BOLETÍN  
DE LA ACADEMIA  
NACIONAL DE HISTORIA  
Volumen XCVI  
Nº 199  
Enero–junio 2018  
Quito–Ecuador  
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
DIRECTOR:  
Dr. Jorge Núñez Sánchez  
Dr. Franklin Barriga López  
Ac. Diego Moscoso Peñaherrera  
Hno. Eduardo Muñoz Borrero  
Mtra. Jenny Londoño López  
Dra. Rocío Rosero Jácome  
SUBDIRECTOR:  
SECRETARIO:  
TESORERO:  
BIBLIOTECARIA-ARCHIVERA:  
JEFA DE PUBLICACIONES:  
RELACIONADOR INSTITUCIONAL: Dr. Vladimir Serrano Pérez  
BOLETÍN de la A.N.H.  
Vol XCVI  
Nº 199  
Enero–junio 2018  
©ꢀ Academia Nacional de Historia del Ecuador  
p-ISSN: 1390-079X  
e-ISSN: 2773-7381  
Portada  
Monumento a Vicente Rocafuerte  
en Guayaquil  
Diseño e impresión  
PPL Impresores 2529762  
Quito  
landazurifredi@gmail.com  
abril 2019  
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación  
BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA  
Vol. XCVI – Nº. 199  
Enero–junio 2018  
DEBATES LEGISLATIVOS PÍONEROS  
SOBRE EL SALARIO MÍNIMO  
EN LA INDUSTRIA EN EL ECUADOR: 1934-1935  
1
–DISCURSO DE ASCENSO A MIEMBRO DE NÚMERO–  
Claudio Creamer Guillén2  
Introducción  
El período 1929-1935 en el Ecuador se desarrolló en un con-  
texto de crisis económica, descenso de exportaciones, incipiente in-  
dustrialización regionalizada e inestabilidad política. La década de  
los años treintas se caracterizó en América Latina por la lucha social,  
la emergencia del problema obrero y la cuestión social.  
Los altos niveles de pobreza del Ecuador en el período (1929-  
5) se ven reflejados en la evolución del PIB per cápita del país. Se  
3
registró una bajísima cifra de 37 dólares en 1929 y de 38 dólares en  
1
935, según el Banco Central del Ecuador.  
El período comenzó con la aprobación de la Constitución de  
929 en el marco de la Revolución Juliana y se caracterizó por insti-  
1
tucionalizar la atención estatal a los trabajadores dentro de esta si-  
tuación de crisis y pobreza.3  
1
2
Extracto de la Tesis presentada para obtener el titulo de Maestría de Historia Andina en la  
Universidad Andina Simón Bolivar-Ecuador, 2016.  
Miembro correspondiente de la Academia Nacional de Historia del Ecuador. Licenciatura en  
Ciencias Políticas, Syracuse University, U.S.A. Master en Administración, IESA, Venezuela  
Maestría en Historia, Universidad Andina Simón Bolivar - Quito. Doctor en Filosofía, PUCE,  
Ecuador. Candidato a Doctor-PhD en Economía, UNAM, México. Secretario Nacional de De-  
sarrollo Administrativo, -SENDA- 1991-1992 (Cargo con rango de Ministro de Estado). Profe-  
sor de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) en pregrado de: Historia, Ciencias  
Políticas, Relaciones Internacionales, Sociología, Humanidades, Ciencias Ambientales y Ad-  
ministración. Profesor de Posgrado en temas de administración en la Universidad San Fran-  
cisco de Quito, FLACSO Sede Ecuador, Universidad Andina Simón Bolívar - Quito, ESPE,  
Universidad Central del Ecuador y Universidad Nacional de Loja.  
3
Juan Paz y Miño, La Revolución Juliana en Ecuador (1925-1931). Políticas Económicas. Serie His-  
toria de la Política Económica del Ecuador, (Quito: Ministerio Coordinador de Política Econó-  
mica, 2013), p.72.  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Dentro de la elaboración de la legislación laboral de esta Re-  
volución, cabe señalar que la Constitución de 1929 incorporó a los  
salarios mínimos como parte de las garantías fundamentales de los  
derechos, en el artículo 151.4  
Hasta 1936, no se pudieron aprobar normas y fijaciones sala-  
riales sino que el salario se convenía por “acuerdos entre las partes”.  
Esto reflejó un vacío legal, vinculado a la débil capacidad ins-  
titucional política del Estado para elaborar una legislación salarial,  
en el sector industrial, durante el período de inestabilidad de 1931 a  
1
935, con siete gobiernos, de los cuales ninguno completó un período  
de gobierno constitucional.  
Se analizan los procesos y posiciones de los actores legislati-  
vos frente a los intentos de elaborar la legislación salarial en el primer  
gobierno de Velasco Ibarra, especialmente con respecto al salario mí-  
nimo, tema muy poco discutido. El trabajo utiliza fuentes primarias  
poco exploradas, como son las actas del Congreso Nacional (1934-  
1
935), los debates sobre el salario mínimo.  
Elijo la temporalidad de 1934-1935 porque al investigar las  
actas del Congreso Nacional en los años de 1929-1935 es en el pe-  
ríodo de agosto-noviembre de 1934, al inicio del primer gobierno de  
Velasco Ibarra, donde encuentro el debate más intenso y amplio  
sobre el salario mínimo, inclusive con proyectos de ley de salarios  
aprobados en tercera discusión. Además, este gobierno organizó y  
realizó el Primer Congreso de Industriales, en Ambato, en 1935.  
Por ello, la pregunta de esta tesis se formula de la siguiente  
forma: ¿Cuáles eran las posturas de los legisladores frente a la ela-  
boración de la legislación salarial en el sector industrial, en la coyun-  
tura de 1934-1935, en medio de la crisis económica? Se ubica esta  
pregunta dentro de la coyuntura del corto período del primer go-  
bierno de Velasco Ibarra (1934-1935).  
Definiríamos “estructuras” como “los marcos de larga dura-  
5
ción en los que se inscribe la historia” o como la define Fernand  
4
5
Constitución de la República del Ecuador de 1929. (Registro Oficial Número 138, 26 de marzo  
de 1929), pp.17-18.  
Pierre, Vilar, Iniciación al vocabulario del análisis histórico, Tercera edición, (Ed. Crítica, Grupo  
editorial Grijalbo, 1981), p. 64.  
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Claudio Creamer Guillén  
Braudel: “una estructura es sin duda conjunto, arquitectura, pero  
más aún una realidad que el tiempo desgasta y arrastra durante un  
6
largo período”. Coincidimos con Vilar en que estructura y coyun-  
tura no son excluyentes entre sí, resultan como en dos aspectos de  
un proceso común.7  
En una perspectiva estructural, que atraviesa toda la tesis,  
destaca el proceso de transición al capitalismo de América Latina y  
el Ecuador con un posible reacomodo económico mundial que con-  
lleva adaptaciones en todo el sistema-mundo durante la década de  
los años treintas.  
Una interpretación seminal de este cambio de modelo de de-  
8
sarrollo capitalista a nivel mundial lo expone Giovanni Arrighi; al  
cual nos referiremos como un referente para la reflexión histórica de  
larga duración. Durante la primera mitad del siglo XX, el capitalismo  
mundial sufriría la más larga y costosa crisis sistémica en su histo-  
ria.  
De acuerdo con las hipótesis de Arrighi, con esta crisis emer-  
gería un nuevo modelo de acumulación global con por lo menos dos  
grandes transformaciones. En primer lugar, se dio una transición de  
hegemonía desde Inglaterra sobre el sistema–mundo hacia una  
nueva hegemonía de EE.UU., pero mediada por una destructiva  
competencia con el capitalismo alemán. Este período de transición  
(
1914-1945) representó un gran caos sistémico y dos guerras mun-  
diales.  
Se incorporó un nuevo tipo de empresas capitalistas que di-  
rigirían la acumulación mundial: las grandes empresas transnacio-  
nales verticalmente integradas de EE.UU. que sustituirían con su  
liderazgo global a las empresas familiares por acciones predominan-  
9
tes en Inglaterra.  
6
7
8
Ibíd. pp. 64-65.  
Ibíd., p. 95.  
Giovanni Arrighi (1937-2009) fue un economista italiano. Inicialmente de corte neoclásico, que  
se dedicó a la economía política, la historia y la sociología comparativa, como resultado de  
sus experiencias didácticas e investigativas en África y Sicilia. En: Juan, Maiguashca, ”La in-  
corporación del cacao ecuatoriano al mercado mundial entre 1840 y 1895, según los informes  
consulares”, en Procesos Revista Ecuatoriana en Historia, I Semestre, Quito, 2012, p. 68.  
Pablo Ospina, “La aleación inestable. Origen y consolidación de un Estado transformista.Ecua-  
dor, 1920-1960”, versión 2, (manuscrito), Quito, 15 de septiembre de 2015, p.39.  
9
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Un segundo cambio clave fue el paso desde un capitalismo  
de libre cambio (inglés) hacia un capitalismo que podría llamarse,  
aunque Arrighi no lo llame así, “fordista-keynesiano (norteameri-  
cano), donde el Estado asumía funciones empresariales, redistribui-  
doras y de búsqueda de conciliación entre clases opuestas”.1  
Una consecuencia del término de la hegemonía inglesa fue  
una tendencia de proteccionismo económico y enclaustramiento na-  
cional, se fragmentó el mercado mundial, decayó el libre comercio,  
colapsaron los sistemas monetarios mundiales basados en el patrón  
oro y en la libra esterlina de moneda referente.  
0
La crisis de 1929, como otro eslabón de un proceso de trans-  
formaciones estructurales, indujo a grandes cambios en las econo-  
mías primarias-exportadoras y en sus respectivos tipos de estado. El  
auge exportador de cacao del Ecuador prosperó en el orden de libre  
comercio británico y continuó su previa decadencia durante el pe-  
ríodo entre las dos guerras mundiales.11  
Este hipotético proceso de escala mundial es el contexto de  
un período donde se revaloró y protegió los mercados internos, es-  
pecialmente para la promoción de los diferentes sectores industria-  
les, y en el marco del cual la política salarial era un pilar importante.  
Por un lado, una política salarial expansiva aumentaba el mercado  
interno, por otro, aumentaba los costos de la producción industrial.  
Semejante dilema está en el trasfondo de los debates que se produ-  
jeron en 1934 y 1935, precisamente en el momento de tránsito entre  
un modelo de acumulación y otro.  
El método que se empleó es el de una interpretación crítica  
de las fuentes escritas para un trabajo de tipo descriptivo sobre un  
tema y una época poco conocidos. Se aplicaron técnicas de investi-  
gación cualitativas de interpretación documental basadas en publi-  
caciones oficiales de la Administración Pública y de la Asamblea  
Nacional como fuentes primarias; también se recurrió a consultas y  
selección de bibliografía sobre el tema.  
10 Ídem.  
11 Ibíd., pp.38-40.  
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Claudio Creamer Guillén  
Se utilizó el enfoque historiográfico de Juan Maiguashca y  
Liisa North para interpretar la diversificación regional de la econo-  
mía nacional y la interpretación del velasquismo en el período de  
1
920 a 1950.  
Por razones de tiempo, esta tesis se ha limitado a utilizar  
como fuentes primarias las actas de las cámaras de Diputados y Se-  
nadores y del primer Congreso de Industriales en Ambato (1934) y  
no se acudió a la prensa como otra fuente primaria importante.  
Hubo un trabajo selectivo entre cientos de actas de la Asam-  
blea Nacional, tanto de la cámara de senadores como de la de dipu-  
tados, para detectar lo más pertinente de los debates y posiciones de  
los actores legisladores con respecto a la pregunta central.  
Este trabajo se concentra en los debates sobre el salario mí-  
nimo que se dieron en el Congreso, especialmente en la Cámara del  
Senado, entre agosto y noviembre de 1934. Reseña las posiciones  
sobre el tema entre los partidos políticos, gremios y otros actores  
Ambos episodios serán tratados como una “coyuntura”; es  
decir, como “el conjunto de las condiciones articuladas entre sí que  
caracterizan un momento en el movimiento global de la materia his-  
12  
tórica”. Una coyuntura articulada con su contexto estructural del  
cambio en el sistema-mundo, en el país y en la región dentro de un  
proceso histórico que comparten.  
Otros conceptos nucleares de la tesis incluyen a la política  
salarial que se refiere a la política pública de regulación salarial, que  
en el caso de la tesis será aplicada al sector industrial en la economía  
nacional. También al salario mínimo, que se define como “la canti-  
13  
dad mínima de dinero con que puede subsistir un individuo”.  
1
1
2 Pierre, Vilar, Iniciación al vocabulario del análisis histórico…, p.81.  
3 Acta Nº 50 de la Cámara del Senado, 1934, pp. 534-537.  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Contexto económico de crisis e inestabilidad política en el Ecuador  
y su diversificación regional  
La Economía del Ecuador en el contexto mundial (1900-1930)  
La derrota final de Eloy Alfaro, en 1912, marca el comienzo  
de una nueva forma histórica de Estado: el Estado “liberal-oligár-  
quico”, con el llamado régimen “plutocrático”, que significó el con-  
trol político del país por parte de la poderosa banca costeña. La élite  
de la costa abandonó su proyecto democrático y se orientó a mante-  
ner su hegemonía en este período de auge cacaotero (1912-1925).  
En efecto, a partir de 1912, la burguesía agro-mercantil cos-  
teña abandonó la línea radical de la revolución liberal. Para mantener  
el control del Estado pactó con los terratenientes serranos conserva-  
dores que no renunciaban a futuros ascensos al poder.  
Luego de la Primera Guerra Mundial, los países centrales se  
ven afectados por una crisis; la contracción de su demanda externa  
hizo que disminuyera drásticamente el nivel de las exportaciones  
del cacao ecuatoriano.  
En este punto, es necesario conectar al Ecuador con el con-  
texto internacional a través de la interpretación hipotética de Arrighi,  
influenciado por los conceptos de “larga duración” y de la noción  
de capitalismo de Braudel.  
Arrighi, dentro de este marco conceptual, planteó los ciclos  
sistémicos de acumulación como: “un fenómeno inherentemente capi-  
talista. Apuntan a la continuidad fundamental de los procesos de acumu-  
lación de capital a escala mundial en los tiempos modernos. Pero constitu-  
yen también rupturas fundamentales en las estrategias y estructuras que  
14  
han conformado estos procesos a lo largo de los siglos”.  
En la evolución del moderno sistema-mundo capitalista,  
identificó cuatro ciclos sistémicos de acumulación consecutivos que  
se solapan y duran más de un siglo, con expansiones financieras in-  
dicando el proceso de cambio de un régimen de acumulación a es-  
cala mundial a otro, como se expone a continuación:  
14 Giovanni Arrighi, El largo siglo XX. Dinero y poder en los orígenes de nuestra época, Akal edicio-  
nes, S.A., Madrid, 1999, p.21.  
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Claudio Creamer Guillén  
un ciclo genovés, que se extendió desde el siglo XV hasta principios  
del siglo XVII; un ciclo holandés, que duró desde finales del siglo XVI  
hasta finales del siglo XVIII; un ciclo británico, que abarcó la segunda  
mitad del siglo XVIII, todo el siglo XIX y los primeros años del siglo  
XX, y un ciclo americano, que comenzó a finales del siglo XIX y que ha  
15  
continuado hasta la fase actual de expansión financiera.  
En el Ecuador de esta época, Víctor Emilio Estrada era, posi-  
blemente, uno de los analistas que mejor percibía el cambio de régi-  
men de acumulación a escala mundial, desde un capitalismo de libre  
cambio inglés hacia un capitalismo fordista- keynesiano (norteame-  
ricano).  
Estrada argumentó que la primera guerra mundial no dejó  
la huella favorable en el país, que sí legó al resto de Suramérica. Cri-  
ticó la política nacional, económica y hacendataria del período 1926-  
1
931, que volvía inviable la estabilización monetaria en medio de  
una crisis económica, “aun en el caso de que no existieran simultánea-  
mente, como en efecto existen, factores externos adversos a nuestra economía  
que significaron para ella el golpe de gracia tras el descuartizamiento previo  
16  
a que le había sometido la política a que me referí”.  
Durante el período 1890-1925, autores importantes como  
Chiriboga, Guerrero y Roberts, con diferentes orientaciones, concor-  
daban en describir a la sociedad ecuatoriana como “una entidad bi-  
polar” (desigualdad social y económica con extrema pobreza y  
17  
riqueza).  
En su marco teórico, Arrighi indica que cuando existe una  
gran desigualdad económica y social no se puede configurar “una  
economía con lógicas endógenas”. En el caso ecuatoriano, Arrighi  
diría que “no hay espacio para el pequeño productor, el principal  
18  
agente económico de una incorporación no-periférica”.  
15 Ibíd., p.19.  
16 Víctor Estrada, El Problema Económico del Ecuador en 1934, algunos fundamentos para su solución,  
Editorial Jouvín, Guayaquil, 1934, p.83.  
7 Ibíd., pp. 94-95.  
8 Ídem.  
1
1
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Diversificación de la economía (1920-1950)  
Juan Maiguashca y Liisa North realizaron un análisis simul-  
táneo de la crisis y de los procesos de diversificación de la economía,  
entre 1920 y 1950, que es el contexto dentro del cual emergió el Ve-  
lasquismo. Durante ese período se diversificó la producción dirigida  
al mercado externo e interno. “Así mismo, las características de ese  
proceso asumieron formas distintas, según se tratara de la Costa, la  
Sierra Norte o la Sierra Sur, las tres regiones fundamentales para  
nuestro análisis”.19  
Maiguashca argumentó que con las adecuadas políticas es-  
tatales este “proceso espontáneo de diversificación” pudo acelerarse  
en alto grado, lo que hubiera aportado indudablemente a una incor-  
poración no-periférica del Ecuador a la economía mundial.2  
En la Costa, la decadente producción cacaotera fue sustituida  
por “una diversificación de cultivos para el mercado mucho menos  
concentrada espacial y socialmente: surgirán cultivos para exporta-  
ción de café, ingenios azucareros, campesinos aparceros de arroz y  
0
21  
extracción de tagua, y una incipiente explotación de petróleo”. La  
Costa parece más vinculada al capitalismo de libre cambio inglés,  
como se demostrará en los debates legislativos y gremiales del se-  
gundo capítulo.  
En contraste, paralelamente,  
en la Sierra norte se produjo, con apoyo estatal, un modesto pero real  
proceso de industrialización sustitutivo de importaciones a partir de  
los años 1930, particularmente visible en el caso de los textiles. Además,  
se produjo un proceso de modernización y subdivisión de haciendas  
cerealeras y ganaderas destinadas a la leche, en parte estimulados por  
1
2
2
9 Juan, Maiguashca, y North, Liisa, “Orígenes y Significado del Velasquismo: lucha de clases  
y participación política en el Ecuador, 1920-1972”…, p.96.  
0 Juan Maiguashca, “La incorporación del cacao ecuatoriano al mercado mundial entre 1840 y  
1895…, p. 94.  
1 Pablo Ospina, “Rastros de una historia inconclusa”, en RafaelBarriga, (editor) y Andrés Ba-  
rriga, (director documental). Velasco: retrato de un monarca andino, Odysca producciones  
culturales, Quito, 2006, p.154.  
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Claudio Creamer Guillén  
la demanda de alimentos en la Costa, que ya no podía importar desde  
el extranjero.22  
A diferencia de la Costa, la Sierra Norte tendió a industriali-  
zarse con un sesgo proteccionista más relacionado en su transición  
al capitalismo con el capitalismo fordista-keynesiano (norteameri-  
cano). Estas dos diferenciaciones regionales serán la base de los de-  
bates del Congreso.  
Al mismo tiempo, creció la exportación de sombreros de paja  
23  
toquilla desde la Sierra Sur. Durante la década de los años treinta,  
en la Sierra Sur decreció la demanda externa de los llamados “som-  
breros de Panamá”, aunque no tan abruptamente como se dio con  
las exportaciones de la Costa.24  
Guillermo Bustos destaca este proceso de diversificación de  
la economía, interpretado por Maiguashca, por constituirse en la  
base material, que funciona como marco para el accionar de los pro-  
tagonistas colectivos de nuestro período histórico: 1920-1950. Ci-  
tando a Juan Maiguashca, conviene señalar que “brindó a las clases  
subalternas una serie de oportunidades que ellas supieron aprovechar para  
mejorar su poder de negociación en la lucha de clases imperante”.2  
Dentro de este proceso de diversificación económica, entre  
la década de los años veinte y la de los cuarenta, se da un cambio  
significativo en el peso regional de la estructura de exportaciones del  
país. Por ejemplo, “desde el siglo XIX hasta 1920, las exportaciones  
costeñas representaron del 60% al 80% del valor total de las expor-  
taciones nacionales. Entre los veinte y 1946, dicha participación des-  
cendió a menos del 50%”.26  
5
2
2
2
2 Ídem.  
3 Ídem.  
4 Juan, Maiguashca, y North, Liisa, “Orígenes y Significado del Velasquismo: lucha de clases  
y participación política en el Ecuador, 1920-1972”…, p. 98.  
25 Juan Maiguashca, “Las clases subalternas en los años treinta”, Segundo encuentro de his-  
toria económica, Centro de Investigación y Cultura del Banco Central del Ecuador, Quito, 18-  
2
2 de julio de 1988.  
2
6 Guillermo Bustos, “Notas sobre Economía y sociedad en Quito y la Sierra Centro Norte du-  
rante las primeras décadas del siglo XX”, en Quitumbe 7, Revista del departamento  
de ciencias históricas de la Universidad Católica, Quito, abril de 1990, p.102.  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Contexto político de inestabilidad  
Con la revolución juliana (1925) llegó a su fin el período plu-  
tocrático (1912-1925) y se debilitó la base política del liberalismo.  
Pero, aún así, el sector agroexportador siguió siendo una fracción de  
la élite nacional. Con el golpe de estado de 1925 se inició un período  
de gobierno primero de Juntas y luego, desde 1926 a 1931, con Isidro  
Ayora como Presidente. La clase media emergía como un actor polí-  
tico; desplazó del gobierno a la burguesía agro-mercantil, no para  
aumentar, como ésta, su poderío económico, sino para empezar a  
construir sus propios espacios políticos. Esta pequeña burguesía pro-  
gresista, sin la base de un poderío económico anterior, controló el  
aparato estatal.27  
Enrique Ayala evalúa políticamente este período:  
En los años más duros de la crisis se habían dado dos elecciones y varios  
gobiernos que reflejaron un ‘empate’ de fuerzas. La plutocracia liberal  
había perdido la dirección del gobierno, mientras el conservadorismo  
había logrado un robustecimiento por vía electoral sin poder ganar el  
mando. El ejército, institucionalmente identificado con el liberalismo,  
impedía el triunfo conservador.28  
En enero de 1926 fue disuelta la Primera Junta de Gobierno  
provisional instaurada en 1925. En julio, Isidro Ayora fue nombrado  
presidente provisional por el ejército. El 6 de marzo de 1929, Ayora  
fue elegido por la Asamblea Constituyente y asume el poder como  
presidente constitucional hasta que es obligado a renunciar el 24 de  
agosto de 1931 por manifestaciones en contra del gobierno y la su-  
29  
blevación de un batallón del ejército en Quito.  
La Revolución Juliana se destacó por institucionalizar la  
30  
atención estatal a los trabajadores. Se reconocieron los derechos so-  
2
2
7 Agustín Cueva, El proceso de dominación política en el Ecuador…, p.33.  
8 Enrique Ayala, Lucha política y Origen de los partidos en Ecuador, Cuarta edición, Corporación  
Editora Nacional, Quito, 1988, p.83.  
2
9 Enrique Ayala, (Editor), Nueva Historia el Ecuador. Volumen 14. Cronología comparada de la his-  
toria ecuatoriana, Corporación Editora Nacional/Editorial Grijalbo Ecuatoriana, Quito, 1993,  
pp.262-266.  
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Claudio Creamer Guillén  
31  
ciales y laborales y se configuró un marco institucional y legal para  
la política laboral:  
(…) hay que tomar en cuenta que con el reconocimiento de los derechos  
sociales y laborales, por primera vez en la historia ecuatoriana se ins-  
titucionalizó la cuestión social en el Estado, tanto con nuevas institu-  
ciones, como con una legislación garantista del trabajo: Ministerio de  
Previsión Social, Caja de Pensiones, Direcciones de Salud e Higiene;  
Ley de Jubilación, Montepío, Ahorro y Cooperativa; Leyes sobre acci-  
dentes del Trabajo, jornada máxima, salario mínimo, organizaciones  
laborales; sobre herencias, legados y donaciones, etc., que pasaron a  
configurar los principios laborales y las garantías del trabajo contenidas  
en la Constitución de 1929, pionera en proclamarlos, antes de que se  
32  
expidiera el primer Código de Trabajo (1938).  
Debido a la inestabilidad política que continuaría desde 1931  
hasta 1948, la constitución de 1929 fue abrogada a causa del golpe  
de estado de 1932, y se puso en vigor la de 1906 (Ver Anexo 1).  
El presidente Ayora renunció el 24 de agosto de 1931. El co-  
ronel Luis Larrea Alba, ministro de Gobierno, de tendencia socialista,  
quedó encargado del poder. El 15 de octubre, Larrea Alba fracasó en  
su intento de declararse dictador y renunció como encargado del  
poder. El expresidente Alfredo Baquerizo Moreno, presidente del Se-  
nado, fue nombrado encargado del poder, suspendió el patrón oro  
y convocó a elecciones. Fue una especie de mediador entre las dife-  
rentes élites, sin ser tan parcializado con la banca guayaquileña. Con-  
secuencia de sus medidas fue el incremento de la inflación que afectó  
a los trabajadores.  
3
0 Juan Paz y Miño, La Revolución Juliana en Ecuador (1925-1931). Políticas Económicas. Serie His-  
toria de la Política Económica del Ecuador, Ministerio Coordinador de Política Económica,  
Quito, enero 2013, p.78.  
3
1 18º La protección del trabajo y su libertad. A nadie se le puede exigir servicios no impuestos  
por la Ley. Los artesanos y jornaleros no serán obligados, en ningún caso, a trabajar sino en  
virtud de contrato.  
El Estado protegerá, especialmente, al obrero y al campesino, y legislará para que los prin-  
cipios de justicia se realicen en el orden de la vida económica, asegurando a todos un míni-  
mum de bienestar, compatible con la dignidad humana. Constitución de la República del  
Ecuador de 1929…, p.17.  
3
2 Ibíd., 104.  
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308  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
La derecha serrana se reagrupó alrededor del candidato  
Neptalí Bonifaz, apoyado por conservadores, liberales y la Compac-  
tación Obrera Nacional formada por gremios artesanales serranos.  
Otros candidatos fueron: Modesto Larrea Jijón, hacendado  
serrano candidatizado por el liberalismo, con apoyo parcial del so-  
cialismo; e Ildefonso Mendoza, líder juliano, sustentado por otra  
fracción del socialismo.33  
Triunfó Bonifaz y una mayoría anticonservadora en el Con-  
greso lo descalificó como presidente electo, por la acusación de que  
era peruano, el 20 de agosto de 1932.  
El 27 de agosto, la Compactación Obrera Nacional, con la su-  
blevada guarnición de Quito, defendió a Bonifaz. Baquerizo deja el  
mando y el 28 de agosto nombró a Carlos Freile Larrea, Ministro de  
Gobierno, como nuevo encargado del poder.  
Tropas liberales se opusieron a Bonifaz; desde el norte y  
desde el sur vinieron a sitiar Quito. Se produjo la sangrienta Guerra  
Civil de los “Cuatro días” (29 de agosto al 1 de septiembre). Bonifaz  
es derrotado, murieron 1000 personas, la mayoría de los cuales fue-  
34  
ron obreros “compactados” que apoyaron a Bonifaz.  
El 31 de agosto de 1932, Freile Larrea renunció sin sucesor.  
Mediante un arreglo, el 2 de septiembre, Alberto Guerrero Martínez,  
el último Presidente del Senado, se encargó del poder y se compro-  
metió a dirigir las nuevas elecciones. En ellas Juan de Dios Martínez  
Mera fue elegido presidente y asumió el poder el 5 de diciembre.  
35  
Según algunos analistas su gobierno representó a la plutocracia  
La Cámara del Senado destituyó a Martínez Mera el 17 de  
octubre de 1933. Abelardo Montalvo, ministro de Gobierno, de ten-  
dencia liberal radical, es encargado del poder y convocó a elecciones  
para presidente.36  
3
3
3
3
3 Enrique Ayala, Manual de Historia del Ecuador, Tomo II, Época Republicana, Primera edición,  
Universidad Andina Simón Bolívar, Corporación Editora Nacional, Quito, 1998, pp.82-83.  
4 Alfredo Tinajero, y Amparo Barba, Cronología de la Historia Resumida del Ecuador, Alborada  
Taller de Expresión Gráfica, Quito, 1998, pp.57-58.  
5 Enrique Ayala, Manual de Historia del Ecuador, Tomo II, Época Republicana, Primera edición,  
Universidad Andina Simón Bolívar, Corporación Editora Nacional, Quito, 1998, p.83.  
6 Enrique Ayala, (Editor), Nueva Historia el Ecuador, Volumen 14, Cronología comparada de la  
historia ecuatoriana…, p.268.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
309  
Claudio Creamer Guillén  
Como opositor a Martínez Mera se destacó el diputado qui-  
teño José María Velasco Ibarra (1891-1979), que había sobresalido  
como importante periodista. En 1933, su candidatura a la presidencia  
fue lanzada por “independientes” bonifacistas con apoyo del Partido  
Conservador, que fue elemento importante del triunfo. Pero Velasco  
Ibarra fue más allá del Conservadorismo. Su figura de caudillo logró  
aglutinar fuerzas, especialmente sectores populares y grupos me-  
dios, que la aristocracia serrana no podía movilizar. Más aún, a Ve-  
lasco lo apoyaron terratenientes de la Costa, abandonando el libe-  
37  
ralismo.  
Con su abrumador triunfo en 1933 se origina el “Velas-  
quismo”. Ya en su campaña se presentaba como católico y liberal,  
por lo que ofreció “superar la división confesional”. Comenzó su  
presidencia en septiembre de 1934, pero no completó un año. La opo-  
sición liberal y socialista, por medio del Congreso de 1935, bloqueó  
su gestión gubernamental. Velasco se proclamó dictador para solu-  
cionar el impasse y fue cuando se produjo su derrocamiento por  
parte del ejército.38  
Los continuos cambios de gobiernos a partir de 1931 debili-  
taron la elaboración de las legislaciones, tanto salariales como de pro-  
moción de la industria. (Ver Anexo 2). La inestabilidad política  
expresaba que ninguno de los tres grandes grupos, ni la burguesía  
agromercantil de la Costa ni los terratenientes conservadores de la  
Sierra, ni la clase media, (especialmente la oficialidad militar) con-  
trolará continuamente el Estado. Se alternan gobiernos de facto y de-  
mocrático-informales, que reflejan la lucha por el poder político de  
los tres grandes grupos dentro de una crisis de hegemonía del “Es-  
39  
tado oligárquico”.  
En el caso ecuatoriano, este período 1930-1948 no presenta  
el desarrollo de una forma histórica de Estado “populista”. No exis-  
tía una fracción hegemónica de burguesía industrial, ni un fenómeno  
urbano, tampoco una incorporación incipiente de masas. No se con-  
figuraba un Estado de “compromiso”.40  
3
3
3
7 Ibíd., p.83.  
8 Ibíd., p.84.  
9 Agustín Cueva, El proceso de dominación política en el Ecuador…, p.39.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
310  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Es un largo período de transición al capitalismo en Ecuador,41  
concebido como “el lento proceso por el cual las relaciones salariales  
42  
se convirtieron en dominantes en la economía nacional y regional”.  
La crisis de hegemonía del “Estado oligárquico” de la que  
nos habla Cueva, se inserta dentro de esa lenta transición al capita-  
lismo con una diversificación de la producción en tres regiones del  
país, con diferentes intereses de sus élites. Esta situación estaba arti-  
culada con el cambio de modelo de acumulación a nivel mundial.  
Las oligarquías costeñas, vinculadas al capitalismo inglés de  
libre cambio, perdieron su nivel de hegemonía anterior, y facciones  
de los terratenientes serranos vinculados a la industria y las clases  
medias de la Sierra norte (especialmente la oficialidad militar), ten-  
dieron a apoyar al capitalismo fordista-keynesiano de EE.UU.  
Pablo Ospina complementa y refuerza la tesis de Cueva  
cuando apunta a una transición al capitalismo del país sin una revo-  
lución burguesa previa; “las oligarquías no se habían transformado ple-  
namente en burguesías como para liderar con plena seguridad una nueva  
hegemonía. Así la hegemonía oligárquica en la transición era especialmente  
frágil e intermitente”.43  
40 Jorge Graciarena, “El Estado Latinoamericano en perspectiva. Figuras, crisis, prospectiva”.  
En Pensamiento Iberoamericano Nº5-A, enero-junio, 1984.  
4
1 Según Chiriboga, solo a fines del siglo XIX y comienzos del XX se desarrolló un verdadero  
mercado laboral asalariado en el Ecuador. A más de la demanda generada por la creciente  
frontera agrícola cacaotera, hubo otros factores que contribuyeron a este resultado. En primer  
lugar, la Revolución liberal de 1895, promovida por los notables costeños en contra de la tra-  
dicional élite política terrateniente de la sierra, movilizó y politizó a los trabajadores de la  
costa, quienes adquirieron mayor conciencia de sus derechos y de su poder. En segundo  
lugar, cortos de brazos, los constructores del ferrocarril Quito- Guayaquil se propusieron  
atraerlos por medio de una oferta salarial más alta, la mejor pagada hasta entonces. Ante  
esta situación, los hacendados cacaoteros tuvieron que incrementar los suyos y disminuir  
las relaciones extra salariales que predominaban hasta entonces. Sin embargo, los salarios  
de las plantaciones aumentaron solamente en términos nominales, no reales. En: Juan Mai-  
guashca, “La incorporación del cacao ecuatoriano al mercado mundial entre 1840 y 1895,  
según los informes consulares”, en Procesos Revista Ecuatoriana en Historia, I Semestre, Quito,  
2
012, p. 68.  
4
4
2 Pablo Ospina, “La aleación inestable. Origen y consolidación de un Estado transformista.  
Ecuador, 1920-1960”.., p. 28.  
3 Ibíd. 11.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
311  
Claudio Creamer Guillén  
Las posiciones frente a las políticas salariales julianas (1931-1934)  
Políticas salariales julianas, Conservadores y Víctor Emilio Es-  
trada. (1929-1934)  
Dentro de la elaboración de la legislación salarial de la Re-  
volución Juliana, cabe señalar que la constitución de 1929 incorporó  
a los salarios mínimos como parte de las garantías fundamentales  
de los derechos en el artículo 151, Numeral 18º.  
La protección del trabajo y su libertad… La ley fijará la jornada máxima  
de trabajo y la forma de determinar los salarios mínimos, en relación,  
especialmente, con el coste de las subsistencias y con las condiciones y  
necesidades de las diferentes regiones del país… El salario mínimo  
quedará exceptuado de embargo, compensación o descuento. La ley  
regulará especialmente todo lo relativo al trabajo de las mujeres y de  
los niños.44  
Hasta 1936, sin embargo, las fijaciones salariales respondie-  
ron a “acuerdos entre las partes” y no a un “salario mínimo” como  
mandaba la Constitución de 1929: “en 1936 se expidió la Ley orgánica  
del trabajo, base legal que sirve para la creación de la Dirección Nacional  
del Trabajo, dependiente del Ministerio de Bienestar Social… Al amparo  
de esa ley, la Dirección Nacional del Trabajo dicta una serie de acuerdos sa-  
lariales, por lo que se puede decir que la misma es el punto de partida en la  
legitimación de normas y fijaciones salariales”.4  
5
Que las fijaciones salariales respondieran a “acuerdos entre  
las partes” hasta 1936 reflejó un vacío legal vinculado a la débil ca-  
pacidad de elaborar la legislación salarial para el sector industrial  
durante el período inestable políticamente de 1931 a 1935.  
La importancia del salario mínimo en la desigualdad sala-  
46  
rial la señala Piketty en un análisis de “larga duración” de la dis-  
44 Constitución de la República del Ecuador de 1929…, pp.17-18.  
45 Banco Central del Ecuador. Setenta años de Información Estadística 1927 – 1996, Banco Central  
del Ecuador, 1997, p.155.  
4
6 Para comprender la dinámica de la desigualdad salarial es necesario introducir un papel para  
las diferentes instituciones y reglas que, en todas las sociedades, caracterizan al funciona-  
miento del mercado de trabajo. Aún más que los otros mercados, el laboral no es una abs-  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
312  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
tribución del ingreso y la riqueza en el mundo desde el siglo XVIII  
hasta la actualidad:  
No hay duda de que el salario mínimo desempeña un papel esencial  
en la formación y la evolución de la desigualdad salarial, como lo  
muestran las experiencias francesa y estadounidense. En este campo  
cada país tiene su propia historia, su cronología particular. No hay  
nada sorprendente en ello: las regulaciones del mercado de trabajo de-  
penden sobre todo de las percepciones y de las normas de justicia social  
vigentes en la sociedad considerada, estando íntimamente vinculadas  
47  
con la historia social, política y cultural propia de cada país.  
Si bien no se llegó a promulgar una ley de salario mínimo  
durante este período, ni la política salarial era una prioridad frente  
a la urgencia de los gobiernos de mantener la estabilidad política,  
cabe referirse a discursos o propuestas de actores influyentes en la  
gestión de las políticas públicas, como es el caso de Víctor Emilio Es-  
trada, prestigioso banquero guayaquileño.  
Neptalí Bonifaz, candidato electo en 1932, pidió la colabora-  
ción de Estrada como su posible ministro de Hacienda, por lo que  
Estrada presentó un memorándum que fue aceptado por Bonifaz.  
Entre otros importantes tópicos económicos expuso el aumento de  
salarios que ya lo había incluido en un memorándum de 1931 al su-  
perintendente de Bancos y, posteriormente, en 1934 volvería a im-  
pulsarlo en la ley de aumento compulsorio de salarios, propugnado  
en el marco del “Plan de Reconstrucción Económica Nacional” para  
el futuro gobierno de Velasco Ibarra.  
Según Estrada, los mercados internacionales para nuestros  
productos se irían reduciendo por la competencia en condiciones pri-  
vilegiadas para las colonias africanas por parte de los principales  
países europeos. Esta baja de ingresos de exportación incidiría en  
una reducción de nuestras importaciones. La situación del país tam-  
tracción matemática cuyo funcionamiento esté totalmente determinado por mecanismos na-  
turales e inmutables, y por implacables fuerzas tecnológicas: es una construcción social cons-  
tituida por reglas y compromisos específicos. En: Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, p.  
3
37.  
4
7 Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, Fondo de Cultura Económico, México, 2014, p.339.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
313  
Claudio Creamer Guillén  
bién se ve condicionada por la depresión mundial. Propone que el  
país debe orientar su política económica social “hacia la ampliación  
de su mercado interno”.  
En todos los países, asegura, el mercado interno posee un  
movimiento global varias veces superior al internacional. Cualquier  
persona puede enriquecerse al producir y vender en el mercado in-  
terno sin que tenga la necesidad de producir para vender en el exte-  
rior: “el bienestar colectivo no tiene ninguna vinculación sagrada con el  
proceso de exportación”.48  
Con esta posición, Estrada se acercaba a la tendencia propia  
del capitalismo fordista-keynesiano (norteamericano) en su dimen-  
sión proteccionista, como lo describe hipotéticamente Arrighi: “el go-  
bierno y la comunidad empresarial estadounidenses se erigieron desde un  
principio en vanguardias del movimiento proteccionista, que finalmente  
acabó destrozando el sistema del mercado mundial británico y condujo al  
capitalismo mundial a retirarse a las “iglúes” de sus economías nacionales  
e imperios asociados”.49  
Estrada consideraba al Ecuador como el único país o uno de  
los pocos en el que el número de productores es muy superior al de  
consumidores; más que sobreproducción, en su opinión tenemos un  
enorme recorte de la capacidad de consumo.  
Estima que hay mucho más de un millón de indios, montu-  
bios y cholos que producen casi la totalidad de lo que el resto del país  
5
0
consume (quizá menos de 500.000 habitantes). Por otra parte, los  
productores viven en los límites de un mínimo consumo; es decir, de  
una economía de subsistencia. La misión del Estado radica en triplicar  
el mercado interno, “mediante una política económica social, que convierta  
51  
aquel millón y medio de productores actuales también en consumidores”.  
Esta demanda triplicada resultaría en la triplicación de la actividad  
del país, ahí está el secreto de nuestro crecimiento económico.  
48 Víctor Estrada, El Problema Económico del Ecuador en 1934, algunos fundamentos para su solución,  
Editorial Jouvín, Guayaquil, 1934, p.98.  
9 Giovanni Arrighi, El largo siglo XX. Dinero y poder en los orígenes de nuestra época…, p. 352.  
4
50 Víctor, Estrada, El Problema Económico del Ecuador en 1934, algunos fundamentos para su solu-  
ción…, 94.  
51 Idem.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
314  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Incluso la hacienda pública, frente a la desmesurada diferen-  
cia entre productores y consumidores, encuentra un grave obstáculo  
para el balance del presupuesto, porque el país necesita obras físicas  
y servicios para dos millones de personas, y el sistema tributario se  
52  
limita a pedir impuestos a una pequeña parte de esos dos millones.  
Desde la ética del cuidado, Estrada se preocupa de los “in-  
dios, montubios y cholos” porque hace énfasis en cuidar el bienestar  
53  
concreto de aquellos que están cerca de nosotros. Están cerca como  
productores pero no como consumidores.  
Bajo estos lineamientos éticos, su posición ideológica lo re-  
laciona a un liberalismo radical en su propuesta de política salarial.  
No era un liberal clásico de “dejar hacer y dejar pasar”, de laiser-faire,  
ni de un estado mínimo.  
Se puede decir que Estrada comprendió con lucidez el mo-  
delo capitalista fordista-keynesiano de Estados Unidos; percibió al  
salario como una herramienta fundamental del modelo keynesiano  
para ampliar el mercado interno del país y rescatar a la mayor parte  
de la población productora que no consume. Esta concepción es el  
eje de su crítica a la lenta transición del capitalismo en el Ecuador  
cuando expresó: “…si hay un capitalismo económico político que por tra-  
dición o por ceguera ha preferido vegetar en un país estacionario, explotando  
54  
el trabajo de un millón de indios y montubios”. En tal sentido, sus ar-  
gumentos lo aproximaban a un teórico económico del populismo la-  
tinoamericano.  
La propuesta de Estrada tenía algunas afinidades importan-  
tes con la política conservadora. Partían de actitudes similares frente  
a la carencia del “espíritu de previsión”. En el caso de los conserva-  
dores, “Jijón y Caamaño y sus pares asumieron íntegramente la utopía  
sansimoniana y positivista de la planificación. Un país bien ordenado y bien  
55  
dirigido precisaba de un plan de acción para largo y mediano plazos”.  
5
5
2 Ibíd., p. 95  
3 Manuel Velásquez, Ética en los Negocios. Conceptos y casos. Séptima Edición, PEARSON EDU-  
CACIÓN, México, 2012, p.121.  
54 Víctor, Estrada Víctor, El Problema Económico del Ecuador en 1934, algunos fundamentos para su  
solución…, pp. 94-95.  
5
5 Fernando, Hidalgo, La República del Sagrado Corazón. Religión, escatología y ethos conservador en  
Ecuador, Corporación Editora Nacional, Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador,  
Quito, 2013, p.183.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
315  
Claudio Creamer Guillén  
El rol del gobierno, para ellos, era el de árbitro, guardián del  
orden, director de la política económica del país, reglamentador, or-  
ganizador, que apoyaba la libertad de empresa, en la que “el lucro  
no debía debilitar los lazos comunitarios”…  
El concepto de comunidad(…)suponía la existencia de un órgano rector  
capaz de imponer la justicia y armonizar los intereses particulares[…]  
Los gobiernos tenían la misión de garantizar un régimen económico al  
servicio del interés común.56  
Querían una política económica adecuada a sus “realidades  
concretas”. No querían un capitalismo a ultranza, ni basado “en un  
individualismo puro y duro”, sino adaptado a “la atmósfera” de las  
costumbres nacionales y no al reverso.  
Se basaron para ello en la Doctrina Social de la Iglesia, en las  
propuestas de la Encíclica Rerum Novarum, que ofrecía aumentar la  
riqueza y mantener la salud espiritual del país. Así, por ejemplo, Ca-  
milo Mena situó la fijación del salario dentro de la Rerum Novarum:  
Respecto al salario, el problema se concreta a la fijación de su tasa con-  
forme a justicia, pues no se acepta que el sistema de salario sea injusto  
por naturaleza, como el marxismo intentó demostrar.  
En la encíclica Rerum Novarum indicó ya León XIII que “para fijar con-  
forme a justicia el límite de salario, muchas cosas se han de tener en  
consideración”. En general podemos decir que a más del criterio eco-  
nómico, la doctrina católica examina otros puntos de vista como son el  
57  
personal y familiar, el social, y por último el contractual.  
El líder del partido conservador, Jacinto Jijón y Caamaño,  
también había planteado en 1934 las bases ideológicas sobre la polí-  
tica del salario mínimo:  
56 Ibíd., p.183.  
5
7 Claudio, Mena Villamar, Tesis de grado Doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales: “Estu-  
dio jurídico del salario con especial referencia al Código del Trabajo ecuatoriano”, PUCE,  
Quito, 1954, p.21.  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
La cuestión del salario mínimo legal ofrece ciertas dificultades. El re-  
sultado práctico de esta medida es que todos los patronos den el salario  
mínimo, unos por afán de aumentar sus ganancias, otros obligados a  
ello por la competencia de los demás. Ni se remedia el mal con señalar  
una cuota algo elevada, y encargarse el Estado de añadir lo que falte,  
cuando no puedan pagarla los patronos…; pero, siendo indispensable,  
como se manifestará oportunamente, fijar el jornal mínimo al trabaja-  
dor agrícola, parece conveniente señalar también el del obrero co-  
rriente; es decir, el del jornalero asalariado, sin profesión ni aprendizaje.  
Este jornal debe ser de tal cuantía, que lo pueda pagar el empresario;  
jamás debe pensarse en cuotas supletorias del Estado, porque éstas sir-  
ven para mantener negocios artificiales…  
El salario mínimo, graduado de acuerdo con el coste de la vida, en las  
diversas regiones de la Nación, debe ser suficiente para la subsistencia  
del obrero, su mujer y dos o tres hijos.58  
Estas opiniones alrededor del salario mínimo y la protección  
social dibujan una modernidad alterna al capitalismo liberal. Se tra-  
taba de combinar los beneficios de la modernidad con los valores  
holísticos de la tradición.  
La propuesta de Estrada tiene también en común con la po-  
lítica conservadora la prioridad de la planificación, un proyecto mo-  
dernizador productivo que ampliara el mercado interno y el rol de  
un estado interventor, lo que explica su aceptación por parte de can-  
didatos presidenciales con apoyo de los conservadores, como fueron  
los casos de Neptalí Bonifaz y José María Velasco Ibarra (1934-35).  
La propuesta de aumento de salarios de Estrada era también  
funcional para el programa de la CON (Compactación Obrera Na-  
cional), base social de corte corporativo del Bonifacismo. En la CON  
despuntaba un proyecto de  
reformismo de derecha, o conservador (…), que pretendía remozar a  
la misma derecha tradicional, y que nos atreveríamos a sugerir vino  
alentado desde la vertiente de un catolicismo social conservador, se  
movió dentro de un marco ideológico en el que… el afán de solución  
58 Jacinto, Jijón y Caamaño, Política conservadora, Volumen I, Tip. Y Enc. La Buena prensa del  
Chimborazo, Riobamba, 1934, pp.468-469.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
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Claudio Creamer Guillén  
de los graves problemas sociales (léase justicia social), debió absolverse  
dentro del derecho y los intereses conciliadores de las diferentes clases  
59  
que la integran.  
Los industriales serranos, buen número de ellos vinculados  
al partido conservador y latifundistas, apoyaron una política adua-  
nera restrictiva, especialmente para proteger a las industrias textiles  
y mejorar las ventas de su producción en el mercado nacional.  
El pragmatismo indujo a moderar algunas posiciones pro-  
teccionistas extremas, que podían llevar a manufacturar productos  
de mala calidad. “Lo más sensato era ‘la conciliación razonable de  
ambos sistemas’; esto es, una solución intermedia entre el proteccio-  
nismo y el libre comercio”.6  
0
La agricultura era uno de los sectores prioritarios para ellos,  
la industria no podía desarrollarse sin una previa modernización del  
campo, de la antigua hacienda. La base para el desarrollo de la agri-  
cultura “era la buena organización de la producción y procurar que  
circulara a lo largo y ancho del país. Resultaba prioritario crear, de  
una vez por todas, un mercado interno”.61  
Así, en síntesis, los conservadores estaban más cerca del pro-  
teccionismo y de la ampliación del mercado interno, característicos  
del capitalismo fordista keynesiano de EE.UU., que del capitalismo  
británico de libre comercio.  
Para el desarrollo de la agroindustria serrana era necesario  
revertir la relación asimétrica agricultura-industria. Una agricultura  
campesina de subsistencia inserta en la “hacienda”, con relaciones  
no salariales de trabajo, no era base suficiente para proveer de insu-  
mos agrícolas y/o consumidores para la agroindustria urbana de la  
Sierra que comprendía a las ramas más importantes como los ali-  
mentos, bebidas y textiles.  
5
9 Guillermo, Bustos, “La politización del “problema obrero”, los trabajadores quiteños entre  
la identidad ´pueblo´ y la identidad ´clase´ (1931-34) en Thorp, R. y otros. Las crisis en el Ecua-  
dor: los treinta y ochenta, Corporación Editora Nacional, Quito, 1991, p.105.  
0 Fernando Hidalgo, La República del Sagrado Corazón. Religión, escatología y ethos conservador en  
Ecuador…, p.184.  
6
6
1 Ibíd., p. 186.  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
En este contexto, las demandas de la CON podrían ser valo-  
radas por próximas al capitalismo fordista-keynesiano de EE.UU. La  
CON centró su atención en los más importantes problemas sociales  
de esa coyuntura. Propuso mejoras en las condiciones de trabajo  
como: “la fijación de un salario mínimo vital de acuerdo al costo de la vida  
local o regional. Reivindican el derecho de igual salario para igual trabajo  
en ambos sexos,…, y reconocen la participación del trabajador en las utili-  
dades de las empresas industriales, comerciales y agrícolas”.6  
2
Los presidentes y el salario mínimo  
Presidencia de Abelardo Montalvo y el salario mínimo (1933-1934)  
Al final de su gobierno, Abelardo Montalvo expuso en su  
mensaje saliente al Congreso, el 10 de agosto de 1934, un estado de  
situación de la legislación salarial en el país. Este mensaje se produjo  
justo antes de que se desarrollara un debate en el nuevo congreso  
sobre el proyecto de Ley de Salario mínimo, entre agosto y noviem-  
bre del primer año de gobierno de Velasco Ibarra.  
El gobierno de Montalvo debió confrontar varios conflictos  
ocasionados por los obreros de las industrias textiles en el año 1934.  
El motivo era el incumplimiento por la parte patronal de las leyes  
laborales y la explotación al asalariado.  
El Departamento de Trabajo del Ministerio de Previsión So-  
cial atendió los reclamos de los obreros al elaborar reglamentaciones  
adecuadas para las industrias:  
armonizando a todo trance los intereses del capitalismo con los de la  
clase obrera, digna de un trato más racional y humano, que sustituya  
los salarios de hambre y los sistemas de agotamiento por otros métodos  
que mejoren las condiciones de vida del hombre-músculo, abnegado e  
inteligente productor, que debería ser considerado, si no en situación  
63  
paralela al capital, por lo menos de una manera más humana.  
62 Guillermo, Bustos. “La politización del “problema obrero”, los trabajadores quiteños entre  
la identidad ´pueblo´ y la identidad ´clase´ (1931-34)…, p. 105.  
63 Abelardo, Montalvo, Mensaje del Dr. Abelardo Montalvo al Congreso Nacional, Congreso Nacio-  
nal, 10 de agosto de 1934, p.30.  
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Claudio Creamer Guillén  
El presidente manifestó la emergente necesidad de incorpo-  
rar comisarios de trabajo en todas las capitales de provincia, crear  
partidas en el presupuesto para por lo menos dos inspectores de tra-  
bajo. Concluyó su exposición sobre el tema diciendo que en una con-  
sulta acerca de este punto, los consejos provinciales “casi todos se  
hallan acordes en manifestar la imposibilidad de la fijación del sala-  
rio mínimo por falta de datos estadísticos y porque está sujeto a la  
ley natural de la oferta y la demanda”.64  
Ni la Ciencia Económica ha podido resolver de manera defi-  
nitiva una teoría que incluya las causas y leyes para determinar los  
múltiples y complejos factores de la fijación del salario.  
Aun dentro de un mismo cantón, que incluye regiones con  
diversidad étnica, existen factores heterogéneos “que no permiten  
6
5
aún la fijación de salarios mínimos”. Para determinar los salarios  
en el país, debe elaborarse en “base de estadísticas del trabajo, la pro-  
ducción, el consumo y las necesidades de la vida, haciendo estudios  
técnicos que abarquen los capítulos de una completa legislación  
obrera”.6  
6
De esta forma, Montalvo reveló la urgente necesidad legal  
de fijar los salarios mínimos pero evidenció la limitada capacidad  
estatal de elaboración de legislación salarial, tanto por la diversidad  
regional como por las carencias técnicas y de tipo teórico que enfren-  
taba el Estado tanto a nivel central como local.  
Planteaba una conciliación de intereses entre el capital y el  
trabajo, pero defendiendo la necesidad de un salario más equitativo  
para los obreros; se perfila en su discurso la necesidad de un código  
laboral, el cual ya se promulgaría en 1938.  
Montalvo, como liberal radical, también aceptó en principio  
la tesis de un capitalismo fordista-keynesiano de EE.UU. Lo intuía,  
pero sus argumentos sobre la variedad de situaciones en la práctica  
posponía la decisión al respecto o la negaba al derivarla hacia comi-  
siones salariales locales con escaso poder de decisión. En cierta  
6
6
6
4 Ibíd., p.31.  
5 Ibíd., pp.31-32.  
6 Ibíd., pp. 32.  
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320  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
forma, Montalvo intuía la necesidad, pero no tenía la claridad de Es-  
trada para incorporar el salario como herramienta. Veremos cómo  
en los debates dentro del Congreso, los argumentos de Montalvo  
sobre la imposibilidad práctica de fijar un solo salario mínimo para  
toda la república serán retomados para oponerse, en la práctica, a la  
política de un salario mínimo.  
Primera Presidencia de José María Velasco Ibarra (1934-35)  
La propuesta de legislación de Velasco Ibarra respecto a los  
salarios hay que contextualizarla en el marco legal de la década de  
los treinta con referencia a la Constitución de 1929, aunque fue abro-  
gada, a causa del golpe de estado de 1932, y regía la de 1906. Sin em-  
bargo, la Constitución de 1929 traducía mejor la organización social  
y los intereses del pueblo, al expedirse numerosas leyes sociales que  
van a durar por un largo período, incluyendo reformas importantes  
como el Código de Trabajo de 1938.  
Esta Constitución ecuatoriana tenía posibles antecedentes en  
la Constitución de México de 1917, en la Constitución de Weimar de  
1
919 y en la de la Italia fascista. Se introducía el constitucionalismo  
social en el país, se pasaba de el “Estado liberal de derecho” al “Es-  
tado social de derecho”.  
La lista de los derechos civiles y políticos se nutre con la larga  
lista de los derechos que mucho tiempo después serían reconocidos  
67  
como derechos económicos, sociales y culturales.  
La Constitución de 1929 reconceptualizó el trabajo y extendió  
sus garantías. Su artículo 151, Nº 18 estableció lo siguiente: “El Estado  
protegerá, especialmente, al obrero y al campesino, y legislará para que los  
principios de justicia se realicen en el orden de la vida económica, asegu-  
rando a todos un mínimum de bienestar, compatible con la dignidad hu-  
mana”.6  
8
6
7 Julio César Trujillo, “El constitucionalismo social desde los años veinte”. En: Enrique Ayala,  
Editor), Historia Constitucional. Estudios comparativos, Corporación Editora Nacional, Uni-  
(
versidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, Quito, 2014, pp. 230-234.  
6
8 Enrique Ayala, “Rasgos históricos de la evolución constitucional del Ecuador” en Enrique  
Ayala, (Editor), Historia Constitucional. Estudios comparativos, Corporación Editora Nacional,  
Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, Quito, 2014, p.51.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
321  
Claudio Creamer Guillén  
En su discurso inaugural de su gobierno, del 1 de septiembre  
de 1934, Velasco Ibarra fija su posición frente a los trabajadores:  
El gobierno que se inicia atenderá con todo fervor al problema social;  
es decir, hablando en términos concretos, tratará de mejorar las condi-  
ciones de las clases trabajadoras: de las del campo y de las de la ciu-  
dad… El fondo de la cuestión social es este: el trabajo es un deber, el  
trabajo es fuente de toda cultura, todos los que trabajan tienen derecho  
a disponer de los medios para la existencia cómoda y digna, por soli-  
69  
daridad humana el Estado debe ayudar a las gentes débiles.  
Profundizando su apoyo a los trabajadores, anuncia su linea-  
miento principal frente a los salarios y el futuro debate sobre el  
mismo dentro del Congreso: “Elevemos los salarios para reparar la mi-  
serable condición en que por la depredación monetaria se encuentra el tra-  
bajador. Tanto el señor Estrada como distinguidos legisladores, soldados  
éstos beneméritos del movimiento político que triunfó en el último mes de  
70  
diciembre, han puesto a vuestro estudio proyectos relativos al salario”.  
Durante su corto período presidencial, Velasco Ibarra apoyó  
el llamado “Plan Estrada”, un documento cuyo autor fue Víctor Emi-  
lio Estrada, importante banquero costeño, exministro de Hacienda,  
miembro de la Junta Económica de Guayaquil. Se le reconoce como  
el primer plan económico del Ecuador. En él, Estrada insiste en que  
un plan de reconstrucción económica que pretenda fundamentarse  
en principios racionales y justos, debe forzosamente considerar como  
piedra angular el alza de salarios, un planteamiento, como dijimos,  
revolucionario para el país de la época.71  
Estrada plantea: “El alza de los salarios es no solamente un  
imperativo lógico social…, sino que es un sólido paso económico  
destinado a levantar el poder de compra del pueblo y crear así la de-  
manda para una mayor producción agrícola e industrial”.  
6
9 José María Ibarra Velasco, “Primera Presidencia (1934-1935) Transmisión de mando. Dis-  
curso inaugural y programa político” en Javier Gomezjurado, (Introducción y Selección),  
Velasco Ibarra. Textos Políticos. Pensamiento Político Ecuatoriano, Secretaría Nacional de  
la Gestión de la Política, Quito, julio de 2014, p.216.  
70 Ibíd., p.217.  
71 Lautaro Ojeda, Planificación ecuatoriana. Visión retrospective…, pp.53-55.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
322  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Como parte de su diagnóstico de la política salarial vigente  
plantea lo siguiente: “Régimen de salarios enteramente en discordancia  
con los hechos y descuidado de la tutela del Estado, que se preocupa más de  
su suerte bajo el criterio de que es diversa de la suerte del Trabajo. El salario  
está así retrasado respecto del alza de precios que el Estado ha impuesto  
72  
como secuela de la emisión de papel moneda en los dos años últimos”.  
La acción concertada de cuatro elementos: moneda estable,  
salarios proporcionados, exportación libre, producción protegida, va  
a incidir sobre el Banco Central volviéndolo fuerte, independiente  
73  
del Estado y dependiente del esfuerzo del país.  
El segundo escalón de la reforma se basa en aumento de Sa-  
larios, en Exportación libre y en Colonización de tierras incultas.  
Para Estrada, el alza de los salarios, a más de ser una impe-  
74  
riosa necesidad social, es un sólido paso económico destinado a le-  
vantar el poder de compra del pueblo y crear así la demanda para una  
mayor producción agrícola e industrial. El exceso de producción no es  
más que falta de capacidad adquisitiva en el pueblo ecuatoriano, de-  
bido a sus jornales que le impiden comprar la producción del país.  
El alza de salarios protege a la producción, aunque los precios de  
venta han sido alzados sin equilibrar el salario en la mayoría de la pro-  
ducción. El beneficio indirecto de un aumento de la producción, por  
mayor demanda, demostrará que no hay perjuicio alguno. El fondo  
de salarios es el factor más potente para la vida industrial y agrícola:  
un aumento de ese fondo de salarios se refleja de hecho en la activi-  
dad comercial.7  
5
72 Víctor Estrada, El Problema Económico del Ecuador en 1934, algunos fundamentos para su solu-  
ción…, p.2.  
3 Ibíd., p.4.  
7
7
4 Encontramos que uno de los aspectos más nobles de la economía, o sea el régimen de salarios,  
está en un anacronismo clamoroso con los hechos y con las necesidades. Con muy pocas ex-  
cepciones, el nivel de salarios ha quedado estacionario desde 1914, expresado en sucres, pero  
si lo expresamos en oro ha retrocedido desde 1914. Esta es una situación que socialmente y  
económicamente no puede ni debe continuar, si el país quiere penetrar en el régimen justo.  
La posición del salario es hoy de verdadera esclavitud económica. El jornal mínimo de 1914  
era $ 1.20 y entonces 0.60 oro. Hoy el jornal mínimo es $ 1.50, pero solo 0.15 oro americano  
y si tomamos en cuenta la valuación del oro el índice bajaría aún a menos de 0.10 oro.  
5 Ibíd., p.11.  
7
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323  
Claudio Creamer Guillén  
El plan Estrada fue un intento de guiar al gobierno, a fin de  
sanear la economía ecuatoriana en el contexto de una desequilibrada  
economía mundial. Dentro de la pugna del Congreso con Velasco  
76  
Ibarra, este plan fue desechado antes de su derrocamiento.  
Estrada enfatizó el reducido mercado nacional a causa del  
bajo ingreso del pueblo como un obstáculo para una mayor produc-  
ción industrial.  
Dentro de este contexto se van a producir los debates sobre  
la legislación salarial dentro del Congreso Nacional en 1934 (agosto-  
noviembre). La legislación sobre el salario mínimo había quedado  
trunca en su incipiente planteamiento desde 1929, parecía no haber  
logrado trascender más allá de una fase de enunciado.  
Debates legislativos sobre el salario mínimo en el primer gobierno  
de Velasco Ibarra: 1934-1935  
En este punto se propone analizar los debates sobre el salario  
mínimo que se dieron en el Congreso, especialmente en la Cámara  
del Senado, entre agosto y noviembre de 1934, para identificar y di-  
ferenciar las posiciones sobre el tema entre los partidos políticos, gre-  
mios y otros actores.  
Antes de analizar el debate sobre el salario en el Primer Con-  
greso de Industriales, en marzo de 1935, es pertinente conocer la po-  
sición de los legisladores frente a la elaboración de legislación salarial  
en la coyuntura de 1934-1935 para el sector industrial.  
Los principales debates en el Congreso Nacional sobre este  
tema se desarrollaron en el inicio del primer gobierno de Velasco Iba-  
rra, entre agosto y noviembre de 1934, especialmente en la Cámara  
del Senado.  
El 17 de octubre de 1934, la Cámara de Diputados llegó a  
pasar su proyecto de ley de salarios a segunda discusión, que pre-  
valeció sobre el proyecto acerca de salarios y sueldos presentado por  
el exministro de Hacienda Víctor Emilio Estrada.  
76 Lautaro Ojeda, Planificación ecuatoriana. Visión retrospective.., p.55; Rosemary Thorp, Progreso,  
pobreza y exclusión: una historia económica de América Latina en el Siglo XX…, p.373.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
324  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
En la Cámara del Senado, el 26 de noviembre de 1934 se  
logró la redacción definitiva del proyecto de ley de salario mínimo,  
pero hasta el 13 de agosto de 1935 no se había alcanzado a dictar esta  
ley, a pesar de ser aceptada en tres discusiones requeridas, el 9 de  
noviembre de 1934.  
Estos resultados indican que el proceso de elaboración de la  
legislación sobre el salario mínimo quedo trunco. No se avanzó en  
la coyuntura 1934-1935 hacia la fase final de promulgación de la ley.  
Cabe explicar que de acuerdo al procedimiento parlamenta-  
rio para la formación de las leyes, conforme a los artículos 55 y 58,  
no se completó el proceso respecto al proyecto de ley de salario mí-  
nimo, pues no se tiene registro hasta el 13 de agosto de 1935 que se  
haya discutido y aprobado en tres debates en la Cámara de Diputa-  
dos.7  
7
Acontinuación se expondrán los debates legislativos sobre la  
discusión de la legislación salarial, desarrollados en ambas cámaras.  
Cámara de Diputados  
No se detectó en este período debates tan intensos sobre los  
salarios como en la Cámara del Senado. (Ver el listado de los repre-  
sentantes asistentes a la sesión inaugural del 10 de agosto de 1934  
en el Anexo Nº 2).  
La sesión del 17 de octubre de 1934 tuvo su importancia en  
tanto la Comisión Sexta informó como resultado de su estudio del  
Proyecto de Ley para la determinación de los salarios, presentada  
por los diputados José A. Calisto, por la Provincia de León, y Gui-  
llermo Ramos, Diputado por Pichincha y Presidente de la Cámara  
de Diputados, como muy conveniente. Su conveniencia radicó:  
7
7 Art. 55.- Todo proyecto de Ley o Decreto se presentará con una exposición de motivos y pa-  
sará al estudio de una comisión para que dictamine acerca de su aceptación o rechazo. Caso  
de aceptación, el proyecto de Ley o Decreto se discutirá en tres debates, en cada Cámara.  
Art. 58.- Todo proyecto de Ley o Decreto, para considerarse aprobado por el Congreso, de-  
berá haberse sometido al trámite de las tres discusiones, en cada una de las Cámaras. En:  
Constitución de la República del Ecuador de 1929, 1929, p.6.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
325  
Claudio Creamer Guillén  
en primer lugar la regulación de los salarios, de acuerdo con las varias  
circunstancias y condiciones que reinan en diversos lugares y en diver-  
sas clases de trabajo; y, luego, la creación de organismos permanentes  
que representen a capital, al trabajo y a la autoridad, para la solución  
de los conflictos sociales y para la determinación de un salario, por lo  
menos vital”. “…El proyecto ante todo se preocupa de fijar organismos  
que puedan determinar, con criterio flexible y humano lo que sea justo  
78  
en cada caso y en cada conjunto de casos.  
La comisión estuvo en contra de “fijar salarios uniformes  
para todos los trabajos, y para las regiones”.  
Esto contrastaba con el proyecto de Ley de Salario Mínimo  
discutido en la Cámara del Senado.  
En el artículo 5º se refirieron al concepto de salario mínimo  
como “aquel que pueda satisfacer, por lo menos, las necesidades vi-  
tales del trabajador”.  
Se aprobó la moción para que se realice el primer debate a  
este proyecto de ley.  
El proyecto de ley en esencia propone una institucionalidad  
formal desde el gobierno central (Consejo de Trabajo, que coordine  
con los Comités provinciales de Salario) para la solución de conflic-  
tos laborales y para la determinación de un salario acorde con la re-  
alidad de cada provincia.  
Se crea así un marco institucional de comités de salario a  
nivel provincial, presidido por el Presidente del Consejo Provincial,  
con dos representantes de los patronos y dos de los obreros.  
Sus funciones principales son servir de instancia de resolu-  
ción de conflictos entre patronos y obreros, a modo de conciliación  
que, de no solucionarlo, se dictaría entonces un fallo arbitral. Se man-  
tendría informado al Consejo de Trabajo sobre las resoluciones pro-  
nunciadas y también sobre los salarios, remuneraciones, costo de la  
vida, etc., en forma de cuadros estadísticos.  
Cabe destacar los factores para la fijación del salario que los  
comités de salarios tomaron en cuenta, lo cual se especifica en el ar-  
tículo 20 que se expone a continuación:  
78 A. de D. Acta Nº 48. Sesión Ordinaria del 17 de octubre de 1934., p. 782.  
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326  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Art. 20º.- Para sus resoluciones los Directorios de las Oficinas de Colo-  
cación y los Comités de Salarios tendrán en cuenta:  
a) La normas señaladas por el Consejo de Trabajo;  
b) Las condiciones del trabajo en las industrias, empresas o predios en  
atención a las circunstancias actuales y a las anteriores;  
c) La posibilidad en que estuviere la industria, empresa, taller o predio  
de conformarse con el salario que se insinuare u ordenare o con las  
nuevas condiciones del trabajo, habida cuenta la utilidad que tiene  
el patrono, las cercanías a los mercados, el costo del transporte, el  
efecto que podría tener ese salario en las otras empresas, talleres, in-  
dustrias y predios;  
d) El costo de la vida en la región donde el Comité estuviere funcio-  
nando y en aquella donde se va a aplicar el salario. La cantidad de  
alimento, las raciones, el alojamiento provisto por los patronos a los  
asalariados y otras condiciones especiales y sociales; y,  
e) Las consecuencias que el salario por fijarse podría tener en el au-  
mento o disminución de desocupados.  
A nivel de gobierno central se establecería el Consejo de Tra-  
bajo formado por el Director, elegido por el poder ejecutivo, quien  
lo presidirá; el Presidente del Banco Central del Ecuador, los sena-  
dores funcionales del Comercio, la Industria, el Obrerismo, los cam-  
pesinos y de la Tutela y Defensa de la raza india; el Director de la  
Junta Central de Asistencia Pública de Quito; el Profesor de Econo-  
mía Política de la Universidad Central; y, el Delegado del Ministerio  
de Previsión Social.  
Entre sus funciones incluiría: la propuesta de proyectos de  
ley, sugerir a los Comités de Salario normas de acción social que con-  
sulten los intereses de todos los elementos de la producción; refor-  
mar, derogar o ratificar las resoluciones dictadas por estos comités;  
intervenir a través de ellos para prevenir los conflictos de trabajo;  
responder a consultas del Ministerio de Previsión Social o los Comi-  
tés de Salario y elaborar un sistema de información estadístico sobre  
el problema social del país.  
Respecto a las huelgas, es pertinente señalar el artículo 26.  
Art. 26º.- No se permitirán huelgas o lock-outs mientras no dicten sus  
resoluciones los Comités de Salario, y los actos que se efectúen sin este  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
327  
Claudio Creamer Guillén  
requisito serán sometidos a las responsabilidades previstas por las  
leyes.  
Este proyecto de ley respondió a la necesidad de superar la  
debilidad institucional para la fijación de salarios a nivel provincial  
que señaló el presidente Abelardo Montalvo al final de su gobierno  
en 1934.  
Cámara del Senado  
El debate en el Senado no solo discutió aspectos institucio-  
nales para determinar el salario, como fue el caso de la Cámara de  
Diputados. Tiene relevancia en que por primera vez desde 1929,  
como resultado del debate, se llegó a una propuesta de Ley de Sala-  
rio Mínimo que cubre una agenda prioritaria de temas claves como:  
aspectos regionales, sectoriales, sexo, edades, desahucio del trabajo  
y participación de los trabajadores en las utilidades.  
La Cámara de Diputados no apoyó el proyecto acerca de sa-  
larios y sueldos presentado por el exministro de Hacienda, Víctor  
Emilio Estrada. Se presentó una clara hegemonía de una tendencia  
conservadora serrana que estaba en contra de “fijar salarios unifor-  
mes para todos los trabajos, y para las regiones”. No se dio una coa-  
lición de diputados socialistas, como en el Senado, que debatiera a  
favor de un equitativo salario mínimo; en contraste, el interés se cen-  
tró en una Ley de salarios orientada a la institucionalidad para de-  
terminar los salarios en las diferentes provincias. Todos estos factores  
indujeron a que los diputados no discutieran el salario mínimo como  
tema central.  
Las dos cámaras parecían descoordinadas con referencia al  
debate sobre los salarios y con diferentes alcances sobre el tema.  
Otra diferencia se observó en que el debate en el Senado  
tomó más importancia en su pluralidad representativa pues se dis-  
cutirán desde diferentes y hasta polarizadas posturas de pensa-  
miento económico que representaron un contexto nacional de  
transición al capitalismo con diferencias regionales productivas den-  
tro de un estado transformista e inestable.  
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328  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Este debate trascendió en sus concepciones el ámbito nacio-  
nal; los senadores, en temas claves, se vincularon de acuerdo a sus  
intereses regionales y/o gremiales, unos con el capitalismo deca-  
dente de libre cambio de Inglaterra y otros, como fue el caso de los  
senadores de tendencia socialista, con el capitalismo fordista-keyne-  
siano predominante de EEUU.  
Arrighi nos ofrece una excelente caracterización de este tipo  
de capitalismo:  
La agencia que lideró y dominó esa sustitución no fue el capitalismo  
financiero en ninguna de sus variantes, sino el capitalismo corporativo  
que emergió en Estados Unidos mediante la formación de empresas  
comerciales multidepartamentales verticalmente integradas y burocrá-  
ticamente gestionadas. Una vez que esas empresas se consolidaron en  
el espacio económico enorme, diversificado, autosuficiente, dinámico  
y bien protegido englobado por el Estado estadounidense, comenzaron  
a disfrutar de ventajas competitivas decisivas en la economía-mundo  
globalmente considerada, tanto frente al capitalismo de mercado, mo-  
79  
delo británico, como al capitalismo corporativo, modelo alemán.  
En ese contexto, la discusión de los senadores parece engar-  
zar la coyuntura de crisis del país con la estructura mundial de cam-  
bio del modelo de desarrollo económico.  
Además, Arrighi nos presenta hipotéticamente la prioridad  
del mercado latinoamericano para este capitalismo predominante:  
El proteccionismo estadounidense durante este período se convirtió  
cada vez más en un medio de compensar el dumping en el exterior con  
la obtención de beneficios extras en el mercado doméstico y, sobre todo,  
de negociar desde una posición de fuerza la apertura de mercados ex-  
teriores a las exportaciones y a la inversión estadounidense, fundamen-  
80  
talmente y ante todo la de los mercados latinoamericanos.  
7
8
9 Giovanni Arrighi, El largo siglo XX. Dinero y poder en los orígenes de nuestra época…, p.353.  
0 Ibíd., p.352.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
329  
Claudio Creamer Guillén  
Tanto los diputados como los senadores mencionaron la pre-  
sencia de este capitalismo corporativo en el Ecuador, especialmente  
en la Costa.  
Dada la extensión del debate y los diferentes puntos tratados,  
se seleccionaron los más importantes que serán expuestos a conti-  
nuación sin necesariamente conservar la secuencia cronológica de  
las intervenciones de los senadores, sino más bien destacando el con-  
traste de sus posiciones con respecto al Proyecto de Ley de Salario  
Mínimo presentado para discusión. (Ver la lista de senadores pre-  
sentes en la sesión inaugural del 10 de agosto de 1934 en el Anexo  
Nº 3).  
Aspectos Regionales  
El artículo más discutido fue el 4º que dice: “El salario mínimo  
para los obreros no será inferior a dos sucres en la Sierra y a tres sucres en  
la Costa; y el salario mínimo para los braceros del campo no será inferior a  
81  
uno cincuenta en la Sierra y a dos sucres en la Costa”.  
El debate se inició con la intervención del Dr. Alberto Acosta  
Soberón, por el comercio del interior, conservador de la sierra norte  
y cercano a la Iglesia; considerando innecesario el cuarto artículo, ya  
que el artículo primero del proyecto de ley establecía comisiones de  
salarios en cada una de las capitales de provincias, que en los pri-  
meros treinta días de cada año debían determinar el salario mínimo  
de los obreros y trabajadores del campo en cada una de las respecti-  
vas provincias.82  
81 C del S. Acta 49.Sesión Ordinaria del 26 de octubre de 1934, p.484.  
82 Su propuesta fue la siguiente:  
Señor Presidente: En esta parte me parece que el Art. 4º está demás, una vez que se ha apro-  
bado el Art. 1º, y digo yo esto porque la Constitución de la República en su numeral 18 del  
Art. 151, inciso 4º, dice: “La ley fijará la jornada máxima de trabajo y la forma de determinar  
los salarios mínimos en relación, especialmente, con el costo de las subsistencias y con las  
condiciones y necesidades de las diversas regiones del país”. Esta disposición constitucional  
fue pensada muy detenidamente por la Asamblea, porque comprendió que el país y el pro-  
blema del salario había de considerárselo en relación con las distintas regiones, con las ne-  
cesidades de cada una de esas regiones; no puede la ley establecer el mínimum, porque en  
ningún caso tiene datos ciertos base segura para que ese mínimo responda a lo necesario  
para la subsistencia de todo individuo, para que pueda conservar la dignidad humana y su  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Este debate se da en el mismo mes de octubre, pero posterior  
al debate de la Cámara de Diputados, en la que se dio lectura en pri-  
mera discusión al proyecto de Ley de Salarios. Coincidió en su apoyo  
a la Comisión de Salarios como lo hace el proyecto de los diputados  
con los Comités de Salarios en las provincias para fijar los salarios  
mínimos. Acosta no está de acuerdo en salarios mínimos determina-  
dos para la Costa y la Sierra.  
Se puede inferir que el Senador Alberto Acosta Soberón apo-  
yaba una mayor flexibilidad y descentralización de la fijación de sa-  
larios mínimos por provincia en la industria y agricultura frente a la  
mayor heterogeneidad de relaciones laborales, incluyendo las no sa-  
83  
lariales que se daban en la Sierra frente a la Costa.  
A continuación se debaten otras propuestas que varían de  
fijar o no un salario mínimo, pero casi todas toman en cuenta el papel  
regulador de las Comisiones de Salarios.  
El principal cuestionamiento proviene del doctor Gonzalo  
Sáenz Vera, provincial por Manabí de ideas socialistas, que se opone  
a la propuesta de Acosta. Cree necesario fijar las bases del salario mí-  
nimo, critica la posible debilidad institucional de las comisiones de  
salarios “ni siquiera se han de reunir”.84  
El resto de intervenciones se centró en cuál debería ser el lí-  
mite inferior para fijar el salario mínimo: “tomando en cuenta el actual  
de que gozan los distintos trabajadores con un cincuenta por ciento de re-  
8
5
cargo”. El salario mínimo que fijen las comisiones de salarios no  
salud. Por esto digo que habiéndose dicho ya en el Art. 1º del proyecto: (leyó), de este modo  
ya queda explicada la disposición constitucional y al poner este otro artículo donde se señala  
el mínimo, tal vez no se interpreta con la debida claridad la disposición constitucional a que  
me he referido. Creo que existiendo ya el artículo primero del proyecto, el Art. 4º está demás.  
C del S. Acta 49. Sesión Ordinaria del 26 de octubre de 1934, pp. 484-485.  
8
3 Habría que situar el pensamiento del Senador Acosta dentro de la matriz ideológica que plan-  
tea el líder conservador Jacinto Jijón y Caamaño:  
En otra Nación, la abundancia de trabajadores, la escasez de ocupaciones son otra causa ge-  
neral, que abarata tanto la obra de mano que imposibilita el honesto sustento de los asala-  
riados; entonces, podrá el legislador fijar un salario mínimo; pero, al hacerlo, cuidará de no  
atropellar los derechos del patrono, privándole del producto de su industria, sino sólo limi-  
tando el beneficio en la cantidad indispensable, para hacer posible el bienestar común. En:  
Jacinto, Jijón y Caamaño, Política conservadora, 1929…, p.66.  
8
4 Ibíd, p. 492.  
85 C del S. Acta Nº 50. Sesión Ordinaria del 30 de octubre de 1934, pp.532-533.  
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331  
Claudio Creamer Guillén  
podrá ser menos que el más alto que actualmente se paga en cada  
8
6
provincia, aumentado en un treinta por ciento. Acta 51 del 31 de  
octubre de 1934 que no sean menores de los pagados por las muni-  
87  
cipalidades cantonales que son los más altos. En la misma Acta del  
3
1 de octubre de 1934 “Que el salario mínimo para los obreros sea de  
$1,20 en la Sierra y $2,50 en la Costa, y para los braceros $0,80 en la Sierra  
y $1,50 en la Costa”. Sobre esta base las comisiones encargadas fijarán  
los salarios observando las diversas modalidades de las regiones del  
país.8  
8
En el transcurso del debate, el Senador conservador Alberto  
Acosta Soberón admite su error al haber oído las anteriores exposi-  
ciones y reconoce que en el artículo 4ª “no se fija el salario mínimo  
sino que se fijan las bases para que sobre ellas determinen los salarios  
89  
las comisiones”. Acta 50 del 30 de octubre de 1934, por lo que retira  
su oposición a este artículo.  
Finalmente prevalecería en el artículo cuarto los límites in-  
feriores en base a regiones y sectores para que las comisiones fijen  
los salarios mínimos.  
Mujeres y niños  
Un tema importante debatido al inicio fue el de salario mí-  
nimo para mujeres y niños. Al debatir el Artículo 3º del proyecto de  
Ley de Salario Mínimo, que enuncia: “El salario mínimo se fijará por  
categorías de obreros, conforme una clasificación detallada de las di-  
versas actividades”.  
El doctor Espinosa Acevedo (Asociación de Agricultores)  
señaló que se añada: “…edades y sexos” al final Acta No. 49 del 26  
de octubre de 1934.90  
Sin embargo, el Senador liberal funcional por el comercio del  
litoral, de la Cámara de Comercio de Guayaquil, Eloy Alfredo Loor  
8
8
8
8
9
6 C del S. Acta Nº 51. Sesión Ordinaria del 31 de octubre de 1934, p.575.  
7 Ibíd., p.595.  
8 Ibíd., p.578.  
9 C del S. Acta Nº 50. Sesión Ordinaria del 30 de octubre de 1934, p.531.  
0 C del S. Acta Nº 49. Sesión Ordinaria del 26 de octubre de 1934, p.477.  
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332  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
insistió al proponer tres salarios distintos respecto a los obreros de  
fábrica. “En Guayaquil, reuní la Cámara de Industriales y ésta opinó que  
como salario mínimo se pusiera para los obreros adultos dos sucres, para  
las mujeres uno veinte y uno cuarenta y para los niños un sucre; porque  
hay fábricas que utilizan muchos de estos niños de edad de doce a catorce  
años. “…porque ningún industrial podrá pagar en Guayaquil tres sucres  
91  
a las mujeres y a los niños”. Con ese salario se quedarían sin trabajo  
las mujeres y los niños; habría preferencia por los hombres adultos.  
En las fábricas hay trabajos que las mujeres no pueden hacer. En  
Guayaquil hay de seis a ocho mil mujeres que actualmente trabajan  
en las industrias y las fábricas; su trabajo peligraría.  
Una intervención del Senador conservador C. Tobar Subía  
de Imbabura y del Senador Navarro coinciden con la del Senador li-  
beral Eloy Loor del Guayas, al afirmar que con igualdad de salarios  
se preferirá a los hombres frente a las mujeres y los niños.  
Este grupo de legisladores muestra un pensamiento econó-  
mico que responde a la teoría neoclásica del salario presentada co-  
múnmente en los textos de economía, en los que la fuerza de trabajo  
se la considera como cualquier mercancía que se sujeta a los princi-  
9
2
pios de “determinación de los precios en los mercados competitivos”.  
Planteamiento característico del decadente capitalismo inglés de  
libre cambio.  
La propuesta de estos senadores sugiere que la productivi-  
dad marginal de las mujeres y niños es inferior a la de los hombres,  
y por lo tanto no se les puede pagar el mismo salario. Este razona-  
miento se explica por la ley de productividad marginal decreciente  
que explicamos a continuación:  
La curva de la demanda de trabajo depende, en última instancia y den-  
tro de esta versión simplificada, de la ley de la productividad marginal  
decreciente. Esta ley afirma que, asumiendo constante la cantidad de  
todos los demás factores empleados en una empresa, cuando un deter-  
minado factor (en este caso el trabajo) está sometido a sucesivos incre-  
91 C del S. Acta Nº 51. Sesión Ordinaria del 31 de octubre de 1934, p.576.  
92 Vittorio Valli, Los salarios, primera edición en lengua castellana, Oikos tau, Barcelona, 1989,  
p.18.  
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Claudio Creamer Guillén  
mentos cuantitativos, a partir de un cierto punto comenzará a dar ren-  
dimientos marginales de producción decrecientes. Pero en un régimen  
de competencia perfecta a una empresa que busca maximizar sus ga-  
nancias le convendrá utilizar las unidades del factor (trabajo) que sean  
necesarias para volver su precio (salario) igual al valor de su producto  
fijo marginal.93  
Loor consideró que el salario de las mujeres debía represen-  
tar el 70% del de los hombres y el de los niños el 50%, si el salario de  
los hombres es de dos sucres. En ese punto se igualarían sus salarios  
con su producto físico marginal para maximizar las ganancias de los  
industriales en Guayaquil.  
A continuación, se plantea la posición opuesta y más pró-  
xima al capitalismo fordista-keynesiano de EEUU. Rosendo Naula  
era Senador funcional por los trabajadores del litoral, de ideas socia-  
listas. Rechazó la propuesta de Espinosa en base a que se daría “un  
subterfugio para que los capitalistas burlen la Ley de Salario Mí-  
nimo”. Criticó que las fábricas prefirieran a mujeres y niños, frente  
a trabajadores adultos, por el miserable salario que se les pagaba.  
Dos y tres reales a las primeras, seis y ocho reales a los segundos con  
un jornal de nueve horas. “Nosotros queremos asegurar el mínimo de sa-  
94  
lario porque de esta manera se ocupará a los hombres adultos”.  
Rosendo Naula incorporará argumentos de un capitalismo  
más humanizado que se da en EE.UU. y Argentina, como referentes,  
donde “la explotación se ha civilizado”, y a Henry Ford, que escribió  
sobre la “bondad del salario”. En el Ecuador se ve la situación de  
manera diferente, desde un capitalismo con “tendencias antropófa-  
gas”, explotando en largas jornadas y míseras condiciones al hombre  
y a la mujer. Por un “principio humanitario y por propia convenien-  
cia” se debería pagar un salario mínimo de $1,50 sucres para que los  
obreros “puedan reparar sus energías”.95  
Su propuesta se aproxima al keynesianismo que defenderá  
más adelante la coalición de senadores con ideas socialistas. (Gon-  
zalo Sáenz Vera, Emilio Uzcátegui y Manuel Utreras Gómez).  
9
9
9
3 Ibíd., pp.18-19.  
4 C del S. Acta Nº 49. Sesión Ordinaria del 26 de octubre de 1934, p.447.  
5 C del S. Acta Nº 51. Sesión Ordinaria del 31 de octubre de 1934, p.579-580.  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
En su redacción final el artículo 3º quedó así: “El salario mí-  
nimo será fijado por categorías de obreros, conforme a una clasificación de-  
96  
tallada de las diversas actividades y edades”. No se incluyó el sexo, que  
se refiere a la contratación de mujeres, resultado de mayor equidad  
de género.  
Fijación del salario mínimo  
Dentro del contexto de discusión del artículo cuarto se da un  
debate entre posiciones liberales y la coalición de senadores de pen-  
samiento socialista, partidarios del keynesianismo, respecto a la fi-  
jación del salario mínimo.  
Enfoquemos primero los fundamentos teóricos de los libera-  
les que se basaban en el pensamiento neoclásico o escuela margina-  
lista, al cual Keynes llamaba teoría clásica.  
En la teoría clásica, según Keynes, se incluía a economistas  
como Alfred Marshall (1842-1924), Leon Walras (1834-1910), W.W.  
Jevons (1835-1881), Carl Menger (1840-1921), Wilfrido Pareto (1848-  
97  
1
923), Irving Fisher (1867-1947), etc. Son teorías que sustentaban el  
decadente capitalismo inglés de libre cambio y comercio.  
El mundo de la teoría clásica se sustenta y se reduce en esen-  
cia a dos proposiciones básicas:  
-
existe perfecta flexibilidad de los precios y salarios al alza como a la  
baja; esto es, precios y salarios responden con rapidez y flexibilidad a  
cualquier exceso o deficiencia de demanda u oferta en sus respectivos  
mercados. El mercado es el mecanismo autocorrector de los eventuales  
desajustes del capitalismo.  
-
dado el supuesto anterior, lo único que se requiere para lograr equili-  
brio con pleno empleo –y por lo tanto maximizar el producto nacional,  
es dejar que opere y reine el “libre juego de las fuerzas de mercado”;  
98  
esto es, el mecanismo de ajuste automático: el sistema de precios .  
9
9
6 C del S. Acta Nº 72. Sesión Ordinaria del 26 de noviembre de 1934, p.314.  
7 René Villarreal, La contrarrevolución monetarista. Teoría económica e ideología del neoliberalismo,  
Editorial Océano, México, 1984, p.52.  
98 Ibíd., p.53.  
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335  
Claudio Creamer Guillén  
Bajo este enfoque de teoría clásica ubicamos las siguientes  
intervenciones de senadores, especialmente de la Costa que seguían  
vinculados o afines al capitalismo inglés de libre cambio.  
El Dr. Julio C. Montalvo, provincial por el Chimborazo,  
apoyó la propuesta del Dr. Alberto Acosta Soberón, conservador. No  
se debe permitir un límite inferior de salarios que ante la sobreoferta  
de mano de obra en algunas zonas puede perjudicarles su empleo.  
Se debe permitir la baja de salarios.  
El senador Navarro planteó que hay que dar más importan-  
cia al obrero del campo que al de las industrias, estos últimos son  
contados en una industria incipiente. “Los obreros industriales no deben  
aún preocuparnos, porque mientras hayan veinte y treinta candidatos para  
un cargo, la competencia de esos obreros no permitirá la adopción de un sa-  
lario mínimo en forma eficaz”.99  
El Senador Manuel Tomás Maldonado, provincial por León,  
criticó el artículo cuarto como estaba redactado. Propuso que el sa-  
lario no se regule de una forma arbitraria “sino que se tengan en cuenta  
las leyes económicas y naturales que han venido jugando desde tiempo atrás  
para establecer los salarios”.1  
00  
El Senador liberal Eloy Loor declaró que esta ley de salarios  
no tendrá ningún resultado debido a la política desastrosa del Banco  
Central que recoge su cartera y no redescuenta a los bancos comer-  
ciales, por lo que la agricultura y la industria no van “a disponer de  
los capitales suficientes”. En el caso de las industrias ocasionará de-  
sempleo.1  
01  
El Senador Enrique Baquerizo Moreno planteó que en la  
Costa no hay salario mínimo, se paga de acuerdo a las necesidades,  
102  
se encuentran obreros que ganan de cuatro a seis sucres diarios.  
Todas estas intervenciones de corte liberal tienen en común  
que debe prevalecer la libre oferta y demanda en el mercado laboral  
más que la fijación de un salario mínimo, política salarial vinculada  
al capitalismo inglés de libre cambio.  
9
1
1
1
9 C del S. Acta Nº 51. Sesión Ordinaria del 31 de octubre de 1934, p.583.  
00 Ibíd., p.574.  
01 Ibíd., p.591.  
02 Ibíd., pp.595-596.  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
A fin de comprender las intervenciones en la siguiente parte  
de los senadores afines a un predominante capitalismo fordista-key-  
nesiano; explicaremos los elementos principales de la teoría de Key-  
nes.  
En la década de los años treintas la teoría económica sufre  
una revolución científica por la aparición de la doctrina keynesiana.  
Esta revolución científica cumple con dos condiciones necesarias y  
suficientes: “el surgimiento de una crisis, la Gran Depresión, que no se  
explicaba por el paradigma existente (la teoría clásica) y la aparición de un  
paradigma alternativo, la teoría keynesiana”.103  
Según Keynes, el capitalismo produce dos problemas claves:  
la desocupación y la concentración de la riqueza y del ingreso. Las  
principales suposiciones de su teoría son las siguientes:  
-
El mecanismo de precios de mercado no ajusta automáticamente ni de  
manera continua los desequilibrios que surgen por desajustes entre de-  
manda y oferta.  
-
El sistema de precios de libre mercado no es ni perfecto ni eficiente.  
Más aún, el sistema de precios no cumple absolutamente ni en el corto  
ni en el largo plazo con las funciones que tiene asignadas en la teoría  
clásica.  
-
En el mercado de trabajo, las negociaciones salariales entre trabajadores  
y empresarios sólo determinan el salario nominal, y éstos son regidos  
a la baja. Los salarios reales no se determinan en dicha negociación,  
como suponían los clásicos.  
-
-
La formación del ahorro no garantiza la inversión como suponían los  
clásicos.  
No existe tal dicotomía entre el sector monetario y el real.  
En suma,”Keynes pone al descubierto que el capitalismo de  
libre mercado no garantiza el equilibrio de pleno empleo (…) el Es-  
tado debe intervenir en la economía de mercado, con el fin de dis-  
104  
minuir el desempleo involuntario y aumentar la producción.  
103 René Villarreal, La contrarrevolución monetarista. Teoría económica e ideología del neoliberalismo,  
p. 58.  
04 Ibíd., 59-61.  
1
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Claudio Creamer Guillén  
Según Keynes, la intervención del Estado para incrementar  
la demanda y el empleo es la siguiente:  
Partiendo el postulado de que un sistema económico abandonado a su  
suerte no tiende al pleno empleo, Keynes sugería la utilización de ins-  
trumentos fiscales y monetarios para aumentar el empleo y la renta.  
Un aumento del gasto público, una reducción de los impuestos, o un  
aumento de la oferta de moneda pueden, en efecto, generar un incre-  
mento de la demanda y por consiguiente también del empleo: pero en  
determinadas condiciones pueden provocar también un excesivo au-  
105  
mento de los precios y un déficit creciente de la balanza de pagos.  
Antes de que Keynes publicara su obra principal en 1936:  
La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero”, ya previa-  
mente en 1933 el gobierno de Franklin D. Roosevelt en EE.UU., por  
medio del “New Deal”, aplicaba su propuesta más importante de  
que el Estado acuda a la deuda pública a fin de financiar parcial-  
106  
mente su gasto para sostener la demanda y el empleo. Luego de  
este análisis básico de la economía keynesiana presentamos a conti-  
nuación el resto de intervenciones de otros senadores que utilizan  
argumentos y conceptos keynesianos y apoyan el artículo cuarto,  
cuestionando las propuestas de los senadores partidarios del capi-  
talismo inglés de libre cambio. El señor Adolfo Gómez y Santistevan,  
funcional por los campesinos del litoral, influenciado por las políti-  
cas keynesianas de impulsar la demanda agregada, contradice al Dr.  
Julio C. Montalvo:  
Justamente la teoría del Dr. Montalvo propende a lo contrario de lo que  
aspira la teoría mundial en estos momentos; esto es, aumentar la facul-  
tad adquisitiva de cada individuo para que se puedan vender más los  
105 Vittorio, Valli, Los salaries…, p. 24.  
1
06 Las críticas circunstancias de la economía de la época impusieron lo que Keynes propondría  
en 1936. En: John Kenneth, Galbraith, Historia de la Economía, Planeta Colombiana Editorial,  
junio, 1992. Y por ello, en opinión de muchos, sin excluir al Presidente Franklin D. Roosevelt,  
la economía keynesiana no sería considerada, durante largo tiempo, como un acto inspirado  
por el saber en materia económica, sino como una racionalización refinada de lo que había  
resultado a todas luces políticamente inevitable. Ibíd., p. 247.  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
productos y haya mayor cantidad de dinero, mayor producción que  
significa riqueza de un país”.1 “[…] no es posible, Señor Presidente,  
que se continúe explotando inicuamente al pueblo con estos salarios  
ridículos y mezquinos de treinta y cuarenta centavos diarios por ocho  
y mueve horas de jornada.1 Conviene a los patronos. Mientras mejor  
pagado sea un trabajador, más eficiente será en sus servicios. Considero  
fundamental fijar el salario mínimo, sea cual fuere.  
07  
08  
El Senador Federico Páez, funcional por los campesinos del  
interior, se opuso a la propuesta del senador conservador Alberto  
Acosta. Propuso modificar la redacción para que el salario tenga un  
límite inferior del cual no pueda bajar.  
El Coronel Carlos A. Guerrero, funcional por el ejército, fue  
partidario de un salario mínimo. Le preocupaba más la situación su-  
frida de los indios del campo. “Los obreros no me inquietan mucho, por-  
que ellos, mediante la huelga o por razón de encontrarse en centros en donde  
residan las autoridades, de algún modo se hacen aumentar el precio de sus  
salarios”.1  
09  
Las siguientes intervenciones representan las posiciones de  
senadores socialistas que utilizaron argumentos keynesianos.  
El Doctor Gonzalo Sáenz Vera, de ideas socialistas, propone  
que se reconozca un salario de dos sucres al obrero del interior y dos  
cincuenta al de la Costa, dada la situación económica del país. Se  
basa en un folleto de reciente publicación del Dr. Pablo Arturo Suá-  
rez, que son una “serie completa de informaciones” clasifica “a los  
obreros: los del grupo a) que necesitan, por lo menos, dos sucres dia-  
rios, y los que él llama del grupo b) de tres sucres, como lo indispen-  
110  
sable para satisfacer las apremiantes necesidades de la vida.  
… ¿Por qué entonces negar al trabajador a lo que tiene de-  
recho, siquiera ese mínimo compatible con la vida humana?”  
Critica que haya fábricas que dos años atrás estuvieron a  
punto de quebrar, ahora están con grandes ganancias y “no alcanzan  
1
1
1
1
07 C del S. Acta Nº 49. Sesión Ordinaria del 26 de octubre de 1934, p.488.  
08 Ibíd., p.489.  
09 Ibíd., p.490.  
10 Ibíd., p.493.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
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Claudio Creamer Guillén  
a abastecer el consumo”. “… Porque lo han obtenido del rendimiento  
del obrero a quien le han negado la miserable soldada de sesenta  
centavos por una larga jornada”.  
Pone de ejemplos otras partes donde comparten la ganancia  
con el obrero, donde los salarios altos no conducen a la desocupa-  
ción, sino a incrementar la producción, el consumo, y la mayor pro-  
ducción significa abaratamiento sin que por ello dejen de ganar los  
productores”. Tal es el caso de la Reforma Roosevelt en EE.UU. que  
si no ha liquidado aún totalmente el problema es porque la reforma  
es burguesa y tiene ribetes de hipocresía, pero se está con todo enca-  
rando el problema”.  
Agrega los ejemplos de Japón, Chile y Argentina, que buscan  
resolver el problema con sentido técnico y racional”. Cuestiona las  
excesivas ganancias del productor, las condiciones miserables de la  
vida del trabajador (vivienda, vestido, comida), a las que ha sido so-  
metido, lo que produce “todas esas taras hereditarias, está produ-  
ciendo el aniquilamiento y el desastre de nuestra nacionalidad”.  
Prefiere una política keynesiana aunque difiera la esperada  
revolución: “es un sentimiento de justicia universal. Yo sé que con  
esto nos estamos contradiciendo con nuestros propios dictados, por-  
que los salarios altos mejorarán las condiciones del obrero y esto re-  
tardará la revolución y a nosotros, mejor que a nadie, nos conviene  
que venga cuanto antes esa revolución que termine con todas estas  
injusticias sociales”.111  
El senador Manuel Utreras Gómez, de ideas socialistas, en el  
mismo sentido, planteó: “Cuestiono el argumento del Dr. Montalvo  
del desequilibrio económico que puede darse por la fijación del sala-  
rio; los equilibrios “se restablecen a pesar de todas las leyes y dispo-  
siciones, porque este es el proceso natural y lógico de la convivencia  
humana”.  
En su siguiente intervención incorpora el concepto marxista  
de alienación en tanto “…los trabajadores llegan a alienarse cuando pier-  
den el control de las actividades de su propia vida y la capacidad de satisfacer  
112  
sus verdaderas necesidades humanas”.  
1
1
11 Ibíd., p.495.  
12 Manuel Velásquez, Ética en los Negocios. Conceptos y casos…, p.177.  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Poco tiempo atrás, el Sr. Navarro le indicó al Sr. Utreras que  
el rendimiento de trabajo de los obreros nacionales era inferior al de  
los obreros extranjeros. Añade que es natural, no por inferioridad de  
raza, sino que el obrero extranjero vive bien, mientras que los nues-  
tros están en la miseria y no se les puede pedir un rendimiento sa-  
tisfactorio. Por ello es necesario fijar un salario mínimo que  
corresponda a un índice vital humano del pueblo ecuatoriano”, “(…) ne-  
cesidades puramente vegetativas”, “(…) hay que dar un paso gigantesco en  
el progreso de la colectividad, porque de otro modo estamos fomentando la  
vida de inferioridad del obrero y del campesino”.  
113  
Fijación del salario mínimo por sectores: agricultura, industria y  
artesanía  
En la siguiente sesión, del 30 de octubre de 1934, el Senador  
conservador C. Tobar Subía con respecto a la agricultura de la Sierra,  
señala que no necesariamente a mayor remuneración corresponde  
mayor demanda; hay excepciones pues en esta agricultura no expor-  
tadora el clima determina el precio de la manutención de la vida. En  
casos de superproducción, bajan los precios de nuestros productos  
y se limita el pago de los salarios a los trabajadores. En caso de sequía  
los precios suben.  
Hay que considerar también la gran diferencia entre obreros dedicados  
a la agricultura y obreros dedicados a la industria; entre unos y otros  
hay que establecer distinciones porque si bien los agricultores son bus-  
cados y disponen de relativa comodidad, en las industrias no sucede  
lo mismo, no hay demanda de brazos; al contrario, hay demanda de  
colocaciones.1  
14  
Concluye que el artículo cuarto debe considerar cada uno de  
los mínimos salarios según rama de actividad y no de forma general.  
Jacinto Jijón y Caamaño, líder del partido conservador, des-  
cribe en 1934 la situación de coexistencia de “no muchas fábricas”  
con “talleres” artesanales:  
1
1
13 C del S. Acta Nº 49. Sesión Ordinaria del 26 de octubre de 1934, pp.497-498.  
14 C del S. Acta Nº 50. Sesión Ordinaria del 30 de octubre de 1934., p.531.  
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Claudio Creamer Guillén  
El problema obrero no presenta, en el Ecuador, la algidez de otros paí-  
ses: desde luego, existen pocas agrupaciones numerosas de trabajado-  
res, no tenemos muchas fábricas, y hasta éstas no son de enormes  
proporciones; casi todas las labores se ejecutan en talleres dirigidos por  
un maestro, obrero también, pero que dispone de un pequeño capital  
o de la reputación de competente, circunstancias que le permiten reu-  
nir, para su sustento, al trabajo de sus manos, las utilidades de una pe-  
queña empresa. Son contadas las que se explotan de acuerdo con una  
verdadera organización capitalista, y todavía en pequeña escala. Mas,  
en esto, como en todo, se advierten profundas diferencias locales: en  
Guayaquil y Quito se notan más elementos de lo que puede constituir  
un problema obrero que en las demás ciudades, y algunas poblaciones  
no salen aún, ni por asomos, del tiempo en que el maestro, oficiales y  
aprendices ejecutan, en pequeños talleres, casi en familia, los trabajos  
manuales.1  
15  
En este contexto de predominio de talleres artesanales, el Dr.  
C. Tobar Subía intervino para recomendar al Congreso que considere  
a las pequeñas industrias existentes en diversas partes del país, “en  
las cuales será imposible que el maestro, por ejemplo, un carpintero, pueda  
pagar un salario de uno cincuenta y dos sucres, con los cuales habremos  
causado a esta clase de trabajadores un verdadero daño. El problema es su-  
116  
mamente complejo y merece que se lo considere detenidamente”.  
Por otra parte la coalición de tendencia socialista se opondría  
a estas tesis con un enfoque marxista pero vinculados a la necesidad  
de impulsar la demanda propia de un capitalismo fordista-keyne-  
siano de EEUU.  
Las intervenciones del Senador Emilio Uzcátegui, de ideas  
socialistas, incorporan una perspectiva de la teoría de salarios de  
Marx. Al igual que Ricardo en la teoría clásica, Marx se plantea el  
mismo problema:  
Si el trabajo es la esencia del valor de cambio, ¿cuál es el valor de cam-  
bio de trabajo? (...) la finalidad de la producción, desde el punto de  
115 Jacinto, Jijón y Caamaño, Política conservadora…, pp.463-464.  
116 C del S. Acta Nº 51. Sesión Ordinaria del 31 de octubre de 1934, p.595.  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
vista del capitalista, es extraer plusvalía de cada trabajador. Esto es lo  
que Marx entiende por “explotación del trabajo”. La explotación existe  
porque el valor excedente aportado por el trabajo es expropiado por el  
capitalista. La plusvalía surge no porque el trabajador “reciba menos  
de lo que vale (…) sin la diferencia entre el valor de cambio del trabajo  
(subsistencia) y su valor de uso (valor de producto del trabajo), el ca-  
pitalista no tendría ningún interés en comprar fuerza de trabajo, y por  
lo tanto ésta no sería vendible. De este modo, los ingredientes del con-  
flicto social son inherentes al capitalismo: la alienación y la polarización  
de clases.1  
17  
El Senador Manuel Utreras Gómez intervino cuestionando  
el concepto de C. Tobar Subía frente a los fenómenos que están oca-  
sionando la superproducción. En su opinión, la superproducción  
proviene de “la falta de consumo del pueblo porque no tiene con qué  
comprar esos artículos.  
El Senador Emilio Uzcátegui discute también la posición de  
C. Tobar Subía, que considera los hechos desde el punto de vista del  
capitalista, del hacendado, pero “nosotros vemos el problema desde  
nuestro punto de vista que es el de las clases explotadas, de los que  
realmente no tienen qué comer”.  
Según él, no hay superproducción en el Ecuador sino infra  
consumo, porque no se han satisfecho las necesidades de los dos mi-  
llones de habitantes. Se sustenta en la obra científica de Pablo Arturo  
Suárez, liberal que expone la situación de miseria del pueblo, y en la  
novela Huasipungo de Jorge Icaza, que muestra la miseria de los in-  
dígenas en las haciendas. En su opinión, el proyecto debe discutirse  
en el marco de “cuál es la cantidad mínima de dinero con que puede  
subsistir un individuo”, tomando en cuenta que los artículos enca-  
recen constantemente. Los defensores del proyecto serían las prime-  
ras víctimas por no poder aumentar el salario, en cambio los  
hacendados y los ricos no van a sufrir pues “ellos sabrán aumentar el  
valor de sus artículos”. “(…) mas no por un sentimiento egoísta de esta  
clase de que se van a perjudicar unos podemos continuar sosteniendo que  
117 Robert Ekelund y Robert Hébert, Historia de la teoría económica y de su método, tercera edición,  
McGraw Hill, México, 1992, pp.286-287.  
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Claudio Creamer Guillén  
perezca en la miseria la mayoría del pueblo trabajador, (…) pero es necesario  
118  
salvar a estos dos millones de habitantes del país”.  
El Senador Emilio Uzcátegui, de ideas socialistas, expresó  
que prevé un fracaso del proyecto por votos, por lo que se remite a  
hacer declaraciones públicas. Dice que la composición de las cámaras  
más que dividirse en gobiernistas y oposicionistas, se trata de capi-  
talistas y socialistas o los que están a favor de la justicia social; “los  
que no tenemos haciendas ni fábricas, los que queremos realmente levantar  
a la raza indígena, esos cuatro o seis daremos el voto afirmativo por la apro-  
bación del proyecto”.1  
19  
Finalmente el artículo cuarto fue aprobado con el siguiente  
texto: “El salario mínimo para los obreros no será inferior a un sucre veinte  
centavos en la Sierra, y a dos sucres cincuenta centavos en la Costa; y el  
salario mínimo para los braceros del campo no será inferior a ochenta cen-  
120  
tavos en la Sierra y a un sucre cincuenta centavos en la Costa”.  
En resumen, al final el debate se resume en que la propuesta  
original del gobierno, basada en el plan Estrada, en el cual “el alza  
de salarios, a más de ser una imperiosa necesidad social, es un sólido  
paso económico destinado a levantar el poder de compra del pueblo  
y crear así la demanda para una mayor producción agrícola e indus-  
trial”,1 había sido rechazada especialmente en la Cámara de Dipu-  
tados. Fue mucho más debatida en el Senado, en el que se logró fijar  
los límites inferiores de salario mínimo por sectores y provincias en  
su polémico y prioritario artículo cuarto. De este artículo se derivó  
que los obreros de las minas de oro y petróleo tengan un límite infe-  
rior más alto de salario. El proyecto de ley del Senado reforzó el  
marco institucional propuesto por la Ley de Salarios de los diputa-  
dos pero centrándose en base a las comisiones de salarios de las pro-  
vincias que determinaría el salario mínimo de los obreros fabriles.  
21  
1
1
1
1
18 C del S. Acta Nº 50. Sesión Ordinaria del 30 de octubre de 1934., pp. 534-537.  
19 C del S. Acta Nº 51. Sesión Ordinaria del 31 de octubre de 1934., pp. 592-593.  
20 Ibíd., pp. 596-597.  
21 Víctor Estrada, El Problema Económico del Ecuador en 1934, algunos fundamentos para su solu-  
ción…, p.11.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
344  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Final del Primer Gobierno de Velasco Ibarra  
Hasta el final del gobierno de Velasco Ibarra no se había dic-  
tado la Ley de Salario Mínimo. Según lo expresa el Coronel López  
de la Cámara del Senado: “Si el año pasado hubiéramos dictado la Ley  
de Salario Mínimo no tendríamos ahora la situación aflictiva que atraviesan  
los asalariados”.1  
22  
Lo cual reflejaba que la elaboración de la legislación salarial  
en el sector industrial en la coyuntura de 1934-1935 se quedó trunca,  
empantanada en la naturaleza del estado que limitaba la profundi-  
dad de cambio y alcance de este tipo de legislación.  
En su último mensaje al Congreso del 10 de agosto de 1935,  
de su primer gobierno, Velasco Ibarra reclamó que el Congreso “del  
año pasado no estudió el plan de restauración económica propuesto  
por el inteligente financista Señor Don Víctor Emilio Estrada”. “(…)  
Carecemos de un plan de conjunto que sacuda las fuerzas producti-  
vas del país, aumente la riqueza y el bienestar generales, fomente el  
trabajo, mejore los salarios”. “(…) los proyectos del Señor Estrada  
abarcan la reforma social y genuinamente económica, sin la cual es  
imposible la restauración financiera… salarios(…) Todo esto com-  
prende el plan que tuve a honra altísima presentar a la Nación el año  
pasado y que hoy lo vuelvo a presentar a conciencia de las necesi-  
dades del país y por el deseo de servir al país”.  
Así, Velasco volvía a insistir en el Plan Estrada como modelo  
eje de su debilitado y agónico gobierno, entre otros puntos para res-  
taurar los salarios dentro del capitalismo predominante y emergente  
fordista-keynesiano de EEUU.  
Posteriormente durante el gobierno de Federico Páez como  
Jefe Supremo, del 26 de septiembre de 1935 al 22 de octubre de 1937,  
se expidió la Ley orgánica del Trabajo, “base legal que sirve para la  
creación de la Dirección Nacional del Trabajo, dependiente del Mi-  
nisterio de Bienestar Social…Al amparo de esa Ley, la Dirección Na-  
cional del Trabajo dicta una serie de acuerdos salariales, por lo que  
se puede decir que la misma es el punto de partida en la legitimación  
122 C. del S. Acta Nº 3. Sesión Ordinaria del 13 de agosto de 1935.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
345  
Claudio Creamer Guillén  
de normas y fijaciones salariales. Antes de esa fecha, las fijaciones  
123  
salariales respondían a “acuerdos entre las partes”.  
Al final de la coyuntura de 1934-35, y luego del gobierno de  
Federico Páez (1935-37), cabe la observación de Archila:  
En distintos tiempos, los países andinos se van dotando de una legis-  
lación laboral que regula tímidamente el mundo del trabajo y aparecen  
las primeras organizaciones sindicales con cierta cobertura institucio-  
nal. No son logros definitivos y por momentos ocurren reacciones de  
sectores tradicionales de las élites que hacen retroceder lo poco con-  
quistado. A pesar de estos avatares políticos se van consagrando leyes  
124  
laborales que regulan el conflicto entre capital y trabajo.  
Para 1936 el salario mínimo se fijo en $ 1,50 para Quito que  
es inferior en un 20 % al del proyecto de ley de Salario Mínimo de  
1
8
934, para el resto de la Sierra se fijó en $1, se redujo aun más en un  
0% y para la costa también se rebajó a $2 que representa un des-  
censo del 25% respecto al salario propuesto en el proyecto de ley.  
Ver Cuadro). Esta situación reflejó un rezago de los salarios mínimos  
(
frente a los precios con el nuevo acuerdo de 1936.  
Cuadro  
Salario mínimo vital 1936  
Fecha de vigilancia Clase de trabajador  
Región  
Incremento diario (sucres)  
Sierra  
Costa  
Quito  
Mínimo 1,00  
Mínimo 2,00  
Mínimo 1,50  
Obrero manual  
4-II-1937  
Sierra  
Costa  
Mínimo 0,60  
Mínimo 1,20  
Trabajador agrícola  
Fuente: Banco Central del Ecuador, Setenta años de Información Estadística 1927-1996,  
Banco Central del Ecuador, Quito, 1997, p.143.  
1
1
23 Banco Central del Ecuador, Setenta años de Información Estadística 1927 – 1996…, p.143.  
24 Mauricio Archila Neira, “Los movimientos sociales en la América Andina, 1930-2008”…,  
p.292.  
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346  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Conclusiones  
En esta investigación nos propusimos indagar acerca de cuá-  
les fueron las posiciones de los actores legisladores frente a la elabo-  
ración de la legislación salarial en el sector industrial en la coyuntura  
de 1934-1935, en medio de la crisis económica. En la primera parte  
del trabajo planteamos que las relaciones económicas internacionales  
del Ecuador se situaron, en el período 1929-1935, dentro de un pro-  
ceso de cambio mundial de ciclo sistémico de acumulación, desde el  
decadente capitalismo de libre cambio inglés hacia un capitalismo  
predominante fordista–keynesiano (norteamericano).  
Este cambio en el modelo de acumulación a nivel mundial  
se engarzó con el modelo ecuatoriano que estaba inserto en un lento  
proceso de transición al capitalismo, con diversificaciones producti-  
vas regionales y con intereses diferentes; con limitaciones estatales  
para elaborar la legislación salarial en el sector industrial en la co-  
yuntura de 1934-1935.  
En ese contexto, aportamos con un análisis de la propuesta  
protagónica de política salarial, de Víctor Emilio Estrada, de fijación  
del salario mínimo para ampliar el mercado interno y transformar a  
la mayoría de la población de productores en consumidores.  
Al comparar esta propuesta con la política salarial conserva-  
dora, detectamos posiciones afines sobre la prioridad de la planifi-  
cación, un proyecto modernizador productivo que ampliara el  
mercado interno y el rol de un estado interventor, lo que explica su  
aceptación por parte de candidatos presidenciales con apoyo de los  
conservadores, como fueron los casos de Neptalí Bonifaz y José  
María Velasco Ibarra (1934-35).  
Otras contribuciones al conocimiento histórico sobre el sala-  
rio del país radicaron en el análisis de los discursos de los presiden-  
tes: Abelardo Montalvo (1934), liberal radical que planteó la  
imposibilidad práctica de fijar un salario mínimo para toda la repú-  
blica; y la de José María Velasco Ibarra en el discurso inaugural de  
su primer gobierno (1934), que propone elevar los salarios de los tra-  
bajadores basándose en el “Plan Estrada”.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
347  
Claudio Creamer Guillén  
En la segunda parte del trabajo consideramos otro aporte  
que, tras haber investigado por medio de fuentes primarias las actas  
del congreso, se conoce ahora que no hubo debate en la Cámara de  
Diputados y que su proyecto de Ley de salarios se orientaba a crear  
un marco institucional-legal para fijar los salarios en cada provincia.  
La Cámara de Diputados no apoyó el proyecto acerca de sa-  
larios y sueldos presentado por Víctor Emilio Estrada, ex Ministro  
de Hacienda, que se orientó a un capitalismo fordista-keynesiano.  
En este marco se observa una clara hegemonía de una tendencia con-  
servadora serrana que estaba en contra de “fijar salarios uniformes  
para todos los trabajos, y para las regiones”. No se dio una coalición  
de diputados socialistas, como en el Senado, que debatiera a favor  
de un equitativo salario mínimo. En contraste, el interés se centró en  
una Ley de salarios orientada a la institucionalidad para determinar  
los salarios en las diferentes provincias. Todos estos factores induje-  
ron a que los diputados no discutieran el salario mínimo como tema  
central.  
En el caso de la Cámara del Senado, se examinaron sus actas  
y se detectó como aporte de conocimiento que los senadores sí tu-  
vieron un debate mucho más intenso y complejo, con posiciones con-  
servadoras, liberales y keynesianas con fines socialistas. El debate en  
el Senado no solo discutió aspectos institucionales para determinar  
el salario, como fue el caso de la Cámara de Diputados. Conviene  
subrayar que, por primera vez desde 1929, como resultado del de-  
bate, se llegó a una propuesta de Ley de Salario Mínimo que cubre  
una agenda prioritaria de temas claves como aspectos regionales,  
sectoriales, sexo, edades, desahucio del trabajo y participación de los  
trabajadores en las utilidades.  
El debate en el Senado tomó más importancia en su plurali-  
dad representativa pues se discutieron desde diferentes y hasta po-  
larizadas posturas de pensamiento económico, que representaron un  
contexto nacional de transición al capitalismo con diferencias regio-  
nales productivas dentro de un estado marcado por la inestabilidad  
política.  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
348  
Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Este debate trascendió en sus concepciones el ámbito nacio-  
nal; hipotéticamente los senadores, en temas clave, parecían vincu-  
larse de acuerdo a sus intereses regionales y/o gremiales, unos con  
el capitalismo decadente de libre cambio de Inglaterra; y, otros, como  
fue el caso de los senadores de tendencia socialista, con el capita-  
lismo fordista-keynesiano predominante de EEUU. Sugerimos que  
la discusión de los senadores engarzaba la coyuntura de crisis del  
país con la estructura mundial de cambio del modelo de desarrollo  
económico. A la final se llegó a terminar la primera discusión sobre  
un proyecto de ley de salarios mínimos.  
En suma, el proceso de legislación salarial en el primer go-  
bierno de Velasco Ibarra (1934-35) quedó trunco y no llegó a la etapa  
de la promulgación de una ley salarial, con lo que se confirma que  
los continuos cambios de gobierno, a partir de 1931, indujeron a que  
la inestabilidad política debilite los procesos de legislación, tanto sa-  
lariales como de promoción de la industria.  
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Anexo Nº 1  
PRESIDENTES DEL ECUADOR 1925-1935  
Nombre:  
Período:  
Sr. José Rafael Bustamante  
Sr. Luis Napoleón Dillon  
Gral. Fco. Gómez de la Torre  
Sr. Pedro Pablo Garaicoa  
Dr. Francisco J. Boloña  
Junta de Gobierno Provisorio  
10/julio/1925 a 9/enero/1926  
Dr. Francisco Arízaga L.  
Sr. Julio E. Moreno  
Dr. Homero Viteri Lafronte  
Dr. Isidro Ayora  
Dr. Humberto Albornoz  
Dr. Adolfo Hidalgo Narváez  
Sr. José A. Gómez Gault  
Junta de Gobierno Provisorio  
10/enero al 31/marzo/1926  
Presidente Provisional  
Dr. Isidro Ayora  
Dr. Isidro Ayora  
1/abril/1926 al 9/octubre/1928  
17/abril/1929 al 24/agosto/1931  
Presidente constitucional  
4/agosto al 14/octubre/1931  
2
Coronel Luis Larrea Alba  
Dr. Alfredo Baquerizo M.  
Ing. Carlos Freile Larrea  
Encargado del poder ejecutivo en  
administración constitucional  
15/octubre/1931 al 28/agosto/1932  
Encargado del poder ejecutivo en  
administración constitucional  
28/agosto al 1/septiembre/1932  
Encargado del poder ejecutivo en  
administración constitucional  
2
/septiembre al 4/diciembre/1932  
Dr. Alberto Guerrero M.  
Dr. Juan de Dios Martínez  
Dr. Abelardo Montalvo  
Dr. José María Velasco Ibarra  
Encargado del poder ejecutivo en  
administración constitucional  
5/diciembre/1932 al 19/octubre/1933  
Presidente Constitucional  
20/octubre/1933 al 31/agosto/1934  
Encargado del poder ejecutivo en  
administración constitucional  
1/septiembre/1934 al 20/agosto/ 1935  
Presidente Constitucional  
Fuente: Humberto Oña Villarreal, Presidentes del Ecuador, Primera edición, Quito, 1986, pp.120-126  
BOLETÍN ANH Nº 199 • 298–358  
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Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo  
en la industria en el Ecuador: 1934–1935  
Anexo Nº 2  
Cámara de Diputados 1934  
SESIÓN INAUGURAL  
Agosto 10 de 1934  
A las diez y media a.m., bajo la Presidencia del señor don Atanasio Zal-  
dumbide, Director de las Juntas Preparatorias, queda instalada la sesión con  
asistencia de los siguientes representantes:  
Darío Egas Grijalva, Ricardo del Hierro y Sebastián Aldás, diputados  
por la Provincia del Carchi;Mariano Suárez V., Moisés Luna y Luis Alberto De  
la Torre, por Imbabura; Guillermo Ramos, José A. Calisto, Eduardo Egas Monge  
y Maximiliano Ontaneda, por Pichincha; Nicolás A. Maldonado, Cornelio Do-  
noso E. y Julio E. Jurado, por León; Guillermo Cisneros, José J. Villagómez y Ar-  
mando Cobo, por Tungurahua; Julio T. Salem, Rafael Vélez Merino, Luis B.  
Gallegos y Ruperto Alarcón, por Chimborazo; César Durango, Jaime Chávez y  
Alfredo Silva del Pozo, por Bolívar; Octavio Muñoz B., Rafael Ramírez y Andrés  
F. Córdova, por Cañar; Alfonso M. Mora, Carlos Arízaga T., Octavio Chacón M.,  
por Azuay: Polibio Palacios, Gustavo A. Mora y Alfonso A. Villacrés, por Loja:  
Manuel A. González y Gilberto Ollague, por El Oro; Fausto Rendón, José Díaz  
Granados, Manuel A. Santos y Manuel Granja Cevallos, por el Guayas; Gui-  
llermo Baquerizo J., Miguel Aspiazu y Bolívar Barragán, por Los Ríos; Wilfrido  
Loor, Rosendo Santos Alarcón, Marcos Uscocovich y Armando Espinel, por Ma-  
nabí; Alberto Andrade Cevallos y Pedro Concha, por Esmeraldas; Aurelio Dávila  
por Napo Pastaza y Rafael Alvarado por Santiago Zamora.  
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Claudio Creamer Guillén  
Anexo Nº 3  
Sesión inaugural del 10 de agosto de 1934, Cámara del Senado  
Se instala bajo la Presidencia del Director, Doctor José Vicente Trujillo,  
a las diez y cuarto de la mañana.  
Asisten los Senadores: Doctor Alberto Acosta Soberón, por el Comercio  
del Interior; Doctor León Pío Acosta, Provincial por el Carchi; Doctor Manuel  
Tomás Maldonado, Provincial por León; Don Aníbal Sánchez, Provincial por  
Tungurahua; Doctor Gonzalo Sáenz Vera, Provincial por Manabí; Don Luis A.  
Aguilar, Provincial por el Azuay; Don Manuel Utreras Gómez, y el infrascrito  
Secretario, Funcionales por la Instrucción Primaria; Doctor Miguel Heredia  
Crespo, Provincial por Cañar; Doctor Luis D. Gonzaga, Provincial por El Oro;  
Don Pablo H. Vela, Funcional por el Periodismo e Instituciones Científicas; Co-  
ronel Nicolás F. López, Funcional por el Oriente; Don Efrén Icaza Moreno, Pro-  
vincial por Los Ríos; Don Adolfo Gómez y Santistevan, Funcional por los  
Campesinos del Litoral; Don Luis E. Vela, Provincial por Bolívar; Don Rosendo  
Naula, Funcional por los Obreros del Litoral; Don Federico Páez, Funcional por  
los Campesinos del Interior; Don Luis A. Páez, Funcional por los Obreros del  
Interior; y Don Luis Arias Valdivieso, Provincial por Loja.  
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La Academia Nacional de Historia es  
una institución intelectual y científica,  
destinada a la investigación de Historia  
en las diversas ramas del conocimiento  
humano, por ello está al servicio de los  
mejores  
intereses  
nacionales  
e
internacionales en el área de las  
Ciencias Sociales. Esta institución es  
ajena a banderías políticas, filiaciones  
religiosas,  
intereses  
locales  
o
aspiraciones individuales. La Academia  
Nacional de Historia busca responder a  
ese  
carácter  
científico,  
laico  
y
democrático, por ello, busca una  
creciente profesionalización de la  
entidad, eligiendo como sus miembros  
a
historiadores  
profesionales,  
quienes  
entendiéndose por tales  
a
acrediten estudios de historia y ciencias  
humanas y sociales o que, poseyendo  
otra formación profesional, laboren en  
investigación  
histórica  
y
hayan  
realizado aportes al mejor conocimiento  
de nuestro pasado.  
Forma sugerida de citar este artículo: Creamer Guillén,  
Claudio, "Debates legislativos pioneros sobre el salario mínimo en  
la industria en el Ecuador: 1934-1935", Boletín de la Academia  
Nacional de Historia, vol. XCVI, Nº. 199, enero - junio 2018,  
Academia Nacional de Historia, Quito, 2018, pp.298-358