BOLETÍN  
DE LA ACADEMIA  
NACIONAL DE HISTORIA  
Volumen XCVII Nº 202  
Julio–diciembre 2019  
Quito–Ecuador  
BOLETÍN  
DE LA ACADEMIA  
NACIONAL DE HISTORIA  
Volumen XCVII  
Nº 202  
Julio–diciembre 2019  
Quito–Ecuador  
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
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BOLETÍN de la A.N.H.  
Vol XCVII  
Nº 202  
Julio–diciembre 2019  
©
Academia Nacional de Historia del Ecuador  
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e-ISSN: 2773-7381  
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enero 2020  
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación  
BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
Vol. XCVII – Nº. 202  
Julio–Diciembre 2019  
PRESENTACIÓN DEL LIBRO  
DE LA AUTORÍA DEL GENERAL  
PACO MONCAYO GALLEGOS  
Franklin Barriga López1  
Damas y caballeros:  
En el año 1981 tuve el privilegio de realizar un posgrado en  
el Instituto de Altos Estudios Nacionales, en ese entonces regentado  
por el Ministerio de Defensa Nacional. Fue una experiencia inolvida-  
ble y muy útil, tanto por el acreditado nivel que en ese entonces tenía  
el IAEN, cuanto por la exigencia de los estudios, teóricos y de campo,  
para civiles muy escogidos, militares y policías que asistían con el  
rango mínimo de coroneles de Estado Mayor. La disciplina y los arrai-  
gados conceptos de honor y Patria complementaban la formación en  
áreas por demás significativas y concernientes a la Seguridad y el  
Desarrollo, materias tan relacionadas entre sí, ya que la una no puede  
existir sin la otra para el engrandecimiento de los países.  
He llevado a cabo esta grata remembranza que pongo como  
antecedente para el análisis de los temas que voy a enfocar, mismos  
que, por lo expuesto, no me son desconocidos y, es por ello que, ocupo,  
complacido, esta tribuna en donde, además, hablaremos de Historia.  
Y es precisamente el libro, en dos tomos, titulado Seguridad  
y Defensa en la Historia Ecuatoriana, en 1150 páginas, de la autoría del  
General Paco Moncayo Gallegos, el que nos ha congregado en esta  
tarde y noche, en la Casa de la Cultura Ecuatoriana que prosigue en  
su específica y loable labor bajo la presidencia del Lcdo. Camilo Res-  
trepo Guzmán, sobre todo, en lo que respecta a la publicación de  
obras de trascendencia, en su acreditada editorial que dirige, con re-  
1
Director de la Academia Nacional de Historia  
B O L E T Í N A N H N º 2 0 2 • 5 1 0 – 5 3 0  
5
10  
Presentación del libro  
Seguridad y Defensa en la Historia Ecuatoriana  
conocido profesionalismo y experiencia, el Lcdo. Patricio Herrera  
Crespo, como se puede evidenciar en esta nueva producción intelec-  
tual del General Moncayo Gallegos, héroe nacional, doctor por el  
Instituto de Posgrado de Ciencias Internacionales de la Universidad  
Central del Ecuador, donde ejerce cátedras de su especialidad desde  
hace varios años, al igual que en la Universidad de las Fuerzas Ar-  
madas, el Instituto de Altos Estudios, el Instituto Nacional de De-  
fensa y las Academias de Guerra de las tres fuerzas.  
La Academia Nacional de Historia, en reconocimiento a sus  
méritos, le designó Miembro Correspondiente y Benefactor, por  
cuanto, en uno de sus exitosos períodos como Alcalde de nuestra ca-  
pital fue el artífice para que la I. Municipalidad de Quito entregue  
en comodato y debidamente restaurada la patrimonial y morisca  
Casa Alhambra, ubicada en la esquina de la Avda. 6 de Diciembre y  
Calle Vicente Ramón Roca, a la Academia Nacional de Historia en  
donde labora esta centenaria y pluralista institución desde el año  
2
007. Este personaje, digno ya de la biografía, pertenece también a  
la Academia de Historia Militar y entre varias funciones que sería  
largo enumerar, es copresidente de la Organización de las Naciones  
Unidas para el asesoramiento de los Gobiernos Locales (UNACLA)  
y, asimismo, se desempeña en la UNITAR, agencia de la ONU para  
el entrenamiento y la investigación, con el especial encargo de apo-  
yar a dicha organización internacional en el logro de los Objetivos  
de Desarrollo Sostenible.  
Para elaborar este discurso de presentación de libro Seguridad  
y Defensa en la Historia Ecuatoriana refresqué conocimientos atinentes  
a los tópicos mencionados y es así que, como preámbulo, se volvió  
necesario puntualizar y reiterar, como lo hago, que es imprescindible  
intensificar, en todos los niveles de la comunidad, el conocimiento  
de la cultura de la Seguridad y la Defensa y el trabajo primordial,  
patriótico, sacrificado que cumplen las Fuerzas Armadas, ya que “la  
seguridad es un pilar básico en una sociedad abierta y democrática y condi-  
ción indispensable para su prosperidad y progreso”, como bien anotó el  
Foro para la Paz en el Mediterráneo.2  
2
Estrategia de Seguridad Nacional, una responsabilidad de todos, Gobierno de España, Imprenta Na-  
cional del Boletín Oficial del Estado, Madrid, 2017, p.18.  
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Franklin Barriga López  
Bajo iguales consideraciones ha de entenderse a la Defensa  
Nacional, como la acción que llevan a cabo los Estados en ejercicio  
de su soberanía para defender sus territorios y protegerse de los ata-  
ques de otros Estados y, en la actualidad, asimismo, de fuerzas ex-  
ternas asociadas al crimen organizado, de carácter transnacional,  
como el narcotráfico, el terrorismo y los crímenes conexos.  
Hallándose cercanamente vinculados y aun complementa-  
rios, uno del otro, la Seguridad y la Defensa, como bien subraya la  
Red de Seguridad y Defensa de América Latina, “la Defensa Nacional  
no debe ser confundida con la Seguridad, aunque ambos conceptos están es-  
trechamente relacionados”.3  
Hace bien el general Moncayo, luego de la bien estructurada  
Introducción, en iniciar su libro con el estudio desde la prehispani-  
dad, algo sumamente difícil ya que se carece de fuentes, al haber,  
además, conceptuado, en nuestro medio, que la Historia comienza  
desde la llegada de los españoles a nuestros territorios, ya que sola-  
mente desde allí existen testimonios escritos. Nuestra Academia con-  
sidera que los albores de la historia ecuatoriana, antes llamaban  
Prehistoria, iniciaron mucho tiempo atrás, testimoniados en las hue-  
llas arqueológicas que se exhiben en los museos de varias partes de  
planeta y que sorprenden por sus características, especialmente en  
la cerámica y la orfebrería. Como muestreo, ¡cuánto se puede argu-  
mentar al efectuar análisis de la utilización y labrado del oro hasta  
del platino en nuestras culturas primigenias, mientras en Europa no  
se hacía aún! En tal virtud, la historia en el Ecuador dio inicio con  
los primeros habitantes, hace más de diez milenios y se ubicaron en  
la zona del Ilaló.  
La referencia al P. Juan de Velasco es oportuna y necesaria,  
ya que este riobambeño insigne con su Historia del Reino de Quito en  
la América Meridional narró a los pueblos que conformaron esta con-  
federación y otros más que giraban en torno a ella, lo que constituye  
los cimientos de la nación ecuatoriana. Otras fuentes a las que acude  
el general Moncayo para estudiar un período donde no hubo testi-  
3
RESDAL, Red de Seguridad y Defensa de América Latina, Bases para una Política de Defensa  
Nacional, Capítulo IV, versión electrónica, p. 1. Ver en: https://www.resdal.org/Archivo/uru-  
cap4.htm (04-12-2019)  
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Presentación del libro  
Seguridad y Defensa en la Historia Ecuatoriana  
monios escritos –como ya anoté- es el acopio de las referencias he-  
chas por cronistas que recogieron el pasado de los pueblos autócto-  
nos, como Cieza de León, Juan de Betanzos, Francisco de Jerez,  
Miguel Cabello de Balboa, Francisco López de Gómara, Fernando  
Montesinos, Guamán Poma de Ayala, Agustín Zárate, Garcilaso de  
la Vega; informaciones bibliográficas que se complementan con la  
de historiadores pertenecientes a los años posteriores, como Federico  
González Suárez, Jorge Salvador Lara, Luis Andrade Reimers, Pedro  
Porras, Piedad y Alfredo Costales, Segundo y Christiana Moreno,  
Lenin Ortiz Arciniegas, entre otros. Se debe resaltar que, a lo largo  
de los dos volúmenes de esta obra medular de Paco Moncayo, pre-  
valecen numerosas y sistematizadas citas bibliográficas, lo que sig-  
nifica aval de calidad académica.  
Difícil, en extremo, introducirse, con intención analítica, en  
los escenarios prehispánicos; no obstante, Paco Moncayo cumple esta  
actividad, llegando incluso a espigar en las dimensiones del Reino  
de Quito, en lo señoríos de la nación Quitu-Cara y sus guerras y  
alianzas. Dedica un capítulo al ejército quiteño de esa época, a su ar-  
mamento, fortificaciones y la forma de operar de las huestes aborí-  
genes antes de la incursión de los Incas, a los que combatieron. Con  
igual conocimiento llega al Incario y a su ejército, organización, je-  
rarquías y políticas militares, armamento, entrenamiento, fortalezas  
o pucarás, comunicaciones, logística, forma de lucha, infraestructura,  
a las guerras de resistencia a Túpac Yupanqui y a Huayna Cápac, la  
guerra civil entre Huáscar y Atahualpa, habiendo resultado triunfa-  
dor, como es conocimiento unánime, nuestro compatriota, el inca  
quiteño que tuvo dentro de su equipo de generales a héroes de la  
talla de Calicuchima o Quisquís, que entraron al mismo Cuzco, la  
capital del imperio, y apresaron a Huáscar. Los quiteños, que tam-  
bién tuvieron en el general Rumiñahui a uno de sus personajes más  
representativos, dieron batalla a los invasores ibéricos.  
Con igual conocimiento, dedica considerable espacio a las  
guerras de la conquista española, comenzando por la situación de  
Europa en los años del Renacimiento, donde la cultura afianzada en  
el Humanismo alcanzó niveles superlativos, que se proyectaron a  
universales ámbitos. El autor coteja las características del ejército es-  
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pañol y el del incario. Especifica las causas de la derrota indígena,  
determinando, entre otras, el adelanto del armamento de los con-  
quistadores europeos, de fuego que causaba pavor en los contrin-  
cantes que creían que los extraños tenían los poderes del trueno y  
del rayo; la presencia del caballo que lo consideraron como un ser  
sobrenatural y, la enorme carga de supersticiones que ubicaban a los  
blancos y barbudos como los enviados de Viracocha. Hasta la erup-  
ción del Cotopaxi contribuyó a lo anotado, ya que dicha actividad  
fue catalogada como un designio divino.  
Así, el historiador llega a lo que acertadamente titula La trai-  
ción de Cajamarca, es decir: la emboscada que tendieron los españoles  
al monarca Atahualpa y sus seguidores, lo que desembocó en feroz  
matanza y el derrumbe del imperio de los Incas, para dar paso a la  
hegemonía ibérica, una vez que, definitivamente, fueron aplastadas  
ciertas muestras de resistencia aborigen, como la del indómito Ru-  
miñahui que, a la postre, fue apresado, sometido a tormentos para  
que indique los lugares donde enterró tesoros y ejecutado, final-  
mente. En este punto, Benjamín Carrión recordó aquella frase de una  
de las mujeres de la parcialidad de los Zarzas que, al conocer el ase-  
sinato de su rey acontecido el 29 de agosto de 1533, exclamó: “Chaupi  
4
punchaupi tutayarca (anocheció en la mitad del día”. Frase que los años  
venideros comprobaron su veracidad para el acontecer futuro de los  
indígenas.  
Después, los vencedores hispánicos entraron en guerras  
entre ellos: Francisco Pizarro contra Diego de Almagro y las batallas  
de Abancay y de Salinas; los conflictos bélicos de Vaca de Castro con-  
tra Almagro “el joven” que quiso vengar la muerte de su antecesor;  
la campaña de Núñez de Vela, la batalla de Iñaquito y la cabeza del  
virrey que fue cortada y exhibida públicamente en la picota; la arre-  
metida de Pedro de la Gasca contra el mismo Pizarro que fue decla-  
rado por la corona española rebelde y traidor, que luego de las  
acciones bélicas terminó sus días ejecutado.  
Sigue un capítulo en que se examina la administración colo-  
nial y, en ese marco, a la Seguridad y Defensa: la Real Audiencia de  
4
Benjamín Carrión, El cuento de la Patria, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1967, p. 80.  
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Presentación del libro  
Seguridad y Defensa en la Historia Ecuatoriana  
Quito, las guerras civiles, los levantamientos criollos como la deno-  
minada Revolución de las Alcabalas, los ataques de corsarios y pira-  
tas en la costa y los levantamientos indígenas en las gobernaciones  
de Macas, Yaguarzongo y Mainas. Prosigue la exposición situando  
a Europa en el siglo XVIII: la España Borbónica y su relación con los  
gobiernos de la Audiencia de Quito; la Seguridad y Defensa en los  
virreinatos de Perú y Nueva Granada, como también en la Real Au-  
diencia de Quito, en que sucedió la Revolución de los Barrios; las  
agresiones inglesas en contra de los intereses españoles y los levan-  
tamientos indígenas, esta vez en la Sierra: en Pomallacta (1730), Rio-  
bamba (1764), San Miguel de Molleambato (1766), Obraje de San  
Idelfonso (1768), San Felipe (Latacunga, 1771), Corregimiento de  
Otavalo (1777), Guano (1778), Pelileo, Pílarro y Quisapincha (1780),  
Guamote, Licto y Columbe (1803). En todos estos movimientos de  
rebeldía, de parte y parte hubo hechos de crueldad; las mujeres in-  
dígenas demostraron belicosidad y arrojo que contagiaban a sus  
compañeros de lucha.  
La Independencia conlleva los abiertos enfrentamientos que  
se dieron entre ibéricos y quienes nacieron en estos territorios, las  
doctrinas militares de España, el protagonismo de los ejércitos de la  
libertad, la campaña militar del Estado de Quito, la influencia que  
tuvo la revolución norteamericana con las trece colonias que se in-  
dependizaron de la metrópoli inglesa, la precaria situación econó-  
mica de la Real Audiencia de Quito agudizada por las reformas  
borbónicas que afectaron gravemente en especial a la industria textil.  
La gravitación religiosa que es precisada con honestidad intelectual  
por el general Moncayo, como indica en las págs. 344 y 345, valién-  
dose de fuentes confiables, en las que constan Las Noticias secretas de  
América de Jorge Juan y Antonio de Ulloa o los escritos de González  
Suárez:  
Otro sector de la sociedad, este con gran poder e influencia, el religioso  
tampoco daba un trato justo a los criollos. En primer lugar, cuando el  
gobernante era europeo y el obispo criollo, se mantenía un clima de  
hostilidad mutua, excepto que uno de los dos demuestre tranquilidad  
y prudencia. También los religiosos estaban divididos. Lo mismo su-  
cedía en las Fuerzas Armadas donde eran escasísimos los oficiales ame-  
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ricanos en las fuerzas permanentes. Impuestos agobiantes. Ola incon-  
tenible de violencia, robos frecuentes, casas asaltadas por ladrones y  
hasta los templos eran invadidos por salteadores. Otro factor que afec-  
taba a la Colonia era la corrupción, práctica común en las autoridades  
civiles, militares y eclesiásticas, como también en los encomenderos,  
hacendados y dueños de obrajes, mientras tanto para el pueblo los im-  
puestos eran agobiantes: diezmos, aduana, alcabala, papel sellado, la  
media anata, la mesada eclesiástica, los donativos graciosos, tasas sobre  
5
el oro y la plata y el tributo de indios, entre los principales.  
En este clima de intranquilidad floreció comprensible senti-  
miento de transformaciones que favoreció a la creciente idea autono-  
mista, que se intensificó con los aportes ideológicos de los Precursores  
de la centuria anterior y de episodios fundamentales: la Revolución  
de Quito, el 10 de Agosto de 1809, que convirtió nuestra capital en  
Luz de América conforme el reconocimiento de la inscripción que  
consta en una placa del faro de Valparaíso, en Chile; la estrategia y la  
táctica empleadas en las batallas; la expedición a Pasto, fortín de los  
ibéricos, ya que los pastusos eran más realistas que los propios espa-  
ñoles; el 2 de Agosto de 1810 en que la represión del poder establecido  
tiñó de sangre las calles quiteñas y descabezó a los principales líderes  
independentistas, lo que revela la magnitud que tuvieron los aconte-  
cimientos de 1809. En este punto, comienza a emerger la figura del  
prócer Carlos Montúfar, hasta que el 11 de diciembre de 1811, Quito  
proclamó su independencia total de España. Sobre el particular, es  
cabal la siguiente aseveración del Gral. Moncayo:  
Jurídicamente este es el episodio más importante en el proceso de for-  
mación del Estado ecuatoriano actual. La mayoría de sus gestores, casi  
desconocidos, son los personajes que mejor entendieron, desde la pers-  
pectiva quiteña, la significación política de una Constitución y quienes  
6
le dieron dimensión histórica a la Nación/Estado de Quito.  
5
6
Federico González Suarez, Historia General de la República del Ecuador, Casa de la Cultura Ecua-  
toriana, Quito, 1970, p.978.  
Paco Moncayo, Seguridad y Defensa en la Historia Ecuatoriana, Primer Tomo, Casa de la Cultura  
Ecuatoriana, Quito, 2019, p. 375.  
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Presentación del libro  
Seguridad y Defensa en la Historia Ecuatoriana  
Hubo sangre derramada, sacrificios múltiples, divisiones en  
los bandos Montufaristas y Sanchistas, lo que ha sido una tónica de  
la política nacional las escisiones grupales y hasta irreconciliables,  
hasta que, por fin, el poder realista detuvo la marcha hacia la libertad  
y se consolidó en 1812. Pese a ello, el germen independentista no des-  
apareció. Carlos Montúfar comandó las operaciones militares en el  
Estado de Quito, aliado al Marquesado de Selva Alegre y Francisco  
Calderón, al de Francisco Sánchez de Orellana. La Segunda Campaña  
contra Cuenca y la Campaña del Norte, la Batalla de San Antonio de  
Ibarra. A la postre, tanto Montúfar como Calderón perecieron en  
manos realistas, Nicolás Peña y su esposa, la heroína Rosa Zárate,  
igualmente fueron ejecutados, con ánimo de vituperarles previa-  
mente: se calcula en tres mil las personas que fueron ejecutadas por  
las tropas peninsulares y las provenientes de Pasto, especialmente  
por la represión encabezada por el vengativo Juan de Sámano y su  
superior Toribio Montes.  
Trae Paco Moncayo informaciones novedosas en cuanto a  
que se conformaron milicias indígenas en la Revolución Quiteña. La  
segunda fase de la Independencia, cuyo bicentenario comenzaremos  
a celebrar el año venidero y que comenzó con la Revolución del 9 de  
Octubre de 1820, en Guayaquil, y culminó en la Batalla del Pichincha  
el 24 de Mayo de 1822 y se consolidó finalmente en la Batalla de Iba-  
rra o del Tahuando, un año después. A más de los próceres guaya-  
quileños y de todas las provincias que contribuyeron con personal,  
recursos económicos y más ayudas, las figuras de Simón Bolívar y  
Antonio José de Sucre son las de mayor raigambre e irradiación his-  
tórica. El recorrido de los ejércitos de la libertad hasta alcanzar la vic-  
toria definitiva, con sus derrotas y triunfos, configuraron una  
epopeya que jamás se debe olvidar, es por ello que la Academia Na-  
cional de Historia se encuentra preparando una programación que  
avive la memoria colectiva, valore los inmensos sacrificios que se hi-  
cieron para la Independencia y quede el acervo cívico, como llama  
perenne, a fin de que se defienda la libertad y la democracia, para  
que nunca se tolere el gobierno de sátrapas, el imperio del totalita-  
rismo.  
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Los departamentos de Ecuador, Azuay y Guayaquil, me-  
diante la Ley de División Territorial, sancionada por Bolívar, confor-  
maron el Distrito del Sur y, en tal virtud, participaron en Colombia  
la Grande, el gran sueño del Libertador. A este lapso el general Mon-  
cayo lo estudia con minuciosidad y remarcado profesionalismo,  
tanto de militar como de historiador, señalando los agudos proble-  
mas que se presentaron una vez que se salió del régimen monárquico  
y los enfrentamientos armados que se produjeron en los incipientes  
años del republicanismo: Bolívar, Sucre y San Martín en el Perú, la  
disputa por Mainas y por Jaén, las negociaciones diplomáticas, la  
guerra colombo-peruana, José de la Mar al que el escritor reivindica  
calificándole con acierto como el Gran Mariscal, las campañas naval  
y terrestre, la Batalla de Tarqui, el Protocolo Mosquera-Pedemonte  
en el que se consideró los límites señalados en la Real Cédula de  
Feipe II, por la cual se erigió la Audiencia de Quito y que el Perú  
siempre cuestionó. Como bien anota el Gral. Moncayo, dicha Cédula  
no determinó claramente los límites y fue elemento para que los ve-  
cinos hasta negaron la existencia de dicho Protocolo, considerándole  
apócrifo y otras argucias. Con Colombia, el asunto limítrofe tampoco  
fue de lo mejor. Con honestidad histórica, el Gral. Moncayo reconoce  
textualmente que “los forjadores de nuestra República cometieron  
7
graves equivocaciones en el asunto territorial”  
El segundo volumen mantiene características semejantes al  
primero, en cuanto a rigurosidad de las fuentes, claridad y secuencia  
en la exposición. Parte del nacimiento del Estado ecuatoriano en  
1
830, confederado a Colombia, y analiza los pormenores de este  
acontecimiento, describiendo las circunstancias de la época, la pre-  
caria economía, las contradicciones y antagonismos algunos de los  
cuales perduran y los aspectos de cooperación y conflicto con los pa-  
íses vecinos, la inestabilidad política interna que ha sido una cons-  
tante en nuestra Historia, singularmente por las revueltas y hasta  
insurrecciones militares, habiendo sido una de las primeras aquella  
protagonizada por el Batallón Flores, antiguo Girardot, que, en La-  
tacunga, el 12 de agosto de 1832, se sublevó la tropa, al mando del  
7
Paco Moncayo, op. cit., p. 546.  
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Presentación del libro  
Seguridad y Defensa en la Historia Ecuatoriana  
sargento Perales, mató a los oficiales, cometió abusos en contra de  
la población civil la que tuvo que entregarles dinero para que acaben  
las tropelías, solamente así se logró que abandonen dicha urbe.  
Luego, estos vándalos fueron a la ciudad de Ambato, para perpetrar  
actos similares y continuar su camino de abusos, pretendieron llegar  
a Guayaquil sin alcanzar su objetivo, por cuanto desviaron su ruta  
hacia Bahía de Caraquez donde fueron alcanzados por la caballería  
que dirigía Juan Otamendi, quien, con su conocida y sanguinaria fe-  
rocidad, dispuso pasarles a cuchillo a los revoltosos y a varias muje-  
res que les acompañaban, vestidas de soldados. Así era el ambiente  
de entonces, plagado de inestabilidad y movimientos producto de  
una realidad de pueblos sin mayor experiencia en el marco de la ano-  
tada conformación social y política que solamente en 1835, en la Con-  
vención Nacional realizada en Ambato, mediante la Constitución allí  
aprobada, dejó de ser confederado para convertirse propiamente en  
la República del Ecuador, soberana, autónoma, independiente de  
cualquier poder extranjero.  
Los regímenes que se sucedieron estuvieron envueltos en la  
crónica inestabilidad política que ha caracterizado la existencia ecua-  
toriana, donde elementos de las Fuerzas Armadas han tenido esen-  
cial protagonismo, directa o indirectamente.  
No queda ningún episodio relevante sin ser descrito, desde  
el nacimiento del Estado ecuatoriano, sus tribulaciones y triunfos,  
pasando por cada uno de los regímenes en los que no faltaron agu-  
das divergencias y hasta los conflictos armados, es que los países  
están constituidos por seres humanos y no por ángeles, aunque se  
debe precisar que hasta en el paraíso hubo una rebelión encabezada  
por Luzbel, el ángel rebelde y derrotado por las huestes celestiales,  
que al ser vencido se transformó en el maligno, el enemigo, que  
oculto en las tinieblas vigilante espera el momento para llevar a cabo  
sus conquistas, según la tradición cristiana. De allí que la condición  
humana de que habla André Malraux, héroe de la resistencia fran-  
cesa y escritor notable, se la debe tener presente cuando se analiza  
la estructura y destino de las naciones.8  
8
Escritor y político francés nacido el 3 de noviembre de 1901 en París y fallecido el 23 de no-  
viembre de 1976 en Créteil…Estudió en la Escuela de Lenguas Orientales de París, pero aban-  
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Franklin Barriga López  
En el caso ecuatoriano, no quedan sin espigarse episodios  
como la insurrección del general Luis Urdaneta, la revolución de los  
Chiguaguas o seguidores de Vicente Rocafuerte, la tea que encendió  
El Quiteño Libre y el sacrificio de sus principales gestores cuyos ca-  
dáveres aparecieron desnudos y meciéndose en postes del alum-  
brado público, el combate de Pesillo, la batalla de Miñarica, el  
conflicto con la Nueva Granada, las buenas relaciones con Chile; la  
primera creación del Colegio Militar inaugurado el 7 de julio de 1838  
en uno de los gobiernos de Rocafuerte, quien señaló el rumbo de la  
institución castrense a manera de la norteamericana de West Point,  
para el mantenimiento de la institucionalidad:  
La profesión de las armas ha sido la más honrosa en las naciones anti-  
guas y modernas por las ventajas que proporciona a la sociedad y por  
los medios que ofrece a las almas privilegiadas para desenvolver las  
virtudes heroicas, que realza la gloria de la especie humana. La Fuerza  
Armada, elemento indispensable a todo gobierno para su defensa ex-  
terior y seguridad, interior se convierte en instrumento de la tiranía  
9
cuando no está dirigida por la moral, el saber y el patriotismo.  
Sigue el recuento pormenorizado de las relaciones interna-  
cionales, insurrecciones, conferencias, combates, convenios con paí-  
ses como Colombia, Perú, España, Francia, Gran Bretaña; la Venta  
de la Bandera que se produjo en el gobierno de Luis Cordero y que  
la propició José María Plácido Caamaño, gobernador del Guayas; la  
proclamación como Jefe Supremo de la República de Eloy Alfaro, el  
5
de junio de 1895, con lo cual acontecieron transformaciones que la  
Historia jamás puede olvidar, en los diversos órdenes del convivir  
de Ecuador, como la separación de la Iglesia del Estado, la instaura-  
ción del laicismo, el avance social de la mujer, la modernización y  
donó los estudios en busca de una formación autodidacta, integrándose en los círculos cultu-  
rales y literarios más prestigiosos. Realizó diversos viajes como arqueólogo, y entre Francia y  
las colonias fue descubriendo la cultural postcolonial que lo llevó a fundar la revistaL´Indochine  
en Saigon. Sus experiencias en el extranjero sirvieron de contexto para varias de sus novelas,  
destacando La condición humana (1933), que obtuvo el aclamado premio Goncourt… En: Lec-  
turalia. Ver en: http://www.lecturalia. com/autor/4054/andre-malraux (04-12-2019)  
Cita que hace el general Moncayo, en la página 107, reconociendo la fuente primaria: H. An-  
drade, Documentos para la Historia de la Escuela Militar 1830-1930, Centro de Estudios Históricos  
del Ejército, Quito, Ecuador, 1991, p. 28.  
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visión futurista del país, la conciencia y orgullo nacionales motiva-  
dos con el emblemático grito “Tumbes, Marañón o la guerra”; la tra-  
yectoria de la Revolución Liberal, sus reveses y victorias; la pugna  
entre dirigentes de esta tendencia, discrepancias y traiciones; el arras-  
tre de los Alfaro y sus lugartenientes, que Alfredo Pareja Diezcanseco  
tituló, con sobra de razones, La hoguera bárbara, a ese nefasto 28 de  
enero de 1912, que sigue estremeciendo por su increíble sevicia; los  
dos períodos de Leónidas Plaza Gutiérrez, la presidencia de Alfredo  
Baquerizo Moreno; las reformas militares en el Liberalismo y la de-  
finitiva creación, el 11 de diciembre de 1899, del Colegio Militar,  
ahora Escuela Superior, que merecidamente lleva el nombre del Viejo  
Luchador; la Misión Militar Chilena producto de razones de orden  
estratégico que trabajó en la reorganización y perfeccionamiento del  
Ejército.  
Reluce en estas páginas no solamente el reconocido estratega  
militar sino el versado internacionalista, especialmente cuando  
aborda la política territorial con el Perú, el combate de Angosteros y  
el Protocolo Aguirre-Pardo, en los primeros años del siglo XX, al  
igual que en el Protocolo Valverde-Cornejo, sobre el cual terminan-  
temente afirma el Gral. Moncayo: “Con la firma de este Protocolo fuimos  
conducidos ingenuamente a un arbitraje llamado a fracasar, porque el Perú  
10  
no estaba dispuesto a realizar ninguna concesión”  
El proyecto de Laudo (1909) no pudo prosperar, como lo ase-  
vera el mismo general Moncayo:  
Esta línea limítrofe era mucho mejor que todo lo que habría podido al-  
canzarse en el futuro; el Ecuador debió aferrase a ella, para que el Perú  
se ponga al margen del Derecho al declararse en rebeldía contra el dic-  
tamen del Árbitro; pero, sumadas la ingenuidad y torpeza de la diplo-  
macia ecuatoriana, la falsedad en la difusión de los temas en el sistema  
educativo y la ligereza de la prensa del país, exaltaron entonces, como  
siempre, el candoroso patriotismo de ecuatorianos que no estaban in-  
11  
formados de la verdad y que, por esta razón, caían en excesos.  
1
1
0 Moncayo, Cit. N. 4, p. 223.  
1 Ibíd., p. 225.  
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Valientes y reales estas puntualizaciones, avaladas histórica-  
mente aún más con las manifestaciones multitudinarias de protesta  
en contra del Perú efectuadas en Quito y Guayaquil, donde la Em-  
bajada y Consulado del Perú fueron atacados y se destruyeron los es-  
cudos y se quemó la bandera peruana. La reacción, particularmente  
en el Callao, no se hizo esperar, ya que también se incendió y atentó  
contra la seguridad de los ecuatorianos. El Gobierno peruano emitió  
un ultimátum, en cuyos puntos tres y cuatro exigía las más amplias  
explicaciones y un saludo a la bandera peruana por el Ejército ecua-  
toriano y una circular de la Cancillería ecuatoriana a los gobiernos  
extranjeros reconociendo culpabilidad, a más de indemnización por  
los daños causados. El gobierno de Alfaro no aceptó estas exigencias  
que los peruanos retiraron, aunque no de manera escrita, mientras  
que Alfonso XIII, rey de España, se inhibió de expedir el fallo. Esto  
acontecía en noviembre de 1910. Con similar detenimiento el Gral.  
Paco Moncayo analiza la política internacional con Colombia y la te-  
rritorial con Brasil.  
Para llegar al Ecuador de los años veinte, se expone el esce-  
nario internacional previo: la Revolución mexicana que comenzó en  
1910, la Primera Guerra Mundial, la revolución bolchevique de 1917,  
el aparecimiento de Mahatma Gandhi y su revolución no violenta,  
la creación del Partido Comunista Chino que llevó a la proclamación,  
en 1949, de la República Popular China, bajo la égida de Mao Tse  
Tung; la creación de la Sociedad de Naciones propuesta por el Pre-  
sidente Wilson y que fue germen para las Naciones Unidas institui-  
das, oficialmente, en San Francisco de California, el 24 de octubre de  
1945.  
En la década de los años veinte del anterior siglo eran evi-  
dentes y clamorosos los factores de crisis política, económica y social  
que agobiaban a nuestra Patria, lo que incentivó el aparecimiento de  
grupos socialistas y hasta anarquistas que auspiciaron las primeras  
huelgas del sindicalismo y levantamientos indígenas. Lo sucedido  
en Guayaquil, en noviembre de 1922, fue producto de esta eferves-  
cencia y hasta convulsión social que degeneró en masacre cuando,  
inicialmente, instalaciones policiales fueron atacadas y desarmadas,  
por lo que tuvo que intervenir el Ejército.  
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La denominada Revolución Juliana (1925), que dejó im-  
pronta de mejoras para los ecuatorianos, fue impulsada por jóvenes  
militares e intelectuales de izquierda: es otro acontecimiento que no  
pasa desapercibido y que demostró la influencia y protagonismo del  
Ejército ecuatoriano que llevó al progresista Isidro Ayora al poder,  
como presidente Provisional y, luego, Constitucional. Siguen los aná-  
lisis respecto a la política territorial con el Perú y, asimismo, las rela-  
ciones con Perú y Brasil.  
Basado plenamente en documentos, llama el General Mon-  
cayo década infame a la de 1932 a 1942, agravada por las imparables  
disputas internas y enfrentamientos militares, como el que sucedió  
en Quito en la Guerra de los Cuatro Días, del 29 de agosto al 2 de  
septiembre de 1932 y que dejó más de mil muertos, debido a la des-  
calificación del presidente Neptalí Bonifaz Ascásubi. Frente a esta  
tendencia que hubo, de lucha entre tropas ecuatorianas, el general  
Moncayo pregunta:  
Por qué ese ensañamiento para guerrear entre hermanos? ¿Dónde  
quedó la capacidad de los mandos, su calidad de planificadores, su li-  
derazgo, cuando tuvieron que enfrentar al enemigo exterior, con mo-  
tivo de la invasión peruana? ¿Dónde las previsiones logísticas, dónde  
la lucidez de las decisiones, donde el entusiasmo bélico? Poco tiempo  
después, en las fronteras de la Patria, donde está el sagrado deber de  
los soldados para defender la integridad territorial y soberanía nacio-  
nal, lo único que quedaba fue el valor heroico de unas Unidades diez-  
madas abandonadas a su propia suerte.12  
A partir de 1933, emerge la figura presidencial del caudillo  
José María Velasco Ibarra, quien llegó a ser mandatario de nuestro  
país por cinco ocasiones, habiendo sido depuesto en cuatro. Alguna  
vez él mismo declaró que se precipitó contra las bayonetas. Algunos  
califican como La Gloriosa a la rebelión del 28 de mayo de 1944, que  
derrocó al presidente Carlos Alberto Arroyo del Río, como conse-  
cuencia de la suscripción, en 1942, del Protocolo de Río de Janeiro,  
cuyo contenido, por nulo, fue desconocido por el mismo Velasco Iba-  
rra en 1960, que cambió de parecer en 1968, en plenas elecciones, con  
12 Paco Moncayo, op. cit., pp. 298-299.  
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la tesis de la transacción honrosa. El 16 de febrero de 1972, por reso-  
lución de las Fuerzas Armadas, ante la descomposición moral de la  
administración, ascendió al poder como Presidente el general Gui-  
llermo Rodríguez Lara, en cuyo período se ampliaron los trabajos  
dirigidos a la defensa nacional y que comenzaron luego de la amarga  
experiencia que dejó la invasión peruana.  
Mientras el Perú continuaba en sus conocidas incursiones,  
abiertas o solapadas, existieron en Ecuador circunstancias que per-  
judicaron a la Seguridad y la Defensa, como la falta de recursos eco-  
nómicos, las inconsistencias políticas y hasta los enfrentamientos  
armados entre ecuatorianos. No había recursos para mantener, ni si-  
quiera unas Fuerzas Armadas disuasivas, las que durante dos déca-  
das estuvieron orientadas por doctrinas y prácticas italianas, que no  
aportaron debidamente en el conflicto de 1941 con el Perú. El Gral.  
Moncayo pone el dedo en la llaga de la identidad nacional cuando  
señala que una de las mayores taras que adolece el país, es el prejui-  
cio, en desmedro de lo propio para exaltar lo foráneo y expone lo si-  
guiente:  
Las Fuerzas Armadas ecuatorianas que, con un enorme complejo de  
inferioridad –el gran mal nacional- frente a lo extranjero, especialmente  
en relación con lo europeo o norteamericano, despreció la propia ca-  
pacidad de oficiales nacionales de gran inteligencia y formación, po-  
niendo estos asuntos en manos de oficiales italianos, poco conocedores  
de los escenarios en que se emplearían las Fuerzas y a quienes, hay que  
insistir, no correspondía la principal responsabilidad de realizar estas  
funciones.13  
Por otra parte, es necesario no olvidar que, como puede tes-  
timoniarse de otras consideraciones precedentes, las amenazas para  
el Ecuador en ciernes y siglos después han sido constantes y peligro-  
sas. Bien hizo en enfatizar el Gral. Moncayo que:  
(…) en septiembre (1859), cuando el país vivía una situación de caos,  
Perú y Colombia, cuya vecindad ha sido nefasta para los intereses de  
la nación ecuatoriana, superaron todos los niveles del cinismo, cuando  
13 Paco Moncayo, op. cit., p. 317.  
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negociaban un Tratado Secreto (Mosquera-Zelaya), para repartirse el  
territorio ecuatoriano, de modo que Guayaquil, Manabí y Loja queda-  
sen con el Perú, lo demás para Colombia.1  
4
No podemos dejar de rememorar en este punto, y como lec-  
ción eterna, las siguientes palabras que datan de medio siglo después  
y que corresponden a Federico González Suárez, el fundador de la  
Academia Nacional de Historia, cuando presidía la Junta Patriótica,  
en 1910: “Si ha llegado la hora de que el Ecuador desaparezca, que desapa-  
rezca con el arma al brazo y no enredado en los hilos de la diplomacia; no lo  
arrastrará a la guerra la codicia sino el honor”.1  
5
A esta espada de Damocles, la de la acechanza de los países  
vecinos, hay que añadir otra de mayor envergadura y filos: la des-  
unión entre ecuatorianos, lo que ha ocasionado situaciones tan com-  
plejas como aquella de 1859 en que hubo cuatro gobiernos, en Quito,  
Guayaquil, Cuenca y Loja, en clima de guerra civil, lo que aprove-  
charon los vecinos para pretender desaparecer al Ecuador y repar-  
tirse sus territorios, como quedó indicado. Los soldados peruanos,  
luego de bloquear con su Armada Guayaquil, entraron a la ciudad  
en un número de cinco mil, en enero de 1860; mediante la suscripción  
del indignante Tratado de Mapasingue, presionaron el reconoci-  
miento de la Cédula de 1802, lo que aplacó, en gran parte, a los vo-  
races invasores sureños.  
Sobre todo, las reflexiones en torno al lapso comprendido  
entre 1859 y 1861 deben orientarse a tomar conciencia de lo que  
puede generar la falta de cohesión nacional y lo imprescindible de  
la unión, sentido de pertenencia y legítimo amor patrio a lo largo y  
ancho de nuestro Ecuador, tan singular y paradójico en muchos as-  
pectos.  
En lo referente a Defensa, se vuelve indispensable referirse a  
la serie de conflictos con los países limítrofes, habiendo sido con el  
Perú los de mayor incidencia y constante gravitación. He dicho y  
siempre lo repetiré: las tropas sureñas invadieron nuestro país; se  
14 Ibíd., p. 110.  
1
5 Federico González Suárez, Circular al clero, 20 de abril de 1910, en Barriga López, Franklin,  
González Suárez: la Patria y la Academia, Colección Académicos de la Historia N. 6, Academia  
Nacional de Historia, Quito, 2017, p. 41.  
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suscribió el Protocolo de Río de Janeiro, en 1942, írrito, obligado, hi-  
riente, de ingrata recordación y dolor para los ecuatorianos, mientras  
territorios nuestros se hallaban ocupados arbitrariamente. El tiempo  
se encargó de reivindicarnos: poco más de medio siglo después, en  
la gesta del Cenepa, triunfo de repercusión histórica, de orgullo na-  
cional y que debe flamear, permanentemente, en la cúspide del ser  
ecuatoriano, con fulgores de eternidad y gloria, en el altar de la Pa-  
tria, como una de sus principales motivaciones para su defensa,  
grandeza y libertad.  
Uno de los principales héroes fue el general Paco Moncayo,  
comandante del Teatro de Operaciones Terrestres: tropas victoriosas,  
motivadas, genuinamente alentadas por los más nobles sentimientos  
cívicos. En buena hora que este pundonoroso oficial haya dejado, en  
la publicación que comento, el testimonio mesurado, real, objetivo  
y, lo que es más, contrastado a lo que informan las fuentes peruanas,  
respecto a la Guerra Ecuador-Perú de 1995, con información seria-  
mente documentada y atinente a lo que, ciertamente, se ubica como  
las páginas más importantes de la historia militar del Ecuador y en  
las cuales la moral nacional flamea en la cima de la autoestima hacia  
la dignidad, la superación y el progreso. ¡Qué gratificante oportuni-  
dad hacer esta entrañable referencia para los ecuatorianos, hoy que  
se conmemora el día de la Bandera Nacional!.  
Quedan para otra oportunidad el análisis y la valoración más  
amplios de la Guerra del Cenepa, el valeroso y decisivo aporte de  
las tres ramas de las Fuerzas Armadas y el magnífico apoyo ciuda-  
dano a ellas durante los combates, así como el desenlace del secular  
problema territorial en las áreas de la diplomacia, mediante la sus-  
cripción del Acta Presidencial de Brasilia, el 26 de octubre de 1998.  
Este testimonio del Gral. Paco Moncayo Gallegos es, asimismo, his-  
tórico:  
Es doloroso aceptar que este haya sido el epílogo de un conflicto de  
tantos años en los cuales se impuso la razón de la fuerza a cualquier  
argumento jurídico o, peor todavía, a sentimientos de la tantas veces  
proclamada fraternidad y solidaridad entre pueblos afines racial y cul-  
turalmente. La misma actitud, la misma prepotencia, los mismos des-  
plantes del fuerte frente al vecino débil, que el Ecuador ha debido sufrir  
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a partir del año de 1830, por parte de los dos Estados vecinos, cerró la  
vieja disputa. Sin embargo, al margen de los resultados, la decisión del  
pueblo ecuatoriano de terminar con este conflicto centenario y dolo-  
roso, fue la adecuada y se la tomó en las mejores condiciones y en el  
mejor momento. Después de una guerra victoriosa, como país digno,  
16  
soberano y amante de la paz, sin las humillantes condiciones de 1942.  
Previamente, en el trascendental libro que comento y que es  
una versión sumamente confiable de la Historia del Ecuador, se de-  
dica capítulos de lo acontecido desde Río de Janeiro hasta Paquisha  
que antecedió a los hechos del Cenepa, cuyos sucesos son presenta-  
dos con la autenticidad y solvencia documental que avalan significa-  
tivos relatos históricos. Igualmente, sin apartarse de las características  
dignas de crédito e impresas en todas las páginas de esta obra de con-  
sulta e investigación minuciosa, consta dilatado espacio destinado a  
los movimientos insurgentes inspirados en la doctrina marxista y sus  
diversas aplicaciones en años de la segunda mitad del siglo XX que,  
en el caso colombiano, lleva más de medio siglo, con las secuelas de  
atentados, secuestros, zozobra y muerte, rastro que dejaron asimismo  
los neutralizados Sendero Luminoso y Túpac Amaru, en el Perú.  
Paco Moncayo tampoco ignora lo que latía en el otro ex-  
tremo, los grupos paramilitares y los tenebrosos escuadrones de la  
muerte, también autores de secuestros, torturas, violaciones, incen-  
dios, explosiones contra individuos y grupos específicos, como lo re-  
lata en la pág. 428, donde además expresa estas reflexiones que  
demuestran su idoneidad de investigador y analista que no cae en  
tendenciosas subjetividades:  
Las víctimas de la violencia de los subversivos comunistas y de  
las fuerzas de choque de la extrema derecha, fue, principalmente, la sociedad  
civil. El Estado, lejos de cumplir con sus misiones de seguridad, en el marco  
de la ley, fue un protagonista más de esta ola agobiante de violencia y  
17  
dolor” y esto lo dice un general de la República del Ecuador y no  
hay que extrañarse de ello, ni confundir maliciosamente, ya que las  
Fuerzas Armadas de nuestro país marcaron distancia con las atroci-  
1
1
6 Paco Moncayo, op. cit., p. 575.  
7 Paco Moncayo, op. cit., p.428  
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dades de la Operación Cóndor, en el Cono Sur. He aquí otro motivo  
sustancial para distinguir y apreciar a nuestros compatriotas unifor-  
mados. Frente a cualquier duda que pueda existir, Paco Moncayo  
aclara:  
Se conoce como “Operación Cóndor” o “Plan Cóndor” a las operacio-  
nes coordinadas entre los servicios de seguridad de los gobiernos de  
Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, con el auspicio  
de Estados Unidos, realizadas en la década de los años setenta y  
ochenta, con el principal propósito de eliminar a los opositores de las  
dictaduras. Fue la forma más perversa de aplicación de la Doctrina de  
Seguridad Nacional.18  
En lo que respecta a la insurgencia en el Ecuador, el general  
Moncayo efectúa una exposición, también sólidamente documen-  
tada, en nada menos que cuarenta y tres páginas, desde la guerrilla  
del río Toachi hasta la entrega de armas en el gobierno del Presidente  
Dr. Rodrigo Borja Cevallos, para concluir en que:  
(…) esta Historia relata como estudiantes y jóvenes idealistas no vaci-  
laron en empuñar las armas y sacrificar sus vidas por un sueño impo-  
sible; en cometer crímenes atroces, aunque felizmente pocos,  
persiguiendo objetivos y empleando estrategias sin verdadero sentido  
histórico y peor concepto racional estratégico. El relato de esos aconte-  
cimientos debe servir a todo el pueblo ecuatoriano para valorar la ges-  
tión política y negociada de los conflictos; a la vez la necesidad de  
reformas oportunas, pacíficas y en democracia, para hacer posible la  
justicia social, libertad y evitar las confrontaciones violentas que dejan  
19  
solamente secuelas negativas para la sociedad.  
Ante acusaciones en contra de la Policía Nacional asevera  
que esta institución:  
(…) ha defendido vigorosamente su actuación durante la represión de  
los movimientos subversivos. La publicación del libro “Terrorismo y  
subversión, la verdad que no se ha dicho”, ha sido una respuesta a las acu-  
1
1
8 Cit. N. 11, p. 439.  
9 Ibíd., p. 483.  
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saciones de cometimiento de crímenes de lesa humanidad por miem-  
bros de la Fuerza Pública. Principalmente a los informes de Amnistía  
Internacional y de la Comisión de la Verdad, organizada en el gobierno  
del Presidente Rafael Correa Delgado, en cuya investigación participa-  
ron algunos protagonistas de los movimientos subversivos de las dé-  
cadas señaladas.20  
Los caminos de la paz están abriendo nuevos derroteros para  
el adelanto y la confraternidad que siempre deben existir entre ecua-  
torianos y pueblos hermanos, aunque las amenazas para la concordia  
y la sana y edificante convivencia se encuentran latentes y lo estarán  
hasta la consumación de los siglos.  
Hoy, los desafíos no van hacia los peligros de enfrentamien-  
tos entre ejércitos regulares de los países sino a factores adversos  
igualmente preocupantes que se proyectan en desmedro de la Segu-  
ridad y la Defensa, con ello del desarrollo y el bienestar: cercanía de  
grupos irregulares de alzados en armas que perpetran ataques a po-  
blaciones indefensas y otros actos reñidos con la ley, carteles del nar-  
cotráfico con incalculables cantidades de dinero sucio y asociados  
generalmente a los anteriores, maquinaciones del terrorismo inter-  
nacional, migraciones de gentes desesperadas por salir de sus here-  
dades doblegadas por regímenes absolutistas como actualmente  
sucede en Venezuela, delitos cibernéticos que fomentan el accionar  
de mafias transnacionales, en fin, son ciertos los factores adversos  
mencionados, que demandan oportunas previsiones, soluciones y  
ejecutorias acordes a la gravedad de las amenazas o latentes realida-  
des que demuestran la vital importancia de la Seguridad y la De-  
fensa.  
Es de relievar el profesionalismo de nuestras Fuerzas Arma-  
das que no sucumbieron ante las arremetidas, perversas y persisten-  
tes, de quienes intentaron, en reciente ayer, convertirlas en  
pretorianas y hasta desaparecerlas. Esos sujetos, casi la totalidad  
fuera del país, que tienen que responder ante la justicia por sus erro-  
res y latrocinios se estrellaron con la inquebrantable formación pro-  
fesional del soldado ecuatoriano que siempre debe permanecer en  
20 Ibíd., pp. 479-480.  
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Franklin Barriga López  
ese sitio de aprecio y verdadero patriotismo en que se encuentra y le  
ubicamos quienes amamos nuestro país y deseamos verle cada día  
más representativo, grande, próspero, libre y democrático, con líde-  
res fervorosos, respetables, capaces y honrados, dignos de la gratitud  
nacional, como lo es el general Paco Moncayo Gallegos, que ya tiene  
merecido sitial de honor en la Historia ecuatoriana.  
Aula Benjamín Carrión, Casa de la Cultura Ecuatoriana  
Quito, jueves 26 de septiembre de 1019  
Bibliografía  
ANDRADE, H., Documentos para la Historia de la Escuela Militar 1830-1930, Centro  
de Estudios Históricos del Ejército, Quito, Ecuador, 1991.  
CARRIÓN, Benjamín, El cuento de la Patria, Casa de la Cultura Ecuatoriana,  
Quito, 1967.  
Estrategia de Seguridad Nacional, una responsabilidad de todos, Gobierno de España,  
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GONZÁLEZ SUÁREZ, Federico, Circular al clero, 20 de abril de 1910, en Barriga  
López, Franklin, González Suárez: la Patria y la Academia, Colección Acadé-  
micos de la Historia N. 6, Academia Nacional de Historia, Quito, 2017.  
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Lecturalia. Ver en: http://www.lecturalia.com/autor/4054/andre-malraux  
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MONCAYO, Paco, Seguridad y Defensa en la Historia Ecuatoriana, Primer Tomo,  
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RESDAL, Red de Seguridad y Defensa de América Latina, Bases para una Política  
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www.resdal.org/Archivo/uru-cap4.htm (04-12-2019)  
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