que hay pocas posibilidades de que las enormes pirámides  
fueran residencias de cualquier tipo; el diseño, la orientación y las  
rampas absurdamente largas de las pirámides grandes más bien in-  
dican un rol ritual en la sociedad.  
Las fuentes de poder – alineaciones con lagunas y manantiales  
La Figura 6 presenta los datos de nuestro paso con magnetó-  
metro en 2017 sobre la parte superior de la Pirámide K en Cochasquí,  
indicando los muros exteriores atrincherados del bohío, las dos zan-  
jas interiores y la entrada al sur con piedras al lado.  
Figura 6. Pirámide K de Cochasquí  
con resultados de magnetometría sobrepuestos.  
Datos de magnetometría de Chester Walker  
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Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
La Figura 7 muestra esos resultados superpuestos por el di-  
52  
bujo de Oberem y Wurster de uno de los dos similares edificios ex-  
cavados en la Pirámide E, mostrando la gran similitud. Nuestras  
excavaciones en la cercana Pirámide G sugieren otra construcción  
parecida con muro exterior circular y zanjas adentro allí también.  
Figura 7. Magnetometría de K con dibujo alemán  
de la estructura de la E sobrepuesto  
Datos de magnetometría de Chester Walker  
con dibujo sobrepuesto de Oberem y Wurster 1989  
Al final, todas las estructuras equivalentes en la cima de las  
pirámides podrían describirse mejor como templos, y si las sugeren-  
cias de Sánchez son correctas, entonces quizás la mayoría o todas las  
pirámides del norte podrían estar dedicadas a ritos agrícolas. La  
construcción de estas pirámides poco después de la erupción del Vol-  
53  
cán Quilotoa, un evento que resultó en una de las sequías más ex-  
5
5
2 Udo Oberem y Wolfgang Wurster, editores, Excavaciones en Cochasquí…op. cit.  
3 J. Stephen Athens y Patricia Mothes, “Volcanism and archaeology in the northern highlands  
of Ecuador.” Actividad volcánica y pueblos precolombinos en el Ecuador. pp. 157-189. Abya-Yala,  
Quito, Ecuador, 1998.  
Gregory Knapp, y Patricia Mothes, “Quilotoa Ash and Human Settlements in the Equatorial  
Andes.” En: Actividad Volcánica y pueblos Precolombinos en el Ecuador. P. Mothes, ed. Pp. 139-  
1
56. Quito: Abya-Yala, 1998.  
Patricia Mothes, y Minard Hall, “Quilotoa’s 800 yr BP Ash: A valuable stratigraphic marker  
unit for the integration period.” En: Actividad Volcánica y Pueblos Precolombinos en el Ecuador.  
pp. 111-138. P. Mothes, ed. Quito: Abya-Yala, 1998.  
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99  
David Brown  
tensas y severas de la prehistoria de la sierra norte,54 bien podría  
haber dado lugar a nuevas actividades rituales en busca de alivio a  
la aridez. Como indicado arriba, este fenómeno ocurrió aproxima-  
55  
damente 1280dC y la sequía subsecuente duraba décadas si no si-  
glos como parte del fenómeno global de la Edad Pequeña de Hielo,  
56  
un largo periodo de climas más fríos y más secos.  
Si bien las rampas alargadas generalmente están orientadas  
de manera similar en cada grupo de pirámides, cada grupo o pirá-  
mide aislada también presenta su propia orientación única que pa-  
rece depender, en gran medida, de la topografía local (Figura 8). Las  
rampas generalmente se ubican en el lado de la pendiente descen-  
dente del montículo cuadrilátero donde se realiza el máximo efecto  
de subir por la rampa absurdamente larga, mirando al paisaje hacia  
arriba, que tal vez sea una pista sobre la función de la pirámide. La  
subida de la modesta pirámide con rampa de La Vega apunta hacia  
un cercano pantano de totora adyacente al pueblo de Pijal, pero al  
extender la orientación de la rampa más hacia el oeste, cruza la cima  
del volcán Mojanda y cae sobre los lagos del interior, aún sagrados  
57  
para algunos residentes indígenas.  
Patricia Mothes, y Minard Hall, “The Plinian fallout associated with Quilotoa’s 800 yr erup-  
tion, Ecuadorian Andes.” Journal of Volcanology and Geothermal Research 176: 56-69. Amster-  
dam: Elsevier, 2008.  
5
4 M.P. Ledru, et al., “The Medieval Climate Anomaly and the Little Ice Age in the eastern Ecua-  
dorian Andes.” Climate of the Past 9:301-321, 2013.  
5 Knapp y Mothes 1998, op. cit.  
6 Ledru…op. cit., 2013; Fagan…op. cit., 2009  
7 Max Uhle, “Die Ruinen von Cochasquí”. Ibero-amerikanisches Archiv 7, no 2: 132, 1933-34. Ver  
también Fausto Sarmiento, et al., “Sacred Imbakucha: Intangibles in the Conservation of Cul-  
tural Landscapes in Ecuador”. En: Protecte Landscapes and Cultural and Spiritual Values. J.-M.  
Mallarach, ed. pp. 123. Heidelberg: Kasparek Verlag.  
5
5
5
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100  
Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
Figura 8. Orientación de las rampas en pirámides de la sierra norte  
Figura del autor sobre imágenes de Google Earth  
y mapas topográficos compilados por Mark Willis  
Aunque muchos estudios de las orientaciones de los sitios y  
de los rasgos de los individuos presentan poca evidencia contextual  
sólida más allá de la orientación, Cochasquí ofrece un entorno único  
para tales estudios con múltiples rampas, todas las que apuntan  
hacia el Volcán Mojanda y sus lagos sagrados que son Caricocha, el  
más grande, Yanacocha, en el borde nororiental, y el pequeño y poco  
profundo Huarmicocha debajo del borde sur del cráter. Siguiendo el  
5
8
análisis de Ledru, parecería que la construcción de las pirámides  
se inició durante uno de los períodos más secos de la prehistoria  
ecuatoriana, y como notado arriba, coincidiendo efectivamente con  
58 Ibid.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
101  
David Brown  
59  
la Pequeña Edad de Hielo. Por lo tanto, no sería una sorpresa ver  
surgir un culto al agua en tales condiciones. Y además de los lagos,  
en el periodo de nuestra investigación observamos que se encuen-  
tran manantiales importantes en los flancos superiores del sureste  
del cráter, poco más arriba de Cochasquí y sin duda conocidos por  
los habitantes prehispánicos de la región.  
Utilizando nuestros modelos de paisaje precisos, geolocali-  
zados y basados en vuelos de drones sobre las pirámides, fue posible  
derivar extensiones razonablemente precisas de las orientaciones de  
las rampas (Figura 9).  
Figura 9. Orientaciones extendidas desde las rampas de Cochasquí  
Figura del autor sobre bases de Google Earth  
No es solo que todas las orientaciones modeladas pasaron a  
través de uno de los dos lagos más grandes, sino que las orientaciones  
de rampa de las cuatro pirámides occidentales pasan a través del lago  
del oeste y las seis más del este pasan por el lago oriental (Figura 10).  
59 Ibid. Lea la publicación de Ledru  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
102  
Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
Figura 10. Orientaciones extendidas por las lagunas del cráter de Mojanda  
Figura del autor sobre bases de Google Earth  
Los lagos de Mojanda, que se encuentran a 10 km al norte de  
y 800 m por encima del complejo arqueológico Cochasquí y comple-  
tamente ocultados desde las pirámides por las empinadas paredes  
del cráter, solo ocupan cerca de la mitad de los 5 km del ancho del  
cráter y las orientaciones extendidas de las rampas pasan dentro de  
un corredor aún más angosto; es casi imposible pensar que las orien-  
taciones se crucen dentro de los lagos por casualidad. Curiosamente,  
ninguna de las orientaciones de las rampas pasa por la diminuta  
60  
Huarmicocha; ello sugirió que este lago era poco más que un pan-  
tano en esa época y quizás estuvo seco la mayor parte del tiempo  
durante la construcción de las pirámides. El ancho aproximado de  
este pequeño lago es casi idéntico al espacio entre las orientaciones  
este y oeste, lo que nuevamente respalda el concepto de que los lagos  
existentes en esa época fueron el enfoque de las orientaciones, y que  
estas líneas sugieren una importante conexión entre los recursos hí-  
dricos, sagrados o no, y el grupo de pirámides con rampa.  
6
0 Melanie A. Riedinger, The Application of Fossil Diatom Assemblages in Reconstructing Mid to Late  
Holocene Climate in the Neotropics: The Paleolimnology of Huarmicocha and Lake Ayauchi, Ecuador.  
Tesis doctoral, Ohio State University, 1993.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
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David Brown  
La planificación de los espacios rituales como señal de poder  
Al igual que con los campos elevados, las alineaciones apa-  
rentes de las pirámides de Cochasquí reflejan el control del espacio  
arquitectónico y, quizás lo que es más importante, la planificación  
arquitectónica antes de la construcción a gran escala, una habilidad  
61  
que compartieron con los inkas. Es bastante obvio que los campos  
elevados reflejan una fuerte tradición de planificación temprana, así  
como un control continuo que pudo haber surgido durante la fase  
anterior de la Integración Temprana, cuando se pensaba que los cam-  
pos elevados se habían extendido ampliamente por todo el norte.  
Los túmulos funerarios construidos durante esa fase temprana no  
muestran evidencia de orientación u organización intencional, aun-  
que definitivamente hay algunas agrupaciones. De nuestras obser-  
vaciones en la sierra norte, la mayoría de esos montículos funerarios  
ocurren en grupos en vez de ser solitarios.  
Si bien las rampas en los grupos de pirámides en el norte  
muestran una correlación interna entre las orientaciones, hay menos  
evidencia para la planificación en la organización de los grupos de  
pirámides. La clara excepción es el grupo piramidal de Cochasquí,  
el grupo norteño más grande en términos de esfuerzo de construc-  
ción, que muestra evidencia dramática de una planificación previa  
62  
a la construcción coordinada (Figura 11). La disposición axial en el  
corazón del sitio es un ejemplo incuestionable de esta planificación  
arquitectónica a gran escala. Sin embargo, lo que puede ser más im-  
portante, es que el complejo planificado gira en torno a dos pirámi-  
des minúsculas, H y J, efectivamente las más pequeñas en el sitio y  
entre los montículos cuadriláteros más pequeños de la sierra norte.  
6
1 Si bien existen varias prácticas culturalmente compatibles entre las poblaciones locales y los  
Inka, el agua también era muy sagrada y una fuente de poder para los inkas. Ver David O.  
Brown, “Water and Power in the Provinces: Water Management in Inka Centers of the Cen-  
tral Highlands of Peru”. Tawantinsuyu 5: 23-36, 1998.  
62 David Brown, Mark Willis y Chester Walker, The Late Prehistory of Ecuador… op cit.  
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Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
Figura 11. Espacio planificado en el núcleo piramidal del Cochasquí,  
con los ejes indicados en bandas color gris  
Figura del autor sobre modelo 3D creado por Mark Willis  
Aunque no se sabe mucho de la modesta pirámide J, la H sí  
tenía un piso y los restos de un rasgo parecido a las emparejadas ca-  
naletas que se encuentran en los otros bohíos encima de las pirámi-  
6
3
des de Cochasquí, y es probable que servía para una función  
similar. Se sugiere que todas las pirámides se coronaban con bohíos,  
pero no de residencias sino espacios de función social, y muy pro-  
64  
bablemente templos o adoratorios. Lo que nos sorprende más que  
todo es que la ubicación de las dos pirámides más minuciosas está  
precisamente al centro del gran complejo aparentemente planificado.  
Este curioso arreglo de pirámides resulta en las dos más grandes del  
6
3 Udo Oberem, y Roswith Hartmann, “Informe de trabajo sobre las excavaciones arqueológicas  
de 1964-1965.” Cochasquí: Estudios Arqueológicos, Vol. 1, Udo Oberem, ed, pp. 39-57. Otavalo:  
Instituto Otavaleño de Antropología, 1981, p.47  
Wolfgang Wurster, “Ruinas existentes.” Excavaciones en Cochasquí, Ecuador, 1964-1965, editado  
por Udo Oberem y Wolfgang Wurster, pp. 11-69. Mainz Am Rhein: Verlag Philipp von Za-  
bern, 1989, pp.38-39  
6
4 Ibid.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
105  
David Brown  
sitio colocadas a cada lado de las más pequeñas, implicando que la  
gran macroestructura de varias pirámides masivas no representó un  
solo cacicazgo enorme, en que se debe encontrar la más grande cen-  
tralizada, sino a una agrupación de varios pueblos, cacicazgos me-  
nores, o grupos vinculados alrededor de un sistema agrícola,  
compartiendo los espacios rituales del enorme centro ceremonial. Y  
cada pirámide construida y usada por un grupo social tal como su-  
giere Jijón y Caamaño.65  
A pesar del discurso sobre poder que se ha presentado aquí,  
la capacidad de organizar enormes cantidades de labor no necesa-  
riamente implica una específica estructura política social, aunque se  
presume que el nivel del desarrollo cultural sería asociado con una  
sociedad del rango medio como un cacicazgo. Sobre todo, la eviden-  
cia sugiere que nunca habría sido un solo cacique encargado de toda  
la construcción y/o administración de este centro sobre todo durante  
la época preinka. Lo que es más probable, con todas las tolas asocia-  
das con grupos corporativos, es que fueran 80 jefes de pueblos o gru-  
pos de pequeñas aldeas, y que cada grupo hizo sus fiestas y  
oraciones en su propia pirámide con rampa. Usando las estimaciones  
de población ofrecidas por Knapp,66 esta distribución resultaría en  
8
0 grupos con poblaciones locales entre 1.000 y 2.200 personas, una  
cantidad razonable por un pueblo de esa época.  
De hecho, asumiendo una sincronía geográfica en el diseño,  
las enormes Pirámides G y K, a ambos lados de la pequeña H, po-  
drían haber representado a los cercanos asentamientos pre-inka  
como Malchinguí, unos pocos kilómetros al oeste y quizás represen-  
tado por la gran pirámide occidental G, y el antiguo pueblo de To-  
cachi, justo al otro lado del valle hacia el este, quizás la Pirámide K  
(Figura 12). Si este fuera el caso, uno puede imaginar que cada una  
de las tolas de Cochasquí podría haber representado una de las po-  
67  
blaciones más grandes alrededor del volcán Quilotoa.  
6
6
6
5 Jacinto Jijón y Caamaño, Contribución al conocimiento de los Aborígenes de la Provincia de Imbabura  
en la República del Ecuador. Madrid: Blass y Cía, 1914, pp.295-298  
6 Gregory Knapp, Andean Ecology: Adaptive Dynamics in Ecuador. Dellplain Latin American Stu-  
dies, No. 27. Westview Press, Boulder, Colorado, 1991.  
7 Para conocer la historia de estos pueblos, consulte Ryan Scott Hechler y William Pratt, “Co-  
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Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
Figura 12. Mapa de las poblaciones discutidas de Mojanda  
y las lagunas de Mojanda  
Mapa de Ryan Scott Hechler, 2023  
Finalmente, más allá del nivel de cooperación involucrado  
en la construcción planificada del grupo más grande, cada pueblo  
quizás representado por su propia pirámide, construyeron terrazas  
artificiales entre las pirámides principales (Figura 13), agregando  
2
1
5.500 m de espacio funcional al complejo, y uniendo las pirámides  
centrales en una sola macroestructura única e inmensa. Un área de  
terraza artificial examinada en 2019 detrás de la Pirámide G presentó  
evidencia de un mínimo de 2,5 m de relleno intencional, sugiriendo  
una cantidad de relleno enorme, tal vez, equivalente a una de las  
grandes pirámides.  
chasquí, 1532 a 1932: 400 años de resiliencia histórica”. Boletín de la Academia Nacional de His-  
toria 100, no 208-A: 179-214, 2022.  
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David Brown  
Figura 13. Terrazas construidas adentro del grupo inicial  
de pirámides de Cochasquí  
Mapa del autor sobre modelo 3D por Mark Willis  
Esto argumenta que el centro mayor, con las varias pirámides  
posiblemente construidas como espacios rituales para los residentes  
de las aldeas cercanas, significa una coordinación aún mayor de lo  
que se hubiera esperado de tal grupo, especialmente conociendo los  
patrones arquitectónicos más simples de la fase anterior. Pero es bien  
claro que, al menos Cochasquí no fue una colección al azar de pirá-  
mides sino un centro ceremonial regional planificado desde su con-  
6
8
cepción un siglo y medio antes de la llegada de los inkas. Y las  
terrazas caminables construidas adentro del grupo mayor dan énfa-  
sis a esas conexiones entre los grupos sociales que han levantado los  
monumentos.  
68 David O. Brown, Mark D. Willis, y Chester P. Walker, “The Late Prehistory of Ecuador from  
Above and Below: Remote sensing in the Northern Highlands”. Op cit.  
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Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
Esas terrazas, conectando las pirámides centrales con plani-  
cies muy caminables, literalmente cimentan los enlaces entre los tem-  
plos de las pirámides del grupo. A una escala más amplia, los  
incontables asentamientos pre-inka a lo largo del altiplano andino  
presentan poca evidencia de planificación a gran escala y/o modifi-  
cación del paisaje. Si bien no es fácil crear un modelo matemático de  
tal comportamiento, es claro que tanto los serranos del norte como  
los inkas poseían estas sofisticadas capacidades culturales, capacida-  
des que evidencian jerarquías organizacionales más amplias. Por lo  
tanto, la distribución paralela de pirámides con rampa y grupos de  
campos elevados argumenta fuertemente a favor de la unidad cultu-  
ral y ritual en todo el norte, mucho más allá de la simple habilidad  
de acumular grandes grupos de trabajo para la construcción. Esta his-  
toria de planificación y organización amplia, y de un ritual compar-  
tido por toda la región, seguramente habría sido un elemento  
estratégico para defenderse de cualquier ataque militar.  
Agua, poder y paz  
Se han presentado diversas perspectivas sobre los habitantes  
de la sierra norte durante la fase de la Integración Tardía y su en-  
frentamiento al Inka en la última mitad del siglo XV. Al menos algu-  
69  
nas de estas perspectivas han sido poco complementarias. Doyon,  
por ejemplo, ve una involución o degeneración de la cultura después  
de las ricas tumbas de pozo del Desarrollo Regional. De hecho, esto  
también se refleja en la necrópolis más o menos contemporánea de  
la zona al oeste de Urcuquí, donde las tumbas produjeron una am-  
plia gama de cerámicas finamente trabajadas, algunas incluso en el  
70  
estilo moldeado similar al que se ve en La Tolita, el sitio de montí-  
69 Leon Doyon, Informe de la excavación de las sepulturas de Pozo Profundo de la Florida. Banco Cen-  
tral del Ecuador, Quito, 1988.  
Leon Doyon, “Comments on Ceramic Styles, Chronologies and Prehistoric Sociopolitical Or-  
ganization in the Highlands of Northern Ecuador and Southern Colombia: Radiocarbon and  
Contextual Evidence from La Florida Quito.” Ponencia presentada al 47th International Con-  
gress of Americanists, New Orleans (pp. 7-11), 1991.  
0 Byron Camino y Fausto Sánchez, “Aproximación a la interpretación de las practicas funera-  
rias: transición entre los periodos de Desarrollo Regional a Integración, Urcuquí, provincia  
de Imbabura, Ecuador.” Ponencia leída en el TAAS 2018 en Ibarra.  
7
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
109  
David Brown  
culos localizado por la boca del Rio Cayapas no tan lejos de la fron-  
tera colombiana, lo que puede sugerir amplias conexiones comercia-  
les en un área extensa. La aparente disminución del comercio entre  
71  
la costa y la sierra cerca del final de este período ciertamente con-  
tribuyó a esta percepción negativa, aunque las cerámicas menos ela-  
boradas de la Integración Tardía están claramente asociadas con  
algunas de las construcciones rituales más complejas de toda la re-  
72  
gión andina.  
Sin embargo, aunque la riqueza cultural cerámica y ciertas  
medidas comerciales pueden haber disminuido al final del Desarro-  
llo Regional, el crecimiento del poder fue sin duda notable. Si bien  
los entierros del Intermedio Tardío o aun de la Integración Temprana  
son generalmente de menor riqueza que los de la época Desarrollo  
Regional anterior, hay entierros de la Integración Temprana de Hua-  
taviro de los más ricos en la provincia de San Antonio de Imbabura,  
que definitivamente presentan evidencia de un intercambio extenso  
73  
y una riqueza general, todo en el contexto de un gran montículo.  
Esta capacidad de organizar grupos de personas para la construcción  
periódica de túmulos funerarios fue finalmente reemplazada por las  
masivas movilizaciones laborales de la Integración Tardía, quizás  
comprometida en la construcción casi constante de las enormes pi-  
rámides con rampa de la sierra norte. Vale la pena señalar que algu-  
nos entierros tardíos menos elaborados desde la cima del montículo  
de Huataviro, con fechas de Integración Tardía, parecen confirmar  
una disminución en la riqueza cultural.74  
La mano de obra requerida para tales construcciones monu-  
mentales habría sido el resultado de los sistemas de campos elevados  
altamente productivos que alimentaban a los norteños e incluso pue-  
den haber permitido el lujo de intercambiar alimentos durante los  
7
1 William S. Pratt, The Utilitarian and Ritual Applications of Volcanic Ash in Ancient Ecuador. Tesis  
de Maestría, Antropología, Texas State University. San Marcos, Texas, 2019.  
2 Para una exploración del poder monumental de las construcciones rituales en los Andes Cen-  
trales, ver Jerry Moore, “Architecture and Power in the Ancient Andes: The Archaeology of  
Public Buildings”, Cambridge University Press, Cambridge, 1996.  
3 Estanislao Pazmiño, “Huataviro y los señoríos de la sierra norte del Ecuador.” Revista del Pa-  
trimonio Cultural del Ecuador 5(1): 56-71, Quito. 2014.  
7
7
7
4 Ibid.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
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Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
años productivos. Esa mano de obra requerida para los campos, pro-  
bablemente, excedió los esfuerzos requeridos para la construcción  
de las pirámides tanto en la construcción inicial de los campos como  
en su mantenimiento continuo. Pero estos campos formaban un  
bucle de retroalimentación positiva para los habitantes; el aumento  
del rendimiento de los campos bien mantenidos aumentó la pobla-  
ción, lo que habría permitido mayores esfuerzos en el cuidado de los  
75  
campos y, por lo tanto, rendimientos aún mayores. Knapp ha esti-  
mado que estos campos altamente productivos, combinados con  
otros medios de producción más tradicionales, podrían haber resul-  
tado razonablemente en una población de entre 75.000 y 175.000 per-  
sonas en la sierra norte.  
Esa enorme población en sí podría haber sido la razón por  
la que los inkas lucharon con dificultad en la sierra norte, pero la  
coordinación requerida para construir los extensos sistemas de cam-  
pos elevados, así como las tolas con rampa, habría empoderado a  
esa población de una manera que las estrategias agrícolas más inde-  
pendientes nunca pudieron haber logrado. Aunque a menudo criti-  
cada como simplista o demasiado centrada en un solo enfoque, la  
76  
hipótesis hidráulica” de Wittfogel nos recuerda la importancia del  
control del agua en la evolución del poder sociopolítico y que la ne-  
cesidad de gestionar tales sistemas es universal. Quizás más que las  
prácticas tradicionales de riego, los campos elevados habrían reque-  
rido una coordinación generalizada que fácilmente podría haber lle-  
vado a sistemas políticos más controlados o incluso autocráticos en  
algunas áreas.  
Aunque el control del agua no condujo a la autocracia en la  
sierra norte, sin embargo, es probable que hubiera reforzado a una  
fuerte conexión entre las varias poblaciones. El diseño de las pirá-  
mides en Cochasquí con un aparente templo encima cada una posi-  
blemente relacionada con un grupo corporativo, sugiere un alto nivel  
de coordinación entre los grupos en la planificación y operación del  
complejo sistema agrícola, a pesar de la ausencia de lo que debería  
7
7
5 Gregory Knapp, Andean Ecology:…op. cit., pp.178-181  
6 Karl A. Wittfogel, “Developmental aspects of hydraulic societies.” Irrigation civilizations: A  
comparative study, pp.43-52, 1955.  
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David Brown  
ser un solo punto focal, lo que representaría un cacicazgo unitario.  
En cambio, parece que antes de la invasión inka, los pueblos de la  
sierra norte estaban colaborando a gran escala tanto en actividades  
rituales como agrícolas, y es probable que la necesidad esencial de  
tal colaboración redujera las oportunidades para la guerra local.  
La falta de agregaciones de población, la ausencia de ciuda-  
delas en las cimas de las colinas y la escasez general de elementos  
defensivos pre-inka, combinados con la falta de imágenes marciales  
en la cerámica y la ausencia de armamentos, simplemente excluyen  
la existencia de una cultura guerrera antes de la llegada del Inka. La  
ausencia de esos elementos marciales y defensivos envía un mensaje  
claro; si bien la violencia local y las venganzas personales pueden  
haber sido comunes, la guerra generalizada se habría visto como de-  
vastadora para la economía regional y hay poca o ninguna evidencia  
de su existencia en la región inmediata, aunque bien puede haber  
conflictos ocasionales con otras etnias extrarregionalas. A la misma  
77  
conclusión llega Hechler en un trabajo reciente sobre la sierra norte.  
En cambio, lo que se puede ver es una cultura unificada capaz de  
formar una confederación regional para defenderse de los inkas.  
La presencia inka  
Al fin, la fuerza de los norteños que se traza aquí está refle-  
jada por la estructura de la presencia inka que confirma sus preocu-  
paciones. Esa presencia inka inicial en la sierra norte habría sido el  
general Thupa Inka Yupanki, quizás ya en 1460, aunque se sabe  
pocos detalles de sus avances al norte o si hubo otros encuentros mi-  
litares en esa fase temprana de la conquista inka. En cualquier caso,  
Thupa Inka parece haber optado por el sistema fluvial Pisque-Guay-  
llabamba como su frontera norte, construyendo una serie de puca-  
78  
rakuna o fuertes por esa línea. La concentración más importante,  
7
7 Ryan Scott Hechler, “Over the Andes, and through Their Goods: Late Pre-Columbian Political  
Economic Relations in Northern Ecuador.” The Archaeology of the Upper Amazon: Complexity  
and Interaction in the Andean Tropical Forest, Ryan Clasby y Jason Nesbitt, eds, pp. 208-227.  
Gainesville: University Press of Florida, 2021.  
78 David O. Brown, “Visions of Conquest: The Inka Army on the Northern Frontier”. Ponencia  
leída en la conferencia anual de la Society for American Archaeology, Chicago, Illinois, 1999.  
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Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
al norte de El Quinche, alrededor del extinto Volcán Pambamarca,  
es uno de los grupos más grandes de fortificaciones inkas en su im-  
perio y parece haber sido su principal centro de mando para la con-  
quista inicial y el control del norte.79  
Cualquiera que sea el avance de Thupa Inka, su línea defen-  
siva habría sostenido la frontera Pisque-Guayllabamba durante va-  
80  
rias décadas. Con la excepción de las laderas densamente boscosas  
81  
del Amazonas, donde el Inka nunca pudo penetrar, y los confines  
del sur del imperio en Argentina y Chile, donde los cazadores-reco-  
lectores nómadas y los belicosos mapuche mantuvieron a raya al im-  
perio,8 la frontera norte del Ecuador era uno de los límites  
imperiales más estables a lo largo de sus avances, lo que sugiere que  
pueden haber sido extendidos a los límites de los recursos militares  
2
83  
de los inkas en esa conquista.  
Al final, unos 30 fuertes inkas fueron construidos por la fron-  
tera sur de la sierra norte, en su mayoría por Thupa Inka, creando  
una de las concentraciones militares más poderosas que habían cons-  
truido los incas, un claro indicador de los problemas potenciales que  
previeron allí. No se sabe si fueron colocados allí en respuesta a un  
revés militar temprano en el norte no anotado por los historiadores  
inkas o simplemente como una precaución bien ubicada, pero el  
efecto es el mismo. El mensaje enviado por los pucarakuna es que  
los mismos inkas veían a los norteños como uno de sus más temibles  
oponentes.  
El altamente concentrado grupo de 14 fuertes inkas alrede-  
dor del extinto volcán era en sí mismo una masiva concentración de  
79 Fernando Plaza, El complejo de fortalezas de Pambamarca: contribución al estudio de la arquitectura  
militar prehispánica en la sierra norte del Ecuador. Instituto Otavaleño de Antropología, Otavalo,  
1977.  
8
0 David O. Brown, “Visions of Conquest: The Inka Army on the Northern Frontier”. Ponencia  
leída en la conferencia anual de la Society for American Archaeology, Chicago, Illinois, 1999.  
1 Ryan Scott Hechler, “A Sick and Unhealthy Land”: An Assessment of the Inkas’ Relationships  
with Montaña and Selva Societies”. Ponencia leída en la conferencia anual de la Society for  
Amazonian & Andean Studies Biannual Meeting, Baton Rouge, Louisiana, 2015  
2 Rubén Stehberg, Instalaciones incaicas en el norte y centro semiárido de Chile. Dirección de Bi-  
bliotecas, Archivos Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, 1995.  
3 David O. Brown. “Conquest, Collaboration, and Resistance along the Northern Frontier of  
Tawantinsuyu: The Inka in Ecuador”. Ponencia leída en la conferencia anual de la Society  
for American Archaeology, Denver, Colorado, 2002.  
8
8
8
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David Brown  
fuerzas. Una parte importante del área fortificada por los inkas en  
la sierra norte, abarcando unos 58 de 117 Ha del total amurallado  
por ellos en el norte, estaba encerrada dentro de los muros defensi-  
vos de esos pucarakuna. De los más de 60 km de zanjas y andenes  
defensivos que rodean las 50 fortalezas del norte, al menos 25 km se  
encuentran en el grupo de Pambamarca. Adentro de la sección norte  
2
de ese complejo militar en Pambamarca hay 2,5 km de tierra prote-  
gida por los pucarakuna y unas zanjas que los unían, espacio más  
que suficiente para que un ejército inka y sus caravanas de llamas  
acampen en tiempos de guerra (Figura 14).  
Figura 14. Pucarakuna de Pambamarca con sitios contemporáneos  
no fortificadas (en negrita cursiva) y área entre los fuertes mayores  
que podría haber protegido un campamento del ejercito inka  
Base de Google Earth  
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Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
84  
Connell y colegas han descrito la presencia inka por el Pam-  
bamarca como un “nodo endurecido,” una calificación indudable  
del conjunto, pero sin mucho análisis militar de los rasgos o su dis-  
85  
posición alrededor del cerro. Pero ni Connell, ni Plaza Schuller, ni  
86  
Oberem se han enfocado en lo que era más importante del diseño  
de las defensas de Pambamarca, que el área defendida estaba ro-  
deada por probables aldeas de pueblos de mitmakuna, incluyendo  
Cuzubamba, Otón, Paccha, Pambamarca y Chumillos, las cuales aún  
existen en la actualidad. Como generalmente dejan claro las crónicas  
españolas, los inkas preferían que sus objetivos de conquista simple-  
mente se rindieran y aceptaran la dominación inka. Si bien las histo-  
rias provinciales se alinearon con la narrativa inka de las conquistas,  
parecería que muchas provincias “conquistadas”, tal vez hasta la  
mitad, negociaron una rendición en lugar de enfrentarse a una de-  
vastadora derrota militar. El asentamiento de los mitmakuna, con la  
intención de “inkanizar” a las cercanas poblaciones locales, fue parte  
frecuente de ese proceso y fue claramente importante en el norte del  
Ecuador, donde los mitmaq se ubicaron alrededor de Pomasqui,  
Guayllabamba, El Quinche, Guachalá y Pambamarca como otros lu-  
gares probables en el norte.87  
84 Samuel et al. Connell, “Inka Militarism at the Pambamarca Complex in Northern Ecuador.”  
Latin American Antiquity 30(1): 177-197, 2019.  
8
5 Fernando Plaza, La Incursión Inca en el Septentrión Andino Ecuatoriano: Antecedentes arqueológicos  
de la convulsiva situación de contacto cultural. Primer informe preliminar. Instituto Otavaleño de  
Antropología, Otavalo, 1976. Fernando Plaza, El complejo de fortalezas de Pambamarca: contri-  
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8
9
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étnicos de Quito en la época de los incas: La economía política de los señores norandinos. Segunda  
edición, corregida y aumentada. Instituto Metropolitano de Patrimonio, Quito, 2011.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
115  
David Brown  
El hecho de que este proceso de inkanización estaba funcio-  
nando con éxito está respaldado por las numerosas vasijas híbridas  
inka-locales encontradas por el corredor Guayllabamba-Pisque y si-  
88  
tios cercanos como Cochasquí y Cayambe. Al norte de este corredor  
sur, la evidencia de la presencia inka era menos clara, y aunque al  
norte entre Urcuquí e Ibarra se encuentra una línea clara de pucara-  
kuna inka, hay menos evidencia de fusión cultural, o incluso de to-  
89  
pónimos kichwas generalizados. La línea de mayor influencia inka  
parece haber terminado alrededor de Otavalo y Cayambe, y no de-  
bería sorprender que los caranqui, con su probable centro ceremonial  
más lejos de la inicial frontera inka, y quizás menos influenciados  
por su presencia, estuvieron entre los más resistentes a la subyuga-  
90  
ción.  
Resistencia de los pueblos del Norte Inka  
A pesar de la escala del desastre militar para los inkas, de  
haber perdido la mayor parte de dos ejércitos, los detalles de la res-  
puesta de Wayna Qhapaq a la rebelión presentados por los cronistas  
son confusos y contradictorios. Los rebeldes norteños incluyeron cla-  
ramente a los pueblos Cochasquí junto con los Caranqui y Cayambe,  
pero no está claro hasta qué punto la población en general del norte  
apoyó plenamente el esfuerzo defensivo. Wayna Qhapaq pasó  
mucho tiempo en el norte sometiendo los rebeldes, pero fuera del  
territorio del Cochasquí y de la fortaleza de Caranqui, el ejército inka  
8
8
9
8 Tamara Bray, L. Los efectos del imperialismo incaico en la frontera norte: una investigación arqueo-  
lógica en la sierra septentrional del Ecuador. Editorial Abya Yala, 2003. Samuel Connell, et al.  
“Inka Militarism at the Pambamarca Complex in Northern Ecuador.” Latin American Anti-  
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no 69: 65-80; 28, no 71: 80-96; 28, no 72: 226-240; 29, no 73: 48-64; 29, no 74: 215-232; 30, no 75:  
57-74; 30, no 76: 172-189; 31, no 78: 234-267; 32, no 79: 102-121; 32, no 80: 206-225, 1946-1952.  
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BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
116  
Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
aparentemente fue libre para moverse, y hay poca evidencia de que  
se hayan perdido una parte significante de sus fuertes. Nuestros re-  
conocimientos en los pucarakuna inka del norte solo podían confir-  
mar al pucará de Aloburo, al lado de Yahuarcocha, como pucará  
ocupado por los locales (aunque los restos sugieren que los inkas lo  
construyeron). Años de estudio en las fortalezas de Pambamarca no  
9
1
han ofrecido evidencia de la participación en una guerra amplia.  
De los 16 fuertes en la agrupación mayor, solo Pucarito (vea la Figura  
4), encima de la pequeña comunidad de San Pedro, exhibía eviden-  
1
cia de una área quemada en los depósitos asociados con el pucará,  
justo al lado de un entierro con uno pequeño aríbalo inka en lo que  
92  
puede haber sido una zanja defensiva del pucará. Al final, parece  
que una buena parte del sistema de fortificaciones inkas quedó in-  
tacto y tal vez nunca fue atacado.  
Aunque bien probable que la rebelión no era universal, fue  
un problema grave y el acto de matar a un gobernador inka no podía  
haber pasado por alto el Sapa Inka Wayna Qhapaq. Sin embargo,  
después de años de preparación y una exitosa reconquista en Co-  
chasquí, el gran premio de la fortaleza de Caranqui quedaría largo  
tiempo fuera de su alcance y le costó una fortuna en recursos y pres-  
tigio imperial de finalmente ganarlo. Las batallas finales en que el  
emperador perdió miles de soldados y se murió su hermano Awki  
Toma eran difíciles para él y para el imperio. Había pocas derrotas  
de la escala de las perdidas inkas en los asaltos fallidos contra la for-  
taleza de los Caranqui.93  
Los inkas eventualmente infligieron su venganza mediante  
el uso de tres ejércitos y múltiples subterfugios, pero la trágica de-  
rrota inicial de los sureños es la verdadera historia de interés. A lo  
largo de sus miles de kilómetros de conquista, solo fueron tan abru-  
madoramente derrotados unas pocas veces, pero al carecer de cual-  
quier tipo de tecnología militar mejorada, sus éxitos se debieron en  
91 D. Brown, observaciones personales en el Proyecto Arqueológico Pambamarca, 2008-2010.  
92 D. Brown, observaciones personales en el Proyecto Arqueológico Pambamarca, 2008-2010.  
93 Udo Oberem, “Los Caranquís de la Sierra norte del Ecuador y su incorporación al Tahuan-  
tinsuyu”, Pendoneros, 20, Instituto Otavaleño de Antropología, Otavalo, 1981, pp.73-102, p.85  
Waldemar Espinosa Soriano. Los Cayambes y Carangues: Siglos XV-XVI, 1988. pp. 240-246.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
117  
David Brown  
gran parte al tamaño de sus ejércitos. Ser derrotado fácilmente por  
un pequeño contingente de norteños probablemente amurallados en  
el apoderado pucará inka de Aloburo sugiere que cualquier temor  
potencial que los inkas sentían frente al poder de los norteños no era  
94  
una preocupación sin fundamento. Sabiendo que estaban al menos  
en pie de igualdad con sus oponentes en poder y organización si no  
en población, inicialmente habían elegido sabiamente centrarse  
menos en el éxito militar e intentar ganar la guerra a largo plazo con  
la conversión cultural en lugar de la opción aparentemente menos  
segura del éxito militar directo.  
Las pérdidas de Wayna Qhapaq probablemente se debieron,  
en parte, a malas tácticas de su parte, y la fuerza insuficiente habría  
sido un factor contribuyente. Según las fuentes, Thupa Inka marchó  
hacia el norte con un ejército de un cuarto de millón de soldados a  
mediados del siglo XV, pero aún no estaba dispuesto a intentar un  
asalto frontal más al norte del Río Guayllabamba. Su hijo, con un  
ejército mucho más reducido que el de su padre, de acuerdo con las  
crónicas, intentó lo que se habría considerado una hazaña militar im-  
95  
posible, conquistar el enorme pucará de Aloburo, con una relación  
de fuerza mucho menor que el 3 o 5:1, que normalmente se considera  
lo necesario en asaltar un fuerte bien defendido.  
Si bien en parte esa derrota se debió claramente a la mala pla-  
nificación del emperador y la sobreestimación de las capacidades de  
sus fuerzas, también se debió al poder absoluto de los norteños, quie-  
nes una y otra vez hicieron que los inkas pagaran un alto precio por  
sus derrotas. Esos éxitos contra los inkas fueron el resultado de siglos  
de acumulación del poder sociopolítico altamente organizado en la  
sierra norte.  
94 Antonio Fresco González, Ingañán, la red vial del imperio inca en los Andes ecuatoriales, Banco  
Central del Ecuador, Quito, 2004, p.75.  
9
5 Las crónicas indican que los Caranquis apoderaron de un fuerte inka y mis investigaciones  
y la lógica militar señalan que no fue el chiquito Pesillo sino el más grande, Aloburo y así  
apoyan las evidencias arqueológicas.  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
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Paz y guerra en la Sierra Norte del Ecuador:  
las poderosas culturas de la integración tardía  
Conclusión  
Al final, el poder de los norteños no residía en ningún con-  
cepto abstracto de la autoridad directa de los jefes, sino en la coope-  
ración humana a gran escala en la erección de las enormes tolas con  
rampa, así como en el diseño, construcción y mantenimiento de los  
campos elevados. Y, a juzgar por los patrones de asentamiento abier-  
tos, todo se hizo sin la guerra constante que prevalecía en el sur.  
Desde Cuzco hasta Quito, la sierra y la montaña adyacente alberga-  
ron decenas de cacicazgos, cada uno defendido en sus pueblos for-  
tificados dominando los cerros, y todos los que no se rindieron  
fueron vencidos en batalla con el Inka. No hay duda de que la sierra  
norte estaba poblada por cacicazgos o señoríos, aunque la prepon-  
derancia de la evidencia apoya la idea de que se trataba de un caci-  
cazgo diferente, muy probablemente no tan centrado en la guerra  
como los señoríos del sur. Y se puede decir que este estado de paz  
antes de la llegada del Inka permitió que los serranos se unieran para  
enfrentar a los sureños sin peleas internas. El número de pucarakuna  
inka en el altiplano mismo confirma la preocupación inka respecto  
a los norteños; las derrotas posteriores dan testimonio de su incapa-  
cidad para tratar con los del altiplano norte.  
Agradecimientos  
Nada de esto hubiera sido posible sin la colaboración de  
nuestro equipo del Ecuador que incluyó a Will Pratt, Ryan Hechler,  
Mark Willis, Chet Walker y Estanislao Pazmiño, creciendo en 2019  
para incluir a Steve Athens, Charles Frederick, y José Echeverría. El  
apoyo del reciente director del Parque Arqueológico Cochasquí Fritz  
Reinthaller y su personal también ayudó a que esto fuera posible, al  
igual que lo hizo posible la ayuda de Fernando Polanco en Hacienda  
Zuleta. Nuestro colaborador a largo plazo Byron Camino también  
fue una parte esencial del proyecto. Versiones del artículo fueron re-  
visados por José Echeverría, Meredith Dreiss, Carlos Espinosa y  
Ryan Hechler, aprecio mucho sus comentarios y sugerencias. Final-  
BOLETÍN ANH Nº 209 • 77–127  
119  
David Brown  
mente, Ryan Hechler añadió con correcciones finales y ayudó con  
mapas adicionales.  
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o o o o  
8: 205-220; 27 n 69: 65-80; 28, n 71: 80-96; 28, n 72: 226-240; 29, n 73: 48-  
o o o o  
4; 29, n 74: 215-232; 30, n 75: 57-74; 30, n 76: 172-189; 31, n 78: 234-267;  
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3
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127  
La Academia Nacional de Historia es  
una institución intelectual y científica,  
destinada a la investigación de Historia  
en las diversas ramas del conocimiento  
humano, por ello está al servicio de los  
mejores  
intereses  
nacionales  
e
internacionales en el área de las  
Ciencias Sociales. Esta institución es  
ajena a banderías políticas, filiaciones  
religiosas,  
intereses  
locales  
o
aspiraciones individuales. La Academia  
Nacional de Historia busca responder a  
ese  
carácter  
científico,  
laico  
y
democrático, por ello, busca una  
creciente profesionalización de la  
entidad, eligiendo como sus miembros  
a
historiadores  
profesionales,  
entendiéndose por tales a quienes  
acrediten estudios de historia y ciencias  
humanas y sociales o que, poseyendo  
otra formación profesional, laboren en  
investigación  
histórica  
y
hayan  
realizado aportes al mejor conocimiento  
de nuestro pasado.  
Forma sugerida de citar este artículo: Brown, David, “Paz y  
guerra en la Sierra Norte del Ecuador: las poderosas culturas de  
la integración tardía", Boletín de la Academia Nacional de Historia,  
vol. CI, Nº.209, enero – junio 2023, Academia Nacional de  
Historia, Quito, 2023, pp.77-127